miércoles, 3 de enero de 2024

COMO LLEGÓ EUROPA A SER LO QUE ES HOY

  PENSAMIENTOS PARA UN RENACER DE OCCIDENTE
Recopilación y traducciones de Denes Martos

Los que imposibilitan la revolución pacífica
harán inevitable la revolución violenta.

John F. Kennedy
Carlos Lorant (1)










La gran transformación

¿Podría haber una política y una construcción europeas que  se adapten a un país y al mismo tiempo a los demás países del ámbito europeo? Sí; es más: ya existió una política y una construcción así. Fue el Tratado de Roma, el que creó la comunidad económica europea. Es cierto que sólo se aplicó a seis Estados, pero su concepto podría haberse extendido también a otros países europeos, y de hecho, se extendió a nueve más, hasta el Tratado de Maastricht.

Si se lee el Tratado de Roma, se puede percibir en qué gran medida intentó tener en cuenta las diferentes situaciones de cada país y como reconoció el hecho de que, para lograr la eliminación total de los derechos de aduana, se necesitaría bastante tiempo. La reducción gradual de los derechos de aduana se previó para un período de unos diez años, y los párrafos del tratado estipulaban específicamente el equilibrio de la balanza de pagos para evitar que un país se endeudara con otro. El Tratado funcionó bien. Sentó las bases para casi tres décadas de crecimiento dinámico y la economía social de mercado europea, que tal vez fue única en el mundo, ofreció un alto nivel de vida a amplios estratos sociales.

El precursor del Tratado de Roma fue la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, cuya esencia fue el acuerdo político germano-francés que incluyó el uso conjunto de recursos y que hizo posible evitar nuevas guerras europeas. El supuesto detrás de la Declaración Schuman, que inició el compromiso, fue que, si esos dos grandes estados de Europa, se unían, las grandes guerras que caracterizaron el siglo XX podrían evitarse. Además, el presidente francés, De Gaulle, incluso sostuvo la idea de que Europa se extendía hasta los Urales, (2) es decir, incluyó a los rusos en la Comunidad Europea, y por su parte incluso representó un pensamiento geopolítico europeo independiente; tan independiente que el ejército francés se retiró del mando militar integrado de la OTAN.

Pero la época caracterizada por Charles De Gaulle y Konrad Adenauer pasó y es preciso señalar algunas características de los cambios que sufrió aquella época.

El primero, y quizás el más importante, es que la moral social se ha deteriorado mucho en comparación con los tiempos de la posguerra. Las guerras son tiempos en que las personas quedan puestas a prueba. Son tiempos en que queda claro quién es apto para una tarea y quién no. Sucedió, sin embargo, que los políticos forjados durante la guerra desaparecieron hacia finales del siglo XX y las siguientes generaciones llegaron a los puestos de liderazgo – y, por lo tanto, a los niveles de toma de decisiones – basándose, no en su desempeño, sino más bien en su falta de principios y escrúpulos, en su dependencia de las finanzas y en el apoyo de los medios. El comportamiento de los líderes se irradió después hacia la sociedad en su conjunto. Consecuencia de ello fue que, incluso allí, en el ámbito del hombre común, fue desapareciendo la noción de que las reglas que sirven a los intereses de la sociedad en su conjunto se aplican también a todos los ciudadanos. 

En Europa occidental, un ejemplo típico de esto es que los políticos ya no hacen aquello para lo que fueron elegidos, sino que representan los intereses de otras fuerzas que en forma discreta ponen límites a las ambiciones políticas personales. Un ejemplo típico de esto es el de Annalena Baerbock, (3) que plagió parte de su libro sobre el futuro de Alemania, mintió sobre sus estudios en su biografía y, en apoyo de Ucrania, llegó incluso a declarar que no le importaba lo que pensaran sus votantes alemanes. Todo lo cual no le impide estar hoy al frente del Ministerio de Asuntos Exteriores de Alemania.

El segundo cambio – estrechamente relacionado con el primero – es que las dos principales corrientes políticas que caracterizaron el período posterior a la Segunda Guerra Mundial, la socialdemocracia y la democracia cristiana, se transformaron en gran medida. 

Esta transformación fue caracterizada por John Schindler, (un ex empleado de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos) como una conversión de la antigua socialdemocracia en una "izquierda cultural" que ya no está interesada en los objetivos tradicionales de la socialdemocracia, consistentes en reducir las diferencias de ingresos. En lugar de ello, la socialdemocracia actual se concentra en destruir los cimientos de las sociedades tradicionales, a las cuales considera inexcusablemente racistas, sexistas, xenófobas, homofóbicas y, en general, anticuadas. También apoya la inmigración masiva porque socava gradualmente la cultura tradicional. Esta transformación se basó en la ideología de la Escuela de Frankfurt y las opiniones de Karl Popper sobre la “Sociedad Abierta”. Durante su propia "larga marcha” hacia las instituciones, los representantes de esta izquierda cultural prácticamente tomaron el control de la vida pública (partidos, centros académicos, medios de comunicación, etc.). 

Simultáneamente se produjo un giro a la derecha. Los antiguos partidos de derecha, por ejemplo, los democristianos, han olvidado sus valores tradicionales (Dios, Patria y Familia) y se han convertido en servidores de los intereses del capital multinacional, razón por la cual Schindler los llama "derecho corporativo", que se puede traducir como el "derecho del gran capital". La izquierda cultural y la derecha gran capitalista están de acuerdo en muchos temas, como el desmantelamiento de las sociedades tradicionales, el apoyo a la inmigración masiva, la abolición de los Estados-nación y el apoyo a las sociedades multiculturales. Es más, el capital multinacional es el que apoya a la izquierda cultural a través de sus fundaciones y sus ONGs. Les brinda la oportunidad de aparecer en la vida pública a través de sus organizaciones y de los medios que financia. 

Los procesos antes mencionados también se vieron facilitados por un tercer cambio significativo: la transformación de la filosofía económica. Durante varias décadas después de la Segunda Guerra Mundial, tanto de derecha como de izquierda estuvo dominada por  principios keynesianos de política económica. Una política keynesiana significa que el Estado tiene un papel decisivo en la gestión de la economía y que la mejor sociedad es aquella en la que las diferencias de ingresos son menores. Este principio no sólo lo sostuvieron los socialdemócratas, sino también los democristianos; el fundador de la economía social de mercado alemana fue, por ejemplo, el demócrata cristiano Ludwig Erhardt. Sin embargo, las explosiones de los precios del petróleo de la década de 1970 causaron una perturbación significativa (inflación con estancamiento económico) en Europa occidental, lo que ayudó a llegar al poder a los economistas (neo)liberales quienes siempre habían criticado la política económica keynesiana. Quizás podamos considerar como un hito el cambio de 1979, cuando la Primera Ministra, Margaret Thatcher, en un foro de dirigentes del Partido Conservador,  sacó de su cartera la obra de Friedrich von Hayek La Constitución de la Libertad y la arrojó sobre la mesa con la exclamación "¡esto es en lo que creemos!". El libro es la biblia de la política económica neoliberal. La iniciativa británica pronto fue adoptada por Estados Unidos, y el neoliberalismo – independientemente de partidos políticos – pronto se convirtió en algo común en el hemisferio occidental.

Luego, la política económica neoliberal – y éste es el cuarto cambio importante – desmanteló los reguladores incorporados en la política económica keynesiana y dio paso a las fuerzas brutas del capitalismo. Gracias a esto se produjo una concentración de capital enorme y sin precedentes, que tuvo lugar no sólo en el campo de la producción y los servicios relacionados, sino también en los medios de comunicación. Esencialmente, concentró el poder económico – y por tanto político – en manos de unos pocos grandes centros financieros. Según una investigación realizada en la Universidad de Zúrich, aproximadamente la mitad de las empresas multinacionales que dominan el mundo están controladas por sólo unas pocas docenas de centros, y estos centros se encuentran predominantemente en el sector financiero, como Goldman Sachs, JP Morgan, Morgan Stanley o Crédit Suisse. (4) Una concentración similar tuvo lugar en los medios de comunicación. Los medios de comunicación del mundo euroatlántico están prácticamente concentrados en una decena de manos, y es más, no se diferencian en lo más mínimo en cuanto a la política y los valores que transmiten. 


LOS CAMBIOS DECISIVOS DE LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XX
1)- Deterioro de la moral social.
2)- Declive y mutación de la socialdemocracia y la democracia cristiana.
3)- Transformación de la filosofía económica; von Hayek suplanta a Keynes
4)- Hegemonía del sistema financiero con control de los medios de difusión.

Estos cambios desafiaron el concepto original de cooperación europea y los valores en los que se basaba esta cooperación. Los cambios que generalmente tuvieron lugar en el mundo occidental también se produjeron en la transformación de la Comunidad Económica Europea, cuyo primer paso decisivo fue la adopción del Tratado de Maastricht. Este tratado reforzó sustancialmente el papel de toma de decisiones del Poder central frente al Poder de los Estado-nación; pero además, debido a la ya mencionada transformación de la ideología, también obligó a la adopción de una serie de políticas irracionales – como la moneda común o la política climática – por parte de los Estados miembros.

El desvío de la política económica
Europa quedó en ruinas tras la Segunda Guerra Mundial y tuvo que ser reconstruida; pero la generación que sobrevivió a la guerra, especialmente en los países más afectados por la destrucción, hizo de tripas corazón y restauró la economía en una década. Más aún:  el rápido crecimiento económico se mantuvo en las décadas siguientes. El crecimiento económico promedio de la mitad occidental de Europa alcanzó el 5,3% anual durante más de dos décadas, hasta la primera explosión del precio del petróleo en 1973. Lo que esto significa lo demuestra claramente el hecho de que la población europea, que casi pasaba hambre después de la guerra, no sólo estaba bien alimentada en los años 1970, sino que conducía automóviles, algunos Fiat, otros Citroën y otros Volkswagen o quizás incluso algún Mercedes.

La prosperidad europea, es decir, el reparto de bienes entre un estrato social relativamente amplio, se basó en el llamado modelo europeo de economía social de mercado, que fue un concepto político económico y social generalmente aceptado después de la guerra, pero que mucha gente asocia con el nombre del canciller alemán Ludwig Erhardt. 

Ludwig Erhardt fue Ministro de Economía de Konrad Adenauer entre 1949 y 1963, y luego se convirtió en Canciller de Alemania. Se le atribuye el milagro económico alemán, durante el cual el país en ruinas no sólo se convirtió en dos décadas en la principal potencia económica de Europa y del mundo, sino que también fue capaz de proporcionar un alto nivel de vida a amplios estratos sociales, lo que marcó un ejemplo no sólo para Europa, sino también para el resto del planeta. Erhardt resistió con todas sus fuerzas las opiniones económicas liberales que todavía eran tentadoras en aquel momento: 
"No estoy dispuesto a aceptar las reglas ortodoxas de la economía de mercado sin reservas y en cada etapa de desarrollo... Fue precisamente esta falsamente interpretada libertad la que llevó a la tumba la libertad y el generoso sistema liberal", dijo en aquellos días.
Su libro "Prosperidad para todos" todavía se puede adquirir hoy en día. Quizás no estaría de más enviar un ejemplar a los líderes de la Unión Europea como regalo.

La percepción de Erhard era común en la generación de políticos de la posguerra, que teóricamente se basaba en las opiniones económicas de John Maynard Keynes. Después de la gran crisis económica de la década de 1930, Keynes señaló el papel del Estado en la promoción de la estabilidad y el desarrollo económicos. Sus puntos de vista se volvieron dominantes en Europa (y parcialmente en Estados Unidos) hasta la explosión de los precios del petróleo en 1973. La explosión del precio del petróleo crudo, cuya causa fundamental fue la guerra árabe-israelí y el posterior embargo petrolero árabe, provocó una importante crisis económica para la Comunidad Económica Europea. La inflación se disparó, rondando el diez por ciento anual durante una década, mientras que el crecimiento económico cayó del 5% o 5,5% característico del cuarto de siglo anterior al 2%. La inflación no se pudo contener con las herramientas keynesianas anteriores, y fue entonces cuando los principios económicos neoliberales pasaron a primer plano, y fue entonces cuando el mundo occidental pasó a una política económica neoliberal.

Los economistas neoliberales afirmaban que la causa de todos los problemas era la intervención económica del Estado, por lo que ésta debía ser desmantelada. En otras palabras, se debía privatizar la propiedad estatal, se debían abolir las regulaciones anteriores – como las leyes para frenar la especulación financiera – y se debían abolir las barreras al comercio exterior, especialmente las que existían antes del movimiento de capitales. La privatización, la desregulación y la liberalización fueron los principios rectores de la nueva política económica neoliberal. 

Durante el período anterior, las tasas de interés bancarias habían estado reguladas, con un límite superior obligatorio, de alrededor del 6% o 7 %. Esto fue abolido; las tasas de interés saltaron al 10% o 15%, lo que logró poner a la inflación en una senda descendente (disminuyó al 4% en siete años), pero los países que anteriormente se habían endeudado cayeron en una trampa de deuda. Esa trampa significó que, aunque los países anteriormente endeudados ya habían logrado un importante superávit de exportación, tuvieron que pedir nuevos préstamos para financiar los ingresos que salían del país debido a las enormes tasas de interés, por lo que su deuda siguió creciendo.

La desregulación, la abolición de regulaciones anteriores (especialmente en el sector financiero), dio lugar a enormes especulaciones no vistas desde la quiebra bancaria de 1929 y provocó crisis financieras recurrentes a partir de los años 1990. El portal de Instrumentos de Financiación Rápidos (IFR) del Fondo Monetario Internacional (FMI) (5) enumera ocho crisis financieras importantes desde la desregulación neoliberal. 

Como resultado de la desregulación neoliberal y una reducción significativa en la progresividad de los impuestos sobre la renta personal, las desigualdades de ingresos y riqueza han aumentado significativamente. En un análisis reciente realizado por la Institución Brookings estadounidense, se demostró que los ingresos del 10% superior han crecido fuertemente en los últimos cuarenta años, mientras que los del 50% inferior han sufrido pérdidas particularmente grandes. El aumento de la desigualdad ha ido acompañado de la erosión de la clase media y una disminución de la movilidad intergeneracional. El crecimiento de las desigualdades y las ansiedades que causan, alimentan el descontento social, y una sociedad cada vez más desigual debilita la confianza en las instituciones públicas y, por lo tanto, puede socavar la gobernabilidad democrática. Las crecientes desigualdades globales también pueden amenazar la estabilidad geopolítica.

El giro neoliberal se produjo en la Unión Europea a finales de los años 1980 y puede vincularse en gran medida al Tratado de Maastricht. Este contrato sirvió también para crear las condiciones para la introducción del euro. Sin embargo, con la introducción del euro, los países del sur menos competitivos, sobre todo Grecia, Italia y España, se endeudaron fuertemente, su desarrollo se ralentizó o incluso se detuvo, y su aproximación a las regiones más desarrolladas (la parte norte de la Unión) se detuvo.

Los problemas se ven agravados por la irracional política climática de la Unión Europea. Bajo la presión de los Verdes alemanes, la Unión se fijó objetivos que son inalcanzables. Estos incluyen, entre otros, reducir a cero las emisiones de dióxido de carbono para 2050, cambiar la calefacción de los apartamentos a energías renovables, prohibir la producción de automóviles que funcionen con gasolina y diésel y luego retirarlos de la circulación, y garantizar el suministro de energía con energía eólica y solar.

Estas medidas ya han derribado a la economía europea, especialmente a la industria alemana, cuya producción ha disminuido un 5% desde 2015, mientras que la industria de los países nórdicos desarrollados y los ex países socialistas ha aumentado entre un 20 y un 50% (Dinamarca el 31%, Suecia 16%, Polonia 50%, Hungría 26%). Alemania también arrastró a la industria de Francia, que está estrechamente relacionada con ella (disminución del 2%), y juntos, debido a su peso económico, obstaculizan el desarrollo de la Unión en su conjunto. Todo esto también afecta el crecimiento del PIB, que alcanzó una tasa promedio de sólo el 1,7% en el período considerado.

Las oportunidades de crecimiento de los países generalmente se caracterizan por el hecho de que los países menos desarrollados pueden crecer más rápido que los más desarrollados. Los más desarrollados son los pioneros, desarrollan tecnologías cada vez más nuevas y al mismo tiempo más productivas con gastos importantes, que luego pueden ser adoptadas por los menos desarrollados sin gastos especiales y, por lo tanto, los recursos necesarios para el desarrollo de la tecnología pueden ser utilizado para el desarrollo de la economía. Dado que los países de la Unión Europea están generalmente más subdesarrollados que Estados Unidos, se podría suponer que la Unión puede desarrollarse más rápido que Estados Unidos. Este fue el caso en las décadas posteriores a la guerra. Hasta el Tratado de Maastricht, el crecimiento económico de la Unión superó al de los Estados Unidos en 0,8 puntos porcentuales, pero desde entonces se ha quedado atrás en 0,6 puntos porcentuales, lo que muestra claramente la política económica fundamentalmente defectuosa – impulsada por la ideología – de Bruselas.

Por supuesto, mucha gente lo ve claramente, incluidos los líderes industriales alemanes y los partidos, como Alternativa para Alemania (AfD), llamados “extremistas” por la corriente principal políticamente correcta. Sin embargo, aunque su popularidad va en aumento, estos partidos siguen siendo minoría en algunos países de la Unión. Sin embargo, debido a la irracionalidad de Bruselas, puede suceder fácilmente que los partidos que defienden verdaderos intereses y valores nacionales y europeos consigan un éxito considerable en las elecciones por venir. 

Los escritores deben ayudar a convencer al mayor número posible de ciudadanos europeos: existe una alternativa a la irracionalidad actual para Europa.

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NOTAS
(1)- Károly Lóránt, ingeniero industrial, nació en Budapest en 1942. Casado, padre de dos hijos adultos. En 1966 se licenció en ingeniería eléctrica en la Universidad Tecnológica de Budapest y en 1970 también se licenció en ingeniería y economía en la Universidad de Economía Karl Marx. Comenzó a trabajar como ingeniero de desarrollo y a partir de 1972 se convirtió en empleado de la Oficina Nacional de Planificación. Entre 2003 y 2009 trabajó como experto en el Parlamento Europeo, entre 2010 y 2012 fue empleado del Ministerio de Economía Nacional. Participa activamente en la vida pública húngara; más de mil de sus artículos sobre cuestiones económicas y sociales se han publicado en varios periódicos.
Lóránt cree firmemente en una Europa que conserve sus valores cristianos tradicionales, su identidad histórica y cultural y la soberanía de sus Estados-nación.

(2) Una concepción sostenida por varios pensadores europeos, incluso en la visión geopolítica del nacionalsocialismo alemán de la primera mitad de los años 1940.

(3) Annalena Baerbock es actualmente (Enero 2024) ministra de Asuntos Exteriores  de Alemania desde Diciembre de 2021. Proviene del ecologismo militante (partido Alianza 90/”Los Verdes”).

(4) La gran diferencia entre el liberalismo clásico y el neoliberalismo está, precisamente, en que el liberalismo clásico impulsa una economía de producción mientras que el neoliberalismo promueve una economía financiera.

(5)- https://www.imf.org/es/About/Factsheets/Sheets/2023/Rapid-Financing-Instrument-RFI

sábado, 23 de diciembre de 2023

NAVIDAD EN OCCIDENTE

Ladislao Petrin
(Traducción: Denes Martos)

Celebraré la Navidad en mi corazón,
y trataré de retenerla por todo un año.
Charles Dickens

«Quitad lo sobrenatural y no encontraréis
lo natural, sino lo antinatural».
Chesterton



Sería bueno que algún día pudiéramos vivir un período de Adviento en el que los mercados navideños en Europa no tuvieran que cerrarse debido a los ataques terroristas. Millones de europeos quieren en el futuro una Unión Europea en la que la Navidad siga siendo Navidad, con Belenes, un árbol de Navidad y un mercado navideño. Sabemos que hay gobiernos que protegen la seguridad de sus países con todos los medios a su alcance, pero los líderes de Bruselas están a años luz de devolver la seguridad robada a los pueblos de Europa. Porque desgraciadamente, nos guste o no, sea un día festivo o no, la migración ilegal y las amenazas terroristas se han convertido en una parte “normal” de la vida cotidiana europea y no queremos que sea así por siempre.

El fracaso de la política de integración de Bruselas queda demostrado por la proliferación de actos destructivos contra símbolos y lugares de culto cristianos durante el período navideño. Durante años se ha producido toda una serie de ataques a los símbolos y a los eventos más sagrados de la Navidad. La alerta antiterrorista aumenta en toda Europa occidental durante la temporada navideña, lo que es devastador por un lado y demuestra la absoluta incompetencia de la administración de Bruselas, por el otro. 

En Italia, por ejemplo, se anunció la preparación antiterrorista para todo el período navideño. La seguridad de las zonas públicas, aeropuertos y estaciones de tren fue reforzada con militares, y actualmente hay más de veinte mil soldados del ejército patrullando. A pesar de todo esto, un hombre africano prendió fuego recientemente a una iglesia cerca de Milán porque se sintió ofendido por el belén colocado allí. Durante la época de los inmigrantes, planeó destruir el edificio. Por cierto, entre los italianos, en medio de un espíritu de derrota, los belenes que conmemoran el nacimiento de Jesús recién nacido, que tienen una gran tradición en Italia desde hace siglos, están siendo eliminados lenta pero seguramente de las aulas de las escuelas y de los espacios públicos. La situación es similar en Alemania: recientemente la policía detuvo a un islamista que se preparaba para un ataque terrorista. Un iraní de 20 años planeó apuñalar a la gente en un mercado navideño. Anteriormente también fue capturado un adolescente afgano de quince años que planeaba un ataque en el mercado navideño de Colonia. En Alemania, debido a la amenaza del terrorismo, los programas de Adviento sólo se pueden organizar con mayores medidas de seguridad.

Aunque del otro lado del Atlántico tampoco hay noticias alentadoras. Según una encuesta, tres cuartas partes de los adultos estadounidenses creen que la nación ha olvidado el verdadero significado de la Navidad. Y me parece francamente preocupante que en el estado de Iowa se haya instalado un altar satanista con motivo de la Navidad en el edificio del Capitolio del estado. La estatua, colocada junto al Templo Satánico, representa una cabeza de carnero cubierta de espejos y sostenida por un maniquí vestido de rojo. Todo esto se hizo cínicamente citando el derecho a la libertad de religión. No es la primera vez que se burlan de la Navidad. En Wisconsin, se exhibió un árbol de Navidad satánico en el Museo Nacional del Ferrocarril en Green Bay para la Exposición anual de árboles de Navidad, que se extenderá hasta el 31 de diciembre. Un árbol mostraba luces y cuentas rojas, pentagramas y varias decoraciones satánicas, incluida una que decía "Hail Santa", un truculento juego de letras por no poner "Hail Satan". Los ciudadanos que representaban la normalidad se sintieron profundamente ofendidos por todo esto y expresaron su opinión. Creen que es una fuerza maligna y muy oscura, y esperan sinceramente que la gente sepa cómo combatirla.

Si volvemos a Europa, hoy sólo podemos pensar con nostalgia que alguna vez fue una potencia que dio forma al mundo, porque se atrevió a pensar y actuar. Hoy, sin embargo, ha perdido el rumbo, está construyendo una sociedad abierta al caos y a la violencia. Ha rechazado los fundamentos cristianos y ha caído en un cautiverio ideológico. 

Si hoy la UE solicitara su propia afiliación, tendría que rechazar su solicitud de admisión porque no cumpliría con los criterios de estado de derecho que ella misma ha establecido. Le falta responsabilidad hacia los ciudadanos, la exigencia de la rendición de cuentas y su verificabilidad. De hecho, la migración ilegal ha mostrado el verdadero rostro de la élite que domina la UE. Ahora está más claro que nunca que los líderes de la Unión nunca tuvieron la intención de proteger al continente de los inmigrantes. Además, todos sus esfuerzos, que al principio fueron encubiertos, ahora apuntan abiertamente a inundar Europa de dichos inmigrantes. Esta traición que abarca a todo el continente tiene varias consecuencias importantes. En primer lugar, Bruselas puede decir adiós a su capacidad y a su derecho a guiar a los Estados-nación europeos. 

Finalmente ha llegado el momento de que los Estados-nación europeos reemplacen a los miembros de la principal organización que traicionó a Europa. Porque ¿cuál es el pecado original e imperdonable de Bruselas? Es que contrapuso el derecho de los ciudadanos europeos a vivir y a celebrar en paz y seguridad, oponiéndolo al derecho a la libre circulación de inmigrantes ilegales, incluidos terroristas o potenciales criminales; ¡y se decidió a favorecer a estos últimos!

El hecho es que los contribuyentes europeos están obligados a apoyar y mantener a cientos de miles de musulmanes de África y del Oriente Medio que no hablan el idioma del país de acogida, que se consideran enemigos de su cultura, que están desempleados y profesionalmente poco o nada calificados. Uno no tiene más remedio que preguntarse: ¿quién autorizó al comité de la UE a hacer esto? Los votantes seguro que no. 

La antigua modernidad europea nació de raíces cristianas, pero en términos de su estilo de vida actual, se ha vuelto nihilista y su moral es decadente. Como resultado de las revueltas contra los tabúes de 1968, Europa dio a luz a su hijo infiel: el liberalismo al estilo europeo; la ideología capaz de destruir su propio continente. El objetivo oculto de quienes encarnan el liberalismo y quienes promueven la secularización radical es arrancar a los ciudadanos de sus raíces cristianas, separar la religión cristiana de la sociedad, desterrarla de la vida pública. Un signo de esto es el intento de eliminar los símbolos religiosos y las festividades cristianas con el argumento de que ofenden a personas de otras religiones y creencias, es decir, a los musulmanes o a los ateos. 

Sin embargo, los que con esto se están violando son justamente los derechos del pueblo cristiano. En realidad, lo que hoy en día ocurre no es nada más que otorgarle la preferencia al Islam sobre el cristianismo con el apoyo de los liberales; es decir: una discriminación anticristiana. Porque la tolerancia impuesta para proteger al Islam ha llevado ahora a la intolerancia frente al cristianismo. Lo que los bolcheviques no lograron durante el comunismo en el Este, los defensores liberales de los derechos humanos lo están logrando ahora en Occidente. Lenin, Stalin y Trotsky pueden frotarse las manos en el infierno.

Millones de europeos quieren preservar los valores cristianos de Europa. Millones de cristianos quieren vivir en Europa y fuera de ella en países donde la burocracia en el poder no quiera paralizar nuestra fe. Sería bueno vivir en países donde no haya discriminación anticristiana apoyada y generada por quienes están en el poder. Queremos celebrar la próxima Navidad en un Occidente donde todavía exista la esperanza de confesar sin obstáculos la alegría de nuestra fe según nuestro libre albedrío.

La Navidad es pacífica y custodio de la tradición. Que nadie pretenda quitárnosla ni cambiar aquello en lo que hemos creído durante más de dos mil años.




martes, 31 de octubre de 2023

HABLEMOS DEL AMOR

¡Ay de los pueblos gobernados por un Poder
que ha de pensar en la conservación propia! 
Jaime Luciano Balmes 

El amor no puede permanecer en sí mismo.
No tiene sentido.
El amor tiene que ponerse en acción.
Esa actividad nos llevará al servicio
Madre Teresa de Calcuta

El verdadero amor no se conoce
por lo que exige,
sino por lo que ofrece.
Jacinto Benavente



Hace poco, en uno de mis comentarios en la red, se me ocurrió mencionar que nunca hay que seguir a un líder que ama más al poder que a la gente. Ante eso, uno de mis amigos de la red me preguntó a qué tipo de amor se referiría ese "amor al pueblo" entendido en un sentido griego.  ¿Vendría a ser filia, storge, ágape o eros?

¡Buena pregunta! 

En primer término me sorprendió un poco la crítica implícita, y no porque estuviera fuera de lugar sino porque no podía concebir cómo me se pudo haber pasado semejante pifia. ¡Por supuesto que no debí haber dicho "a la gente" sino "al pueblo"! "Gente" es algo genérico, indefinido. "Pueblo" es un término específico y concreto. "Gente" no es más que un amontonamiento casual de seres humanos. "Pueblo" es la población de una Nación que tiene una misión diferenciada en lo universal, tanto como para citar a José Antonio. Un pueblo posee idiosincrasia, historia, tradiciones, mitos, leyendas, religión, arte, filosofías, logros, fracasos, victorias y derrotas que lo distinguen y lo diferencian de los demás pueblos.  La gente es simplemente eso: gente. Seres humanos de cualquier procedencia y característica amuchados por alguna razón o hasta por casualidad. No es nada extraño que la política actual prefiera hablar de gente y no tanto de pueblo. La noción de "pueblo" implica el reconocimiento de características y valores que simplemente ya no figuran en el diccionario de la neolengua políticamente correcta. Debo reconocer que lo mío fue una pifia con crítica merecida. Es que, por más que uno lo intente, quiéralo o no se termina contagiando en alguna medida de la enfermedad terminológica de nuestro tiempo en el que hasta se inventan palabras de género femenino para referirse a sexos que ni siquiera existen en biología.  

Pero vayamos a la pregunta de mi amigo sobre qué es el "amor al pueblo" y cómo lo entendían los antiguos griegos.

Por de pronto, les cuento que, tengo un viejo problema con la palabra "amor". Es más; cuando quiero escandalizar un poco a mis oyentes a veces digo que "amor" es una mala palabra. Es que uno nunca sabe muy bien qué es lo que significa: amamos a nuestras madres, a nuestros padres, a nuestros cónyuges, a nuestros hijos. Pero también amamos las puestas de sol, los paisajes hermosos, la inmensidad de un cielo estrellado. Más aun: amamos a nuestro perro, al fútbol, al dulce de leche y al café con leche y medialunas. Encima de eso afirmamos amar a la Patria, a su bandera y a su pueblo. Después de todo eso, ¿qué significa la palabra "amor" realmente?

Los antiguos griegos eran bastante más precisos con sus términos. Así como tenían una palabra para el enemigo personal (echtros) y otra para el enemigo "bárbaro" no-griego (polemios). Del mismo modo, tal como señala mi amigo, tenían cuatro términos diferentes para distintas formas de "amor": philia, storge, agape y eros.  

Confieso que tuve que ir a mi biblioteca a rastrear libros leídos años ha, para refrescar conceptos que ya no tenía en la memoria. Philia y eros no me presentaban dificultades; el primero aparece como prefijo o sufijo en numerosas palabras indicando amistad, o "amor por", como por ejemplo el término "filosofía" que es filo = amor + sofía = saber, o bien "bibliófilo" que es amor a los libros. Eros supongo que es de dominio público; pero ¿qué significaba agape y, sobre todo, storge? El primero me sonaba a "banquete" mientras que storge no me recordaba a nada así que fui a los libros y a ponerme al día para no hablar tonterías.

Recordé que C.S.Lewis trata el tema con bastante extensión en su libro "Four Loves" (Cuatro amores). Allí, Lewis interpreta estos términos mayormente como "vínculos". Así a storge lo interpreta como un vínculo de empatía; a philia como un vínculo de amistad; a eros como un vínculo de amor romántico y a agape como el vínculo incondicional del amor a Dios. 

Sin duda, la interpretación de C.S.Lewis es interesante y hasta atrayente, pero tiene un problema: no es tan así como lo entendían los griegos. Un error muy frecuente en la interpretación de los textos antiguos que surge de tratar de entenderlos a partir de los criterios actuales y no considerando los vigentes en el momento en que el texto se escribió. 

Así que recurramos a Aristóteles.

Si uno toma en sus manos su "Ética a Nicómaco" y toma notas, el término philia incluiría a: jóvenes amantes, amigos de toda la vida, ciudades entre sí, contactos políticos o comerciales, parientes y niños, compañeros de viaje, camaradas de la milicia, miembros de la misma sociedad religiosa o de la misma tribu, y algunos casos más. Dado lo cual, con esta descripción de la philia aristotélica no conseguiríamos mucha más precisión que con nuestra palabra "amor".

No obstante, hay una definición de Aristóteles que puede orientarnos al menos un poco. Está en su libro sobre "Retórica" y, en esencia, señala que la philia es "hacer por otro lo que uno cree que es bueno para él".(Retórica L1 - Cap.5). 

Esto, de algún modo, incluso coincide con la idea general de que el amor consiste esencialmente en dar. No en vano, en términos de eros por ejemplo, el amor egoísta de quien solo espera recibir se llama concupiscencia. Y, en términos de política, hacer algo bueno por los demás es equivalente a la idea de brindar un servicio y eso se condice bastante bien con el criterio de Federico el Grande que, aun siendo rey, se consideraba a sí mismo como "el primer servidor del Estado". Un criterio que la sabiduría popular expresa como: el que no vive para servir no sirve para vivir.  Quizás justamente porque es incapaz de amar.

Expandiendo, pues, un poco el concepto de Aristóteles apuntado en su "Retórica" uno podría decir que philia es: 

QUERER PARA ALGUIEN LO QUE UNO PIENSA QUE ES BUENO PARA ÉL Y NO NECESARIAMENTE PARA UNO MISMO, ADEMÁS DE ESTAR INCLINADO, EN LA MEDIDA DE LO POSIBLE, A HACER TALES COSAS POR ÉL. 

Creo que, aplicando este criterio, el "amor por el pueblo" estaría bastante razonablemente contemplado por lo que los antiguos griegos entendían por philia

Espero que la conclusión le sirva a mi amigo.

Aunque, sinceramente, me quedo con ganas de saber si Aristóteles estaría de acuerdo. 



lunes, 30 de octubre de 2023

HUMANOS INHUMANOS

Ladislao Bogár

Tenemos una Guerra Mundial, ahora en dos frentes.


Hay una Guerra Mundial, ahora en dos frentes, por lo que quizás no sea sorprendente que nos encontremos con el adjetivo „inhumano” todos los días. Además, también nos parece natural que a esa adjetivación de “inhumano” la apliquemos principalmente a las personas; a personas inhumanas. Detengámonos un poco en esta frase, porque ¿puede una persona ser inhumana? ¿Podemos clasificar a alguien como "inhumano" sin tener el coraje de determinar qué es ser "humano"? Porque en mis últimos cincuenta y cuatro años de adulto no me he encontrado con un intento tan ambicioso. Por supuesto, hubo, y obviamente habrá, intentos de definición que no se enfrentaron con la cuestión, o incluso buscaron encubrirla conscientemente. Pero no es muy frecuente un planteo que podría ayudarnos a resolver el misterio, de cómo el Hombre, el ser humano, puede ser inhumano.

En el primer y segundo frente de la actual Guerra Mundial (este último fue abierto por ese poder oficialmente declarado „inexistente” que no obstante ha sido el Señor de todas las guerras en Medio Oriente) sucede casi todos los días algo que podemos calificar de inhumano y, sin embargo, nos vemos frente al incómodo hecho de que se trata de acontecimientos provocados por seres humanos. Entonces, ¿cómo es esto? 

Para analizar las capas más profundas de la pregunta, vale la pena recordar el debate que Ágnes Heller provocó en algún momento a mediados de la década de 1990 con su declaración de que el Holocausto está fuera de la Historia. Unas semanas después, en respuesta a esto, se argumentó que el problema era que el Holocausto estaba fuera de la Historia pero que debía ser incluido  en ella. Si interpretamos bien este debate inconcluso, la pregunta aquí es: ¿cómo se puede considerar a la inhumanidad en el contexto histórico?

Si la respuesta a esta pregunta es que no se puede – o incluso que no se debe – entonces lógicamente se deduce que los perpetradores no son humanos, ya que sus acciones están fuera de la Historia humana. Si, por el otro lado, la respuesta es que no solo se puede sino que se debe (o más bien que se debería) considerar las acciones en su contexto histórico, entonces nos tendremos que dedicar al doloroso trabajo espiritual de tratar de descubrir, cómo las personas pueden hacer cosas que, si bien podemos calificar correctamente de “inhumanas” en un primer enfoque emocional, no pueden ser más que „humanas” toda vez que los perpetradores fueron seres humanos. De modo que volvemos a la pregunta básica de ¿qué es el Hombre?

¿Cómo es que una persona parece ser capaz de cometer un acto de “inhumanidad”, es decir: de hacer cosas que están totalmente en desacuerdo con la esencia más profunda del ser humano? Porque el Hombre es básicamente bueno. ¿En serio? Porque, si lo es, entonces, ¿cómo es posible que los pueblos de Medio Oriente hayan incorporado desde hace miles de años en su teoría existencial la lógica del „ojo por ojo y diente por diente”? ¿Y qué podemos opinar sobre la moraleja más frecuente en los cuentos populares, según la cual a una buena acción le corresponde el Bien como recompensa? 

Mientras que el primer mensaje proviene de la "Ley del talión", un criterio existencial que, digan lo que quieran los juristas, está construido sobre el pedestal de la venganza, y parte de la premisa de que el hombre es capaz del Mal (es decir: capaz de cualquier “inhumanidad” ), el segundo directamente no interpreta la esencia ontológica del Mal, sino que solo nos insta gentilmente a que seamos humanos, así que apreciemos y hagamos el Bien – si podemos. El primero sigue lógicamente la profundización del Mal, ya que conduce a la guerra existencial total (1) en la que es cada vez más frecuente el enfoque destructor que me puede llevar a considerar que, si le puedo hacer al otro más daño del que él me puede hacer a mí, entonces puedo decir que gané, a pesar de que es obvio que ambos perdimos.  En el segundo, sin embargo, puede que no sea una exageración interpretar la profundización del Bien, porque si soy capaz de no "esperar a los demás", – es decir: de hacer el Bien sin depender de los demás – sino que actúo manifestando naturalmente mi ser más íntimo, esto puede ser quizás algo así como un hechizo pacificador que puede inhibir la cadena de esas reacciones mentales que hacen que toda la existencia humana se convierta en  "inhumana".

Ontológicamente, el hombre lleva consigo todo el espectro de la Creación, desde el infierno hasta el cielo. Y la peor noticia de todas es que esto es cierto para todas las personas sin excepción, lo cual coloca en una posición delicada a quienes, por encima de las personas reales, aplican el calificativo de “inhumano” con una arbitrariedad selectiva basada en las "etiquetas” dictadas por el poder de la opinión mundial dominante. 

Varias señales indican que Fukuyama tenía razón en cuanto a que se acerca “El Fin de la Historia”, solo que no exactamente tal como se lo imaginaba, sino justo a la inversa. Profetizó que la combinación de democracia liberal y una economía de libre mercado traería una era de paz y prosperidad eternas. Samuel Huntington, que era profesor en la Universidad de Yale, ante la repentina agitación provocada por Fukuyama, escribió su libro El choque de civilizaciones, en el que profetizó todo lo contrario. Según él, dado que la democracia liberal y una economía de libre mercado no son más que eufemismos para describir la dictadura global de los grupos de poder mundiales del Occidente moderno, podemos esperar toda una serie de disturbios en todo el planeta que demostrarán que el Occidente moderno ha cometido un acto fatal con su estrategia de la “apertura globalizadora”. Y esto será así, porque esos grupos de poder, basándose en su propia perspectiva existencial, se auto perciben como impulsores del único Estado Universal legítimo de la humanidad, por lo que justifican la agresión, el saqueo y la conquista por la fuerza de todo el resto del mundo aún no integrado a ese Estado.

Esta es la Tercera Guerra Mundial que ahora comienza a profundizarse con toda su tremenda inhumanidad en los dos frentes abiertos hasta ahora. Y la perspectiva no es buena: lo que tenemos hoy no es más que un suave preludio introductorio a ese ”Mundo Feliz” anunciado por Aldous Huxley.

(Traducción de Denes Martos)

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NOTAS
1)- Un juego de saldo negativo, según la Teoría del Juego.