miércoles, 13 de febrero de 2019

LA SANGRE DE DRESDEN

Nos queman las palabras, nos silencian,
y la voz de la gente se oirá siempre.
Inútil es matar,
la muerte prueba que la vida existe...

DRESDEN, FEBRERO DE 1945


La ciudad y el contexto

Dresden siempre había sido una de las ciudades alemanas más hermosas del mundo, comparable con Praga o Viena. Edificada a orillas del río Elba y llena de hermosos edificios, iglesias, universidades, museos, plazas y parques,  no es casualidad que se la llamara "La Florencia del Elba".

Dresden hacia 1900

Hacia fines de la Segunda Guerra Mundial, Dresden era una de las pocas ciudades alemanas cuyas zonas residenciales no habían sido severamente bombardeadas por los angloamericanos.  Es que la ciudad no tenía valor militar alguno. Y las zonas periféricas – industriales y ferroviarias – o bien ya habían sido destruidas por los bombardeos de Octubre 1944 y Enero 1945, o bien, como en el caso de las industrias sobrevivientes, se hallaban mayormente paralizadas por falta de transportes,  insumos y materias primas.

Es que, para Febrero de 1945, faltaban apenas tres meses para que terminara la guerra. Los ejércitos alemanes estaban retrocediendo en todos los frentes empujados por los rusos desde el Este y por los ingleses y norteamericanos desde el Oeste. De hecho, los rusos ya estaban a unos 100 km de Dresden y avanzando. Alemania estaba dando sus últimas batallas. El 30 de Abril, moriría Hitler. Para los primeros días de Mayo, todo habría terminado. [1]


La población

En esas primeras semanas de Febrero, Dresden estaba atestada de refugiados provenientes del Este que huían de las atrocidades cometidas por la soldadesca del Ejército Soviético. La población normal de la ciudad al principio de la guerra, en 1939, ascendía a 625.174 habitantes. [2] En 1946, después de la guerra el censo arrojó un total de 510.000 personas. [3] Con la gran masa de refugiados al momento del bombardeo la ciudad albergaba a aproximadamente 1.300.000 seres humanos. [4]

Los bombardeos

En ese contexto, el 13 de Febrero de 1945 [5] por la noche, la RAF británica realizó dos ataques a Dresden. En la primera oleada, empezaron marcando el centro de la ciudad con bombas luminosas indicadoras. Este solo hecho demuestra que el blanco a destruir no fueron las escasas industrias de la periferia sino los sectores urbanos densamente poblados. En otras palabras: como ya había sucedido en un sinnúmero de otras ciudades alemanas, el objetivo a destruir no fueron blancos de interés militar sino que se eligieron deliberadamente centros urbanos residenciales para aniquilar la mayor cantidad posible de civiles a fin de quebrar psicológicamente la resistencia alemana; un objetivo que, por otra parte, jamás fue logrado.

Lancasters británicos bombardeando Dresden
Después de marcar la zona a bombardear, 244 aviones Lancaster bombardearon la ciudad. Cuando esa primera oleada se retiró y las unidades de rescate y las dotaciones de bomberos estaban justo tratando de rescatar a las víctimas y apagando los incendios, vino la segunda oleada de 529 Lancasters más. En total, en ambas oleadas se lanzaron sobre Dresden 2.659 toneladas de bombas, entre explosivas e incendiarias. [6]
Lanzamiento de bombas de un B17
Diez horas después de estos ataques, ya a plena luz del día 14 de Febrero, llegó la tercera oleada de 316 Boeing B-17 "Fortalezas Volantes" norteamericanas que lanzaron un adicional de 782 toneladas de bombas. Debido a que la humareda de los incendios producidos por los bombardeos anteriores todavía ocultaba gran parte de la zona elegida como blanco, los norteamericanos tuvieron que realizar el ataque "por instrumento" (es decir: por radar) — un eufemismo por no decir "prácticamente a ciegas". [7]

No deja de ser notable que casi todas las obras que tratan sobre Dresden se limitan a los bombardeos del 13 y 14 de Febrero de 1945.  El hecho es que, si uno investiga un poco en la documentación histórica disponible, de pronto descubre que  — aparte de los dos ataques ingleses del 13 de Febrero  — los norteamericanos bombardearon Dresden en 6 (seis) oportunidades. El historial completo de los ataques norteamericanos es el siguiente: [8]

Toneladas de bombas arrojadas
Fecha
Aviones
Explosivas
Incendiarias
Total Tm.
07 Octubre 1944
38
100,5
--
100,5
16 Enero 1945
133
279,8
41,6
321,4
14 Febrero 1945
316
487,7
194,3
782,0
15 Febrero 1945
211
465,6
--
465,6
02 Marzo 1945
406
940,3
140,5
1080,8
17 Abril 1945
572
1.526,4
164,5
1690,9
TOTALES
1.676
3.800,3
640,9
4.441,2

Como puede apreciarse, los norteamericanos ya habían bombardeado Dresden en dos oportunidades antes del 14 de febrero. Según los registros históricos de la Fuerza Aérea norteamericana, el 07/10/1944 el bombardeo se concentró sobre objetivos industriales mientras que durante el 16/01/1945 los blancos principales fueron las playas de maniobras ferroviarias. [9] Con un total de más de 420 Toneladas de explosivos (entre ellas 41,6 toneladas de bombas incendiarias) arrojadas en Octubre de 1944 y en Enero de 1945, de las escasas instalaciones de interés militar no debe haber quedado mucho. Dadas las características típicamente civiles de Dresden, eso explica bastante bien por qué para Febrero de 1945 nadie esperaba un bombardeo sobre el centro residencial. Desde el punto de vista militar, la ciudad ya no representaba un peligro para nadie.

Pero el cuadro de más arriba revela que eso no es todo en absoluto. El 15 de Febrero de 1945 — es decir al día siguiente del 14 — cuando todo Dresden no era más que un montón de ruinas humeantes, los norteamericanos volvieron a bombardear la ciudad con 211 Fortalezas Volantes y 465 toneladas de bombas explosivas. Y, no contentos con eso, entre el 2 de Marzo y el 17 de Abril (es decir: en este último caso, apenas tres semanas antes del fin de la guerra) lanzaron sobre la ciudad 2.466,7 toneladas de bombas explosivas y 305 toneladas de bombas incendiarias. O sea, más de dos mil setecientas toneladas de bombas entre los dos últimos ataques, en unas fechas en las que la suerte de la guerra estaba completamente decidida a favor de los Aliados y este tipo de ataques no tenían ningún sentido práctico militar en absoluto.

Y a todo esto agréguense las salvajadas cometidas por los cazas-escolta de los bombarderos, que después del bombardeo bajaban a atacar "blancos de oportunidad", eufemismo que significa simplemente: "ametrallar cualquier cosa; en especial si se trata de personas". 

Las víctimas

Dresden: Pilas de Cadáveres
La cantidad de víctimas que ocasionaron los bombardeos es una cuestión discutida hasta el día de hoy. Las autoridades alemanas actuales y en su momento los Aliados trataron de "rebajar" las cifras al máximo posible. Según los datos preliminares del informe realizado poco después del bombardeo por el Teniente Coronel E. Matthes quien en su momento fue oficial de Estado Mayor del Área de Defensa Dresden y simultáneamente Director Administrativo de la ciudad de Dresden, el total de muertos ascendió a 245.000. De ellos, se identificaron plenamente 35.000; 50.000 solo pudieron serlo parcialmente y 160.000 muertos no pudieron ser identificados en absoluto. [10]

Actualmente, la cifra oficial de muertos ha sido "establecida" por las autoridades alemanas en un total de 35.000 y, si bien en este caso no está prohibido por ley dudar de esta cifra, el cuestionarla no es para nada bien visto por el establishment políticamente correcto porque, supuestamente, una cifra mayor "dificultaría  la reconciliación."

Edificios destruidos por las bombas y el fuego
En realidad es cierto y hasta comprensible que nadie haya podido establecer la cifra exacta de las personas que murieron en Dresden a causa de los bombardeos aliados. Según el arqueólogo Uwe Müller, en algunos sótanos a tres metros de profundidad se encontró que la arenisca se había fundido y convertido parcialmente en vidrio. Esto significa que en esos sótanos la temperatura ascendió a 1300/1400 ºC.  lo cual implica que en la superficie, al nivel de la calle, la temperatura debe haber estado cerca de los 1600 ºC. [11] A esa temperatura, de un cuerpo humano prácticamente solo quedan cenizas y no solo la identificación de los cadáveres se vuelve imposible sino incluso resulta impracticable saber cuántos cadáveres han sido afectados cuando uno lo único que encuentra es un montón de cenizas y algunos huesos desparramados por ahí. Y ni hablemos de aquellos sótanos sobre los que se derrumbaron edificios enteros y las personas quedaron allí enterradas  y nadie las contó.... hasta que, eventualmente y después de la guerra, las palas mecánicas removieron los escombros; pero para ese momento ya nadie tenía interés en contar nada, suponiendo que aparecieran algunos huesos calcinados.
 
Resultado del Bombardeo
Por lo tanto, concedido: no podemos establecer con absoluta exactitud cuántos murieron. Pero podemos usar un poco de matemáticas y una cantidad razonable de sentido común tanto como para dejar de lado cifras completamente ridículas fabricadas con fines de propaganda política.

Concentrémonos en el bombardeo de los días 13 y 14 de febrero de 1945.

Para empezar sabemos que el área demarcada por las "bombas marcadoras" fue de aproximadamente 7 x 4 km; o sea 28 km2. Sabemos también que más de 12.000 edificios del centro de la ciudad quedaron reducidos a escombros y también sabemos que la población normal de unas 600.000 personas se hallaba prácticamente duplicada con los refugiados. Por último, sabemos por los documentos aliados ya citados que, durante esos dos días, se lanzaron sobre la zona 3.441 toneladas de bombas, entre explosivas e incendiarias. [12]

Hagamos un cálculo rápido: 3.441 toneladas de bombas sobre 28 km2 dan unas 123 toneladas por km2 en números redondos.  Es muy poco probable que en cada uno de esos km2 hayan quedado muchos con vida considerando que se trató de explosivos de alto poder [13] y de bombas incendiarias de una efectividad tan devastadora que, al ser lanzadas de un modo sistemático en grandes concentraciones, terminaron provocando lo que se conoce como un "huracán de fuego".[14]. 

Vayamos ahora pues, a la cantidad de víctimas.

Pilas de Cadáveres en Dresden
Sabemos que durante los bombardeos se destruyeron más de 12.000 edificios en el centro de la ciudad. Quedémonos con 12.000 para un cálculo de mínima. Con la densidad de bombardeo que acabamos de calcular creo que no será exagerado suponer que, en los sótanos de esos 12.000 edificios, de los que se fueron a refugiar allí no quedó casi nadie vivo porque los que no murieron por las llamas, murieron sofocados por el humo y la falta de oxígeno, o directamente murieron aplastados por los derrumbes. De modo que la pregunta es: ¿cuántas personas había en esos edificios?

Recolectando cadáveres en las calles de Dresden
Y aquí hay que tener un poco de cuidado. La pregunta no es: ¿cuántas personas vivían allí? La pregunta es ¿cuántas personas había allí? No nos podemos olvidar de los refugiados. Porque, en primer lugar, a muchos los alojaron en donde se pudo y una cantidad importante de casas estaban repletas de ellos. Y, en segundo lugar, cuando empezaron los bombardeos cada cual corrió desesperado a refugiarse en el primer sótano en el que pudo meterse, de modo que los sótanos de esos edificios (y hasta los edificios mismos) estaban repletos de personas de las más diversas procedencias. ¿Cuántos habitantes por edificio podríamos calcular?

Por de pronto tengamos en cuenta que no se trató de edificios pequeños, de planta baja solamente, construidos para albergar a una sola familia. Las fotografías, incluso las que solo muestran edificios parcialmente derrumbados, son bien claras al respecto. Fueron estructuras edilicias complejas, de varios pisos, con una capacidad nada menor de albergar habitantes. Por consiguiente, si calculamos una cifra poco menos que ridícula de 20 personas por edificio la cuenta nos da 20 × 12.000 = 240.000 personas. Seamos un poco menos optimistas, ¿digamos 30 por edificio? Eso nos daría 360.000 personas.  Si calculamos una cifra de 40 personas por edificio, algo que sigue siendo bastante conservador desde todo punto de vista, la cantidad de personas afectadas ascendería a 480.000.

¿Cuántas de estas personas murieron? A una temperatura exterior de 1600 ºC y una densidad de 123 toneladas de explosivos de alto poder e incendiarios y por km2 la cantidad de sobrevivientes a todas luces no pudo haber sido muy grande. Pero seamos optimistas y digamos que el 20% de los afectados se salvó. Eso nos daría una cifra de entre 288.000 y 384.000 muertos en los edificios solamente.

A eso súmese la gente que quedó en la calle sin hallar un refugio; la que quedó en estaciones ferroviarias, en las plazas y en los hospitales;  la que se tiró al río Elba tratando de apagar sus ropas en llamas y murió ahogada o por la infección de sus quemaduras; más la que intentó refugiarse en iglesias, museos y otros edificios públicos. Y por último tampoco olvidemos a las que fueron ametralladas a mansalva por los cazas que buscaban sus "blancos de oportunidad".

Y a todo esto todavía queda abierta una pregunta que nunca tuvo respuesta: ¿Cuántas personas murieron  a causa de las 465 toneladas de bombas arrojadas por los norteamericanos el 15 de Febrero de 1945 y las 2.771,7 toneladas de bombas lanzadas en Marzo y en Abril?

Conclusión

Abran por favor la Wikipedia en el artículo sobre "Dresde"  [15]

Les cito textualmente lo que dice allí:
"El número de muertos se estimó en un principio en varios cientos de miles y varía enormemente en función de la fuente, pero la línea mayoritaria en la historiografía actual lo sitúa entre 22.700 y 35.000 muertos, decantándose los estudios más recientes por las cifras más bajas."
Ahora, por favor, vayan en la misma Wikipedia al artículo sobre "Bombardeo de Dresde" [16]. Allí nos ilustran con que:
El número de víctimas varía enormemente en función de la fuente, pero la línea mayoritaria en la historiografía actual lo sitúa entre 25.000 y 40.000 muertos.
¿En qué quedamos? ¿De 22.700 a 35.000? ¿O de 25.000 a 40.000?

Dresden: Cadáveres en un sótano
En a Wikipedia en inglés, el artículo sobre Dresden indica "aproximadamente 25.000 personas" mientras que el del Bombardeo de Dresde [17] afirma que la cantidad de muertos se estima entre 22.700 a 25.000.

Si promediamos estos números totalmente fantasiosos y tomamos algo así como 30.000 muertos, esto significa que para la políticamente muy correcta  "historiografía actual" los pilotos anglosajones de Febrero de 1945  habrían necesitado 3.441 toneladas de bombas para matar a 30.000 personas; o sea casi 115 kg de bombas para matar ¡a una sola persona!

¿Alguien puede creer eso?

Yo no.

En la Historia de los seres humanos es raro hallar hechos en blanco y negro. En muchos casos lo que hay son grises y analizando los datos objetivos descubrimos, no solo que "los buenos" no fueron los que ganaron sino que, a veces, hasta fueron peores que "los malos".

Aunque, por supuesto, el que gana siempre figura como "el bueno".

Porque el que gana es el que escribe la Historia.

Sin embargo, aun así los datos hablan. Solo hay que usar un poco de sentido común y escuchar su mensaje.

El que quiera oír, que oiga.

Es como dijo el poeta:
... Si la historia la escriben los que ganan,
eso quiere decir que hay otra historia:
la verdadera historia,
quien quiera oír que oiga.
Lito Nebbia
Denes Martos
Febrero 2019

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BIOGRAFIA DEL AUTOR


Kurt Vonnegut (1922 2007) fue un escritor y además un diseñador gráfico estadounidense.
Luchó en la Segunda Guerra Mundial; fue hecho prisionero por los alemanes y enviado a Dresden donde presenció el bombardeo de la ciudad por los Aliados. A su regreso, estudió Antropología en Chicago y, desde los años 60, fue uno de los críticos más feroces de la sociedad contemporánea, aludiendo a la guerra, a la destrucción del medio ambiente y a la deshumanización.
Expresó estos temas a través de la ciencia ficción, mezclándola con un humor ácido e hilarante, inspirado por varios escritores estadounidenses notables de ciencia-ficción. De hecho, uno de sus personajes recurrentes, Kilgore Trout, es un trasunto de todo un clásico del género: Theodore Sturgeon. Otras influencias le vienen de H.L. Mencken, Hunter S. Thompson, Louis-Ferdinand Céline y su amigo Joseph Heller.
Ha escrito catorce novelas, entre las que destacan "Las sirenas de Titán" (1959), "Matadero cinco" (1969) y "El desayuno de los campeones" (1973).

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Kurt Vonnegut


ARMAGEDÓN EN RETROSPECTIVA
Traducción de Denes Martos [18]


Dresden en 1890

Lo que recibimos durante nuestro primer día de entrenamiento básico fue un discurso de rutina pronunciado por un pequeño y vigoroso sargento:

"Señores, hasta ahora han sido norteamericanos buenos y limpios amantes del espíritu deportivo y del fair play. Aquí estamos para cambiar eso.

"Mi trabajo consiste en convertirlos en el montón de matones más canallas y sucios de la Historia Mundial. De aquí en más, olvídense de las reglas del Marqués de Queensberry [19] y de cualquier otra clase de reglas. Aquí cualquier cosa vale; todo vale.

"No le peguen nunca a un hombre por arriba de la cintura si pueden pegarle por debajo. Háganlo gritar al bastardo. Mátenlo de cualquier forma en que puedan. Maten, maten, maten. ¿Entendieron?"

Su discurso fue saludado por risas nerviosas y un acuerdo general en cuanto a que tenía razón.

"¿Acaso no dijeron Hitler y Tojo que los norteamericanos eran todos una manga de blandengues? ¡Ja! ¡Ya van a ver!"

Y, por supuesto, Alemania y Japón lo vieron: una democracia acusada de blanda terminó siendo tan endurecida que derramó una furia de llamas abrasadoras que no pudieron detener. Se suponía que era una guerra de la razón contra la barbarie, pero con las cuestiones en riesgo colocadas en un plano intelectual tan alto que la mayoría de nuestros febriles combatientes no tenía ni idea de por qué se estaba peleando – aparte de porque, como nos dijeron, el enemigo no era más que un montón de bastardos. Era una nueva clase de guerra; con todas las destrucciones y todas las matanzas aprobadas.

A mucha gente le gustó la idea de la guerra total: tenía un toque moderno, en sintonía con nuestra espectacular tecnología. Para ellos era como un partido de fútbol.

Cuando volví a los Estados Unidos, las esposas de tres comerciantes de un pequeño pueblo, de mediana edad y algo regordetas, me dieron un aventón en su auto mientras volvía a casa de a pie desde Camp Atterbury. "¿Mataste a muchos alemanes?" preguntó la que manejaba en un tono superficial y casi alegre. Le dije que no lo sabía.

Lo tomaron por modestia. Cuando me estaba bajando del auto, una de las damas me palmeó maternalmente la espalda: "Apuesto a que ahora te gustaría cruzar el mar y matar a algunos de esos japos mugrientos ¿no es cierto?"

Intercambiamos guiños cómplices. No les dije a esas almas simplotas que en el frente estuve apenas una semana antes de caer prisionero de los alemanes.  Y, más específicamente, tampoco les dije lo que sabía y pensaba acerca de matar alemanes mugrosos y acerca de la guerra total. La razón por la cual me sentí mal entonces, y sigo sintiéndome mal ahora, tiene que ver con un hecho que tuvo un tratamiento muy superficial en los diarios norteamericanos. En Febrero de 1945, Dresden, en Alemania, fue destruida y en esa destrucción murieron más de 100.000 seres humanos. Yo estuve ahí. No muchos saben qué tan dura se puede volver la democracia norteamericana.

Fui uno más de un grupo de 150 soldados de infantería, capturados en la Batalla de las Ardenas y llevado a trabajar a Dresden. Nos dijeron que Dresden era la única ciudad alemana importante que, hasta el momento, se había librado de los bombardeos. Eso fue en Enero de 1945. Su suerte se explicaba por el nulo valor militar de sus instalaciones que se limitaban a hospitales, cervecerías, plantas de procesamiento de alimentos, casas de suministros quirúrgicos, cerámica, fábricas de instrumentos musicales y similares.

Desde el comienzo de la guerra, la principal preocupación de la ciudad fueron los hospitales. Cada día cientos de heridos llegaban desde el Este y el Oeste a sus tranquilos santuarios. Por la noche, podíamos oír el sordo ruido de ataques aéreos distantes. "Esta noche le están dando a Chemnitz",  solíamos decir, y especulábamos cómo sería estar en el papel de aquellos brillantes jóvenes pilotos con sus miras ópticas y sus retículos en cruz.

"Gracias al cielo que estamos en una ciudad abierta", pensábamos, y de la misma manera pensaban miles de refugiados – mujeres, niños y ancianos que e inundaron la ciudad hasta el doble de su población normal y que llegaban en un desahuciado reguero humano procedentes de las humeantes ruinas de Berlín, Leipzig, Breslau, Munich...

No había guerra en Dresden. Es cierto que los aviones pasaban casi todos los días y las sirenas sonaban, pero los aviones siempre estaban en camino hacia otro lado. Las alarmas incluso proporcionaban un período de alivio en una tediosa jornada de trabajo. Producían algo así como un evento social, una oportunidad para chismear en los refugios. De hecho, esos refugios no eran más que una muestra, un reconocimiento casual, de la emergencia nacional: en su mayor parte no eran más que bodegas y sótanos con bancos para sentarse y bolsas de arena que bloqueaban las ventanas. Había unos cuantos bunkers más adecuados en el centro de la ciudad, cerca de las oficinas públicas, pero nada como la fortaleza subterránea firme que hacía que Berlín fuera impermeable a los golpes diarios. Dresden no tenía motivos para prepararse para un ataque – y por eso se relaciona con ella una gesta bestial.

Dresden era, sin duda, una de las ciudades más hermosas del mundo. Sus calles eran anchas, bordeadas de árboles que les daban sombra. Estaba salpicada de innumerables pequeños parques y estatuas. Tenía maravillosas iglesias antiguas, bibliotecas, museos, teatros, galerías de arte, cervecerías al aire libre, un zoológico y una famosa universidad.

El Altmark (Mercado Viejo) de Dresden hacia 1900
En su momento supo ser un paraíso turístico. Seguramente los turistas habrán estado mucho mejor informados sobre los placeres de la ciudad que yo. Pero la impresión que tengo es que en Dresden – en la ciudad física – estaban los símbolos de la buena vida; esa vida agradable, honesta, inteligente. Eran símbolos de la dignidad y de la esperanza de la humanidad. Monumentos a la verdad en estado de espera. Dresden, el tesoro acumulado durante cientos de años, hablaba con elocuencia de aquellas cosas excelentes de la civilización europea por las que nuestra deuda sigue siendo profunda.

Fui un prisionero, hambriento, sucio, lleno de resentimiento hacia mis captores; pero amé esa ciudad y vi el bendito milagro de su pasado y la rica promesa de su futuro.

En Febrero de 1945 bombarderos norteamericanos convirtieron este tesoro en escombros triturados y en brasas; destriparon a la ciudad con potentes explosivos y luego la incineraron con bombas incendiarias.

Es posible que la bomba atómica represente un avance fabuloso, pero es interesante notar como el primitivo TNT y la termita lograron exterminar en una sola sangrienta noche más personas que las que murieron en todos los bombardeos de Londres. La supuesta "Fortaleza Dresden" disparó una docena de tiros contra nuestros aviadores. Probablemente, una vez de regreso en sus bases y sorbiendo su café caliente, habrán comentado algo como: "La FLAK [20] estuvo inusualmente liviana esta noche. Bueno, supongo que es hora de ir a dormir". 

Pilotos británicos capturados, provenientes de las unidades de cazas tácticos (que son los que cubren las tropas de primera línea), solían criticar a los pilotos que habían volado bombarderos pesados en incursiones sobre las ciudades con comentarios parecidos a: “¿Cómo demonios soportaron el hedor a orina hirviendo y a cochecitos para bebés quemados?"

Una rutina de noticias perfecta: "Durante la última noche nuestros aviones atacaron Dresden. Todos los aviones regresaron sin inconvenientes". 

El único alemán bueno es el alemán muerto: más de 100.000 hombres malos, mujeres y niños (los físicamente aptos estaban en los frentes) fueron para siempre purgados de sus pecados contra la humanidad. Por casualidad me encontré una vez con un bombardero que participó del ataque. "Odiamos hacerlo", me dijo.

La noche en que vinieron, la pasamos en una cámara de carne subterránea en un matadero. Tuvimos suerte, porque era el mejor refugio de la ciudad. Los gigantes anduvieron de caza por la tierra sobre nosotros. Primero vino el suave murmullo de sus bailes en las afueras, luego los gruñidos de sus esfuerzos por llegar hacia donde estábamos y, finalmente, el estruendo ensordecedor de sus tacones sobre nosotros – para desvanecerse por las afueras otra vez. Y volvieron a barrer una y otra vez: bombardeo de saturación.

Una anciana me contó: "Grité y lloré y arañé las paredes de nuestro refugio. Le pedí a Dios: por favor, por favor, por favor, querido Dios, haz que se detengan. Pero Dios no me oyó. Ningún poder podía detenerlos. Llegaron, ola tras ola. No había manera en que pudiéramos rendirnos; no hubo manera de decirles que ya no podíamos soportarlo más. Nadie podía hacer otra cosa que sentarse y esperar la mañana”. La hija y el nieto de la anciana habían sido asesinados.

Nuestra pequeña prisión terminó quemada hasta los cimientos. Se decidió que seríamos evacuados a un campamento periférico ocupado por prisioneros sudafricanos. Nuestros guardias formaban un grupo melancólico: Volksstürmers [21] ancianos y veteranos discapacitados. La mayoría de ellos eran residentes de Dresden y tenían amigos y familiares en algún lugar del holocausto. Antes de que marcháramos,  un cabo que había perdido un ojo después de haber estado dos años en el frente ruso, averiguó que su esposa, sus dos hijos y sus padres habían sido asesinados. Tenía un solo cigarrillo. Lo compartió conmigo.

El ángel que llora sobre las ruinas
Una foto casi "clásica" del bombardeo de Dresden
La marcha a nuestros nuevos cuarteles nos llevó a la periferia de la ciudad. Resultaba imposible creer que alguien hubiera sobrevivido en su centro. Normalmente, el día habría sido frío, pero las ráfagas ocasionales del colosal infierno nos hicieron sudar. Y el día habría sido claro y brillante a no ser por una nube opaca y alta que convirtió el mediodía en crepúsculo.

Una sombría procesión obstruyó las carreteras hacia las afueras. Personas con rostros ennegrecidos llenos de lágrimas; algunos llevando heridos y otros llevando a cadáveres. Se reunían en los campos. Nadie hablaba. Unos pocos, con brazaletes de la Cruz Roja, hacían lo que podían por las víctimas.

Alojados con los sudafricanos, disfrutamos de una semana sin trabajo. Al final, se restablecieron las comunicaciones con un cuartel general de rango superior y se nos ordenó caminar siete millas hasta el área más afectada.

Nada en el distrito había escapado a la furia. Una ciudad de edificios aserrados, con estatuas astilladas y árboles destrozados; todos los vehículos detenidos, retorcidos y quemados, abandonados para que se oxiden o se pudran en la estela de una fuerza maléfica. Los únicos sonidos aparte de los nuestros fueron los de la caída de los revoques y sus ecos.

No puedo describir la desolación con propiedad, pero puedo dar una idea de cómo nos hizo sentir recurriendo a las palabras de un soldado británico que deliraba en un improvisado hospital de prisioneros de guerra: "Es aterrador, le digo. Caminaba por una de esas malditas calles sangrientas y sentía mil ojos detrás de mi cabeza. Los oía susurrar detrás de mí. Me daba la vuelta para verlos y no había ni un alma en pena a la vista. Puedes sentirlos y oírlos, pero nunca hay nadie allí". Y sabíamos que lo que decía era exactamente así.

Para nuestro trabajo de "salvamento", nos dividieron en pequeños equipos, cada uno bajo una guardia. Nuestra macabra misión consistía en buscar cuerpos. La recolección fue abundante, tanto ese día como los muchos que siguieron. Empezamos a pequeña escala, una pierna aquí, un brazo allí y un bebé ocasional, dimos con una veta principal antes del mediodía.

Nos abrimos paso a través de la pared de un sótano para descubrir un apestoso montón de más de 100 seres humanos. Las llamas deben haber barrido el sitio antes de que el colapso del edificio sellara las salidas, porque la carne de los que quedaron atrapados se asemejaba a la textura de las pasas de uva. Se nos explicó que nuestro trabajo consistía en meternos entre los escombros y sacar los restos. Alentados por la amenaza de quedar detenidos, esposados y otras amenazas guturales que nadie entendió, nos metimos  a vadear por un desagradable caldo compuesto por el agua de las tuberías reventadas y las vísceras de las víctimas con las que estaba cubierto el suelo.

Varias víctimas, que no murieron en forma inmediata, quizás habían   intentado escapar por una estrecha salida de emergencia. En cualquier caso, había varios cuerpos apretujados en el pasillo. Su líder había logrado llegar hasta la mitad de los escalones antes de quedar enterrado hasta el cuello por una caída de ladrillos y revoque. Habrá tenido unos 15 años, creo.

Lamento manchar la nobleza de nuestros aviadores, pero muchachos, sepan que ustedes mataron aquí a una apabullante cantidad de mujeres y niños. El refugio que acabo de describir e innumerables otros como ése estaban llenos, repletos, de ellos. Tuvimos que exhumar sus cuerpos y llevarlos a las piras funerarias en los parques. De ahí es que lo sé.


La técnica de la pira funeraria se dejó de lado cuando se hizo evidente la dimensión del número de víctimas. No había suficiente mano de obra para hacerlo bien, así que al final mandaban a un hombre con un lanzallamas para incinerarlos allí donde yacían los muertos. Quemados vivos, asfixiados, aplastados – hombres, mujeres y niños asesinados en forma indiscriminada.

Cuando nos habíamos acostumbrado a la oscuridad, al olor y a la carnicería, comenzamos a especular sobre lo que cada uno de los cadáveres habría sido en la vida. Era un juego sórdido: “... hombre rico, hombre pobre, mendigo, ladrón. . . [22] " Algunos tenían bolsos gordos llenos de cosas y joyas; otros tenían comida, algo muy valioso en aquellos días. Un niño todavía sostenía la correa atada a su perro.

A cargo de nuestras operaciones en los refugios antiaéreos teníamos ucranianos renegados con uniforme alemán. Venían rugiendo borrachos de unas bodegas adyacentes y parecían disfrutar su trabajo una enormidad. Es que les resultaba rentable ya que despojaban a cada cuerpo de todo objeto de valor antes de que los lleváramos a la calle. La muerte se convirtió en un lugar tan común que hasta podíamos bromear acerca de nuestras lúgubres cargas y deshacernos de ellas como si fuesen basura.

No fue así con los primeros, especialmente con los jóvenes. Los levantamos con cuidado sobre las camillas, colocándolos con cierta apariencia de dignidad funeraria en su último lugar de descanso sobre la pira. Pero, como dije, nuestra dignidad, atónita y triste, dio paso a la insensibilidad. Al final de un día espantoso, fumábamos y observábamos el impresionante montón de muertos acumulados. Uno de nosotros arrojó su colilla de cigarrillo a la pila: "Campanas del infierno," – dijo – "estoy listo para la muerte cuando quiera que venga a buscarme".

Unos días después del bombardeo, las sirenas volvieron a aullar. A los sobrevivientes, apenados y desconsolados, esta vez los rociaron con folletos. Perdí mi copia de esa épica acción, pero recuerdo que fue algo así:
“Al pueblo de Dresden: nos vimos obligados a bombardear su ciudad debido al intenso tráfico militar de sus instalaciones ferroviarias. Nos hemos damos cuenta de que no siempre le acertamos a nuestros blancos. La destrucción de cualquier otra cosa que no haya sido un objetivo militar fue consecuencia de una inevitable y lamentable mala fortuna de la guerra. "

Eso explicó la matanza a entera satisfacción de todo el mundo, estoy seguro, pero no despertó más que desprecio.

... y la vida, a pesar de todo, continuó sobre los escombros...
Es un hecho que 48 horas después de que el último B-17 se hubo alejado rugiendo hacia el oeste para gozar de un merecido descanso, los batallones de trabajo se distribuyeron por los rieles de ferrocarril dañados y los restituyeron a su servicio casi normal. Ninguno de los puentes ferroviarios sobre el Elba quedó fuera de servicio. Los fabricantes de visores de bombardeo deben haberse sonrojado al saber que sus maravillosos dispositivos habían colocado las bombas hasta a tres millas [23] de distancia de lo que los militares declaraban que habían sido los blancos a destruir.

El folleto debió haber dicho:
"Destruimos todas las benditas iglesias, hospitales, escuelas, museos, teatros, la universidad, el zoológico y todos los edificios de departamentos de la ciudad, pero, sinceramente, no lo hicimos demasiado a propósito. C’est la guerre. Lo sentimos mucho. Por otro lado, el bombardeo de saturación está de moda últimamente, así que ya saben".

Existió una razón táctica: detener los ferrocarriles. Una maniobra excelente, sin duda, pero la realización fue horrible. Por sus bahías de bombas los aviones comenzaron a vomitar explosivos de alto poder y bombas incendiarias por los alrededores de la ciudad pero, por el patrón que presentaron sus impactos, debieron haber seguido las indicaciones de un tablero de Güija. [24]

Ruinas de la "Frauenkirche" (Iglesia de Nuestra Señora) en Dresden
El cartel dice: "Ingreso prohibido. Peligro de derrumbe"
Calculen pérdidas y ganancias. Más de 100,000 no combatientes y una magnífica ciudad destruida por las bombas lanzadas bien lejos de los blancos declarados: los ferrocarriles quedaron inutilizados aproximadamente tan solo por dos días. Los alemanes lo consideraron la mayor pérdida de vidas sufridas en una sola incursión. La muerte de Dresden fue una tragedia amarga, innecesaria y deliberadamente ejecutada. El asesinato de niños, sean cuales fueren, y de cualquier enemigo que el futuro pueda depararnos, nunca podrá ser justificado.

La respuesta fácil para los grades reproches como el mío es el más odioso de los lugares comunes: "Son cosas de la guerra."; o bien el otro: "Se la buscaron. Lo único que entienden es la fuerza".

¿Quién se la buscó? ¿Quién es el que solamente entiende por la fuerza? Créanme, no es fácil racionalizar la devastación de las viñas que contienen las uvas de la ira [25] cuando se recogen bebés en canastas o se ayuda a un hombre a cavar donde cree que puede estar enterrada su esposa.

Ciertamente, las instalaciones militares e industriales enemigas debieron haber sido destruidas, y ¡ay de aquellos lo suficientemente estúpidos como para buscar refugio cerca de ellas! Pero la política de "Hazte Dura Norteamérica ", el espíritu de venganza, la aprobación de cualquier destrucción o asesinato, nos han hecho famosos por practicar brutalidades obscenas.

Nuestros líderes tenían carta blanca en cuanto a lo que podían o no podían destruir. Su misión era ganar la guerra lo más rápido posible; y si bien estaban admirablemente capacitados para hacer precisamente eso, sus decisiones sobre el destino de ciertas reliquias mundiales invalorables –Dresden en este caso – no siempre fueron sensatas. Cuando, al final de la guerra, con la Wehrmacht quebrándose en todos los frentes, nuestros aviones fueron enviados a destruir esta última gran ciudad, dudo que  alguien se hiciera la pregunta: “¿Cómo nos beneficiará esta tragedia y cómo se comparará ese beneficio con los efectos negativos a largo plazo?

Lo que vi de nuestra guerra aérea, a medida en que el conflicto europeo se acercaba a su fin, tenía todos los signos de ser una guerra irracional por la guerra misma. Los blandos ciudadanos de la democracia estadounidense habían aprendido a patear a un hombre por debajo del cinturón y hacer que el bastardo gritara.

Cuando llegaron los rusos y descubrieron que éramos norteamericanos, nos abrazaron y nos felicitaron por la completa desolación que nuestros aviones habían producido. Aceptamos sus felicitaciones con buena educación y la adecuada modestia, pero en aquel momento sentí lo mismo que siento ahora: que hubiera dado mi vida por salvar a Dresden para las generaciones futuras.

Frauenkirche ("Iglesia de Nuestra Señora").
Diseñada por Georg Bähr, construida en 1726/43
destruida por el bombardeo aliado de 1945 y reconstruida en 1992/2005 después de la
caída del Muro de Berlin y la reunificación alemana.

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NOTAS:

1)- El texto de la capitulación de Alemania fue firmado el 8 de mayo de 1945,
2)- Enciclopedia Británica 1954, Volumen VII, pág. 648 —
Citado por Tustin, Joseph P. — Chief Historian. Historical Division. Office of Information Services. Headquarters United States Air Forces in Europe, 11 December 1954. — (Historiador Jefe. División Histórica. Oficina de Servicios de Información. Cuartel General de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos en Europa, 11 de Diciembre 1954). Cf. media.defense.gov/2013/May/23/2001329959/-1/-1/0/Dresden%20again.pdf
Consultado el 16/01/2019
Nota: Las próximas referencias marcadas con [#] son citas que figuran en este documento.
3#)- Statistisches Bundesamt (Oficina Federal de Estadísticas), Oficina de Wiesbaden, Alemania, 15 de Noviembre 1954,
4#)- Rodenberger, Axel Der Tod von Dresden (La muerte de Dresden) Franz Müller-Rodenberger, Dortmund, Alemania, 1953, pág. 16
5)- Tanto como para poner una nota al margen para los triscaidecafóbicos supersticiosos: el 13 de Febrero de 1945 fue un Martes 13. Aparte de eso, era carnaval y el martes 14 siguiente fue, como siempre, el Día de San Valentín - el día de los enamorados. Algunas fechas tienen cierta ironía.
6#)- Tustin, Joseph P. Op.Cit. pág. 10
7#)- Lt. Gen. Doolitle, James H. — General al mando de la 8a. Fuerza Aérea —  The Army Air Forces In World War II. (Las Fuerzas Aéreas del Ejército en la Segunda Guerra Mundial). Testimonio del autor ante la conferencia de los comandantes de las Fuerzas Aéreas Aliadas, el 15 de Febrero de 1945.
8#)  Tustin, Joseph P. Op.Cit. pág. 13
9#) Tustin, Joseph P. Op.Cit. pág. 12
10)- Diario Die Welt, del 12/02/1995 pág.8 Citado en: https://vielspassimsystem.wordpress.com/2016/02/13/ein-wirklicher-holokaust-dresden-13-14-15-febuar-1945/ 
Nota: citas siguientes de esta fuente están marcadas con ##.
11##) Die Welt 03/03/1995 Pág.8
12)- 2.659 toneladas lanzadas durante las dos oleadas de los ingleses y 782 toneladas lanzadas por los norteamericanos al día siguiente.
13)- El Informe de Tustin, Joseph P. habla de "High Explosives"
14)- El fenómeno se produce cuando el núcleo de un incendio produce una cantidad tan grande de calor que el aire caliente disparado hacia arriba ocasiona un "efecto aspiradora" al nivel de la superficie terrestre con lo que el aire frío que entra por abajo lo hace a tal velocidad que se aproxima a la de un huracán. En el bombardeo de Hamburgo el fenómeno se produjo espontáneamente. En Dresden fue calculado y provocado ex-profeso.
15)- https://es.wikipedia.org/wiki/Dresde#Guerras_Mundiales
16)- https://es.wikipedia.org/wiki/Bombardeo_de_Dresde
17)- https://en.wikipedia.org/wiki/Bombing_of_Dresden_in_World_War_II
18)- Original en https://pulsemedia.org/2011/06/25/the-blood-of-dresden/ Visitado el 19/02/2017
"Armagedón en Retrospectiva" es un relato en donde Vonnegut describe las escenas de "obscena brutalidad" de las que fue testigo mientras era un prisionero de guerra en Dresden y que le inspiraron para escribir su clásica novela "Matadero cinco".
19)- Las Reglas del Marqués de Queensberry son un conjunto de normas generalmente aceptadas en el deporte del boxeo. Fueron respaldadas públicamente por John Douglas, 9º marqués de Queensberry y se publicaron por primera vez en 1867.
20)- Acrónimo de artillería antiaérea.
21)- El Volkssturm fue una milicia nacional creada hacia finales de la guerra (el 18 de octubre de 1944). Bajo las órdenes de Joseph Goebbels todos los varones entre los 16 y 60 años fueron conscriptos e integrados al plan de defensa.
22)- Se trata de un juego infantil de conteo con las palabras: "Tinker, tailor, soldier, sailor, rich man, poor man, beggar man, thief,"  (Hojalatero, sastre, soldado, marinero, hombre rico, hombre pobre, mendigo, ladrón,) - Lo juegan preferentemente las niñas en el marco de un juego más amplio para "adivinar" con quién habrán de casarse.
23)- Unos 4.8 kilómetros.
24)- La Güija (u Ouija) es un tablero de madera sobre el cual figuran el alfabeto y los números. Mediante el mismo los espiritistas supuestamente se comunican con los espíritus.
25)- Referencia a la novela Viñas de Ira (también Uvas de la Ira) de John Steinbeck (1902-1968)




viernes, 25 de enero de 2019

CULTURA, DECADENCIA Y FUTURO


La Batalla Cultural II

La mejor forma de salvar a una civilización
es combatiendo lo que usualmente se entiende por ella.
Wendell Berry
La decadencia de la Civilización Occidental – y con ella el derrumbe sociopolítico de toda la estructura de la civilización tecnológica global – ya no se puede evitar de ninguna manera. Sin embargo, las meras copias de las alternativas propuestas en el pasado ya resultan inviables para el mundo del Siglo XXI. Las razones de por qué esto es así son múltiples.

Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial – en realidad, desde el fin de la Primera – ya se veía venir el colapso de los cimientos de la cultura Occidental, ese proceso dramático que Spengler en su momento llamó "Der Untergang des Abendlandes" título bastante mal traducido por "La Decadencia de Occidente" desde el momento en que "Untergang" no es tanto "decadencia" [1] sino más bien "derrumbe", "desmoronamiento", incluso "destrucción" o "hundimiento". "Untergang", en muchos sentidos, es la consecuencia de la decadencia; lo que viene después de la decadencia.

Como sucede con todo proceso histórico complejo, es muy difícil establecer el origen preciso de esa decadencia cuyas consecuencias hoy ya son inocultables. La Historia es fluida. Es una sucesión ininterrumpida de hechos en los cuales establecer "comienzos" y "finales" es siempre algo arbitrario, aun cuando sirva como recurso analítico para explicar ciertos fenómenos.

Hecha la salvedad, desde hace ya bastante tiempo que pienso que, en cuanto al tema de la decadencia de Occidente, hay dos grandes acontecimientos prácticamente olvidados que cambiaron definitivamente el curso de la cultura occidental. Son dos hechos que, si bien figuran en la historiografía, estimo que no han recibido la atención que se merecen.

La Gran Hambruna



Pedro Brueghel el Viejo
El Triunfo de la Muerte (Detalle)
Los dos hechos a los que me refiero sucedieron en el Siglo XIV. El primero de ellos fue la Gran Hambruna (1315-1322) que se produjo como consecuencia de un importante crecimiento demográfico durante los siglos previos. Un crecimiento que no fue acompañado por un correlativo desarrollo de la tecnología agropecuaria por lo que, a principios del S. XIV, la cantidad de bocas para alimentar comenzó a exceder la capacidad de producción de la tierra y de los terratenientes. [2]

Además, hacia el fin del Siglo XIII, el clima comenzó a cambiar significativamente en Europa. En el Norte las innovaciones tecnológicas, tales como el arado profundo y el sistema de rotación de sembradíos [3] no resultaron tan efectivos como en el Mediterráneo porque el Norte tenía un suelo pobre y arcilloso. En el otoño de 1314 comenzó una serie de años de inviernos fríos y húmedos con grandes lluvias. Las ya débiles cosechas del Norte sufrieron aun más y comenzó una seria escasez de trigo, avena, heno y, por consiguiente, también de ganado. Esa escasez resultó en hambre y malnutrición ocasionando una creciente vulnerabilidad de las personas a las enfermedades a causa del debilitamiento de su sistema inmunológico. Para colmo, en 1318, una peste de origen desconocido – identificada por algunos como carbunco – atacó a los animales, especialmente al ganado vacuno y ovino, reduciendo la disponibilidad de alimentos y la economía de los campesinos.
  
La consecuencia dramática de todo esto fue la Gran Hambruna que duró siete años; la peor de toda la Historia europea que, en general, redujo la población en por lo menos un 10%. [4]

La Peste Negra


Apenas 26 años después de la Gran Hambruna – o sea: prácticamente en la generación siguiente – Europa se vio asolada por una desgracia aun peor.

Hacia Octubre de 1347, había echado anclas en la ciudad siciliana de Messina una flota genovesa procedente de Kaffa [5], una colonia que los genoveses tenían en la península de Crimea. Los marineros y demás miembros de esa flota no trajeron buenas noticias. De hecho, en Kaffa las cosas habían salido mal. Muy mal.

La ciudad de Kaffa, después de ser fundada por los griegos en el Siglo VI AC como Theodosia, llevó por mucho tiempo la existencia aproximadamente normal de un centro comercial de regular importancia en el Mar Negro, hasta que en el S. IV DC llegaron los hunos y la destruyeron. Después de ello, ya como pequeño asentamiento, tuvo una suerte algo variada durante los siguientes ocho o nueve siglos. En distintas oportunidades supo pertenecer a la esfera de influencia de los Khazares, el Imperio Bizantino, los Kipchaks turcos que, a su vez, venían presionados por los mongoles quienes, finalmente, la ocuparon hacia 1230.

En los últimos años de ese Siglo XIII, en su constante afán por abrir nuevas rutas comerciales, también los navegantes genoveses llegaron a Crimea y, por consiguiente, a Kaffa. Considerando que la ciudad les vendría bien para sus propósitos, decidieron quedarse con ella y recurrieron al expeditivo recurso de comprársela a los Señores de la Horda Dorada.

A partir de ese momento la ciudad volvió a florecer. Llegó a casi monopolizar el tráfico comercial del Mar Negro convirtiéndose en el principal punto de apoyo genovés de la región y – no en última instancia – en uno de los mayores mercados de esclavos de toda Europa. Obviamente, para los buenos y hábiles comerciantes genoveses, el origen del dinero no tenía demasiada importancia.

La mala suerte de los genoveses fue que, así como a ellos les importaba un bledo el origen de su dinero, a los mongoles un contrato comercial les importaba menos todavía. De modo que, después de vender la ciudad y al ver que la misma prosperaba, calcularon que lo mejor que podían hacer era recuperarla. Al fin y al cabo, un mercado de esclavos no es algo tan difícil de administrar y ellos, los mongoles, eran los principales suministradores de la materia prima para el negocio.

Consecuentemente, en 1347 pusieron sitio a Kaffa para gran desazón de los genoveses que se encerraron en ella.

"La Muerte Negra"
Ilustración de la Biblia de Toggenburg de la Peste Bubónica
con los "bubones" que aparecían sobre el cuerpo de los enfermos.
Y no fue tan sólo que los genoveses, a pesar de sus recursos y de su dominio del mar, no estaban en condiciones de resistir el embate masivo de la Horda Dorada. Pasó algo más allí. Algo muy feo y realmente espantoso.

Los atacantes mongoles estaban enfermos.

Muy enfermos.

Tan enfermos que recurrieron a la guerra biológica.

Sucedió que, durante el sitio, las filas del ejército mongol comenzaron a ser devastadas por una extraña enfermedad que se extendía muy rápido y que nadie conseguía contener. Los combatientes de la Horda morían de a centenares y dice la leyenda que los oficiales mongoles, no sabiendo ya qué hacer con los cadáveres infectados que se les amontonaban día a día, decidieron deshacerse de ellos lanzándolos con catapultas hacia dentro de la ciudad.

El resultado no se hizo esperar. Los genoveses, contagiados y diezmados ellos también por la peste, no tuvieron más remedio que abandonar posiciones y regresar a Italia.

Llegaron a Messina, más muertos que vivos, hacia Octubre de 1347. Y no crean ustedes que con eso de “más muertos que vivos” estoy exagerando para darle dramatismo a la historia. Fue realmente así. Se dice que hasta llegaron barcos sobre los cuales ya no quedaba casi nadie con vida a bordo. Por supuesto que los avispados de siempre aprovecharon la oportunidad para subir a esos barcos y saquearlos hasta casi desmantelarlos. La enorme mayoría de los saqueadores, sin embargo, si es que en absoluto llegó a conectar un hecho con el otro, debe haber terminado arrepintiéndose de ese saqueo con lágrimas de sangre.

Porque de los saqueadores, la mayoría enfermó y terminó muriendo también. Pero no sin antes contagiar a una gran cantidad de personas.

La peste, que en Europa se inició en el Sur de Italia hacia fines del 1347, muy pronto se convirtió en pandemia. Al invierno siguiente ya estaba esparcida por gran parte de Italia. Estalló en Marsella en Enero de 1348. Para Abril estaba en París. En Septiembre llegó a Inglaterra. Ese mismo año asoló también a Alemania y a los Países Bajos. En Mayo de 1349 llegó a Noruega. Al año siguiente se esparció por Europa Oriental y arribó a Rusia en 1351. Según prácticamente todos los testimonios y estudios, el año más terrible, el de mayor espanto y mortandad, fue el de 1348. Para los conocimientos médicos e higiénicos de la época, la enfermedad resultó sencillamente imparable.



El término técnico para denominarla es “Peste Bubónica”. La gente la llamó “La Peste Negra”.

Tratar de dar una idea exacta de la magnitud de la catástrofe causada por la peste del Siglo IV es algo difícil. No tenemos estadísticas precisas y todo lo que podemos hacer son estimaciones. Pero aún así, la enorme mayoría de quienes se han dedicado a estudiar el fenómeno coincide en señalar que la mortandad fue colosal: prácticamente un tercio de la población europea murió a consecuencia de la pandemia. El número de víctimas, calculado sobre la base de censos eclesiásticos y tributarios, se estima en más de 25 millones de personas. A los cuales habría que agregarles los muertos de la Gran Hambruna anterior y un drástico descenso en la tasa de natalidad posterior a la pandemia al punto que, hacia fines del siglo XIV, Europa contaba con aproximadamente la mitad de los habitantes que tenía antes de la plaga. Tuvieron que pasar al menos seis generaciones para que se recuperara el caudal demográfico original.

En el proceso, Europa cambió tanto que nunca más volvió a ser la que había sido.

El impacto cultural


En lo material, la Iglesia salió en cierto modo favorecida de la catástrofe por las cesiones, donaciones y herencias que recibió de las víctimas. Pero en la mente de muchos fieles resultó extremadamente difícil armonizar la tragedia con la idea de un Dios infinitamente bueno. Muy en especial en la mente de quienes, de un modo u otro, estaban dispuestos a aceptar la pandemia como un castigo de Dios. Con ello, la autoridad moral de la Iglesia sufrió un rudo golpe. La era de un mundo sacralizado que en las personas simples había generado un respeto sin preguntas y sin cuestionamientos, comenzó a declinar. La mortandad sembró dudas y esas dudas comenzaron a germinar y a echar raíces.

A ello se le sumó un factor de enorme impacto en el largo plazo.

Durante la peste, proporcionalmente la mayor tasa de mortandad se dio en los dos oficios que más involucrados estuvieron con la atención de los enfermos: los sacerdotes y los médicos. Por la zona de Avignon murió un tercio de los cardenales. En Montpellier, de 140 domínicos sólo sobrevivieron siete. En Perpignan quedó un solo médico de los nueve que había y únicamente sobrevivieron dos de los dieciocho cirujanos.

Para la Iglesia estas pérdidas fueron tremendamente significativas por una razón que pocas veces se tiene en cuenta y que, en la versión materialista de la Historia, directamente se niega. Durante gran parte de los primeros siglos de su existencia la Iglesia se dedicó a reclutar sistemáticamente los mejores cerebros de Europa. No es ninguna casualidad que la mayoría de las universidades más prestigiosas se fundaron por iniciativa de la Iglesia y funcionaron bajo su protección; varias de ellas desde bastante antes del Siglo XIV. Por ejemplo, la universidad de Bologna se fundó en 1088; la de Oxford en 1096; la de París en 1150; la de Salamanca 1218; la de Padua en 1222; la de Nápoles en 1224; la de Siena en 1240; la de Valladolid 1241; la de Cambridge en 1284.

En estas universidades aprendieron y enseñaron las mentes más brillantes de su época. Por ejemplo, Juan Duns Scoto estudió en Cambridge y enseñó en Oxford y París; Roger Bacon y Guillermo de Ockham, alumnos de Roberto Grosseteste, también proceden de Oxford y París. San Alberto Magno, quien estableció los primeros métodos científicos experimentales y que ya en el Siglo XIII demostró con sólidos argumentos que la tierra era esférica, enseñó en la Universidad de París. Su alumno más destacado fue Santo Tomás de Aquino en la misma universidad. Y podríamos seguir con una larga lista – que no solo incluiría científicos y pensadores sino también artistas y artesanos – con la que sería muy fácil demostrar que, durante siglos enteros, el principal motor y guardián de la cultura occidental fue justamente la Iglesia.

A causa de la Gran Hambruna, la Peste Negra y la proporcionalmente gran mortandad entre el clero, este gran motor y guardián cultural perdió una cantidad muy importante de sus recursos humanos.

Y ante esto, la Iglesia cometió un grave error.

Para cubrir las numerosas vacantes producidas por la peste – sobre todo entre los párrocos y los sacerdotes en contacto directo con los fieles – las autoridades eclesiásticas ordenaron apresuradamente a un gran número de clérigos. Al darle prioridad a la cantidad por sobre la calidad, sucedió lo inevitable: muchos de los nuevos sacerdotes no sólo resultaron ignorantes e incompetentes sino, además y en buena medida, corruptos; lo cual condujo a una apreciable cantidad de decepciones y de abusos y esto, a su vez, trajo consigo, como no podía ser de otro modo, un aumento del anticlericalismo.

En el proceso, la Iglesia perdió una enorme cantidad de prestigio y autoridad; una pérdida que solo fue aumentado con el correr de los siglos y de la cual la Iglesia no se ha recuperado hasta el día de hoy. Para dar un solo ejemplo de los muchos que se podrían citar: en Inglaterra, cuando en 1170 Enrique II imprudentemente alentó y provocó el asesinato de San Thomas Becket, arzobispo de Canterbury, el poder de la Iglesia y la lealtad de los fieles todavía fue suficiente para que el rey, a fin de ser perdonado, tuviese que someterse a la penitencia de la flagelación impartida por los sacerdotes de la Catedral. A penas unos 20 años después de la pandemia, en 1381, Simón de Sudbury – también arzobispo de Canterbury – terminó decapitado en medio de una multitud que aplaudió al verdugo, ante una Iglesia que sólo pudo ensayar una tibia protesta.


El Asesinato de San Thomas Beckett

El tobogán de la decadencia


Después de la catástrofe del Siglo XIV Occidente entra en una larga montaña rusa desintegradora que, a través de distintas etapas y acontecimientos, a través de varias bajadas y subidas, conduce gradualmente al mundo actual. La descripción puntual y detallada de este proceso excedería, y por mucho, el marco de esta nota con lo que aquí deberá bastar con recordar en forma (muy) sucinta los hitos principales del proceso.

En el siglo siguiente al de la hambruna y la gran peste, podríamos comenzar con mencionar la ampliación de los horizontes y la colonización de América del Siglo XV y la progresiva difusión del conocimiento a partir de la imprenta de Gutemberg. Sigió luego con la sensualidad del Renacimiento, la rebelión herética de la Reforma de Lutero y Calvino, la primera Guerra de los 30 años, la Paz de Westfalia y la fragmentación de la unidad de concepción de la humanidad europea, las filosofías del Iluminismo y la Ilustración, el "Siglo de las Luces" y la hegemonía del racionalismo ateo y materialista,  la Revolución Industrial y el progresivo ascenso de la burguesía económica, la Revolución Francesa y el asalto de esa burguesía al poder, el avance de la codicia capitalista y su imperialismo, la industrialización con la ciencia progresivamente cada vez más al servicio de la tecnología con las máquinas a vapor, el generador eléctrico, el gramófono y docenas de inventos prácticos; las revoluciones sociales y el Kulturkampf de Bismarck, las guerras napoleónicas, de independencia y revolucionarias que suman más de 36 a lo largo del Siglo XIX hasta la Segunda Guerra de 30 años (1914 – 1945)  –  con dos Guerras Mundiales y un armisticio provisorio de 21 años entre ambas – en cuyas consecuencias y derivaciones se violan y desaparecen definitivamente las normas y los valores que otrora encauzaron el modo de vida y la organización existencial de Occidente

En estos hitos no es nada difícil seguir el rastro del avance de la civilización sobre la cultura, del triunfo del racionalismo sobre el idealismo, el aplastamiento de lo espiritual por el materialismo, el cuestionamiento de lo sagrado por el relativismo y la duda sistemática, más la muerte de la cultura en nombre de la codicia, el utilitarismo y el hedonismo.

Cultura y civilización


Para entender el proceso es interesante meditar acerca de qué abarca el término "cultura" y por qué la más mínima modificación de este complejo concepto desata toda una enorme variación en el modo de vida de cualquier organismo etnocultural. Admitiendo desde ya lo que señala hasta la mayoría de los diccionarios en cuanto a que la cultura no tiene y no tendrá – porque es imposible que tenga – una descripción universal, objetiva, única y unívoca, válida para todos los pueblos del planeta. [6]

Uno de los componentes destacables de lo que desde los tiempos de Bismarck se conoce como "Kulturkampf" [7] es justamente que no existe consenso ni siquiera alrededor de la definición del concepto de cultura, por más que la palabra misma ya apunta hacia un sentido determinado. Etimológicamente, cultura proviene de la palabra latina cultüra cuya última palabra trazable es colere que tenía un amplio rango de significados como: habitar, cultivar, proteger, honrar con adoración. [8] En los idiomas derivados del latín es fácil ver que la palabra se relaciona con los conceptos de "cultivo", "cultivar", "culto" y similares.

Bismarck y el papa Pio IX enfrentados en una partida de ajedrez.
Caricatura de la época del Kulturkampf.
En gran medida, el término siempre estuvo relacionado con "lo que se cultiva", principalmente con el cultivo de la tierra. En el mundo antiguo, el modo de cultivar la tierra, siendo que constituía la base de la existencia humana, equivalía al fundamento del modo organizacional de la existencia en el entorno de un Cosmos que respetaba lo sagrado. Así, en su sustrato más antiguo, la cultura significó la interpretación de la existencia y la base firme sobre la cual se edificó la forma organizacional y la vida material. Con ello, en Occidente cultura y civilización formaron durante siglos un todo armónico e integrado al cual se pudieron ir agregando elementos pero siempre cuidando que lo nuevo pudiese adaptarse y amoldarse a lo ya existente y no a la inversa.

En nuestros días, el ser humano, en su papel de máximo depredador global, con una hiper-actividad que destruye irresponsablemente la tierra entera, ha recorrido un largo camino desde sus orígenes hasta hoy. Para la comprensión del proceso histórico probablemente habría que recorrer todas las estaciones de este camino, y enfrentar con honestidad y valentía la gran cantidad de amargas realidades de las que tendríamos que hacernos cargo al hacerlo. Pero, aun si dejamos de lado las discusiones sobre el derrotero histórico del pasado hasta la actualidad, sigue subsistiendo la gran pregunta de cómo deberíamos actuar para encauzar nuestro modo de vida actual.

Por un lado están los agentes de la civilización desacralizada de la modernidad occidental – fundamentalmente atea, hedonista y materialista – que tratan de defender a toda costa su organización existencial en nombre de lo que ellos declaman como "libertad".  Una "libertad" que lleva tarde o temprano al caos, no solo porque derriba los valores tradicionales sino porque devasta hasta el mundo material existente desde el momento en que dicha libertad, en la práctica, se traduce en la depredación de los recursos del planeta en aras de una codicia sin frenos que culmina fatalmente en una destrucción sin límites.

Por el otro lado se hallan quienes todavía tienen la esperanza de revertir esta destrucción restaurando modos existenciales anteriores. En gran medida ésta es una esperanza vana porque, si bien se pueden –con no poco esfuerzo – recuperar los valores tradicionales, el modo de vida construido sobre ellos necesariamente tendrá que ser diferente a todos los modos anteriores ya que la civilización a la cual dichos valores deberían regir ya es completamente distinta y en gran medida no puede ser revertida. Para expresarlo con un rudimentario ejemplo hipotético: un modo de vida artesanal y bucólico no es compatible con una producción gobernada por el procesamiento electrónico de datos y conectada con el espacio exterior a través de complejos logros científico-tecnológicos como, por ejemplo, la estación espacial internacional y las comunicaciones satelitales. 

Estación Espacial
¿De la NASA? No.    –    ¿De los rusos? No 
¿De un conjunto de países europeos? – Tampoco.
Es la estación espacial Tiangong-2 de China

Y no es posible abandonar ese modo de producción – o al menos gran parte del mismo – si no queremos matar a millones de seres humanos cuyas vidas dependen de la actividad y de los productos que esa producción genera. Porque no se trata tan solo de los puestos de trabajo. Además de eso, se trata de lo que necesitamos para alimentar, alojar, curar, vestir, educar y cuidar a 7.000 millones de seres humanos si es que queremos un mundo con verdadera justicia social.

Más allá de este ejemplo y tomando referencias más actuales, el modo existencial del tercer milenio no es imaginable ni viable según unos parámetros idealizados de la primera mitad del Siglo XX, aun en el supuesto de que el rescate de los valores fundamentales de Occidente fuese exitoso. Los valores pueden ser constantes, pero las ruedas de la Historia jamás giran en reversa. Podremos seguir sosteniendo el valor de la privacidad de las comunicaciones personales, pero los mensajes de texto ya no los traerá el cartero y esa privacidad ya no dependerá de la mayor o menor habilidad de los censores para abrir un sobre de papel sin que nadie se dé cuenta. Podremos (y debemos) seguir sosteniendo el valor ético del trabajo pero no podremos eliminar las placas de PLC [9] de los procesos industriales ni las máquinas de CNC [10] en los procesos de mecanizado. Así como dentro de muy poco nos será imposible eliminar las impresoras 3D.

Esencialmente, la cultura es una interpretación del significado de los valores esenciales  aceptados por una comunidad humana. Establece la base conceptual de la organización existencial que sobre esa interpretación se construye. Lo que sucede es que tiene, inevitablemente, una relación muy estrecha con todas las cosas que la actividad humana despliega en la esfera de lo físico-material. Y, si esa construcción físico-material se independiza, adquiere vida propia y usurpa el poder real para construir elementos extraños que ya no se articulan con los principios fundacionales de la comunidad organizada, lo que sucede con la cultura es que deja de "cultivarse" y pierde su potestad, con lo que se rebaja a mero espectáculo y entretenimiento, se agota, se vacía de significado auténtico, se hace parasitaria y a partir de allí ya no es cultura sino apenas un barniz superficial con el que la civilización trata de negar su absoluta esterilidad cultural.

Cuando el mundo de la tecnología y los logros materiales ya no está en armonía con el mundo de los valores culturales, cuando ya no existe el concepto de lo sagrado en el sentido de "lo que no se toca" porque constituye un pilar básico que sostiene toda una estructura – así como en matemáticas existen los postulados y en filosofía las reglas de la lógica – cuando lo físico-material aplasta al mundo cultural y usurpa el poder organizacional de lo político, la civilización se convierte en el último, autodestructivo y decadente estadio de toda cultura.

Eso es lo que está sucediendo con ese algo que llamamos "Occidente" y que alguna vez fue una cultura y una civilización armónicamente integradas y que hoy no es más que una civilización en su última etapa de autoliquidación y descomposición interna.

La batalla cultural


Y aquí en realidad hasta podríamos abandonar el tema ya que, desde este punto de vista, toda la batalla cultural podría no tener sentido puesto que la forma de ser occidental ya no puede ser interpretada como cultura por un Occidente que fue cultura definitoria de todo un Cosmos y que hoy ha degenerado en una civilización de indetenible decadencia. La razón por la cual, a pesar de ello, vale la pena seguir dando la batalla es que el intento de reconstruir un pasado que ya no existe, y que ya no puede volver a existir, no es la única alternativa.

El pesimismo retrocede y las imágenes de las distopías se difuminan en el instante en que asumimos que la batalla cultural ya no se refiere al pasado ni al presente sino al futuro. El colapso de la civilización actual y el derrumbe de toda la estructura global orientada por ella ya no puede evitarse en modo alguno. Pero se puede – y se debe, aun en medio del proceso decadente – hacer surgir los cimientos espirituales y morales que representarán el fundamento de una nueva interpretación sagrada de la vida humana y la organización existencial que, basada sobre este fundamento, se deberá construir integrando los elementos asimilables existentes de la realidad.

La batalla cultural que plantea el tercer milenio es un desafío al sistema inmunológico de Occidente. Llega tarde y por eso como restauración es inviable porque el proceso hacia la desintegración total de esta civilización ya no es reversible. Pero la batalla es posible como creación revolucionaria basada en valores permanentes y orientada hacia el futuro.

La batalla cultural pendiente ya no se orienta – como todavía podía ser concebida durante las últimas décadas del Siglo XX  – hacia el intento de dominar el presente, o a tratar de revertir el resultado de una Derrota Mundial volviendo a las últimas bases relativamente sólidas disponibles. Esas oportunidades se han perdido. Se han perdido irremisiblemente. Ha pasado casi un siglo desde las propuestas alternativas al capitalismo y al marxismo de las primeras décadas del Siglo XX. En casi un siglo, al ritmo frenético de la tecnotrónica de esta civilización, el mundo ya se ha convertido en algo completamente diferente de aquél para el cual en su momento esas alternativas fueron diseñadas. Los principios y los valores inspiradores de esas alternativas siguen siendo válidos pero la implementación de una copia del modelo original ya no es viable. Y esto no es porque el mundo actual sea diferente; es porque se trata de otro mundo en absoluto.

La batalla cultural, tal como está planteada hoy, consiste en elaborar una reinterpretación actualizada del significado de los valores esenciales de Occidente y sentar las bases fundacionales para la organización existencial que sobre esa interpretación se habrá de construir durante los próximos siglos obligando a la civilización altamente tecnológica del futuro a amoldarse a un sentido y a un significado acorde con esos valores.


Es, por supuesto, tan solo una fantasía.
Pero no es para nada imposible que dentro de solo dos generaciones (o incluso antes)
la Avenida 9 de Julio en Buenos Aires tenga un aspecto bastante parecido a éste.
¿Alguno de ustedes se imagina gobernando una ciudad así?


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NOTAS
El artículo prededente de "La Batalla Cultural" está en:
https://denesmartos.blogspot.com/2018/07/la-guerra-de-los-sexos.html

1)- "Decadencia" vendría a ser más bien "Verfall" en alemán.
2)- Judith M. Bennett and C. Warren Hollister, Medieval Europe: A Short History (New York: McGraw-Hill, 2006), 326 .
3)- https://www.uh.edu/engines/epi26.htm
4)- Baillie, Mike (1997). A Slice Through Time, p124
5)- Actualmente Feodosiya, Ciudad balnearia de Crimea en la costa del Mar Negro con aproximadamente unos 69.000 habitantes.  Cf. https://discover-ukraine.info/places/crimea/feodosiya/554
6)- Para colmo, "Civilización" y "Cultura" no significan lo mismo en los distintos países de Occidente. En Inglaterra y Francia el concepto de "civilización" incluye el concepto de "cultura". En la tradición alemana, por el contrario, es a la inversa: lo abarcador de lo esencial es la "cultura". El concepto de "civilización" queda reservado para lo externo y material; generalmente relacionado con lo utilitario. Así, con este criterio, la ciencia propiamente dicha pertenece al área de la cultura; la ciencia aplicada a usos prácticos – es decir: la tecnología – pertenece al área de la civilización. Las traducciones al castellano no siempre aclaran esta diferenciación, lo cual conduce a confusiones frecuentes. En esta nota hemos adoptado este segundo criterio.
7)- Literalmente "lucha" o "combate" cultural en alemán. Kulturkampf,  fue el nombre dado por Rudolf Virchow a un conflicto que enfrentó a Bismarck contra la Iglesia católica y la representación política de la misma entre 1871 y 1878.
8)- Cf. http://www.lapaginadelprofe.cl/cultura/1cultura.htm#_ftn1
9)- PLC: (Control Lógico Programable) Programmable Logic Controller, por sus siglas en inglés  es un dispositivo electrónico que puede programarse para realizar acciones de control en forma automática.
10) CNC = Control Numérico Computado (o Computed Numerical Control en inglés) . es un sistema que permite controlar en todo momento la posición de un elemento físico, normalmente una herramienta que está montada en una máquina.   



martes, 8 de enero de 2019

COMIDA PARA TODOS

Si más que al oro acumulado
valoráramos la buena comida,
la sana alegría y las hermosas canciones,
el mundo sería muchísimo más agradable.
J.R.R. Tolkien

Que la comida sea tu medicina
y que tu medicina sea tu comida.
Hipócrates

Dale comida a los pobres y te llamarán filántropo.
Pregunta por qué los pobres no tienen comida
y te acusarán de anarquista, comunista o fascista.
Anónimo

En los meses de Enero y Febrero, mientras aquí todo el mundo piensa en playas, montañas y lugares de veraneo, mientras programa sus viajes, hace malabares con el dinero, se mete en docenas de cuotas y compra kilos de protector solar, en el Norte del hemisferio boreal el paisaje se viste de blanco y el sol, que aquí dora con su calor las hermosas figuras de las niñas de Mar del Plata y de Pinamar, allá se vuelve mucho más mezquino y apenas si condesciende en iluminar por algunas horas al día los paisajes helados de los cuales se ha enseñoreado el Abuelito de las Nieves. [1] 

Ese escenario fue el que halló el Maestro cuando viajó al Norte para dictar una serie de conferencias que le había solicitado un grupo de jóvenes universitarios. Por cuestiones de programación las disertaciones tuvieron que incluir un fin de semana sin actividad, tiempo que el Maestro aprovechó para hacer caminatas por el campus y por los bosques circundantes, disfrutando la novedad (para él) de caminar por la nieve y observar la naturaleza y, sobre todo, a los pájaros algunas de cuyas especies le eran nuevas como, por ejemplo, los pequeños carboneros [2] y los herrerillos que, por supuesto, competían con bandadas de inquietos y muy activos gorriones.

El lunes siguiente, el tema a desarrollar era "Competencia y Colaboración – Egoísmo y Solidaridad en la sociedad humana". Cuando llegó el momento, el Maestro entró en la sala, saludó como de costumbre pero, en lugar de comenzar una exposición, dijo:

— Hoy les propongo hacer un pequeño experimento.

Tras lo cual comenzó a sacar algunas cosas del bolso que traía. Lo primero que apareció fue un plato sopero de regulares dimensiones. Después, dos bolsitas de papel cuyo contenido comenzó a verter sobre el plato mientras explicaba:

— Esto que estoy poniendo en el plato son semillas. Por un lado, tengo semillas de girasol y, por el otro, éstas son semillas de trigo.

Una vez terminado, removió un poco el contenido del plato y continuó:

— Y ahora le voy a pedir a alguno de ustedes que coloque el plato afuera, frente a los ventanales y que todos se dediquen a observar en silencio lo que va a ocurrir.


Eso fue exactamente lo que se hizo. Alguien del público colocó el plato lleno de semillas sobre la nieve de tal modo que pudiese ser observado desde los ventanales de la sala y se retiró. A los pocos minutos ocurrió lo que, por supuesto, todo el mundo sabía que iba a ocurrir. Apareció un pájaro, un carbonerito, que se posó al lado del plato y picoteó algunas semillas.

La cuestión es que ese primer carbonerito de algún modo le pasó el mensaje a sus compañeros porque en muy poco tiempo el plato estuvo rodeado de toda una bandada de ellos. La forma en que comían sus semillas, sin embargo, era algo curioso. Un carbonerito se acercaba al plato, picoteaba una semilla, e inmediatamente se retiraba para darle su lugar al próximo. Así, a pesar de que el plato estaba siempre rodeado en un movimiento febril y, en apariencia, desordenado, cada carbonerito tenía su chance de acercarse, picotear una semilla y retirarse para que pasara el siguiente. Bien mirado, parecía el desfile de un  conjunto de individuos – muy inquietos y alegres pero bastante disciplinados dentro de todo – alrededor de una gran olla común llena de comida. Así pasaron varios minutos.

Hasta que llegó el primer gorrión.

Gordito, prepotente, agresivo, el gorrión no aterrizó al lado del plato. Se posó directamente en el medio del mismo, sobre las semillas, en un gesto desafiante de como quien dice: "A partir de ahora todo esto es mío." Lo curioso fue que los carboneritos no solo no hicieron ningún esfuerzo para echarlo sino que directamente lo ignoraron. Mientras su señoría el gorrión, sentado a sus anchas en el medio del plato, comía sus semillas y a veces hasta se agitaba en ellas como quien se acomoda para sentarse mejor – con lo que desparramaba algunas fuera del plato – los carboneritos hacían caso omiso de esas bravuconadas y seguían comiendo como antes, de a uno por vez, con la única diferencia que ahora no solo comían las semillas que estaban en el plato sino incluso las que el invasor tiraba afuera con sus movimientos.

Pero claro. Así como el primer carbonerito había llamado a los demás, el gorrión invasor hizo lo mismo con sus compañeros y en poco tiempo los alrededores del plato y hasta la superficie del plato mismo se convirtieron en el hervidero de una actividad nerviosa y competitiva de dos bandadas de pájaros bregando por el mismo montón de comida.  Por momentos pareció una especie de hormiguero al que alguien acababa de patear; o una multitud tratando de subir al mismo tren; o una manifestación alrededor de un estrado circular. Desorden, caos, tumulto, apenas disimulada agresividad, empujones, comida desparramada. Algunos gorriones en el centro del plato ocupándolo todo y los demás – el resto de los gorriones incluido – tratando de picotear algo desde afuera y consumiendo lo que caía del plato.

Carbonerito y Gorrión

El espectáculo duró algunos minutos más.

Hasta que se acabaron las semillas.

Los primeros en levantar vuelo fueron los gorriones. Los carboneritos se quedaron un poco más picoteando alguna que otra semilla que había quedado pisoteada y semi-cubierta por la nieve hasta que también ellos se convencieron de que ya no quedaba nada para comer y se fueron volando.

— Muy bien señoras y señores – dijo el Maestro mientras los asistentes a la conferencia volvían a sus lugares –  Ahora quisiera que me hagan llegar sus comentarios sobre lo que acaban de ver.

Como era de esperar, en poco tiempo se produjo un tan interesante como intenso debate a lo largo del cual fueron apareciendo todas las cuestiones que las escenas observadas despertaron en la imaginación y el intelecto de los presentes. Al principio surgieron los temas poco menos que obvios: el valor de la cooperación, la lucha por la supervivencia, la dictadura de los más fuertes, la astucia de los más débiles. Sin embargo, más tarde se plantearon también cuestiones más sutiles: la solidaridad entre iguales y solo entre iguales; el resultado final sobre el que quizás hasta se podía argumentar que, al fin y al cabo, terminó en una equitativa distribución de la riqueza disponible; el hecho curioso que los débiles ocuparan por propia iniciativa el perímetro del plato mientras que los primeros invasores conquistaron inmediatamente el centro como la cosa más natural del mundo. Y por último un gran debate se originó alrededor del tema de la agresividad ante la observación en cuanto a que, más allá de empujones y empellones, en ningún momento se observó una verdadera agresión – por ejemplo a picotazos – entre los gorriones y los carboneritos. Como si hubiese existido una restricción tácita que prohibiera las agresiones con consecuencias graves.

El Maestro condujo los debates con un mínimo de intervención de su parte. Su participación directa no pasó de arrimar algún argumento de vez en cuando o corregir con sutileza algún error demasiado manifiesto. Fueron los participantes mismos los que llegaron poco a poco a las conclusiones que el experimento sugería.

Con el tiempo, las intervenciones se fueron espaciando; los temas comenzaron a reiterarse y el debate amenazó con languidecer. Ante eso, el Maestro consideró que convenía cerrar el tema. Se levantó, alzó la mano pidiendo silencio y dijo:

— Les agradezco el debate. Espero que les haya resultado tan interesante como a mí. Hemos hablado de muchas cosas realmente importantes y creo que todos nos llevamos bastante material para pensar y meditar por un buen rato. Es obvio que, en el tiempo disponible y en el entorno de un debate entre muchas personas, no hemos agotado los temas ni mucho menos. Por eso, los invito a seguir pensando y desarrollando todo lo que hoy vimos y conversamos.

El Maestro bebió un sorbo de agua del vaso que tenía cerca y continuó:

— Hay dos cosas, sin embargo, que quisiera señalarles antes de dar por terminada nuestra conversación. La primera de ellas es que de pocas cosas se aprende tanto como de la Naturaleza misma. Este mismo experimento lo demuestra. Estuvimos un tiempo observando algo casi infantilmente simple: dos bandadas de pájaros comiendo granos de un mismo plato; y después le dedicamos cinco o seis veces ese tiempo al debate sobre las impresiones que esa observación nos produjo. Madre Natura es una excelente maestra. Nos obliga a volver a la realidad si en algún momento nos ataca la enfermedad del intelectualismo y de pronto empezamos a perseguir quimeras que al final hasta resultan ser espejismos. Con todo, les recomendaría una cosa: ¡cuidado con el antropomorfismo! El comportamiento de los seres humanos no es enteramente trasladable a los animales y viceversa, el comportamiento de los animales no es asimilable en un todo al comportamiento humano. Seres humanos y animales son diferentes. Tienen cosas en común pero no son iguales. No exageremos con las similitudes.

— Y por último, la otra cosa que les quería señalar es que, en todos estos interesantes y muy intensos debates que acabamos de tener, hemos hablado de muchísimas cosas pero hay una cuestión, una cuestión esencialmente importante, que no hemos tocado. Quiero que se tomen cinco minutos para pensar qué es lo que faltó considerar respecto de nuestro pequeño experimento. Los espero.

La sala se llenó de murmullos y fueron pasando los minutos. Pero no surgía una idea realmente nueva. De las ideas propuestas, o bien la cuestión ya había sido tratada, o bien se relacionaba directamente con algo ya debatido. Pasaron así – holgadamente – los cinco minutos hasta que, al fin, la audiencia se rindió y cedió la palabra al disertante. Sonriendo levemente, el Maestro volvió a tomar la palabra:

— Sin embargo es bastante obvio. Todo nuestro pequeño experimento ni siquiera hubiera sido posible si no hubieran existido personas que araron, plantaron, cosecharon y seleccionaron las semillas, luego de lo cual otras personas las transportaron a esta ciudad y las llevaron al negocio en el cual las compré para, finalmente, traerlas hasta aquí, ponerlas en un plato y llevarlas al jardín.

— Recuérdenlo: antes de discutir sobre cómo distribuimos la comida, asegúrense de que existan personas gracias a las cuales podemos en absoluto tener un plato de comida sobre la mesa.

La distribución equitativa de la riqueza es importante.

Pero antes de hablar de distribuirla primero hay que resolver el problema de cómo generarla.

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NOTAS
1)-Referencia al  "Ded Moroz" (del ruso Ded=abuelo  y Moroz=Frío) figura mitológica de los eslavos orientales personificada en un anciano de larga barba que se paseaba por los bosques y los campos. Llevaba en la mano una larga vara mágica con la cual, si daba algunos golpes en el suelo, se producían grandes heladas.
2)- El carbonero común (Parus major) es un ave de la familia de los Paridae. Es muy común en Europa y Asia, en bosques de todo tipo.