sábado, 28 de noviembre de 2020

POR QUÉ GANÓ BIDEN

A medida que la democracia se perfecciona, 
el cargo de presidente representa de un modo 
cada vez más perfecto la mentalidad de la masa. 
Avanzamos así hacia un elevado ideal. 
En algún grandioso y glorioso día, la gente común 
de esta tierra alcanzará por fin el deseo de su corazón, 
y la Casa Blanca estará adornada por un perfecto idiota.
H.L.Mencken


Los dueños del poder político norteamericano – y por extensión de buena parte del poder Mundial – han decretado que Joe Biden tiene que ser el próximo presidente de los Estados Unidos de América. 

Es curioso, pero la característica más sobresaliente de la última campaña electoral es que – contrariamente a la campaña de 2016 – todo transcurrió como está previsto por las reglas no escritas pero siempre vigentes de la política interna norteamericana.

¿Cuáles son esas reglas? Hay varias, pero en realidad de verdad hay una principal de la cual las demás son meros corolarios. Esa regla establece que: "El candidato ganador es siempre el que más dinero ha invertido en la campaña". Hace muchos años que vengo siguiendo el cumplimiento de esta norma aunque, por prudencia, siempre me abstuve de hacer pronósticos porque, por experiencia profesional, sé que las tendencias que responden a operaciones no del todo claras se dan... hasta que dejan de darse por causas que no pueden descubrirse de antemano (y a veces ni siquiera a posteriori) precisamente por la escasa o nula posibilidad de verificar esas operaciones no del todo claras. Pues bien, el destino quiso que la única vez que me animé a hacer un pronóstico sucedió lo que Murphy me habría advertido si le hubiera preguntado: le erré al resultado. Y fue justamente con Trump y Hillary Clinton en la elección del 2016. Si quieren reírse de mi trastada en aquella ocasión vean la entrada del 4 de Noviembre 2016 en este blog. 

Así que en esta campaña opté por un muy cauto silencio pero – otra vez Murphy – podría haberme resarcido del papelón del 2016 porque esta vez sí, volvimos a la normalidad. Vale decir: a la normalidad de la anormalidad democrática norteamericana (y no solo norteamericana) en la cual la democracia actúa de testaferro de la plutocracia y el poder político cumple funciones tan solo administrativas y en todo caso toma aquellas decisiones que el poder del dinero le dicta o le deja tomar porque no le interesa.

¿Cómo fue esta elección? Veamos.

Por de pronto ha sido la más cara de toda la historia política de los EE.UU. 

Hablando de dinero en efectivo y en mano (que es solo una parte de la recaudación), en Julio 2020 Trump y Biden estaban a casi la par en materia de recaudación para la campaña. Trump llegó a ese mes con 113.024.980 dólares mientras que Biden tenía en mano un poco menos: 108.917.476 dólares. La cuestión es que a partir de ese mes y hasta Agosto 2020 ambos entraron a recaudar más dinero y allí es donde se notó la diferencia: Trump consiguió llegar a 121.096.473 dólares pero Biden lo superó por lejos con 180.626.411 dólares. 

Al mes siguiente, acosado por una formidable campaña mediática Trump se vio forzado a gastar 57.981.711 dólares para mantenerse a flote mientras que Biden, con un fuerte apoyo mediático, compró presencia y visibilidad gastando solamente 3.367.112 dólares. Así al tramo final de la campaña Biden llegó con casi tres veces más dinero en efectivo (U$S 177.259.299 ) que Trump (solo U$S 63.114.762). 

En otras palabras: Trump, que había arrancado en Febrero 2020 con siete veces más dinero en efectivo que Biden, gastó demasiado, demasiado rápido y se quedó sin "oxígeno" justo para el último tramo de la campaña. Este gráfico explica la situación: [1]


De dónde salió este dinero y el resto de los millones de dólares que se gastaron en publicidad directa e indirecta? 

En Estados Unidos los contribuyentes a la campaña pueden dividirse grosso modo en pequeños y grandes donantes individuales. Los pequeños son, por regla, ciudadanos comunes que aportan U$S 200 o menos a la campaña; los grandes aportan por supuesto mucho más. En ambas categorías Biden superó a Trump; claramente en la categoría de pequeños donantes y por prácticamente el doble en la de los grandes donantes. [2]


Si se incluyen donaciones a las campañas y a los grandes Comités de Acción Política [3]  dedicados a respaldar a un candidato presidencial, Biden recibió el respaldo de U$S 74 millones de parte de donantes procedentes del sector financiero que opera en valores e inversiones. Esto es más de cuatro veces los $ 18 millones que consiguió Trump. Por otra parte, si se desglosan los aportes por sector industrial, se comprueba que Biden obtuvo más dinero de campaña de casi todas las industrias principales, con la excepción del sector de petróleo y gas

Así y todo, éstos son solamente los datos "oficiales" de las contribuciones a las campañas. Los grupos pro-Biden también dependieron en gran medida de donantes secretos que realizaron sus donaciones a través de organizaciones de lo que se conoce como el "dinero oscuro" de "grupos externos". Éstos son mayormente dineros invertidos en grandes operativos de acción psicológica y "guerra sucia" montados para, por un lado, promover a un candidato y, por el otro, denostar al candidato opositor. 

En esto, Biden pudo invertir U$S 387 millones de grupos externos en anuncios que lo promovían frente a tan solo U$S 53 millones que promovieron a Trump. Simultáneamente Biden gastó U$S 309 millones en campañas para denostar a Trump mientras que éste gastó un poco menos – U$S 300 millones – en denostar a Biden.

Preguntarán ustedes cómo es que se saben estos números si el origen de este dinero es, en su gran mayoría, dinero "negro" muy poco rastreable. La respuesta a eso es que el origen del dinero puede no estar muy claro (y de hecho no lo está), pero sabiendo cuánto cuesta el minuto de televisión, un aviso en los medios masivos, una entrevista en un programa periodístico, un afiche callejero, el artículo editorial de algún periodista alquilable, etc. etc. no es tan difícil sacar la cuenta de la suma de dinero invertido. Los "inversores" podrán esconderse, pero el resultado de esas "inversiones" está a la vista y los costos se saben.

Finalmente, el análisis puede completarse rastreando un poco quiénes fueron los grandes billonarios que apoyaron a uno y otro candidato y a qué sectores de la economía pertenecieron. Los nombres y las empresas no le dirán mucho al lector poco familiarizado con la nomenklatura de la plutocracia norteamericana, máxime cuando las contribuciones de los ultra-conocidos – como Jeff Bezos, Bill Gates, Mark Zuckerberg, etc. y, sobre todo, las "apuestas" de los grandes bancos y financieras – o bien se hacen a través de testaferros o bien vía los ya mencionados "grupos externos"; y esto es por varias cuestiones impositivas y/o de seguridad y/o de relaciones públicas. Baste, pues, con decir que hacia principios de Agosto 2020, a Biden ya lo apoyaban 131 ultra-millonarios frente a tan solo 99 que optaron por Trump. [4] Pero, más allá de los nombres, lo realmente interesante y decisivo en esto es ver cual candidato se llevó la mayor cantidad de patrocinadores del ámbito financiero: 

Como puede apreciarse, Biden tuvo exactamente el doble de apoyo de parte de la plutocracia financiera norteamericana. [5] 

Realmente, no podía – mejor dicho: no debía – perder.

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A esta altura del análisis alguien me podrá objetar que, en la campaña de 2016, la situación entre Hillary Clinton y Donald Trump fue bastante similar. En esa oportunidad Trump gastó U$S 285.570.781 en su campaña mientras que Hillary puso más del doble de esa suma U$S 609.113.236. Las reglas escritas y no escritas de la demoplutocracia norteamericana indicaban que Hillary, al igual que Biden ahora, no debía perder. Y sin embargo perdió. 

¿Cuál fue la diferencia entre entonces y ahora? La diferencia está en la acción política desplegada durante el mandato del candidato que está en la Casa Blanca. Lo que los ingenieros sociales diseñadores de las campañas políticas norteamericanas aprendieron con la victoria de Trump es que el dinero metido en una campaña política hecha en los últimos meses de una presidencia puede no alcanzar a fin de imponer al candidato designado para reemplazar al presidente en ejercicio. Durante la presidencia de Obama la agitación en contra de su gobierno fue prácticamente irrelevante y Trump pudo hacer pié en eso con una campaña mucho más barata pero también mucho mejor diseñada. Algo que esta vez no le resultó, principalmente porque durante toda su gestión sufrió el constante embate y desgaste de sus enemigos. Cristina Fernández diría aquí, desde la Argentina, que lo "esmerilaron" sin cesar. Es lo que ella también hace con sus enemigos. Y seamos objetivos: le funciona bastante bien.

En cuanto a Trump, recordemos solamente las acusaciones sobre el apoyo de los rusos, las campañas de "not my president" [6], las chicanas de todo tipo, los conflictos raciales magnificados con el "Black Lives Matter" [7] y, para colmo, en el último tramo de su gobierno, el impacto del COVID-19 y su instrumentación mediática. Entre varias otras cosas que tengo que dejar en el tintero para no extenderme demasiado. 

Así, después del susto del año 2000 en el que George W. Bush ganó "raspando" y de nuevo después del desastre de Hillary en 2016, los estrategas electorales aprendieron algo que cualquier integrante del AGITPROP comunista les hubiera podido recitar del manual: en las campañas electorales democráticas el dinero decide, pero no sustituye la agitación y la propaganda política permanente. En otras palabras: el dinero por si mismo puede no ser suficiente si no se "abona" el terreno en forma constante manteniendo en funcionamiento permanente los aparatos de agitación y propaganda.

En otro orden de cosas, varios me han preguntado si creo que hubo fraude en estas últimas elecciones. ¿Fraude? Es muy posible que haya habido algo de eso, pero no mucho más de lo habitual, o de lo tolerable para el establishment. Al fin y al cabo todos sabemos que en toda elección hay mil "artimañas" que siempre se hacen y Estados Unidos no es una excepción. Pregúntenle a Jeb Bush, que era el gobernador de Florida cuando su hermano George W. Bush necesitó los votos de ese estado para ganar.

De todos modos, en materia de elecciones, la discusión sobre fraude es irrelevante. Es que la democracia en sí misma es un fraude. Usted no elige a un candidato. Usted opta por alguno de los candidatos ya elegidos. A los candidatos los eligen las mafias partidarias y los promocionan los dueños del dinero que financia las campañas. 

Recuérdelo la próxima vez que tenga que meter ese papelito en una urna. 

¿Y qué podemos esperar nosotros de Biden? Esa pregunta sí que tiene una respuesta simple: nada. O bien, si lo quieren en palabras menos directas: lo mismo que siempre pudimos esperar de la plutocracia norteamericana: imposiciones, exigencias, "bajadas de línea", controles y requisitos. Probablemente la administración de Biden se vuelque más intensamente que Trump a la política externa norteamericana pero no olvidemos que la Argentina es el último país del "patio trasero" yanqui de modo que lo de Biden, al menos por un tiempo, será "business as usual". [8] 

La pregunta que por el momento es imposible responder es hasta qué punto y hasta cuando los dueños del dinero norteamericano podrán mantener su hegemonía en un mundo cada vez más tendiente a la multipolaridad. El Nuevo Orden Mundial ya no es algo tan unívoco y sólido como lo era hace un par de años. Pero en términos inmediatos lo que tenemos es que Biden retomará el proyecto allí en donde lo dejó Obama. Lo de Trump fue una excepción no calculada o, en todo caso, mal calculada. 

Los Estados Unidos han vuelto a la normalidad.

Sea lo que la palabra "normalidad" signifique en Wall Street.


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REFERENCIAS

1)- https://www.opensecrets.org/news/2020/10/biden-crushed-fundraising-september/
2)- https://www.opensecrets.org/news/2020/11/biden-wins
3)- Los llamados super PACs.
4)- https://www.forbes.com/sites/michelatindera/2020/08/08/biden-pulls-away-in-race-for-billionaire-donors/?sh=6b1023453b62
5)- https://www.forbes.com/sites/michelatindera/2020/05/06/here-are-the-billionaires-backing-joe-bidens-presidential-campaign/?sh=1a0406c641d5
https://www.forbes.com/sites/michelatindera/2020/04/17/here-are-the-billionaires-backing-donald-trumps-campaign/?sh=640c78577989
6)- "No es mi presidente"
7)- "Las vidas negras importan"
8)- "Negocios, como es usual" o bien "Negocios, como siempre". 



jueves, 19 de noviembre de 2020

LO QUE LAS ÁGUILAS NOS ENSEÑAN

Los camellos te pueden enseñar a caminar.
Las panteras te pueden enseñar a correr.
Pero si quieres aprender a volar,
no hallarás mejor escuela que la de las águilas.

Para el verdadero creyente la fe no es un lastre;
es el impulso que lo hace capaz
hasta de volar junto a las águilas.

"Que el viento bajo tus alas te lleve
donde el sol navega y la luna camina",
dijo Gandalf, que conocía la respuesta correcta.
J.R.R. Tolkien 


La admiración por las águilas nos viene de la noche de los tiempos. Tan antigua es su fama que, más que un ave, con el correr de los siglos el águila se ha convertido en leyenda y hasta en símbolo.

La encontramos en Sumeria y más tarde entre egipcios, hititas, babilónicos y asirios. En el mundo grecorromano la vemos atrapando rayos con sus garras acompañando a Zeus y a Júpiter.  Aristóteles la consideró como la más majestuosa de las aves, no solo por su forma de planear sino porque – según él – era la única capaz de levantar vuelo de cara al sol. A partir del Siglo II AC el águila romana adornó los estandartes de las legiones y, en el Sacro Imperio Romano, Carlomagno mantuvo la tradición. En la mitología germánica el águila figura asociada a Odin o Wotan en varias leyendas; además, aparece en la heráldica de la Edad Media en un sinnúmero de escudos y emblemas. 

En la iconografía cristiana, la vemos a veces como aniquiladora de serpientes, lo que es una metáfora bastante clara del triunfo de lo que vuela alto sobre lo que se arrastra por lo bajo. En algunas representaciones iconógráficas de cuatro elementos (los tetramorfos) los cuatro distintos símbolos representan a los cuatro evangelistas canónicos: el hombre representa a San Mateo, el león representa a San Marcos, el toro representa a San Lucas y el águila representa a San Juan Evangelista. 

En iconografía y heráldica existe también un tipo de águila algo especial que ha tenido un interesante protagonismo en Occidente ya que aparece en varias culturas indoeuropea. Se trata del águila bicéfala que originalmente representó la bipolaridad de lo existente. El ejemplar más antiguo de este águila se encuentra en un sello de la ciudad sumeria de Lagash (3.000 años AC aprox.). Luego, a través de la simbología hitita llega a la Edad Media europea a través de Bizancio y aparece en el Sacro Imperio Romano Germánico con los Habsburgos. 

De hecho, el águila bicéfala figura en una multitud de escudos de Occidente. La encontramos no solo en el escudo del Imperio Bizantino y en el del Sacro Imperio, sino también en el del Imperio Austro-Húngaro, en los escudos de la República Austríaca (1934-1938), la Rusia de los zares, la Federación Rusa actual, Serbia, Montenegro, Albania, Armenia y muchos otros escudos de ciudades y regiones no sólo de Europa sino incluso de América, como p.ej. el de la ciudad de Nueva Imperial de Chile, el municipio de Salamá en Guatemala, o el municipio de Tunja en Colombia.      

Pero, aparte de su antigua y reconocida fama, ¿qué tienen las águilas para enseñarnos? 

He tratado de resumirlo lo mejor posible en la siguiente presentación. Les pediría que la vean. Creo que les puede llegar a ser útil aunque más no sea como experiencia y, quizás, como posible fuente de inspiración para dejar volar los pensamientos, imitando el vuelo del águila, hasta donde la fantasía y la intuición les permitan llegar. 

Una sola recomendación:  Vayan a pantalla completa y ¡suban el volumen!

Un abrazo.

Denes Martos
Noviembre 2020



Si no puede arrancar el video, haga click AQUÍ 



viernes, 23 de octubre de 2020

OCTUBRE DE SANGRE - HUNGRÍA 1956

Al lado de las banderas tricolores
Tres juramentos pongamos:
El primero de llorar con lágrima pura,
y el segundo de odio a los tiranos;

y para ti pequeño país, sea el tercero:
que entre los vivos no lo olvide nadie;
la libertad nació un día señero
cuando en Budapest de sangre se tiñó la calle.
Luis Tamási
Budapest 1956


Hace hoy más de medio siglo – exactamente 64 años – las calles de Budapest, la capital de la Hungría ocupada por los soviéticos, tenían este aspecto:


Era el raro espectáculo de trabajadores que se alzaron contra un opresor extranjero que, ironías de la Historia, se había teóricamente comprometido a construir un "paraíso proletario". 

Por toda una serie de circunstancias la presión política del invasor sobrepasó el límite de lo tolerable y la sociedad húngara simplemente explotó. Personas de todas las edades salieron a manifestarse en forma masiva y, cuando el régimen respondió con una represión salvaje, se formaron espontáneamente grupos de resistencia urbana formados en su inmensa mayoría por jóvenes. Fueron los "pibes de Budapest". Chicos de hasta 15 o 17 años, con armas robadas en depósitos del gobierno y, sobre todo, con bombas Molotov caseras, frenaron tanques soviéticos, se enfrentaron a uno de los ejércitos más poderosos del mundo y consiguieron hacerlo retroceder durante varios días.

Los "Pibes de Budapest"
Después, abandonados por el llamado "mundo libre" para el cual la Guerra del Sinaí en Medio Oriente fue más importante que el destino de Hungría en manos soviéticas, los combatientes no tuvieron más remedio que aceptar la realidad de una disparidad de fuerzas que no se podía remontar. 

Así y todo, los pibes de Budapest nunca se rindieron. Cuando las posiciones ya no se pudieron sostener, simplemente desaparecieron de las calles y curaron sus heridas en silencio. A algunos los consiguió cazar la policía política y terminaron en alguna de las islas del Gulag en la URSS. Los demás guardaron las banderas para hacerlas flamear cuando cambiara el viento.

Y el viento cambió hacia el fin de la década de los 1980. La URSS se desmoronó. Los soviéticos tuvieron que retirarse de Hungría. El país lentamente, en medio de muchas dificultades y crisis, consiguió ponerse de pie.
El Pasaje Corvin en 1956
La bandera con el escudo
comunista arrancado.

  
Hoy, la revolución de 1956 pertenece al pasado. Casi todos sus actores ya han fallecido y el recuerdo de aquella gesta ha quedado en manos de la generación siguiente. Y esta generación los sigue homenajeando todos los años como corresponde. A pesar del tiempo transcurrido y a pesar de una propaganda que busca obviar el tema para no herir susceptibilidades políticamente correctas.  

Los combatientes de 1956 no se han olvidado. Se los sigue recordando y este año tampoco fue una excepción. Tarde o temprano, de una manera u otra, el heroísmo se impone. Por más que se lo quiera menospreciar, ocultar o hasta difamar, reaparece y se hace presente porque, les guste o no a los cobardes, es imposible extirpar de la conciencia nacional de un Pueblo con más de 1.000 años de trayectoria histórica ininterrumpida el honor, la lealtad, el coraje y la insobornable voluntad de ser libre y soberano. 

Conmemoración de la Revolución Húngara de 1956

Budapest, 23 de Octubre 2020

Vista del escenario y parte de la multitud congregada.
El acto tuvo lugar en el llamado "Pasaje Corvin" donde durante la Revolución
los "Pibes de Budapest" libraron varias de sus principales batallas.


La estatua que conmemora a los chicos que sostuvieron la posición
del Pasaje Corvin hasta prácticamente el final.


Los organizadores del acto 2020

Las banderas de diferentes agrupaciones


El cañón robado en su momento a los soviéticos

Levente V. Csongor, Jefe de las juventudes del Movimiento "Nuestra Patria".

No podemos deshonrar a nuestros antepasados. A nosotros nos obliga la sangre. Eso es lo que no entiende el tipo de ser humano carente de principios y dedicado compulsivamente solo a la caza del placer.
Levente V. Csongor 
Budapest 23 de Octubre 2020



Para continuar leyendo la Historia de la Revolución.

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martes, 13 de octubre de 2020

EL ACONTECER Nº 12 - ¿Cuando estalla todo?

Todos los cerebros del mundo 
son impotentes contra cualquier 
estupidez que está de moda
Jean de la Fontaine


Recluido en la soledad de mi escritorio gracias a la complicada situación que nos afecta a todos, la pregunta que me corroe las neuronas a estas altas horas de la noche es: ¿cómo demonios salimos de ésta? 

Claudio Arrau me hace el favor de tratar de serenar mi angustia tocando magistralmente el Nocturno Nº 2  de Chopin [1],  pero se niega a responder a mis preguntas. No se lo puedo tomar a mal; tengo que aceptarlo. El pobre murió hace ya 29 años. Pero lo puedo escuchar gracias a la electrónica y a la cibernética que logró el milagro de convertir los talentos del pianista chileno y del compositor polaco en una serie de unos y ceros que, procesados por mi computadora, reproducen exactamente lo que el polaco compuso y el chileno ejecutó. Y todo esto sucede mientras, simultáneamente y en la misma computadora, escribo estas líneas.

Si lo pienso un poco... ¡es cosa de locos! La obra de un compositor polaco que murió en Francia hace 171 años es ejecutada por un chileno que murió hace 29 en Austria, y hoy es escuchada en la Argentina – gracias a una caja negra que transforma bytes en música audible – por un húngaro que está eternamente agradecido al país que le ofreció un hogar hace 71 años, y que morirá aquí tras haberse acriollado por completo echando raíces en la tierra del mate, el asado, el buen vino y la buena gente.   

Hoy es 12 de Octubre de 2020, el Día de la Raza. 

Extrañamente rebautizado por los fanáticos bienpensantes del igualitarismo políticamente correcto como "Día del Respeto a la Diversidad Cultural". ¿Diversidad cultural? Un chileno fallecido en Austria, un polaco fallecido en Francia, un húngaro que morirá en la Argentina, todos disfrutando de la misma música... ¿alguien quiere una diversidad cultural más respetuosa que ésa?  Cuando esa música se grabó, el 12 de Octubre era el Día de la Raza y a nadie se le ocurrió impugnar el nombre. Pero es como decía Jean de la Fontaine: "Todos los cerebros del mundo son impotentes contra cualquier estupidez que está de moda". 

Instituir un día especial de respeto a la diversidad solamente se le puede ocurrir a un igualitarista a ultranza para cubrirse de posibles ataques por parte de poderosas minorías etnoculturales a las que no les hace ninguna gracia en absoluto que se las considere iguales a otras etnoculturas a las que desprecian porque consideran que la de ellas es mucho mejor y hasta muchísimo más cercana a Dios, al menos para quienes creen en la existencia de un dios tribal que firma contratos con un Pueblo y con un Pueblo solo.

En fin, volvamos a lo pedestre. 

La cuestión es que, para festejar la efemérides, hoy tuvimos (otra vez) un "banderazo" que impulsó a cientos de miles de argentinos a tomar la calle en varias ciudades del país para manifestar su hartazgo por lo que está haciendo – y quizás sobre todo por lo que no está haciendo – la benemérita gente que ocupa el Estado y que se supone que nos gobierna. 

Nota bene: dije "se supone".

En materia de "banderazos" éste es el noveno [2] desde la del 20 de Junio que obligó a los genios del kirchnerismo a dar marcha atrás con la expropiación de la cerealera Vicentin. ¿Se acuerdan de ésa? Después del papelón el Alberto salió a tratar de justificarse diciendo: 

"...me equivoqué con el tema de Vicentin porque creí que la situación estaba mucho más asumida. Pensé que todos iban a salir a festejar porque estábamos recuperando una empresa importantísima." [3]  

Pues no, Beto; no salieron a festejar. No te aplaudieron. Salieron a putearte de lo lindo con todo el amplio espectro de la gama de las expresiones folklóricas ad hoc. En fin... la cosa es que van 9 concentraciones masivas en 5 meses. Si los muchachos antes de fin de mes hacen otra, llegan al récord absoluto de 2 manifestaciones mensuales promedio.    

Banderazo del 12/10/2020 en el obelisco [4]

¿Y cómo reaccionó el gobierno a esta nueva masiva protesta? Creer o reventar: echándole la culpa de todo a Macri y hasta negándole la categoría de "Pueblo" – más todavía: incluso la de "gente" – a los manifestantes. Las declaraciones son bien explícitas en cuanto a esta forma de tratar de tirar la pelota a la tribuna visitante: [5] 

De Santiago Cafiero, jefe de gabinete:

»Nosotros creemos en el derecho a manifestarse, que es parte de la democracia, pero también es parte de la democracia aceptar la diversidad, porque quienes se manifestaron ayer no son "la gente", no son "todos", no son "el pueblo", no son "la Argentina".« 

De María Eugenia Bielsa, Ministra de Hábitat y Desarrollo Territorial:

»Las consignas de ayer eran inespecíficas; en un momento donde la situación es tan difícil y poco clara, convocar a todos aquellos que tengan alguna incomodidad es muy inespecífico." (....)"El presidente conduce este espacio (el del Frente de Todos); nadie puede pensar que no haya distintas opiniones en el equipo de Gobierno, pero no cabe duda que quien gobierna es el presidente

De Gabriel Katopodis, Ministro de Obras Públicas,:

»Creo que es una marcha injusta y mezquina, que no considera a los millones de argentinos que están haciendo un gran esfuerzo y lo vienen haciendo hace meses. Pero es la decisión que tomó ese sector de la oposición para expresarse en este contexto tan difícil, convocando al hartazgo, la desobediencia y la desesperación... es el camino que eligieron y no tenemos otra opinión que ésa.« 

O sea: sarasa sarasasa sarasa. Somos muy democráticos pero el 60% de burgueses, oligarcas, fascistas y cerdos explotadores capitalistas que no nos votaron y que no nos quieren, tienen que callarse la boca porque no son "la Argentina", porque apenas si sienten alguna (¡ésta es genial!) "incomodidad"  que no los autoriza a gritar consignas "inespecíficas" sobre todo porque (¡y ésta es inmejorable!) "quien gobierna es el presidente" (¡ja! ¡lo creas o no!) y de todos modos la protesta es "injusta y mezquina" por lo que "no tenemos otra opinión que ésa" y sanseacabó.  

Y, por supuesto, la culpa la tiene Cambiemos  ¿Qué tal? Así que resulta que los inútiles del macrismo tienen ahora la culpa de que los inútiles del kirchnerismo no sepan cómo salir del atolladero en el que se metieron. ¿Y por qué están en ese atolladero? Básicamente por 4 motivos: por ineptitud, por ignorancia, por incapacidad y por la necesidad de Cristina de zafar de ir presa por la corrupción de su marido, de ella y de la gente que la acompañó en el gobierno. 

Pero más allá de lo básico, que el cristinismo haya conducido al país a un callejón sin salida no se debe a la deplorable gestión del macrismo cuyos gruesos errores podrían haberse corregido – o al menos empezado a corregir – con un plan estratégico coherente y bien ejecutado. En lo esencial, el trágico atascamiento del gobierno actual se debe a un criterio desastrosamente errado de lo que es el Estado, la política y hasta la sociedad misma.

El gobierno está aprisionado y paralizado por su propia insensatez ideológica. Al aceptar en toda su extensión la teoría marxista de la lucha de clases y al aplicarla sistemáticamente a cualquier problema sociopolítico que aparece, lo único que este clasismo casi bolchevique (mal) disfrazado de peronismo logra es producir la famosa grieta que incluso puede llegar impulsar a la sociedad a la guerra civil desde el momento en que refleja un conflicto que se agranda con prácticamente cada medida que el gobierno toma.

Si el motor de una política es la "lucha de clases" – lo cual ya es un eufemismo por no decir abiertamente "guerra de clases" –  y si los conflictos políticos están constantemente planteados en términos de "ricos contra pobres", caemos en la típica dialéctica marxista que durante todo el Siglo XX no solo no consiguió construir ningún régimen realmente funcional en ninguno de los países en los que llegó al poder sino que hasta tuvo que renunciar al experimento soviético admitiendo que era inviable.  

Con atizar los conflictos sociales en lugar de resolverlos, el Estado deja de cumplir una de sus funciones esenciales que es la de sintetizar las divergencias que ocurren normalmente en cualquier sociedad. Es más: no solo no las sintetiza sino que las agrava; no solo no actúa reduciendo los focos de conflicto sino que los exacerba y hasta crea otros conflictos adicionales de un modo totalmente innecesario. 

A esto agréguese la incapacidad e imposibilidad de diseñar una planificación estratégica por la necesidad de juntar votos cada par de años, lo cual hace que el horizonte máximo de los políticos democráticos esté siempre y únicamente definido por la fecha de las próximas elecciones. Con ello ya van dos funciones esenciales del Estado que no se cumplen: la función de síntesis y la de planificación.

Obviamente, en esas condiciones la tercera función esencial del Estado – la de conducción – se vuelve abstracta. No hay posibilidad de conducir nada en medio de una política tironeada por conflictos sociopolíticos sin resolver y cada vez más graves, que estallan en un contexto absolutamente carente de toda planificación racional. Ni hablemos de que, en las actuales condiciones, la conducción política de la Argentina constituye una especie de sainete rocambolesco en el cual un presidente que hasta cosa de un año atrás le decía de todo menos bonito a la actual vicepresidenta, ahora ejecuta servilmente todas las órdenes que la señora le dicta porque sabe que los votos con los que llegó a la Casa Rosada son de ella y no de él. 

La cuestión es que esta terca obcecación con la lucha de clases de parte de inútiles resentidos, de burguesitos con delirios utópicos, de pseudo-revolucionarios proletarios con OSDE y dirigentes "populares" con domicilio en Puerto Madero, ha llevado al Estado argentino a una situación imposible. 

En el gobierno no pueden hacer lo que les gustaría porque el esquema del clasismo, basado en la confrontación permanente según el dogma del materialismo dialéctico, es inconstruible. Pero tampoco quieren hacer lo que deberían porque eso implicaría hacer lo que no les gusta.

Con lo cual la pregunta no es si esto va a explotar, o no.

La pregunta del millón es cuando va a estallar. 


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REFERENCIAS

1)- https://youtu.be/uUdoxvigIl8   - Los 21 Nocturnos de Chopin por Claudio Arrau.
2)- Contando la manifestación frente a Tribunales del 23 de septiembre.
3)- https://urgente24.com/actualidad/politica/alberto-f-confundido-crei-que-con-lo-de-vicentin-la-gente-iba-salir-festejar
4)- https://images.clarin.com/2020/10/12/el-banderazo-se-hizo-sentir___He4N0mlL__1256x620__1.jpg
5)- https://www.clarin.com/politica/-mezquina-opositora-reacciones-gabinete-dia-despues-banderazo-nacional_0_Qh7RyXSKG.html  - Nota: todos los resaltados son míos.