Denes Martos
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Los alemanes lo
saben todo sobre la guerra; excepto como ganarla. William Ebenstein.[1] "Camarada, la guerra es siempre una tragedia; pero, como se sabe, la tragedia más grande de todas es perderla. Joseph Goebbels [2] Dedicatoria A los verdaderos héroes de la Segunda Guerra Mundial: los soldados rasos rusos y alemanes. Otto Skorzeny [3] |
A estos terceros a veces se los llama
"revisionistas" y una de las grandes ironías de la Historia es que, por regla
general, terminan odiados por todos.
Es que a nadie "le conviene" la verdad, por regla
general. A los vencedores no les conviene porque la verdad expone sus propios
crímenes que muchísimas veces son los mismos – o casi los mismos, o hasta
peores – que los de quienes figuran como vencidos. Y a éstos tampoco les
conviene porque la verdad rara vez les permite seguir sosteniendo la imagen de
pobres víctimas. De todos modos y como figura en la cita al comienzo, la guerra
es siempre una tragedia pero la tragedia más grande de todas es perderla.
La Segunda Guerra Mundial no es una excepción. La Historia
oficial ha dividido prolijamente a los Buenos de los Malos. Ha establecido, de
manera supuestamente definitiva, quienes tuvieron razón y quienes estuvieron
equivocados; quienes merecieron ganar y quienes solo merecieron la horca y el
oprobio. La Historia ortodoxa y catedrática se estableció con una férrea
voluntad de tener la palabra final y definitiva. Pero hoy, a más de 80
años de finalizada esa guerra, ese relato oficial, terminante y único, ya tiene
tantos agujeros que amenaza con resquebrajarse y colapsar.
Son demasiados los hechos disputables, fáctica, ideológica y
moralmente, que sencillamente no encajan en el relato oficial. Aquí nos
limitaremos a poner en perspectiva solo uno de dichos datos: la relación de la
Alemania de Hitler con la Rusia Soviética de Stalin.
La perspectiva de Hitler
La versión oficial de la guerra en el Este contra la URSS
sostiene que después de firmar el Pacto Ribbentrop-Molotov (23 de agosto de
1939) Hitler y Stalin fueron aliados hasta que, dos años después – en junio de
1941 – Hitler traicionó el acuerdo y atacó a la URSS por sorpresa.
El revisionismo histórico desmanteló esta hipótesis. El
análisis de los documentos existentes, – especialmente algunos de los que se
hicieron públicos después del derrumbe soviético en 1991 – concluye que ni Hitler ni Stalin buscaban la
paz entre 1939 y 1941. En realidad, lo que ambos buscaban fue comprar tiempo.
Hitler quería evitar a toda costa una guerra en dos
frentes como el que había tenido
Alemania durante la Primera Guerra Mundial. A su vez, está comprobado que Stalin
esperaba que las potencias capitalistas occidentales (Francia, Gran Bretaña y
Alemania) se desgastaran mutuamente lo suficiente como para convertir a Europa
entera en un bocado fácil.
Por de pronto,
Hitler no se hizo nunca muchas ilusiones respecto de la Unión Soviética. Gran
parte de su lucha por el poder entre 1921 y 1933 consistió en un enfrentamiento
constante con los comunistas y hay razones bastante sólidas para afirmar que el
anticomunismo de los nacionalsocialistas fue uno de los factores decisivos que
les permitió conquistar simpatías, ganar elecciones y llegar al poder. En
amplios círculos alemanes la sola idea de una posibilidad de caer en una
dominación soviética producía terror.
Consecuentemente,
la batalla de "nazis" y "sozis" [4] durante los años de la lucha por el poder fue sangrienta y, en ocasiones,
mortal. No es ninguna casualidad que Horst Wessel, nada menos que el autor de la marcha oficial del NSDAP (Die Fahne Hoch - La bandera en alto) fuera asesinado por dos comunistas. Y no era para sorprenderse. Lenin había sido muy claro en sostener su tesis de
que el éxito de la Revolución Bolchevique no dependía de Rusia sino de la
conquista de Alemania. Lenin en su informe político del Comité Central, el 7 de
Marzo 1918 al Séptimo Congreso Extraordinario del Partido Comunista Ruso
expresó:
"Es una lección, porque es una verdad absoluta, que sin una
revolución alemana estamos perdidos (...). En todo caso, bajo todas las
circunstancias concebibles, si la revolución alemana no se produce, estamos
perdidos."
[5]
Y antes de eso, en una conversación con G.
Solomon había aclarado que su objetivo en Rusia era solo una etapa porque:
(…) no se trata de Rusia en absoluto. Rusia me importa un pito. Es solo
una fase por la cual tenemos que pasar en nuestro camino hacia la revolución
mundial". [6]
Y no solo Lenin
pensaba así. Trotsky apoyaba exactamente la misma estrategia y eso constituyó
uno de los principales motivos que lo enfrentó con Stalin quien, luego de la
muerte de Lenin, comenzó a imponer su visión del "socialismo en un solo
país" como estrategia de inicio para luego, contando con el poder de una
Rusia desarrollada, fortalecida y convenientemente armada, avanzar sobre Europa
y, dado el caso, sobre el resto del mundo.
El hecho es que la
inteligencia militar alemana conocía perfectamente esta situación y Hitler,
quien durante sus primeros años de lucha política había estado muy cerca del
aparato de inteligencia del ejército, la conocía también y no se hacía ninguna
ilusión con los comunistas. Sabía que una colisión entre una Alemania
nacionalsocialista y una Rusia bolchevique era absolutamente inevitable a la
corta o a la larga.
El Pacto
Ribbentrop-Molotov no fue ningún acuerdo entre potencias deseosas de
fortalecerse promoviendo intereses compartidos. Fue una jugada de póker
político entre dos estados apostando a ver quién engañaba al otro con mayor
ventaja.
La invasión de Polonia
Aparte de todos
estos datos hay un hecho al inicio mismo de la guerra que necesariamente debió
haber llamado la atención de Hitler y su Estado Mayor.
Como se sabe, los
alemanes cruzan la frontera occidental de Polonia el 1º de Septiembre de 1939.
Lo que pocas veces se menciona es que los bolcheviques rusos la invaden
cruzando su frontera oriental el 17 de Septiembre, apenas unos 16 días después.
Cuando ambos ejércitos se encuentran no solamente no hay ni siquiera una escaramuza
entre ellos sino que hasta organizaron un desfile conjunto en la localidad de
Brest-Litovsk el 22 de Septiembre de 1939 para sellar la victoria.
No obstante, lo
curioso de esto no es tanto la sincronización de ambos ejércitos y el nunca
mencionado desfile. Lo que llama la atención es que Inglaterra y Francia le
declararon la guerra a Alemania el 3 de Setiembre de 1939 – es decir apenas dos
días después de la invasión alemana – pero se abstuvieron de hacer lo mismo con
Rusia después del 17 de Septiembre a pesar de que Alemania y Rusia eran – al
menos según los papeles – aliados en ese momento.
Si Hitler
necesitaba una confirmación de que Stalin no era de confiar, la no-condena a
Rusia por haber hecho exactamente lo mismo que Alemania le brindó una certeza
absoluta: la guerra contra Rusia no solo era inevitable; en algún momento incluso
se haría necesaria.
La perspectiva de Stalin
Stalin asumía que la guerra en el oeste sería una larga
repetición de las trincheras de la Primera Guerra Mundial. Cuando Polonia cayó
en 5 semanas en 1939, Francia cayó en apenas seis en 1940 y los ingleses
tuvieron que abandonar el continente europeo en Dunkerke, el jefe soviético se
dio cuenta, demasiado tarde, de que había ayudado a crear un monstruo militar muy
poderoso que ahora podía apuntar directamente hacia Moscú.
El rompehielos
"El Rompehielos" (Ledokol, 1989) de
Viktor Suvorov [7] es considerado uno de los libros más
polémicos, disruptivos y comercialmente exitosos de la historiografía de la
Segunda Guerra Mundial.
La obra inauguró la llamada "controversia de Suvorov"
al plantear una tesis radicalmente revisionista sobre los orígenes del
conflicto en el Frente Oriental.
La hipótesis de Suvorov sostiene que Stalin planeaba invadir
Alemania y conquistar toda Europa Occidental en el verano de 1941,
tentativamente en julio, bajo la operación encubierta Tormenta.
Según el autor, Stalin utilizó deliberadamente a Alemania
como un "rompehielos" de la revolución comunista. Su plan consistía
en dejar que Hitler destruyera las potencias occidentales y debilitara a
Europa, para luego lanzar una invasión masiva desde el este y presentarse como
el "liberador" del continente. Siguiendo esta lógica, la Operación
Barbarroja de Hitler el 22 de junio de 1941 no fue una agresión imperialista
arbitraria, sino un ataque preventivo de último minuto que se anticipó por
pocas semanas a la ofensiva soviética.
Para defender su postura, Suvorov analiza datos técnicos del
Ejército Rojo recopilados antes de la apertura de los archivos oficiales
postsoviéticos pero muchos de los cuales fueron confirmados luego de 1991,
especialmente la manipulación de la realidad por parte del periodismo soviético
que veremos más adelante.
Suvorov destaca que las tropas soviéticas estaban acumuladas
directamente en las fronteras, sin fortificaciones defensivas profundas, con
los puestos de mando expuestos al fuego de artillería inicial y sin preparación
para pasar el invierno en territorio propio.
Señala el desarrollo masivo de los tanques de la serie BT
diseñados para altas velocidades en autopistas pavimentadas como las de
Alemania, pero inútiles en los caminos de tierra de la URSS, y la existencia de
un millón de paracaidistas entrenados, una fuerza puramente ofensiva.
Dos discursos de Stalin
Otro elemento de juicio que aporta Suvorov son algunos
discursos de Stalin y la forma en que fueron tratados por el régimen. De hecho,
el análisis de los discursos reales de Stalin en 1939 y 1941 es crucial para
entender la geopolítica soviética previa a la invasión alemana, ya que ilustran
la evolución de su estrategia: de un pragmatismo cínico que buscaba el desgaste
de Occidente, a la preparación contrarreloj para una guerra inevitable.
Existen dos discursos clave — uno controvertido y otro
secreto pero confirmado — que definen este periodo.
Cuatro días antes de firmar el Pacto Ribbentrop-Molotov,
Stalin presuntamente pronunció un discurso secreto ante los miembros del
Politburó. Se trata del polémico discurso del 19 de agosto de 1939. Su
autenticidad sigue siendo objeto de debate académico. Fue descubierto en los
archivos franceses en la década de 1990 y, aunque el Kremlin siempre lo tildó
de falsificación, muchos historiadores revisionistas argumentan que refleja
fielmente las intenciones reales de Stalin.
"Si firmamos un
tratado con Francia y Gran Bretaña, Alemania renunciará a Polonia y buscará un
modus vivendi con las potencias occidentales. La guerra se evitará... pero las
cosas serían peligrosas para la URSS.
Si aceptamos la propuesta alemana de un pacto de no agresión, Alemania invadirá
Polonia y la intervención de Francia e Inglaterra será un hecho. Europa
Occidental sufrirá graves desórdenes. En estas condiciones tendremos muchas
posibilidades de mantenernos al margen del conflicto y podremos entrar en la
guerra cuando nos sea ventajoso". [8]
Stalin veía la guerra europea como una oportunidad dorada.
Su objetivo no era salvar la paz, sino provocar un conflicto prolongado entre
las potencias capitalistas y fascistas. Una vez que ambas partes estuvieran
completamente agotadas, la URSS podría intervenir para expandir el sistema
comunista por todo el continente.
El discurso secreto del 5 de mayo de 1941 (ante graduados de
la Academia Militar) es, a diferencia del anterior, 100% oficial y documentado,
aunque se mantuvo bajo estricto secreto en la URSS durante décadas. Stalin
habló ante más de 2,000 graduados del Ejército Rojo en el Gran Palacio del
Kremlin. [9]
En ese discurso Stalin rompe drásticamente con la propaganda
oficial que desde 1939 pintaba a Alemania como una nación amiga. Admitió
abiertamente que la guerra con el Tercer Reich era inminente. Tras las rápidas
victorias alemanas en Francia y los Balcanes, el Ejército Rojo estaba
aterrorizado. Stalin dedicó gran parte del discurso a desinflar el mito de la
"invencibilidad nazi", argumentando que Alemania estaba exhausta, que
su economía dependía del saqueo y que sus tácticas ya eran predecibles.
"Hasta ahora hemos
llevado a cabo una política exterior pacífica y defensiva... Pero ahora que
hemos reconstruido nuestro ejército, lo hemos equipado con tecnología moderna
para el combate y nos hemos vuelto fuertes, debemos pasar de la defensa a la
ofensiva. Al asegurar la defensa de nuestro país, estamos obligados a actuar de
manera ofensiva. Debemos pasar de una política defensiva a una política militar
ofensiva". [10]
La lectura objetiva de estos discursos demuestra el crudo
realismo de Stalin.
En 1939 su prioridad era el aislamiento geopolítico. Utilizó
el pacto con Hitler para ganar territorio protector (Polonia oriental, el
Báltico) y desviar la agresión alemana hacia el oeste.
En 1941, al ver que Francia cayó demasiado rápido y que
Hitler acumulaba tropas en la frontera, Stalin entendió que su plan de "desgaste
mutuo en Occidente" había fracasado. El discurso de mayo no revela un plan
detallado para invadir Europa ese verano, sino una reorientación psicológica
desesperada dirigida a sus generales. Intentaba convencerlos de que, cuando la guerra
estallara, la única forma de salvar a la Unión Soviética sería mediante la
ofensiva militar directa, renunciando a la doctrina de la retirada.
El manejo de la propaganda oficial soviética en el periódico
Pravda [11] tras
el discurso secreto del 5 de mayo de 1941 es uno de los ejercicios de censura y
equilibrismo político más fascinantes de la preguerra en Rusia. Muestra la enorme
desconexión que existía entre las advertencias internas que Stalin daba a sus
generales y el pánico del Kremlin a provocar a Hitler.
Aunque el discurso del 5 de mayo ante los graduados
militares fue un punto de inflexión donde Stalin afirmó que la guerra con
Alemania era inevitable y que el Ejército Rojo debía volverse ofensivo, nada de
esto se publicó en el Pravda. Al día siguiente, el 6 de mayo de 1941, Pravda
publicó una reseña extremadamente breve y genérica en su portada. Solo se
mencionaba que Stalin había asistido a la graduación de la academia militar y
que había pronunciado un discurso sobre la "importancia de la formación de
los cuadros militares" y el fortalecimiento de la disciplina. Stalin sabía
que la red de espionaje alemana informaría de inmediato a Berlín si el
periódico oficial soviético adoptaba un tono hostil o anunciaba una doctrina
ofensiva.
Pero el ejemplo más extremo de la línea editorial del Pravda
ocurrió apenas ocho días antes de la invasión nazi. El 14 de junio de 1941, el
periódico publicó en primera plana un comunicado oficial de la agencia de
noticias del Estado (TASS). Este texto es considerado la cumbre del
apaciguamiento propagandístico soviético.
Por de pronto, el Pravda directamente negó la guerra.
El comunicado tachaba de "rumores absurdos y provocaciones de las
potencias capitalistas occidentales (Gran Bretaña)" las informaciones que
apuntaban a una guerra inminente entre la URSS y Alemania. Además el texto
afirmaba textualmente que "Alemania está cumpliendo de manera tan
estricta las condiciones del Pacto de No Agresión Germano-Soviético como la
propia Unión Soviética", y que el movimiento de tropas alemanas hacia
el este no tenía nada que ver con las relaciones soviético-alemanas.
Stalin ordenó publicar esto en el Pravda como un
mensaje directo a Hitler, intentando forzar un canal de negociación diplomática
de último minuto.
Durante las semanas posteriores al discurso de mayo y hasta
el 22 de junio, el Pravda mantuvo una dualidad desconcertante para la
población soviética. Se ensalzaba la amistad con Alemania. Se publicaban fotos
de trenes de mercancías soviéticos cruzando la frontera con grano para el
Tercer Reich y se criticaba duramente el "imperialismo británico".
Pero en el plano interno y entrelíneas, aunque no se mencionaba a Alemania como
enemiga, el Pravda incrementó de forma masiva los artículos sobre la "preparación
para la defensa de la patria", el heroísmo histórico del pueblo ruso
frente a invasores extranjeros y llamamientos sutiles a la vigilancia
fronteriza.
El 22 de junio de 1941 el relato colapsó. La estrategia de
desinformación masiva en los medios oficiales tuvo consecuencias catastróficas.
Al prohibir al Pravda preparar psicológicamente a la población y a las
tropas para una agresión alemana inminente, el Kremlin provocó que el estallido
de la Operación Barbarroja tomara por sorpresa absoluta a millones de
ciudadanos y soldados.
La mañana del 22 de junio de 1941, cuando las acciones
bélicas ya se habían desencadenado, las imprentas del Pravda todavía
distribuían periódicos que hablaban de la sólida paz y cooperación económica
con el Tercer Reich. El periódico tuvo que ser reestructurado de urgencia en
cuestión de horas para pasar, ahora sí de forma abierta, a la invocación de la "Gran
Guerra Patria" como imagen convocadora para la defensa patriótica de
Rusia.
Esa "Gran Guerra Patria" es lo que la Federación Rusa reivindica al día de hoy como la gran victoria rusa (y no necesariamente soviética) en la Segunda Guerra Mundial y es a lo que Vladimir Putin se refiere cuando dice que "Los que no añoran a la Unión Soviética no tienen corazón... pero los que quisieran reconstruirla no tienen cerebro".
Conclusión
El fin es sabido. Alemania perdió la guerra por toda una
serie de razones que exceden y por mucho el marco de esta nota; pero no la
perdió por una estrategia equivocada de su máximo líder. Hitler supo muy bien lo que hacía y no se
equivocó respecto de Stalin. Lo que sucedió fue que hubo toda una serie de
inconvenientes y errores tácticos que frenaron el avance alemán cuando ya
estaba a las puertas de Moscú. Luego actuó el "General Invierno", el
desastre de Stalingrado y, a partir de allí, ya no hubo forma de parar a la
"aplanadora" rusa en el Este. A la misma se sumaron los ejércitos
británicos ingleses y norteamericanos por el Sur y el Oeste. Alemania, atrapada
otra vez en una guerra entre dos frentes, combatió hasta el final pero no pudo
evitar la derrota.
Stalin, con su astucia georgiana, fue en realidad el único
claro vencedor de la Segunda Guerra Mundial. Churchill y los ingleses ganaron
la guerra pero perdieron su imperio. A Francia le pasó lo mismo. Con el correr de los años tuvo que desprenderse de todas sus colonias en
el Medio Oriente[12], Asia
[13],
la India [14], el
Norte de África [15] y el África Subsahariana[16]. Estados Unidos empleó su táctica de entrar
tarde en la guerra, cuando los contendientes ya se hallaban cansados, tuvo un
papel razonablemente bueno en Europa pero se metió en un tembladeral en la zona
del Asia-Pacífico en donde tuvo que usar dos bombas atómicas para producir la
masacre de Hiroshima y Nagasaki a fin de vencer a Japón y se involucró en la
geopolítica de la zona lo cual le trajo, por añadidura, las sangrientas crisis
de Corea primero y Vietnam después.
Hoy (2026), a 81 años del fin de la guerra, si alguien
preguntara "¿quién perdió la Segunda Guerra Mundial?" la respuesta
obvia sería " Europa". Pero hilando más fino y pensando las cosas
hasta el final, alguien podría responder: "todo Occidente".
Y nadie tendría argumentos válidos para contradecirlo.
Los datos fueron recabados ordenados
y validados utilizando Inteligencia Artificial, la cual no se ha empleado para la evaluación y el
análisis histórico-político de los mismos.
[1]
)- William Ebenstein nació (…) en Jazłowiec, Galitzia, como ciudadano
austrohúngaro. Provenía de una respetada familia judía cuyos antepasados incluían al rabino Jacob Jehoschua Falk.
(...) En 1936, emigró a los
Estados Unidos. (...) Al igual que muchos otros abogados
germano-estadounidenses, se puso al servicio de los EE.UU. durante la Segunda
Guerra Mundial. Trabajó para el servicio de inteligencia estadounidense,
entrenando personal para la ocupación de los países del Eje.
Cf. https://de.wikipedia.org/wiki/William_Ebenstein
(en alemán)
[2]
)- Wilfred von Oven – secretario
referente de prensa en el Ministerio de Prensa y Propaganda alemán – atribuía
la frase a su jefe Joseph Goebbels. Así y todo, el dicho curiosamente también apareció
en el famoso videojuego de estrategia Command & Conquer: Red
Alert 2 (2000). Allí, quien la
pronuncia es el General Aleksandr Romanov, el imaginario jefe de
las fuerzas de la Unión Soviética.
[3]
)- Dedicatoria del libro "La
Guerra Desconocida" de Otto Skorzeny. Disponible en https://lanuevaeditorialvirtual.blogspot.com/2024/04/otto-skorzeny-la-guerra-desconocida.html
[4]
)- Las palabras "nazi" y
"sozi" fueron apócopes muy comunes en la jerga política alemana de la
década de los años 1920, especialmente en Berlín, para designar a los nazionalsozialisten
y a los sozialisten (nacionalsocialistas y socialistas en
alemán) respectivamente.
[5]
)- http://www.marxists.org/archive/lenin/works/1918/7thcong/01.htm
[6]
)- Louis Fischer, Lenin,
Bruguera, Barcelona, 1966, pág. 46
[7] )- Seudónimo de Vladímir Rezun, un exoficial de la inteligencia militar soviética GRU.
[9]
)- https://www.quora.com/Can-you-provide-examples-of-powerful-speeches-given-by-Stalin-and-what-their-content-was
[11]
)- Órgano oficial del Comité
Central del Partido Comunista soviético.
[12]
)- Líbano y Siria: Ambos
protectorados consiguieron su independencia total entre 1943 y 1946.
[13]
)- Vietnam, Laos y Camboya:
Se independizaron formalmente tras los Acuerdos de Ginebra en 1954,
[14]
)- Los enclaves de
Pondicherry, Karaikal, Yanam y Mahé fueron transferidos a la administración de
la India entre 1954 y 1962
[15]
)- Marruecos y Túnez: Francia
les concedió la independencia pacífica en 1956. Tras una cruenta y traumática guerra de
liberación (1954-1962), Argelia logró su total independencia en 1962 mediante
los Acuerdos de Evian.
[16]
)- En 1960 (conocido como el
"Año de África"), Francia disolvió formalmente sus estructuras
coloniales en el continente, otorgando la independencia a más de una docena de
repúblicas actuales, incluidas Senegal, Costa de Marfil, Camerún, Madagascar, Níger
y Mali, entre otras.
[17]
)- Polonia, Rumania,
Bulgaria, Hungría, Albania, Checoslovaquia y la parte oriental de Alemania.
[18]
)- Estonia, Letonia, Lituania,
Moldavia y Partes de Polonia, Finlandia (Carelia) y Alemania (Königsberg, hoy enclave
ruso de Kaliningrado).

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