jueves, 9 de marzo de 2023

LOS MITOS DEL DÍA DE LA MUJER

Yo no quiero que las mujeres
tengan poder sobre los hombres.
Quiero que tengan poder
sobre sí mismas.
Mary Shelley

El Incendio que nunca existió

Todos los 8 de Marzo, el feminismo festeja su día. Y digo el feminismo y no las mujeres, porque este aniversario fue instituido, cultivado y constantemente recordado por esa corriente de militancia femenina.

Típico taller de costura de la época

Teóricamente en la fecha se rememora un hecho trágico. Aunque, según la mitología feminista, hay al menos dos versiones.

La primera dice que el 8 de marzo de 1908 murieron 129 mujeres en un incendio en la fábrica Cotton Textile Factory, de Nueva York, luego de que se declararan en huelga pero permaneciendo en su lugar de trabajo.

De acuerdo a la segunda versión, se rememora el  8 de marzo de 1917 en Rusia [[1]]  cuando en medio de la Revolución Bolchevique las mujeres rusas se declararon en huelga y supuestamente consiguieron provocar la dimisión del Zar obteniendo así su derecho a voto.

El problema está en que ambas versiones no son más que mitos. El primero de ellos es directamente falso. El segundo es una, digamos, gruesa "exageración poética" del papel de las mujeres en la Revolución Bolchevique rusa de 1917.

Por de pronto, no hay un solo documento que pruebe la existencia de un siniestro de incendio en Nueva York durante el 8 de marzo de 1908 con las características citadas. [[2]]  En cuanto a la segunda versión lo único cierto es que el 8 de marzo de 1917 las mujeres rusas salieron a la calle para iniciar una huelga y que la agitación resultante fue aprovechada por los partidarios de Lenin y Trotzky para iniciar la Revolución Bolchevique. [[3]]

Clara Zetkin y
Rosa Luxenburg
Aparte de todo eso y en 1907, Clara Zetkin, una activista comunista alemana de familia judía fue nombrada Secretaria Internacional de la Mujer en el marco de Primera Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas. Al año siguiente, el primer "Día de la Mujer" tuvo lugar el 3 de Mayo de 1908 en Chicago. Y dos años más tarde, en Agosto de 1910, en la Segunda Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas realizada en Copenhague, Clara Zetkin propuso celebrar un "Día Internacional de la Mujer Obrera"; propuesta que publicó luego en un artículo en la revista alemana Die Gleicheit (La Igualdad). El día se comenzó a celebrar al año siguiente: la primera conmemoración se realizó el 19 de marzo de 1911 en Dinamarca, Suiza, Alemania y Austria y luego se propagó gradualmente a todo el mundo.

Lo que llama la atención es que, tanto en Mayo de 1908 – a unos dos meses del supuesto fuego en la Cotton Textile Factory – como en la Segunda Conferencia de Clara Zetkin – en 1910, dos años después del pretendido hecho – nadie mencionó ese incendio.

¿Por qué ni en Chicago (1908) ni en Copenhague (1910) se mencionó siquiera el incendio de la Cotton Textile Factory del 8 de Marzo de 1908?

La razón es simple: porque ese incendio nunca ocurrió.

El incendio que sí existió

Sin embargo, la catástrofe ocurrió, pero en 1911 y en otra fábrica: la Triangle Shirtwaist Co. de Nueva York, propiedad de  Max Blanck e Isaac Harris. Tanto Harris como Blanck tenían una historia común. Ambos habían nacido en Rusia, de familias judías; llegaron a los Estados Unidos en 1890 y, como tantos de cientos de inmigrantes, se dedicaron al comercio de prendas de vestir.

El 25 de marzo de 1911 justo antes de la hora de salida, se produjo un incendio en el octavo piso del edificio Asch, frente a Washington Square en el bajo Manhattan. El incendio se inició en la Triangle Waist Company, una gran fábrica que ocupaba los pisos octavo, noveno y décimo. Triangle fabricaba entre diez y doce mil camisas, o blusas de mujer, por semana. La fábrica tenía grandes cubos de basura debajo de los largos bancos de trabajo, llenos de retazos sueltos de fino material de algodón y plantillas de papel. Debido a este material de muy fácil combustión, el fuego se propagó rápidamente hacia los pisos superiores.

Los bomberos llegaron rápido y el fuego se extinguió en una media hora, pero esa media hora fue mortal.

Y lo fue porque solo había pocas formas de salir: una escalera y un ascensor en cada extremo del edificio, una escalera de incendios y, en el décimo piso, una escalera al techo. La salida de incendios estaba parcialmente bloqueada. Estaba desvencijada y se derrumbó matando a una docena de trabajadores. Una escalera quedó bloqueada por el humo y el fuego. Lo cual dejó solo una escalera, los ascensores y la claraboya hasta el techo como vías de escape.

Los ascensoristas fueron héroes, especialmente uno llamado Joseph Zito. Subieron repetidamente por más personas a medida que el fuego avanzaba. De hecho, las pérdidas humanas no hubieran sido tan graves si la puerta de la escalera del noveno piso no hubiera estado cerrada con llave.

Max Blank e Isaac Harris 
Sobre por qué estaba cerrada hay dos versiones: según la primera, la más difundida, Blanck y Harris cerraban la puerta con llave para que las mujeres no salieran a unirse a las manifestaciones organizadas por las huelguistas. La segunda versión – la más probablemente cierta –surgió durante el juicio posterior al incendio. Se le preguntó a Isaac Harris por qué era importante que todos los empleados salieran de la fábrica siempre  por la salida de Greene Street (en lugar de por la salida de Washington Street, que era la salida que estaba cerrada el día del incendio). Harris respondió que era para evitar el robo por parte de las empleadas y procedió a describir cómo habían atrapado a seis trabajadoras robando en 1908. Además, relató que poco antes del incendio, habían atrapado a una mujer con dos camisas escondidas. Pero cuando el fiscal preguntó por la magnitud de las pérdidas, Harris en voz baja admitió a regañadientes que las mismas no superarían los 25 dólares anuales.

La cuestión es que durante el incendio, en el 9º piso algunas trabajadoras sucumbieron por inhalación de humo, algunas murieron quemadas, otras fueron aplastadas contra las ventanas y cayeron o saltaron por ellas para terminar cayendo a la calle ante el horror de las personas que observaban el incendio. En esos pocos minutos murieron 146 personas. [[4]] Seis de las víctimas nunca fueron identificadas.

Que 146 murieran de esa manera fue impactante. Pero el hecho de que una puerta de salida estuviera cerrada con llave para evitar que los empleados robaran, fue espantoso y hasta criminal. El fiscal de distrito, Charles Whitman, acusó a los propietarios de homicidio involuntario. Pero Blanck y Harris, a través de sus contactos en la mafia judía neoyoquina, contrataron a un famoso – incluso hasta legendario – abogado judío llamado Max Steuer. [[5]]

El juicio

Una de las mayores dificultades con las que Steuer se encontró fue el testimonio de la testigo estrella de la acusación, una joven seria y sensata llamada Kate Alterman, quien testificó que vio a su amiga tratando de salir, pero que, al no poder abrir la puerta cerrada con llave, murió quemada por el fuego. Terminó de testificar llorando y dejó al jurado claramente conmovido.

Max Steuer
Para contrarrestar este devastador testimonio Steuer recurrió a una artimaña realmente abominable. Le pidió a la testigo que repitiera su testimonio una y otra vez. Al final, en tono de triunfo destacó que Kate Alterman usaba siempre las mismas frases para relatar el hecho, por lo que la acusó de haber memorizado un testimonio falso, instigada por los sindicatos obreros.

Obviamente nadie pudo corroborar el testimonio de la testigo. Nadie había quedado vivo para hacerlo. Kate Alterman se había salvado de milagro y era la única que había quedado para relatar esa macabra escena.

Más tarde, la acusación presentó la cerradura de la infame puerta como prueba. Pero, por desgracia, la cerradura se había encontrado 16 días después del incendio. Si bien la fiscalía pudo probar que provenía de la puerta cerrada con llave del noveno piso, Steuer planteó que durante esos 16 días alguien podía haberla manipulado, insinuando otra vez que los sindicatos estaban conspirando contra los acusados.

Al final, Blanck y Harris fueron absueltos. Los sindicatos de trabajadores textiles juraron que las víctimas del incendio en la fábrica Triangle Waist nunca serían olvidadas, pero casi lo fueron. Los periódicos de la época no hicieron ningún esfuerzo sistemático por enumerar a las víctimas. El informe del forense sobre el incendio no fue guardado por la ciudad de Nueva York.  La transcripción judicial del proceso penal contra los dueños de la fábrica "se perdió" en el Archivo Municipal de la ciudad. Steuer guardó su copia de la transcripción y la donó a la biblioteca de una sociedad de derecho, pero la sociedad "perdió" o "extravió" al menos uno de los tres volúmenes. No fue sino hasta 2003 que el escritor David von Drehle finalmente revisó periódicos de la época y otros documentos que relacionaban registros con individuos y publicó una lista casi completa de víctimas. [[6]]

La indemnización del seguro

Pero el incendio tuvo, además, otro turbio aspecto poco conocido: el del seguro que cubría la empresa. En la ciudad de Nueva York, las instalaciones de protección contra incendio eran casi inexistentes. Las primas cobradas por las compañías de seguros siempre están en relación con el grado de riesgo asumido. Blanck y Harris eran riesgos podridos y pagaban primas altas, pero como los corredores de seguros cobraban sus servicios con un porcentaje sobre las primas, para ellos (aunque no para las compañías de seguros) Blanck y Harris eran clientes valiosos. A fin de solucionar esta clase de conflicto de intereses la industria del seguro emplea lo que se llama la dispersión del riesgo. En lugar de asegurar un bien en una sola compañía, la suma asegurada se divide en pequeñas partes entre varias compañías de modo tal que, en caso de siniestro, cada compañía paga solo una pequeña parte del daño y los corredores de seguros la compensan luego colocando riesgos buenos con poca probabilidad de siniestro.

¿Por qué Blanck y Harris eran "riesgos podridos"? Porque en repetidas ocasiones tuvieron incendios temprano por la mañana cuando no había nadie en la fábrica. Hubo dos incendios en la fábrica Triangle en 1901 (poco después de su apertura) y dos en su nueva fábrica – la Diamond Waist Factory – en 1907. El negocio de las camisas tenía dos períodos pico en el año. Tener un gran inventario al final del período pico no era un buen negocio. Blanck y Harris pudieron deshacerse del inventario sobrante y la compañía de seguros les reembolsó el dinero. Sus pólizas cubrieron todas sus pérdidas. Y más también.

Aunque Blanck y Harris nunca fueron acusados de incendio intencional o fraude de seguros, la evidencia circunstancial de repetidos incendios matutinos al final de las temporadas, con el reembolso total de las compañías de seguros, habla por sí sola. Lástima tan solo que esto no salió a la luz durante el juicio.

Como quedó el lugar del siniestro después de retirar los cadáveres.

Blanck y Harris, no se equivocaron al elegir abogado defensor. Steuer no solo los hizo absolver de los cargos de homicidio involuntario, sino que también los ayudó a obtener ganancias del incendio. Por de pronto se presentaron demandas que excedieron con creces las pérdidas. Enfrentadas a una pelea con Steuer, las compañías de seguros cedieron y pagaron 60,000 dólares por encima de las pérdidas documentadas. Eso equivalía a una ganancia de unos 411 dólares por víctima de incendio. Sin embargo, esta ganancia extra no despertó ni siquiera una pizca de generosidad hacia las familias de las víctimas. Steuer impidió que nadie recolectara algo del dinero del seguro pagado a Blanck y Harris. De hecho, a ninguno de los tres les importó un bledo la muerte de 146 personas.

Blanck y Harris no escarmentaron en absoluto. Tenían dinero, tenían contactos y tenían poder. También tenían antecedentes.

Durante la huelga general de trabajadores de la confección de 1909, cuando más de 20.000 trabajadores abandonaron el trabajo, Blanck y Harris respondieron brutalmente, pagando a matones para que atacaran a los trabajadores y presionando a la policía para que arrestara a los piqueteros. Hasta contrataron a prostitutas como trabajadoras de reemplazo para mostrar su desprecio por las huelguistas.

La cuestión es que, no solo no se hicieron cargo de sus antecedentes. Tampoco aprendieron la lección después del incendio de 1911.

En 1913, Max Blanck fue arrestado otra vez, acusado de cerrar con llave una puerta durante las horas de trabajo en su otra fábrica en la Quinta Avenida. En su juicio, admitió haber cerrado la puerta con llave y volvió a alegar que los robos de sus trabajadores lo arruinarían si no lo hacía. Blanck fue encontrado culpable, pero el juez – casi pidiéndole perdón – le aplicó la multa mínima de 20 dólares...

Poderoso caballero es Don Dinero.

¿Por qué el mito del 8 de marzo de 1908?

La identificación de los cadáveres
En los últimos años, la versión del incendio inexistente del 8 de Marzo de 1908 ha ido poco a poco desapareciendo de las crónicas siendo suplantado por tímidas y muy parciales versiones del incendio real de 1911. Sin embargo y a pesar de todo, el mito de 1908 todavía subsiste en muchos artículos periodísticos y hasta en libros típicamente feministas.

Uno no tiene más remedio que preguntarse por qué. ¿Qué sentido tiene relacionar una conmemoración con  un hecho que nunca existió? ¿Por qué se intentó tapar el incendio de 1911 con el mito de un supuesto incendio de 1908?

Lo que hay que tener en cuenta en el análisis de éstos y similares casos es que, a veces, las motivaciones de los seres humanos son muy complejas y hasta superpuestas. En política no es nada infrecuente que varios grupos, normalmente antagónicos, se pongan de acuerdo en lo mismo pero por distintos motivos. Lo del Día de la Mujer es, con toda probabilidad, uno de estos casos.

Por de pronto, para la propaganda política del establishment capitalista norteamericano resultaba bastante inconveniente que los derechos de las mujeres norteamericanas fuesen impulsadas con éxito por un feminismo bolchevique revolucionario. Movimientos feministas promovidos por lideresas abiertamente comunistas como Clara Zetkin y Rosa Luxemburg, no eran precisamente fáciles de aceptar por los dirigentes de un país que blasonaba de ser el ejemplo de una democracia liberal capitalista. Consecuentemente, no es improbable que la maquinaria propagandística del demoliberalismo norteamericano considerara conveniente "diluir" un poco la historia para que el marxismo y su lucha de clases no se prestigiaran más allá de lo controlable.

Por el otro lado – y quizás más importante todavía – el alejar la atención del incendio real de 1911 permitía barrer bajo la alfombra los muy incómodos hábitos de un capitalismo salvaje practicado por personas como Blanck y Harris que, por cierto, no eran ni por lejos los únicos en comportarse de forma inhumana con sus trabajadores en "la tierra de los libres y el hogar de los valientes". [[7]]. Hablar de un mítico incendio de 1908 permitiría ahorrar muchos detalles por demás embarazosos que no había forma de ocultar en un relato del incendio real de 1911.

En adición a todo eso había otro grupo interesado en que no se hablara del incendio de 1911: la comunidad judía norteamericana.

Es algo bastante poco conocido pero las "antiguas" familias judías norteamericanas que habían arribado al país durante el siglo XIX y que habían adquirido considerables fortunas – estamos hablando de los Loeb, los Goldman, los Sachs, los Seligman, los Guggenheim solo para nombrar algunos –  no veían con demasiada simpatía a los "advenedizos" inmigrantes judíos de principios del siglo XX, indigentes y desahuciados, procedentes de los lugares más pobres de Europa Oriental.

Solomon Loeb, Marcus Goldman, Samuel Sachs, Meyer Guggenheim y Joseph Seligman

Los judíos ricos, – cuyos integrantes se consideraban parte de un grupo conocido familiarmente como "Nuestra Pandilla" [[8]] y que vivían en sus exquisitas mansiones de Park Avenue y la Quinta Avenida – tenían todavía ciertas dificultades para ser admitidos por la flor y nata de la alta sociedad anglosajona norteamericana. Para los judíos ricos no era nada favorable que dicha alta sociedad los identificara con los marginales "recién llegados" ya que eso hacía más difícil todavía su aceptación por parte del grupo de "Los 400", denominación con la que eran conocidos los miembros de la "aristocracia" plutocrática anglosajona.

Por eso, mientras menos se hablara de sujetos tales como Max Blanck, Isaac Harris, Max Steuer y otros similares de la mafia judía neoyorkina, tanto mejor sería para los habitantes de las mansiones de Park Avenue y la Quinta Avenida. Y, por lo tanto, tampoco a estos poderosos magnates les convenía que se ventilaran con detalle los acontecimientos del 25 de marzo de 1911.

Una fecha diferente, un incendio ficticio, algunos románticos argumentos revolucionarios feministas y todos contentos. El Día de la Mujer ya no molestaría a nadie.

........................

Las mujeres merecen tener su día. Por supuesto que sí, y no creo que nadie – ni siquiera el más machista de los machos alfa dando vueltas por ahí – esté en contra de eso.

Para el feminismo desquiciado, el 8 de marzo quizás esté bien. Pero las mujeres de verdad, las que trabajan, las que estudian, las que sostienen hogares, las que son buenas madres y buenas esposas, las que no salen en tetas a la calle a gritar "¡muerte al macho!" porque tienen mil cosas mejores que hacer, ésas merecerían tener un día mucho mejor.

Un día mucho menos relacionado con la mafia, con la codicia criminal y con lo más miserable de la condición humana.


NOTAS


[1] )- Calendario gregoriano. 23 de Febrero según el calendario juliano.

[2] )- Cf. – Cote, Renée (1984) La Journée internationale dês femmes ou les vrais dates des mystérieuses origines du 8 de mars jusqu’ici embrouillés, truquées, oubliées : la clef dês énigmes. La vérité historique. Montreal: Les éditions du remue ménage.

[3] )- Cf. Trotzky, Leon, La Historia de la Revolución Rusa, Editions Internacionals Sedov, pág. 96 y ss - disponible en Internet. 

[4] )- El total de víctimas fue de 129 mujeres, 17 varones, y  70 personas heridas según una versión. Según otra fueron 123 mujeres y 23 varones. Pero también se habló de 148 o 141 víctimas.

[5] )- Max David Steuer, nacido en Humene, Eslovaquia, llegó con sus padres a los EE.UU. en 1876. Se recibió de abogado en la Universidad de Columbia y se hizo famoso por sus éxitos en varios juicios. Participó en las actividades de la Sociedad de Tamany Hall, la organización-motor del Partido Demócrata y actuó de presidente del American Jewish Congress (Congreso Judío Norteamericano) propulsado por B.G.Richards, el rabino Stephen Samuel Wise, Felix Frankfurter, el juez de la Suprema Corte Louis Brandeis, entre varios otros.

[6] )- Seis personas nunca fueron identificadas.

[7] )- Estribillo del Himno Nacional norteamericano. "the land of the free, and the home of the brave".

[8] )- "Our Crowd" en inglés. Literalmente Nuestra Muchedumbre; o multitud.
Cf. Birmingham, Stephen: "Our Crowd", Globe Pequot / Lyons Press, Marzo 2021.

sábado, 4 de marzo de 2023

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