sábado, 6 de enero de 2018

LA ILUSIÓN DEMOCRÁTICA

A medida en que la democracia se perfecciona,
el oficio de presidente representa cada vez más
estrechamente el alma íntima del pueblo.
Algún día grande y glorioso, la gente simple del país
alcanzará por fin el deseo de su corazón y
la Casa Blanca estará adornada
por un completo imbécil.
H.L. Mencken [1]

Una prosapia inventada

El término "democracia" significa – literalmente – gobierno del demos algo que, según la archirrepetida definición de Abraham Lincoln, debe entenderse como el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.

Realmente muy atractivo y simpático.

Solo hay un pequeño problema: no es cierto.

El demos de los griegos – de quienes hemos heredado el término – nunca significó  "el pueblo" en el sentido que le otorgaron los filósofos y los políticos liberales más de 2.000 años después.

De hecho, la δημοκρατία (dēmokratía) [2] griega no tiene prácticamente nada que ver con nuestras democracias actuales. El mito de la ilustre prosapia griega de nuestra democracia no es más que una   licencia poética a la que se recurrió con la intención de endosarle un poco de rancia tradición a un sistema político que, en rigor de verdad, no tiene más de 250 años de vigencia efectiva. Y aun esto solo en algunos pocos países ya que, en la enorme mayoría de los casos, la implantación del régimen democrático es mucho más reciente.

Los personajes que nuestra democracia nos supo conseguir de 1983 a la fecha

El original griego

El personaje que, después de toda una serie de idas y venidas y de no pocos fracasos y cambios de partido para hacerse del poder, implantó la democracia en Grecia fue un señor llamado Clístenes. [3] Después de conseguirlo, hacia el 508AC decidió consolidar su posición reformando la reforma de Solón y, para ello, destruyó lo que había sido hasta ese momento el pilar de la organización social y política de los atenienses: la estirpe.

Hasta la reforma de Clístenes, la sociedad ateniense había estado organizada de acuerdo con lazos de sangre. La unidad política, social y económica de Atenas había sido la familia y los lazos familiares. La medida que Clístenes tomó fue la de suplantar, en lo político, esa organización tradicional por una organización de base territorial. A partir de su reforma, la representatividad política ya no estuvo basada en la pertenencia a un núcleo humano unido por lazos de sangre y una tradición común sino simplemente por el lugar de residencia. Trazó sobre el mapa de Atenas y sus alrededores algo prácticamente equivalente a lo que hoy serían las circunscripciones electorales y organizó todo el resto de las instituciones políticas alrededor de esta nueva forma de representatividad.

El corazón de toda esta complicada arquitectura política fue el demos. La palabra se traduce generalmente por "pueblo" pero, en realidad, significa simplemente “la población” y, por extensión, designa también el lugar en donde esas personas viven, es decir: el poblado, el barrio, el cantón, la comuna, el municipio.

Con nuestro léxico actual a la democracia griega original,  más que como "democracia" hoy la designaríamos como una especie de "barriocracia " o "distritocracia". El demos griego es más un municipio que un pueblo. Lo más similar que encontraríamos hoy por el mundo es el sistema cantonal suizo. Que de hecho, no es el gobierno de un pueblo sino el de tres que se han acostumbrado a convivir. Uno al lado del otro y sin entremezclarse demasiado.

La copia demoliberal

El modelo de la "dēmokratía" griega sufrió grandes modificaciones cuando, cosa de 2.300 años después,  tuvo que ser adaptado a las necesidades de las filosofías liberales y a las sociedades de masas. En este proceso, la democracia directa de los barrios, municipios o circunscripciones electorales griegas originales fue suplantada por democracias representativas cuya esencia consiste en que los ciudadanos con derecho a voto, deciden – libre y secretamente – quiénes serán los que ejercerán el poder en nombre de la comunidad. Un poder siempre limitado y regulado por un instrumento jurídico llamado Constitución, que puede ser un documento escrito, como sucede en la gran mayoría de los casos, o una convención basada en la costumbre y la tradición como es, por ejemplo, el caso de Inglaterra o Israel. Pero incluso más allá de sea cual fuere el mecanismo de la limitación al ejercicio del poder político, esta especie de "aristocracia electa" surgida de los comicios es – al menos en teoría – tan solo la depositaria temporal de un mandato otorgado por el pueblo que sería el verdadero poseedor de la soberanía.

Cuando se analiza este régimen político en profundidad no se tarda mucho en descubrir varias cuestiones básicas y elementales que plantean preguntas para las cuales no existe una explicación satisfactoria.  Quizás la primera de ellas sería: ¿realmente posee el pueblo – como tal, como conjunto estadístico masivo – la capacidad de ver y de comprender en su totalidad el funcionamiento de esa maquinaria increíblemente compleja e intrincada que la globalización ha construido a lo largo y a lo ancho de todo el planeta?

La pregunta se convierte en retórica apenas unos segundos después de planteada porque la respuesta más que obvia es: no. La mayoría electoral – sea ésta absoluta o relativa – no tiene ninguna posibilidad de comprender, la esencia de los múltiples problemas sociales y económicos con  sus previsibles consecuencias a mediano y largo plazo. Y, si no tiene posibilidades de entender realmente la raíz, la estructura y las consecuencias del problema ¿cómo demonios va a hacer este pobre pueblo soberano para decidir y elegir la mejor propuesta de solución que le presentarán quienes dicen que sí lo entienden? Sobre todo cuando, por añadidura, ni siquiera uno puede estar seguro de que los que se presentan como expertos en el tema realmente lo entienden. O, peor todavía, cuando los expertos que deberían resolver el problema en rigor de verdad no tienen ninguna intención de resolverlo porque el problema, por más daño que cause al querido y estimado pueblo soberano, es un negocio fenomenal para unos muy pocos muy interesados en dejar las cosas tal como están.

Así, en no pocos casos, el revelar el verdadero entramado y las causas reales de los problemas que afectan a la Aldea Global puede llegar a ser muy "políticamente incorrecto" y, por ende, no exento de riesgos para quien se atreva a hacerlo. En consecuencia, lo que el pueblo soberano acepta o rechaza con su voto no es algo referido a lo que podríamos llamar la "realidad real". El voto democrático decide entre opciones que no son más que un "relato", o sea: una construcción artificial pergeñada por las instancias que realmente ejercen el poder político, más allá de las instituciones oficiales, las máscaras legales y las promesas descaradamente demagógicas de los candidatos de las cuales todo el mundo con dos dedos de frente sabe que nadie las va a cumplir.

De modo que la cuestión de fondo es establecer los mecanismos mentales que impulsan y gobiernan la decisión del electorado con lo cual hemos arribado al tema de la psicología de las multitudes [4] que es una de las cuestiones más delicadas de las democracias de masas actuales.

La irracionalidad "popular"

La decisión de "pertenecer" a algún partido político, o "ser" de alguna ideología o tendencia – izquierda, derecha, liberalismo, marxismo, trotskismo, nacionalismo, tradicionalismo  más toda la pléyade de "ismos" y modas que existen en un largo etcétera – es algo que ocurre más en la esfera emocional-temperamental que en la esfera racional de las personas.  Esto sucede porque, ya sea por la adhesión o por el rechazo, la preferencia emocional se impone precisamente porque no requiere del complejo, largo y bastante tedioso proceso del análisis racional.

No es difícil detectar estos momentos de irracional emocionalidad en las votaciones masivas cuando éstas de pronto se apartan de lo esperado por los diseñadores de campañas. En los últimos tiempos, hemos sido testigos de varios procesos que no salieron en absoluto como racionalmente se esperaba. Uno de ellos sucedió el 23 de Junio de 2016 cuando, contra las expectativas más difundidas, el 51,8% de los ingleses votó por abandonar la Unión Europea. [5] La otra gran "sorpresa irracional" fue la elección norteamericana de noviembre del mismo año que, contra todos los pronósticos y todas las encuestas [6], le dio la presidencia a Donald Trump por sobre Hillary Clinton. Y estos dos ejemplos por cierto que no agotan el tema.

Lo cómico es que la mayoría de los sesudos intelectuales de la democracia interpreta estos casos de rebeliones emocionales como una falla de la democracia. Cuando se produce alguna de estas situaciones es bastante frecuente que los grandes analistas oficiales de repente recuerden y repitan hasta el hartazgo que también Hitler accedió al poder por la vía del voto democrático del pueblo alemán. Para los demócratas, el problema con esto es que así el famoso apotegma de "vox populi, vox Dei" pierde buena parte de su poder de convicción pues obliga a admitir – bien que a regañadientes – que, a pesar de todo, el pueblo, lamentablemente, a veces se equivoca; que el ciudadano puede votar mal por ignorancia y que siendo ignorante no es apto para el ejercicio de la "verdadera" democracia para la cual, como quería el inefable Domingo Faustino Sarmiento, primero habría que "educar al soberano".

El otro recurso al cual también suelen recurrir los analistas oficiales es el apelar a la comunicación. Según esta teoría, cuando prima la irracionalidad emotiva frente a la (al menos supuesta) racionalidad de una determinada propuesta, lo que sucedió no fue una equivocación del pueblo soberano sino un error de comunicación de parte de quienes presentaron la propuesta. De acuerdo con esta línea argumental no es que el estimado pueblo soberano no pudo entender la cuestión por su complejidad y por la multiplicidad de sus factores. No. Lo que sucedió fue que la propuesta estuvo "mal comunicada" y se prestó a un sinnúmero de confusiones y dudas. Con ello queda un poco a salvo lo del "vox populi, vox Dei" pero, en contrapartida, surge la pregunta de cómo explicarle el impacto de una deuda colocada a interés compuesto en dólares a alguien que en materia de aritmética apenas si domina las cuatro operaciones fundamentales y no tiene ni la más mínima noción acerca de cómo se establece internacionalmente el valor del dólar.  Es como si a alguien  le dieran diez minutos para explicarme – a mí, que soy una nulidad total en materia de química – la estructura molecular y la temperatura de transición vítrea de los polímeros.

Sea como fuere, el mensaje concreto es que en algunos casos no habría motivos para respetar demasiado el veredicto de las urnas. Lo cual, por supuesto, abre las puertas para que, de hecho, la democracia se convierta en la dictadura de los demócratas.

La dictadura democrática

La cuestión es que, si esto es así, no solamente tendremos que mandar de paseo el dogma de la infalibilidad del pueblo soberano sino también la teoría repetida ad nauseam que postula a la democracia como el mejor de todos los regímenes políticos inventados por el ser humano. Porque lo que en realidad ha sucedido en la cuna misma de la democracia liberal es exactamente lo que, ya hacia la primera mitad del Siglo XX, H.L. Mencken pronosticó mediante la cita que encabeza esta nota.

Si el resultado final de la democracia es una figura como George W. Bush, Barack Obama o Donald Trumpo – siendo este último una figura que ya los medios masivos del propio régimen ridiculizan, denuestan y caricaturizan (muy probablemente incluso más allá de lo que el tipo en verdad se merece) – entonces no hay forma de negar que hasta en la primera democracia del mundo la masa amorfa de votantes no es capaz de hacer una selección crítica entre las diferentes ofertas electorales y, desconfiando de lo que racionalmente no puede entender, termina votando por caprichosos impulsos emocionales y no por una serena y profunda reflexión racional que, de todos modos, es incapaz de realizar y que, aun si fuese capaz, no podría concretar porque el aparato de difusión masiva no solo le retacea información esencial sino que lo desinforma con cataratas de chismografía irrelevante.

Y no es que un análisis racional de los datos concretos y veraces hubiese llevado al electorado norteamericano a votar por Hillary Clinton en lugar de Donald Trump. En absoluto. Siendo que el voto no es obligatorio en los EE.UU. un análisis racional de la realidad objetiva hubiera hecho que los votantes se quedaran tranquilamente en su casa, sabiendo que ambas opciones eran igualmente nefastas, tanto para Norteamérica como para el mundo entero. O, quizás, más drásticamente todavía, ese análisis racional hubiera evitado que sujetos como la Clinton o Trump llegaran a ser candidatos en absoluto.

Y con esto se cierra el círculo de la ridiculez. Porque si el establishment mismo considera que Donald Trump es un payaso pero, simultáneamente, acusa de conspiranoicos o profetas del odio a todos los que se atreven a señalar que un sujeto así no puede ser el verdadero presidente de los EE.UU. y, puesto que a pesar de ello la política norteamericana a nivel mundial e interno no ha cambiado para nada en lo esencial desde que el denostado "payaso" es presidente, forzoso es reconocer que, detrás del "payaso" tiene que existir un Poder Real que hace funcionar al país tanto en lo interno como en lo internacional, sin importar quién es el payaso (o la payasa) que ocupa el Salón Oval de la Casa Blanca.

Nadie con un mínimo básico de experiencia política puede creer que un perfecto inútil como George W. Bush gobernó realmente a los EE.UU. así como hoy nadie puede tomar en serio a un Donald Trump que se pelea con Kim Jong-un para ver quién tiene el botón nuclear más grande. En su oportunidad, nadie con un mínimo de conocimiento de política internacional pudo creer que la decisión de invadir Iraq, con el pretexto de las (inexistentes) armas de destrucción masiva de Sadam Husein, fue una decisión personal de Bush. Como que también es más que evidente que la persistente e insistente campaña mundial orquestada para demonizar a Irán no es la consecuencia de la voluntad popular de pueblos cuya enorme mayoría no sabría ubicar a Teherán en el mapa.

El democrático cowboy matón y el autoritario patotero coreano
discuten sobre quién tiene el botón nuclear más grande.
De modo que, por un lado tenemos al pueblo que, como conjunto teóricamente soberano, no está en condiciones de tomar decisiones relacionadas con las enormemente complejas cuestiones sociales, políticas y económicas que plantea la realidad. O sea: por un lado hay una masa de electores que elige a sus representantes esencialmente por caprichosas filias o fobias, con lo que terminan detentando el poder formal monigotes, payasos o meros demagogos.  Por el otro lado, sin embargo, los países supuestamente gobernados por estos payasos de algún modo siguen su rumbo – a lo sumo con algunos altibajos fácilmente controlables. El resultado es que, en el mediano/largo plazo, muy pocas cosas se apartan de la estrategia globalizadora del Nuevo Orden Mundial, a pesar de la inocultable ineficacia o corrupción de los gobernantes y la no menos inocultable ignorancia de las masas que viven con la nariz pegada al televisor.

Para entender la situación real resulta forzoso admitir tres cosas:

1)- Las masas electorales ni tienen suficiente información para tomar decisiones racionalmente bien fundadas, ni tienen tampoco – estadísticamente hablando y como conjunto – la capacidad para analizar y comprender los complicados problemas que aquejan al mundo y a las naciones de una estructura globalizada. En consecuencia, elijen a sus representantes por filias o fobias irracionales –  ya sean personales o ideológicas  –  que no garantizan en absoluto ni la idoneidad ni mucho menos la honorabilidad de los representantes electos.

2)- A su vez, los políticos que teóricamente deberían regir nuestros destinos no los rigen en absoluto por la sencillísima razón de que no tienen suficiente poder para ello y, aun si lo tuvieran, serían demasiado ineptos como para ejercerlo.

3)- Si a pesar de ello la estrategia del Nuevo Orden mundial globalizado se va cumpliendo de un modo o de otro en todo el planeta, es obvio que detrás de las bambalinas del poder formal existe un Poder que se encarga de llevar adelante una planificación estratégica decidida por fuera del circuito institucional de los partidos políticos,  sus candidatos y las campañas electorales.

Admitámoslo: la democracia no es lo que parece. 

Es lo que no parece ser.

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NOTAS
1)- H.L. Mencken, On Politics: A Carnival of Buncombe
2)- Cf. Diccionario de la Real Academia Española:
3)- Cf. Denes Martos, Los Atenienses, pág. 78
4)- Cf. Gustave Le Bon, Psicología de las Masas, La Nueva Editorial Virtual, 2014
5)- Votos a favor del "Brexit": 17.410.742 - Votos a favor de permanecer: 16.577.342 -  Total de votos: 33.577.342 -  Participación: 72% Cf. http://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-36484790
6)- Y tengo que ponerme el sayo porque me cabe ya que yo mismo me equivoqué en el pronóstico. Durante muchos años venía acertando quién sería el ganador de las elecciones norteamericanas averiguando simplemente quién había puesto más plata en la campaña. En el caso de Trump/Hillary me falló. La Clinton puso muchísima más dinero en la campaña y gozó de un apoyo muchísimo mayor de parte del establishment norteamericano y, sin embargo, Trump con su estilo de matón yanqui y su pseudonacionalismo de "America First" ([Norte]América Primero) se ganó más simpatías que la políticamente correcta y aséptica Hillary Clinton.



miércoles, 20 de diciembre de 2017

FELIZ NAVIDAD Y UN BUEN AÑO NUEVO

A todos mis amigos y lectores, les deseo una feliz Navidad y un muy próspero nuevo año.

¡Gracias a todos por leerme y acompañarme!



domingo, 10 de diciembre de 2017

PREGUNTAS QUE YA NADIE HACE (I)

La sola idea de que una cosa cruel
pueda ser útil es ya de por sí inmoral.
Cicerón

Ningún hombre conoce lo malo que es
hasta que no ha tratado de esforzarse por ser bueno.
Sólo podrás conocer la fuerza de un viento
tratando de caminar contra él, no dejándote llevar.
C.S. Lewis

¿Es usted un demonio? Soy un hombre.
Y por lo tanto tengo dentro de mí todos los demonios.
Gilbert K. Chesterton


El mal existe, pero no sin el bien,
como la sombra existe, pero no sin la luz.
Alfred de Musset


Hace ya un tiempo atrás, mi amigo en Facebook, Nito Sosa (https://www.facebook.com/nito.sosa.56), publicó la siguiente nota:
"ALGUNAS PREGUNTAS QUE EL HOMBRE MODERNO YA NO SE HACE Y QUE SON NECESARIAS PARA SABER SI EVOLUCIONAMOS O INVOLUCIONAMOS.
¿Hemos perdido la noción del bien y del mal?
¿Qué es lo que está bien y que es lo que está mal? ¿Cuál es el parámetro para medir lo bueno y separar lo malo? ¿Por qué el hombre hace más fácilmente lo malo que lo bueno? ¿Por qué el mundo se hace invivible con el mal? ¿Quién determina lo que está bien y lo que está mal? ¿Existe el bien absoluto? ¿Existe el mal absoluto? ¿La palabra define al bien y al mal? ¿El bien es relativo? ¿El mal es relativo? [¿QUÉ ES LA VERDAD?] ¿La verdad está vinculada al bien? ¿La mentira está vinculada con lo malo? ¿La verdad puede hacer el mal? ¿La mentira puede hacer el bien? ¿La verdad nos hace libre y la mentira nos esclaviza? ¿Existe la libertad en forma absoluta? ¿La libertad es buena? ¿La libertad es mala? o... ¿La libertad puede ser buena y mala a la vez? ¿El pueblo define a la verdad? ¿La mayoría popular define a la verdad? ¿La minoría popular define a la verdad? ¿El pueblo tiene la verdad? ¿Existe la moral? ¿Existe la ética? ¿Nos hemos olvidado de ambas o fueron borradas de la cultura del pueblo? ¿Qué son las virtudes? ¿Se habla hoy de las virtudes? ¿Existe el bien común? ¿Existe un pensamiento común? ¿Existe un hombre sobrenatural o simplemente somos parte de una escala biológica? ¿Pensamos como seres inteligentes o somos parte de un hombre masificado?
"
Después de leer todas estas preguntas se me ocurrió que constituían casi el índice de un ensayo sobre el cual bien valdría la pena trabajar. Le pregunté entonces si podía utilizar sus preguntas como guía para tratar de hallar algunas respuestas o, por lo menos, algunas aproximaciones a una respuesta. Nito es generoso: me respondió que sí.

El resultado parcial es esta primera parte del ensayo. Espero poder completarlo en entregas subsiguientes hasta agotar las preguntas planteadas.

Y también espero con toda sinceridad que Nico no se arrepienta de haberme permitido usar su nota como índice .... 😇
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1)- El Bien y el Mal

¿Hemos perdido la noción del bien y del mal?


Probablemente no hemos perdido la "noción" como tal, es decir: como concepto. En términos generales y salvo grupos marginales completamente enfermizos y hasta humanamente degradados, seguimos siendo conscientes de que hay cosas aceptables porque "están bien" y cosas inaceptables porque "están mal". 

Lo que hemos tergiversado son los valores asociados a varias actitudes y comportamientos; valores que a su vez correlacionan con las virtudes esenciales tradicionalmente inherentes a nuestra civilización y cultura. Esa tergiversación hace que acciones morales que antes se rechazaban y se consideraban disvaliosas, hoy se aceptan, ya sea por un relativismo que se niega a emitir juicios de valor estrictos, ya sea mediante un permisivismo que declara de antemano la neutralidad y hasta la indiferencia ético-moral, ya sea a causa de una deliberada inversión de valores por la cual se propone considerar como un Bien lo que tradicionalmente la cultura de Occidente siempre concibió como un Mal y viceversa."

San Jorge y el dragón

¿Qué es lo que está bien y qué es lo que está mal?

Como es sabido, se han ensayado múltiples respuestas a esa pregunta. Sin embargo, si uno analiza el conjunto de estas respuestas, no es difícil aislar al menos cuatro criterios básicos principales: el criterio utilitarista, el teológico, el filosófico-metafísico y un último que quizás podríamos llamar ecléctico, en el sentido original del término. [1] 

Utilitarismo

Un enfoque posible es el del utilitarismo según el cual el Bien es lo útil, lo que "hace bien" o "conviene" y el Mal es lo que "no conviene" o "hace daño".  Por ejemplo, Fernando Savater propone una definición completamente utilitarista, muy en línea con los filósofos ingleses del S. XIX:
"... entre todos los saberes posibles existe al menos uno imprescindible: el de que ciertas cosas nos convienen y otras no. No nos convienen ciertos alimentos, ni nos convienen ciertos comportamientos, ni ciertas actitudes (...) De modo que ciertas cosas nos convienen y a los que nos conviene solemos llamarlo "bueno" porque nos sienta bien; otras en cambio nos sientan pero que muy mal y a todo eso lo llamamos «malo».  [2]
Si esto fuese totalmente cierto podríamos afirmar simplemente que "bueno es lo que me sirve y malo es lo que no me sirve" o, dicho en otras palabras, "lo útil es bueno, lo inútil es malo". Todo el arte, toda la filosofía, toda la ciencia, todo el saber humano, en suma, quedaría así englobado por un criterio de utilidad, o de mera conveniencia, o hasta de simples "gustos" – algo, dicho sea de paso, bastante común en las morales básicamente ateas.

Sería simple si fuese posible. Desgraciadamente, no es tan sencillo. Áreas enormes del saber han sido, afortunadamente, desarrolladas mucho antes de que supiésemos realmente si nos convenían o no nos convenían.  Y muchas otras resultaron parcialmente convenientes pero también parcialmente inconvenientes en proporciones diversas. Si los esposos Curie se hubiesen planteado la ética desde la óptica del señor Savater, probablemente ni hubieran empezado sus trabajos sobre la radiactividad y hoy quizás no sabríamos aprovechar la energía nuclear. Si la conveniencia, o la utilidad, es lo que diferencia al Bien del Mal, ¿dónde ponemos todas las cosas de las que, en realidad, no tenemos ni idea si son - o no - "convenientes"; si serán - o no - "útiles" algún día? Y si solo es bueno lo que "nos gusta" ¿dónde ponemos todas aquellas cosas que no nos gustan para nada pero que tenemos que hacer igual porque el dejar de hacerlas genera consecuencias mucho peores que el hacerlas?

Ni hablemos del hecho que, en términos de conveniencia utilitarista, algo puede ser bueno y malo al mismo tiempo, como en el caso mencionado de la energía nuclear. Además, lo "malo" para el individuo puede ser "bueno" para la comunidad en la que vive. Es la diferencia que señala Max Weber cuando habla de la "ética de las convicciones" y la "ética de la responsabilidad". [3] El "bien" de la primera no siempre coincide con el "bien" de la segunda. Una persona que siempre responde a una agresión con una trompada puede eventualmente ser acusada de agresiva e intolerante. Esa misma persona siendo un Ministro de Defensa, si no responde a la agresión de una potencia extranjera podría ser procesada por incumplir sus deberes de funcionario público.

Teología

Otro enfoque viable es el teológico. Aquí el problema reside en que nos resulta imposible imaginarnos a un Dios único todopoderoso pero malo. Las religiones monoteístas están casi lógicamente forzadas [4] a concebir a Dios como un Ser bueno puesto que la alternativa inversa conduciría inevitablemente a una doctrina de desesperación. Si Dios fuese malo, estaríamos condenados; no tendríamos salvación posible e incluso nos resultaría imposible explicar por qué, siendo todopoderoso, ese Dios Malo permite determinadas manifestaciones del Bien que resultan imposibles de negar, al menos en algunos casos. Sucede, sin embargo, que las teologías que sostienen la existencia de un Dios Bueno, todopoderoso y omnisciente, enfrentan el mismo problema pero a la inversa. ¿Por qué Dios permite el Mal cuyas manifestaciones son imposibles de negar, también en al menos algunos casos?

Quizás el planteo más fuerte de esta cuestión esté reflejado en la llamada "Paradoja de Epicuro" [5] que, en lo sustancial, se puede enunciar así:

"¿Está Dios dispuesto a erradicar el Mal pero no puede?
Entonces no es omnipotente.
¿Puede hacerlo pero no está dispuesto?
Entonces no es bueno.
¿Es capaz y además está dispuesto?
Entonces, ¿de dónde proviene la maldad?
¿No es capaz y tampoco está dispuesto?
Entonces ¿para qué llamarlo Dios?

Esta paradoja, que todavía goza de gran popularidad entre los ateos aun a pesar de los 1.800 y pico de años de haber sido formulada, ha sido rebatida  de varias formas no solo por los teólogos católicos y cristianos en general sino incluso por filósofos paganos griegos y romanos. 

Probablemente la tesis más sólida es la que gira alrededor del pensamiento de tres grandes pensadores de Occidente, grecorromano el primero y cristianos católicos los otros dos:  Plotino (205-270) , San Agustín (354- 430) y Santo Tomás (1224-1225). Por de pronto, ya en la doctrina de Plotino el Mal debe buscarse en el "no-ser", es decir: no está en Dios (el Uno), ya que éste es el Bien Supremo, lo cual excluye al Mal en forma terminante y necesaria [6]. Así, según la doctrina plotiniana el Mal no es sustancial, sino ausencia de ser. El Mal no sería una cosa sino la ausencia de otra cosa que es el Bien.

Algo así como un siglo y medio después de Plotino, esta idea es retomada por San Agustín quien, luego de abandonar su inicial maniqueísmo, [7] desarrolla y amplía el tema incorporándole al menos dos factores esenciales: el del libre albedrío otorgado por Dios al Hombre y el de la Caída, es decir: la desobediencia del Hombre al mandato de su Creador tal como está relatado en la narración de la desobediencia de Adán y Eva y la expulsión del paraíso terrenal.

En el pensamiento de San Agustín, el Mal puede adoptar tres dimensiones.

  • El Mal metafísico. Basándose en la metafísica de Platón, San Agustín argumenta que no existe el Mal cósmico. Si en ocasiones nos parece lo contrario es porque, si aplicamos un criterio egoísta y utilitarista, terminamos juzgando al Bien y al Mal desde la óptica de nuestras propias conveniencias inmediatas. Si algo nos es útil lo damos por bueno; si creemos que no nos conviene, lo damos por malo, siguiendo el criterio utilitarista ya mencionado.
    Lo que sucede es que, como los humanos no somos omniscientes, nuestro conocimiento del Cosmos es inevitablemente limitado. Fenómenos cósmicos que nos parecen "malos" son, en realidad, acontecimientos inmanentes a la Creación que es un Todo armónico y articulado en el cual nada carece de sentido y de razón de ser. Dado nuestro conocimiento limitado, simplemente sucede que no detectamos ese sentido en su totalidad y no entendemos esa razón de ser de un modo completo. Pero eso no quiere decir que Dios, al crear el Cosmos, le haya agregado a su Creación, por puro capricho, un Mal que podría ocasionar su destrucción. 
  • El Mal moral: que es el producto de una "mala voluntad" en el Hombre, es consecuencia del empleo incorrecto de su libre albedrío cuando antepone el hedonismo (vale decir: el mundo sensible y sus placeres ) al ejercicio de las virtudes que le garantizarían la trascendencia.
  • Y, finalmente, el Mal físico (dolor, enfermedades, muerte) que San Agustín entiende como consecuencias de la Caída [8] y del Mal moral. 
Unos ocho siglos después, otro gran teólogo de la Iglesia Católica – Santo Tomás de Aquino – sistematizó los principios de San Agustín y los desarrolló extensamente. Es imposible exponer aquí el pensamiento de Santo Tomás en detalle ya que ello requeriría, sin exagerar, no un libro entero sino muy probablemente más de uno. Solo podemos indicar que, así como San Agustín incorporó a la cultura cristiana católica buena parte del pensamiento de Platón, Santo Tomás hizo lo mismo con Aristóteles habiendo ambos aceptado el razonamiento central de Plotino, al menos como punto de partida.

De este modo se creó un enorme cuerpo filosófico y teológico que alimentó la cultura de Occidente durante muchos siglos. Todos los argumentos de esta extensa y profunda doctrina desembocan, finalmente, en la demostración que el Mal no reside, no puede residir, en Dios y que, por lo tanto, el Mal en el cosmos no puede emanar de su Creador. El Mal, según Santo Tomás, proviene principalmente de la ausencia o negación del Bien. Por lo tanto, no existe un summum malum, equiparable al summum bonum que es Dios.

Y en cuanto a la Paradoja de Epicuro, probablemente uno de los mejores argumentos que se le pueden oponer es el esgrimido por C.S.Lewis quien sencillamente (y no sin una buena dosis de sutil humor) se limita a señalar que a Dios se le pueden pedir muchas cosas, pero no se le pueden exigir disparates. Porque la omnipotencia de Dios:

".... significa poder hacer todo lo que es intrínsecamente posible, no lo que es intrínsecamente imposible. A Dios se le pueden atribuir milagros, pero no disparates; y esto no limita su poder. Si usted elige decir »Dios puede dar libre albedrío a una creatura y negárselo a la vez«, no ha logrado decir nada acerca de Dios. Las combinaciones de palabras sin sentido no adquieren súbitamente sentido por anteponerles las palabras »Dios puede«.  Que con Dios todo es posible continúa siendo verdadero; las imposibilidades intrínsecas no son más que inexistencias. El llevar a efecto dos alternativas que se excluyen mutuamente no es más posible para Dios que para la más débil de sus creaturas; no porque su poder encuentre obstáculos, sino porque el disparate sigue siendo disparate aun cuando nos refiramos a Dios." [9]

Filosofía y Metafísica


Mas allá del territorio de la teología podemos encontrar también concepciones interesantes en algunas filosofías dualistas. En varias de estas filosofías hallamos una observación notable y básicamente innegable: el Cosmos, el Universo, contiene un sinnúmero de polaridades opuestas que se mantienen en un equilibrio relativamente estable. Desde el microsistema del átomo con sus electrones de carga negativa girando alrededor de un núcleo de carga positiva, hasta los macrosistemas astronómicos de planetas que giran alrededor de soles, básicamente según el mismo principio; desde sistemas de reproducción sexuada de la vida con sus gametos masculinos y femeninos, hasta propiedades físicas duales tales como p.ej. frío-calor, estabilidad-inestabilidad, predictibilidad-aleatoriedad, estática-dinámica, etc. etc. los ladrillos mismos del Universo material parecerían venir en combinaciones de elementos opuestos en los que la presencia de un elemento ya nos haría sospechar la existencia de su contracara. De este modo, no es imposible concebir al frío, no ya como la ausencia sino como la contracara del calor, la estática como la alternativa opuesta a la dinámica, la estabilidad como un sentido favorable y la inestabilidad como un sentido opuesto al equilibrio y así sucesivamente.

En Occidente, el dualismo se halla presente en varias filosofías de la antigüedad griega. Se encuentra en la escuela pitagórica, muy probablemente tomada del Zoroastrismo persa, cuna del maniqueísmo teológico. Aparece en Anaxágoras con el nous [10] y el caos; en Leucipo y Demócrito con la noción del vacío y los "átomos" [11]; en Platón con la idea del mundo de las ideas y el mundo de la materia, idea que resurgirá en San Agustín. También aparece en Empédocles de Agrigento con su dualidad entre la amistad y el odio que es precisamente la que toma Aristóteles interpretándola como la bipolaridad del Bien y del Mal y que reaparecerá en la teología de Santo Tomás de Aquino 1600 años más tarde.

Interesante, también, es que el dualismo de las bipolaridades está presente en varios sistemas orientales – como p.ej. el budismo o el taoísmo – que normalmente se consideran religiones pero que en realidad de verdad, al carecer de una verdadera teodicea y de una teología en sentido estricto, más que religiones son filosofías de vida altamente espirituales.

Pero lo más interesante en todo caso, es que el fenómeno de la polaridad es detectable más allá del mundo físico tangible. El fenómeno de la bipolaridad "amigo-enemigo" detectada por Carl Schmitt en el ámbito político [12] después de haber hallado bipolaridades similares también en prácticamente todas las disciplinas humanas, es un reflejo de este fenómeno que está presente no sólo en lo físico sino incluso en el ámbito de lo meta-físico. No solo lo encontramos en cosas que se pueden ver, medir y tocar sino en fenómenos que no tienen una existencia material concreta y mensurable.

Por todas partes, especialmente en las áreas más importantes del saber, hallamos bipolaridades del tipo vida-muerte; verdad-mentira; realidad-irrealidad; cero-infinito; positivo-negativo; armonía-cacofonía; evolución-involución; florecimiento-marchitamiento... la lista es larga y en ella, como ya lo habrá adivinado el lector, es perfectamente posible incluir la bipolaridad del Bien y del Mal.

Por supuesto, no se trataría ya de dos dioses opuestos combatiéndose en forma permanente como lo proponía la teología maniquea. Muchos menos se trataría de la obra de un Dios malo como se lo llegan a imaginar ciertas sectas satánicas moralmente perversas. De lo que se trata es del concepto elaborado por algunas filosofías y expresado en la fórmula oriental del "ying-yang" que, dicho sea de paso significa "oscuro-radiante" o bien, si se quiere, tinieblas-luz.



A fin de manejar estos conceptos en forma adecuada, hay, sin embargo, algunas precisiones que deben ser tenidas en cuenta. Por de pronto, los términos de la dualidad no son excluyentes sino coexistentes siendo que, además, esta coexistencia está dada por una dependencia recíproca. En una cuestión de honor, la honestidad y la deshonra no existen por separado; la honestidad siempre estará amenazada por la deshonestidad que la menoscaba y la deshonra siempre estará mantenida a raya por la honestidad que le pone un freno. Ambos elementos no solamente forman parte de una misma cuestión sino que se hallan en una relación dinámica recíproca. Y la dualidad no desaparece ni siquiera en el supuesto caso de esa persona idealmente honesta que a algunas mentes románticas les gusta imaginar, porque la tentación del deshonor – o mejor dicho: la tentación de las ventajas inmediatas que pueden producir las acciones deshonrosas – siempre estará presente y requerirá una constante actitud de honestidad afirmativa incluso de parte de la persona más honesta del mundo.

Cuando Fouché [13] dijo que "todo hombre tiene su precio" su ironía quizás quiso dar a entender que todos somos esencialmente corruptos; algo que en clave de sarcasmo quizás no se discutiría pero todos sabemos que no es tan así. Además, la cita, puesta de este modo, está incompleta. La frase termina con "... lo que hace falta es saber cuál es" (ese precio). Y con eso nos aproximamos un poco más a la realidad porque algunos por $100 harían cualquier cosa que otros no la harían ni por $10.000.  Pero el que haría "cualquier cosa" por $100 quizás no haría algunas cosas puntuales ni por $1.000.000.  Con lo que resulta que quizás todos seamos corruptibles – en alguna medida y en cuanto a ciertas cuestiones – pero no todos somos absolutamente corruptos en cualquier medida y para cualquier cuestión. Quizás todos estaríamos dispuestos, en principio, a "retocar" un poco nuestras declaraciones juradas para pagar menos impuestos, pero ¿cuántos matarían a sus hijos o a su propia madre por dinero?

Resumiéndolo todo


Como puede apreciarse, el tema no es nada fácil. Posee muchas aristas y sutilezas nada simples ni sencillas de analizar. Uno lo comprende estudiando, por ejemplo, la muy buena obra "Enfrentar el Mal" de János Kékes  que comienza con la afirmación:

"Partiré de la base que el mal es un daño inmerecido infligido a seres humanos. Hay mucho más para decir a fin de precisar esta idea pero la fórmula – el mal como daño inmerecido – servirá como punto de partida."

Y después necesita todo un libro de 355 páginas para ampliar este "punto de partida". [14]

Con todo, hay al menos dos cosas a las que entiendo que valdría la pena prestar un poco de atención. Una es el libre albedrío con el que estamos dotados nosotros, los seres humanos, y que es una de las características – y acaso LA característica – que más nos diferencia de los animales. La otra es la bipolaridad metafísica detectable en todo el Cosmos.

En la metáfora del Jardín de Edén no es ninguna casualidad que el árbol de la "fruta prohibida" sea justa y precisamente el árbol del conocimiento del Bien y del Mal. Ni tampoco es casualidad que la alegoría sitúe ese árbol justo en medio del Jardín de Edén: "... Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles deleitosos a la vista y buenos para comer, y en medio del jardín, el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal." [Génesis, 2,9]

Con  lo cual tendríamos en realidad dos árboles en el centro del jardín, pero dejemos eso de lado por el momento. La cuestión es que – otra vez, no por casualidad – la prohibición rigió justo y solamente para el árbol de la ciencia del bien y del mal: "Y Dios impuso al hombre este mandamiento: «De cualquier árbol del jardín puedes comer, mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás... »" [Génesis, 2,16-17]

¿Qué significa esto? Pensémoslo un poco. Tratemos de interpretar la esencia de la metáfora según la cual Dios crea al Hombre a su imagen y semejanza, lo pone en el Jardín de Edén y en el centro de ese jardín pone dos árboles – el de la vida y el de la ciencia del Bien y del Mal – prohibiéndole al Hombre comer de los frutos del segundo árbol.

¿Qué tenemos aquí? Tenemos a un Hombre creado a imagen y semejanza del Creador al que se le prohíbe comer un fruto. Si se le prohíbe, es porque podría comerlo... si quisiera. No tendría sentido prohibirle hacer algo a alguien que no puede hacer lo que se le prohíbe. Sería como si alguien me prohibiese a mí vivir bajo el agua como un pez o volar como un pájaro agitando los brazos. De modo que el Hombre fue creado con libre albedrío, es decir: podía elegir entre obedecer la prohibición divina y desobedecerla. Y todos sabemos en qué terminó la historia: Adán desobedeció. Pudiendo elegir entre la obediencia y la desobediencia, eligió la desobediencia.

Pero, además de tener un Hombre con libre albedrío, tenemos también un árbol de la ciencia del Bien y del Mal que directamente no tendría sentido si el Mal no existiera, del mismo modo en que tampoco tendría sentido la prohibición de comer de su fruto.  De esta forma a uno no le queda más remedio que admitir que el Mal preexistió a la Caída. Y si existió antes de la desobediencia del Hombre, no queda más remedio que asumir que el Mal – o lo que consideramos como "el Mal" – ha sido permitido por Dios en la Creación, sea por las razones que fueren y que solo Él sabe cuáles son. 

No es que hay dos dioses, uno bueno y otro malo como lo imaginaron los antiguos persas y lo retomó el cristianismo maniqueo. Hay un solo Creador y no es un Creador malo. Es un Creador justo. Creó un Cosmos que se mantiene en equilibrio dinámico gracias a sistemas de dualidades coexistentes; creó un Hombre con libre albedrío y, por lo tanto, con la capacidad de elegir entre cualquiera de los dos términos de un sistema dual. Y luego nos prometió que juzgará al Hombre según sus elecciones y su comportamiento. El Hombre del Génesis pudo elegir entre obedecer o desobedecer el mandato divino. Eligió desobedecer y la justicia divina lo sancionó por eso. La Caída no fue más – ni menos – que la consecuencia justa e inevitable de una elección equivocada por parte del primer Hombre.

Dios no es malo, es justo. Nos ha dado el libre albedrío para que podamos elegir. Ha creado sistemas duales o bipolares con lo que nuestra elección puede tener un mérito o un demérito. Y después nos juzgará de acuerdo a, precisamente, nuestros méritos y deméritos; de acuerdo a nuestras fortalezas y debilidades; de acuerdo a nuestras virtudes y nuestros vicios. ¿Puede haber algo más justo que eso?

Combatir el Mal


Con todo lo anterior, la gran pregunta de cómo hay que hacer para luchar contra el Mal tiene varias respuestas. Una de ellas, quizás algo parcial pero directa y práctica, nos dice que para mantener al Mal lo más controlado posible y lo más apartado posible de nosotros, lo mejor que podemos hacer es ejercer, en la mayor medida que podamos, las dieciséis virtudes que he tratado con cierta extensión en trabajos anteriores [15 ] y que forman parte indisoluble de la tradición ética, moral y cultural de Occidente. 

Practicando el honor podemos librarnos del deshonor; ateniéndonos a la verdad nos alejamos de la mentira; siendo leales evitamos la deslealtad y la traición; procediendo con disciplina evitamos el desorden;  manteniendo la perseverancia nos libramos de los males de la inconstancia.

Dedicándonos a la laboriosidad del trabajo nos alejamos de la esterilidad de la haraganería ociosa; afirmando nuestra libertad evitaremos el destino de los esclavos; defendiendo nuestra libertad y nuestras verdades con valentía no caeremos en la ignominia de la cobardía y practicando la solidaridad con verdadera caridad combatiremos no solo el desamparo y la indiferencia sino incluso la enfermedad del materialismo clasista.

Por otro lado, cultivando la sabiduría de la prudencia sabremos distinguir justamente el Bien y el Mal y nos alejaremos de la insensatez.  Ejerciendo la equidad en materia de justicia no incurriremos en la iniquidad de lo injusto. Desarrollando la fortaleza de nuestra valentía nos aseguraremos de reducir al mínimo la posibilidad del fracaso de nuestros propósitos y adoptando la templanza en nuestros deseos y placeres tendremos la suficiente sobriedad como para no caer en el hedonismo y en la compulsiva persecución de lo superfluo.

Finalmente, la fe le dará un sentido elevado a nuestra vida y nos protegerá del descreimiento y de las relativizaciones abusivas. La esperanza nos abrirá las puertas de la trascendencia y nos protegerá de la desesperación. Y la caridad hará que nuestra solidaridad sea sincera con lo que nos alejaremos del egoísmo y la hipocresía.

Aun cuando este enfoque no agota el tema por completo, en muchos sentidos

el Mal no es sino la consecuencia de la violación de una virtud.

Por eso es que una de las mejores y más directas formas de enfrentar el Mal es cultivando nuestras virtudes. Porque de eso depende el predominio del Bien.

No estará en nuestro poder destruir el Mal para siempre. Pero por un lado, con el libre albedrío que nos ha concedido el Creador, podemos no elegirlo.  Y si actuamos con valentía, sabiduría y perseverancia, podremos también evitar el ser gobernados por personas que sí lo han elegido.

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NOTAS


1)- "Ecléctico" viene del griego ἐκλεκτικός (eklektikos), que significa literalmente "elegir el mejor" y de ἐκλεκτός (eklektos), que quiere decir "escogido", "elegido". La idea general es no desechar  escuelas de pensamiento diferentes en favor de una sola sino de elegir lo mejor de cada escuela y tratar de armar con ello un todo coherente. Utilizado con precaución y en su sentido original, es un buen método para rescatar lo que tienen de valioso propuestas que, consideradas en su totalidad, pueden ser disímiles. En su versión desmedida y exagerada, sin embargo, se pierde la condición de coherencia y lo que se obtiene es solamente un conjunto contradictorio de ideas contrapuestas.

2)- Savater, Fernando, "Ética para Amador", pág. 6  (Cf. http://blocs.xtec.cat/enraonar/files/2011/08/Etica-para-Amador.pdf   Consultado 14/10/2017 Los resaltados son del autor.

3)- Weber, Max: "La Política como Profesión" Cf. https://drive.google.com/file/d/0B6QXUcoelzmpeVkteHAwMkxya2M/edit

4)- Y digo "casi" porque, en realidad, la esencia de Dios no tiene por qué sujetarse a las reglas de nuestra lógica humana.

5)- Epicuro (filósofo griego 341-270 AC). 

6)- Puesto que, en el caso contrario, el Bien no sería Supremo y el Uno sería insosteniblemente contradictorio ya que albergaría en su ser la posibilidad de su propia destrucción.

7)- El maniqueísmo proponía la existencia de dos Dioses contrapuestos y en constante lucha entre sí. Según esta creencia, el Dios del Bien y el Dios del Mal se estarían disputando el control del mundo. San Agustín, aun cuando al principio se sintió atraído por la idea, terminó rechazándola porque: "La lucha entre las tinieblas y Dios no tiene razón de ser; una de dos: o las tinieblas le pueden hacer algún daño a Dios, y en este caso no sería incorruptible, o no le pueden hacer absolutamente nada , y en este caso la lucha es inútil"
[Cardona Sanchez, Carlos Agustinismo en 20 lecciones Bogotá, Kimpres,2003, p.82 - En Walter Albrecht Lorenzini, El problema del mal en San Agustín, p.2 - Cf. https://es.slideshare.net/Peregrinante/el-problema-del-mal-en-san-agustn]

8)- El Pecado Original luego del cual recién aparecería el Mal físico y el Mal moral.

9)- C.S.Lewis (El problema del Dolor - HarperCollins Español, 2014)

10)- Intelecto, espíritu, inteligencia en la filosofía griega.

11)- Aunque sorprenda a algunos, ya en la Grecia antigua podemos hallar la teoría atómica en versión embrionaria.

12)- Schmitt, Carl El Concepto de lo Político  Cf. Lanuevaeditorialvirtual.blogspot.com (https://drive.google.com/file/d/0B6QXUcoelzmpMGlMUHplWFFSR3c/edit)

13)- Joseph Fouché (1759-1820) - Ministro de la Policía de Napoleón durante los períodos 1799-1802 y 1804-1811.

14)- Cf. János Kékes, "Enfrentar el Mal", www.lanuevaeditorialvirtual.blogspot.com, 2014.
 https://drive.google.com/file/d/0B6QXUcoelzmpMFh5T0pqODRNZTQ/edit

15)- Denes Martos,
"El Camino y las Virtudes"
https://denesmartos.blogspot.com.ar/2017/10/el-camino-y-las-virtudes.html
"Las Nueve Nobles Virtudes"
https://denesmartos.blogspot.com.ar/p/blog-page.html


domingo, 19 de noviembre de 2017

¿GUERRA O TRAGICOMEDIA NUCLEAR?

Dios creó la guerra
para que los norteamericanos
puedan aprender geografía.
Mark Twain

Solo los muertos han visto
el final de la guerra
Platon

Hubo momentos en que la cosa pareció una de esas típicas peleas que se armaban cuando éramos (muy) chicos y en la canchita de fútbol los gallitos de las dos patotitas opuestas amenazaban con agarrarse a las trompadas por un penal discutible o una patada medio dura: "¡Salí de ahí, gordo puto!" - "¡Sacame si sos macho!" - "¡Vení que te muestro lo macho que soy!" - "¡Qué vas a mostrar, cagón, si no tenés con qué!".... y etcétera, etcétera, etcétera, hasta que la cosa terminaba, o bien en una trifulca generalizada, o bien en una de cascotazos, o bien los insultos seguían y al final no pasaba nada fuera de ese eterno recurso del "agarrame que lo mato".

La diferencia es que nosotros en ese momento teníamos cosa de 10 a 12 años, como mucho, y tanto Donald Trump (71) como Kim Jong-un (34) ya son bastante grandecitos como para andar con esas chiquilinadas. Sin embargo, parecería ser que la edad biológica de algunos supuestos líderes políticos no correlaciona demasiado bien con su edad mental.


En respuesta a un discurso de Trump pronunciado en Corea del Sur a principios de Noviembre, Kim le ordenó a su ministro de Relaciones Exteriores que diga: "Comentarios atolondrados de un viejo lunático como Trump nunca nos amedrentarán ni frenarán nuestro avance". [1] A lo cual, ni corto ni perezoso, Trump se mandó en Twitter con: "¿Por qué Kim Jong-un me insultaría llamándome 'viejo' cuando yo NUNCA lo llamaría 'petiso y gordo' ?"  [2] Con lo cual es obvio que a Trump le disgustó lo de "viejo" pero se bancó lo de "lunático" sin chistar. En fin .... cada uno es dueño de elegir el insulto al cual quiere contestar; pero no debería olvidar que el que calla, otorga.

La cosa no rebasaría los límites de lo tragicómico si no fuera por el hecho que estos dos insignes caballeros están jugando con fuego. Desde luego aclaro que no necesariamente es para tomarlo a la tremenda porque ninguno de los dos personajes es tan libre e independiente como parece. Pero cuando se trata de una competencia entre dos ególatras más o menos emocionalmente inestables -- sobre todo si están impulsados por unos bastante mal disimulados complejos de inferioridad -- los resultados pueden ser sumamente impredecibles.

Eso es lo que comienza a preocupar a algunos militares y a varios legisladores demócratas norteamericanos que nunca consiguieron tragarse el sapo que significó la derrota electoral de Hillary Clinton. Y, seamos justos, unos cuantos republicanos tampoco han conseguido deglutir todavía el sapo que les significó el triunfo de un patotero advenedizo como Donald Trump. Aun cuando el patotero surgiese de sus propias filas, ningún republicano con experiencia política esperaba sinceramente que Trump iría a ganar. Nadie consiguió prever (y me incluyo, como mis lectores recordarán) que el elector norteamericano, a pesar del enorme montón de dinero inyectado en la campaña de Hillary, terminaría votando como votó.

Seguramente fue a raíz de esta preocupación que el Comité de Relaciones Exteriores del Senado norteamericano se reunió el martes 14 de Noviembre pasado para analizar la situación y escuchar la opinión de varias personas que están al tanto de los procedimientos instituidos para el empleo de las armas nucleares durante un conflicto bélico. Fue la primer audiencia para tratar la autoridad nuclear del presidente norteamericano en más de cuatro décadas. El resultado, en parte contradictorio, fue bastante frustrante.

El general retirado Robert Kehler, jefe del Comando Estratégico norteamericano entre 2011 y 2013,  intentó poner algo de paños fríos sobre la inquietud declarando que las FF.AA. norteamericanas están obligadas a cumplir las órdenes legales pero no las ilegales, puntualizando que "los principios legales de necesidad militar, diferenciación y proporcionalidad se aplican también al empleo de las armas nucleares." [3] Lo cual implicaba que el Comando Estratégico podría controlar las fuerzas nucleares en caso de guerra. Más aún: ante la pregunta del senador Ben Cardin sobre si eso significaba que el Comando Estratégico podía negarse a cumplir la orden presidencial si ésta no cumplía con los requisitos de proporcionalidad y legalidad, Kehler respondió afirmativamente.

El problema de lo señalado por Kehler es que es cierto, pero hasta por ahí nomás. ¿Qué es una orden "proporcional y legal"? Si el presidente de los Estados Unidos decide disparar armas nucleares, incluso de forma preventiva, y la decisión no es MUY manifiestamente una locura, la orden ES legal y lo de la "proporcionalidad" podría llegar a discutirse hasta el día del Juicio Final.

De hecho, LEGALMENTE no hay nadie que pueda impedir el lanzamiento. No lo puede hacer el Congreso, tampoco el Secretario de Defensa. Tampoco los militares que deben ejecutar la orden. El vicepresidente Dick Cheeney lo explicó claramente en Diciembre de 2008. El presidente de los Estados Unidos "...podría lanzar una clase de ataque devastador nunca antes visto. No necesita la autorización de nadie. No necesita llamar al Congreso. No necesita la autorización del Poder Judicial." [4]

Y la capacidad de control por parte el Comando Estratégico mencionada por el general Kehler es muy escasa si es que, en el marco de sus atributos normales, existe en absoluto. Según el testimonio de Bruce Blair, un ex oficial de lanzamientos de misiles, "... aun si un general de cuatro estrellas, comandante de fuerzas nucleares, creyera que una orden de lanzamiento presidencial es ilegal, no podría detenerla porque la orden le llega a él y simultáneamente también a los equipos de lanzamiento sobre el terreno. Ese comandante podría intentar anular la orden presidencial enviando una contraorden de finalización del lanzamiento. Pero sería demasiado tarde." [5]


Es que el sistema, por necesidad lógica, está diseñado para la rapidez, no para el debate. Los misiles de largo alcance de Rusia disparados desde tierra firme pueden llegar a los EE.UU. en unos 30 minutos. Disparados desde un submarino más cerca de las costas norteamericanas tardarían la mitad de ese tiempo. Descontando los pasos puramente administrativos, el presidente norteamericano tendría menos de 10 minutos para analizar la información disponible, considerar sus opciones y tomar su decisión. [6] Una vez emitida, no hay forma de revertir una orden presidencial. Tampoco se pueden recuperar los misiles una vez lanzados.

Tomando un poco de distancia del tema puntual del control de las armas nucleares, lo que más se destaca en el análisis es la constante, prácticamente ininterrumpida, dura y hasta agresiva campaña de desprestigio con que el propio establishment norteamericano insiste en atacar a Trump. El hombre no será un maestro en el arte de la sutileza; tampoco un gran diplomático y menos todavía una persona sabia, tranquila, razonable y equilibrada. A decir verdad, tiene el típico carácter del fanfarrón norteamericano siempre dispuesto a hacerse respetar a las patadas, a las trompadas o incluso a los tiros. Todo eso es muy cierto, pero no es -- no puede ser -- tan estúpido como algunos de sus propios compatriotas lo quieren hacer aparecer. Si lo fuese, jamás habría ganado los -- literalmente -- miles de millones que ganó y nunca habría llegado a tener la fortuna que tiene. [7]  El tipo podrá ser insoportable y hasta ridículo en cierto sentido. Pero no es ningún idiota.

Lo que sucede es que está en un lugar que no estaba previsto para él y está haciendo (o al menos intentando hacer) cosas que no figuraban en el libreto original. Como señalábamos al principio, el lugar estaba reservado para Hillary Clinton y el libreto incluía sostenimiento de la alianza con Israel, profundización de la participación en los conflictos de Medio Oriente con miras a doblegar a Irán, distanciamiento de Moscú y generación de tensiones controladas para mantener a raya a China.

De este libreto, Trump -- precisamente porque no es tonto y está (literalmente) familiarizado con el lugar de donde sopla el viento del poder -- ha cumplido con el mantenimiento de las "relaciones carnales" de los EE.UU. con Israel. No ha terminado con la participación en los conflictos de Medio Oriente, pero convengamos en que la ofensiva anti-ISIS, si bien razonablemente exitosa, descansa más sobre las espaldas del ejército iraquí que en el involucramiento directo de tropas norteamericanas en situaciones de riesgo siendo que, además, por lo menos de la mitad de esa lucha se encargan los rusos que hacen algo muy similar con las tropas sirias de Bashar Al-Assad. Con lo cual se explica bastante bien que Trump no quiera tocar sus tambores de guerra ante Putin y tampoco quiera involucrarse demasiado en ofensivas contra Irán y Paquistán, países cuyos lazos con los chinos están en un fortalecimiento constante.

Mirándolo desde la estructura del Poder Real que gobierna a los EE.UU. Trump no está haciendo bien los deberes. Ese Poder Real necesita el dominio pleno de Medio Oriente, necesita meter una cuña entre Rusia y China y necesita, sobre todo, recuperar las posiciones de poder que Xi Jinping y Vladimir Putin le han ido esmerilando durante los últimos años. De otro modo, se acabó el mundo unipolar con hegemonía norteamericana surgido después del colapso soviético y volverá a aparecer un mundo bipolar, o tripolar y hasta multipolar si el proceso se descontrola.

Ante esto ¿qué puede hacer el Poder Real que opera desde los EE.UU.? La idea -- o quizás sería más correcto decir: el deseo -- del establishment es tratar de deshacerse de Trump lo más rápido posible. Sí, pero no es tan fácil. Se le podría dar el mismo "tratamiento" que le dieron a Abraham Lincoln, James A. Garfield, William, McKinley y John F. Kennedy pero ese proverbial "loco solitario" que siempre se encargó de matar a ciertos presidentes norteamericanos particularmente urticantes no se consigue en cualquier supermercado. Hay un montón de ellos sueltos por la calle disparándole a cualquier cosa, desde públicos de recitales de música hasta alumnos de escuelas y universidades. Pero una cosa es que existan y otra muy distinta es "orientarlos" a matar a un presidente sin que los "orientadores" dejen estampadas sus huellas digitales. Como alternativa, se le podría dar el tratamiento que le dieron a Nixon, pero armar un Watergate tampoco se hace de la noche a la mañana, sobre todo si Trump no comete un error que justifique un impeachment. Sí. Decididamente, no es fácil. Aunque más no sea porque algunos de estos métodos utilizados en el pasado ya no resultarían demasiado creíbles.

Una idea pudo haber sido darle algo de soga a Kim Jong-un para que lance un par de provocaciones especulando con que, si Trump no contesta, los medios podrían dado el caso etiquetarlo de cobarde (y no hay peor insulto para un fanfarrón norteamericano que el ser llamado "cobarde"). Porque, si no quiere pasar por cobarde, Trump tendría que ordenar un ataque y allí se abriría la opción de la desobediencia analizada por el Comité de Relaciones Exteriores del Senado -- que no por casualidad se reunió justamente para considerarla.


Solo que esa "desobediencia debida" tendría que estar muy bien preparada de antemano ya que una orden presidencial de esa clase, como hemos visto, con el actual procedimiento no se puede desobedecer ni revertir. Existe (en teoría) la alternativa de cambiar el procedimiento por ley pero difícilmente se opte por ese camino. Por un lado, los legisladores demócratas saben que, si cambian la legislación para atarle las manos a Trump, inevitablemente también le atarán las manos al próximo presidente. Por el otro lado los republicanos no estarán muy contentos con Trump pero tampoco dejan de hacer el mismo cálculo. Y mucho menos la limitación de la facultad de pulsar el botón nuclear le agradaría el Poder Real. Bob Corker, republicano, presidente del mencionado Comité del Senado lo ha dicho bien clarito: "No veo una solución legislativa actualmente." [8] 

¿Qué opción se podría considerar entonces?

Asómbrense ustedes: si en este contexto hubiera que frenarlo violentamente a Donald Trump, el modo más expeditivo sería un golpe de estado al más auténtico estilo sudamericano llevado a cabo por unas fuerzas armadas sublevadas cuyos mandos superiores e intermedios se negarían a cumplir una orden presidencial relativa a un ataque nuclear.

Lo realmente irónico sería que, para asesorarse debidamente sobre cómo se hace una cosa así, a los yanquis se les ocurriese pedir asesoramiento a algunos militares argentinos. Porque, lamentablemente para ellos, los verdaderos expertos argentinos, especialistas en golpes militares bendecidos por el Departamento de Estado -- Lonardi, Aramburu, Rojas, Onganía, Lanusse, Videla et all --   están todos muertos. Los muchachos del Pentágono no tendrían más remedio que solicitar el consejo de algún militar africano, como, por ejemplo, el general Constantin Chiwenga de Zimbabwe.

¿Un golpe militar "a la sudamericana" en los Estados Unidos? ¿Es serio esto? ¿Es probable? ¿Es posible?

Vayamos por partes. No. No es serio. Si vamos al caso, tampoco creo que sea demasiado probable. Ahora, en cuanto a que si es posible... considerando la estupidez, la irracionalidad y la histeria generalizada que parecen haberse apoderado del mundo actual, uno estaría tentado de decir que cualquier cosa es posible. Incluso -- y quizás hasta especialmente -- en los EE.UU. en donde la última moda parecería ser la de jugar a los jueguitos electrónicos pero con armas de verdad y víctimas de verdad.

Además, uno también  está tentado de preguntar: ¿por qué lo toleramos? Aunque ésa no sería la pregunta adecuada. La pregunta correcta sería: ¿por qué no podemos impedirlo? La conducción de los asuntos públicos en muchos países está mayoritariamente en manos de unos cretinos corruptos, incapaces, paranoicos, codiciosos, amorales o neuróticos. Varios de ellos sacrificarían sin el menor remordimiento a la mitad de la humanidad con tal de salvar su posición de poder y la de la minoría a la que pertenecen.

Y, si decidieran hacerlo, ¿cómo haríamos para impedirlo?

Por ahora todo esto más parece un sainete que un drama. Pero lo que le quita gracia al sainete es el hecho que en cualquier momento puede convertirse en tragedia.

Por desgracia, si nadie hace nada, eso es exactamente lo que tarde o temprano va a suceder.



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NOTAS
1)- Los Angeles Times: http://www.latimes.com/politics/la-pol-updates-everything-president-trump-taunts-kim-jong-un-on-twitter-i-1510450639-htmlstory.html
2)- The Washington Post: https://www.washingtonpost.com/news/worldviews/wp/2017/11/11/north-korean-insults-to-u-s-leaders-are-nothing-new-but-trumps-deeply-personal-reactions-are/?utm_term=.856a0e7f72fb
3)- Independent: http://www.independent.co.uk/news/world/americas/donald-trump-north-korea-crisis-nuclear-weapons-us-military-duty-refuse-illegal-instructions-war-a8055991.html?S2ref=696322
4)- Independent, Ibid.
5)- Independent, Ibid.
6)- Amy Woolf, especialista en armas nucleares, Informe al Servicio de Investigación del Congreso (Congressional Research Service)  Diciembre 2016. 
7)- Donal Trump es el primer presidente bi-llonario de los EE.UU. Forbes calcula su fortuna en 3,1 billones de dólares. (U$S 3.100 millones)  https://www.forbes.com/profile/donald-trump/
8)- The Washington Post. Ibid.