Denes Martos
en un momento dado
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| El quid de la cuestión o la madre del borrego |
Existe una antigua regla milenaria que se puede aplicar incluso a nuestro caótico mundo actual: Un Imperio hegemónico siempre tenderá a preservar su poder a toda costa contra cualquier retador. El poder político no se regala; y menos todavía un poder político hegemónico. En la actual lucha por la hegemonía global, Estados Unidos, ha llegado al punto en que ya no puede mantener su poder con los medios que ha utilizado hasta ahora, por lo que está prácticamente forzado a recurrir a medios extremos.
El término poco utilizado que mejor describe los
acontecimientos que ocurren en la política
internacional de este año es “desdolarización”. El predominio del dólar
estadounidense, principal pilar del poder global de Estados Unidos, comenzó con
las negociaciones de Bretton Woods en el verano de 1944. [1] En
ese encuentro se acordó que el dólar podía cambiarse por oro y las principales
monedas del mundo por dólares. Este acuerdo creó el Fondo Monetario
Internacional (FMI) y el Banco Mundial, que estaban destinados a garantizar la
estabilidad y funcionalidad del sistema. Como siguiente paso, el presidente
Roosevelt acordó con el rey saudita que el reino de Medio Oriente liquidaría su
comercio petrolero en dólares en lugar de libras esterlinas y mantendría el
superávit en bonos y acciones del gobierno norteamericano. Han pasado ochenta
años desde entonces y, según la teoría de las Ondas de Kondratiev de largo
plazo, un ciclo económico importante dura ese tiempo, año más, año menos.
Hasta ahora, el comercio mundial se realizaba principalmente
en dólares, pero en diciembre de 2025 se lanzó UNIT, la unidad de liquidación
de los países BRICS, respaldada en un 40% por oro y un 60% por la cesta de
divisas de los países participantes. Hace exactamente 45 años se lanzó el ECU
(Unidad Monetaria Europea), que era la moneda de liquidación de las Comunidades
Europeas (CE) en ese momento, a partir del cual la moneda común creció en 2002.
UNIT todavía está en el comienzo de este viaje, pero en nuestra época
acelerada, ya no tenemos que esperar décadas para que la moneda de liquidación
se convierta en una letra de cambio y, finalmente, en un medio de pago real. En
la historia, un cambio de Imperio se produce cuando la potencia emergente es
capaz de vender sus productos en su propia moneda, lo que desplaza de su trono
a la moneda del imperio hegemónico. El mundo acaba de llegar al umbral de ese
momento.
Esto nos ayuda a entender por qué Estados Unidos secuestró
al presidente venezolano Maduro a principios de año, para que el país con las
mayores reservas de petróleo conocidas liquidara su comercio de petróleo en
dólares. Dado que el UNIT sería una opción mucho mejor para el país afectado
por las sanciones estadounidenses, a Venezuela le hubiera resultado posible
evitar los bancos estadounidenses y comprar tecnología, medicinas y armas de
los países BRICS. Recordemos que la fuerte intención de retirarse del
petrodólar impulsó la derrota del presidente iraquí Saddam Hussein en 2003 y
del presidente libio Muammar Gaddafi en 2011.
Uno de los temas principales de la cumbre de Davos de Enero pasado
fue el destino de Groenlandia (más Canadá e Islandia), que al presidente Trump
le gustaría ver como nuevos estados miembros de los Estados Unidos. Un deseo
probablemente demasiado ambicioso para ser viable. Sin embargo, como objetivo de
mínima, más realista y candente, todavía quedaba la financiación de los 9
billones de bonos del Estado estadounidense que expirarán este año y los 2
billones de dólares recién emitidos, a los que los inversores no acuden en
absoluto. De hecho, preferirían deshacerse de sus títulos del gobierno norteamericano
(Sell America), ya que no saben qué medios "poco ortodoxos" está
utilizando la administración Trump para "gestionar" la enorme deuda.
China lleva mucho tiempo reduciendo su exposición financiera
a Estados Unidos; Japón, el mayor acreedor hasta ahora, acaba de empezar a
vender. Durante la cumbre de Davos se sugirió que los valores del gobierno
estadounidense en poder de europeos también podrían utilizarse para ejercer
presión. Washington ha renunciado (por ahora) a la expansión del territorio
estadounidense y ha mostrado una voluntad (temporal) de apoyar
(diplomáticamente) a Ucrania, por lo que ya podría pedir a los europeos que "a
cambio" renueven los bonos estatales estadounidenses a punto de expirar. A
los europeos les siguen ahora los países del Golfo, que también cuentan con
importantes reservas de títulos públicos estadounidenses, y no es en absoluto
irrelevante el ritmo con el que esos países decidan a cambiar su comercio petrolero
de petrodólares a petroyuanes.
Así las cosas, la acción de Estados Unidos e Israel contra Irán pretende alcanzar varios objetivos al mismo tiempo. El tráfico en el Estrecho de Ormuz está en peligro debido al conflicto, que en caso de prolongarse puede hacer difícil, o incluso imposible, que los países del Golfo puedan exportar su producción. Al igual que en la operación aérea Midnight Hammer de junio de 2025, Trump está interesado en una guerra corta que minimice las pérdidas y los costos estadounidenses. Resulta sospechosamente "práctico" que las próximas conversaciones ruso-ucranianas se celebren en los Emiratos Árabes Unidos, de modo que – siguiendo el ejemplo de Groenlandia – podría ser posible ponerse de acuerdo para incluso poner fin al conflicto iraní.
Desde el punto de vista de Estados Unidos, es importante que
Irán no adquiera un arma nuclear, pero es al menos igual de importante que los
países del Golfo no abandonen el petrodólar y sigan financiando la deuda
nacional estadounidense. Pero, por otra parte, Israel exige un cambio de
régimen en Teherán, lo cual, basándose en el ejemplo venezolano, tiene poca
importancia para Trump.
Sobre esta base, es comprensible que Rusia y China – después
de lo de Venezuela – ya apoyan a la dirigencia de Irán, que es su aliada. Según informes
de prensa, se enviaron nuevos misiles antiaéreos y antibuque al Estado persa y,
para evitar la posible pasividad del ejército iraní, también se enviaron muchos
asesores militares. Para rusos y chinos hay mucho en juego. Si después de
Caracas, Moscú y Beijing tampoco logran proteger a Teherán, su presencia
internacional y, por tanto, el ritmo de la desdolarización se reducirán
considerablemente.
Este análisis no es, por supuesto, exhaustivo. Pero vale la
pena examinar el actual conflicto de Irán también desde esta perspectiva. Tanto
como para que no venga nadie a decir: “Es la economía, estúpido”.
Porque, además del tintineo de sables, el tintineo de las monedas es importante.
En especial para los estúpidos que creen que arreglando
las monedas todo lo demás se arregla solo.
[1]
)- De ese encuentro participaron 44
naciones, pero hay que tener en cuenta que la mayoría de los países del después
llamado Tercer Mundo todavía eran colonias. Por ejemplo, la India participó
solo como parte de la delegación inglesa y en gran medida América Latina se
hallaba bajo un fuerte control norteamericano.





