viernes, 28 de agosto de 2015

ROBOTS ASESINOS

Un año dedicado al estudio de la inteligencia artificial
es suficiente para hacerle a uno creer en Dios.
Alan Perlis

Como ocurre con frecuencia, los medios masivos de difusión están repletos de trivialidades y puerilidades. De las cosas realmente importantes a veces hay, por poco tiempo, una pequeña noticia escondida en alguna parte pero no dura mucho. Rápidamente es desplazada por la gansada célebre de algún politicastro o el reciente amorío de la botoxeada botinera desesperadamente hambrienta por sus diez minutos de fama.

Uno de estos casos se dio a finales del mes pasado. Entre el 25 y el 31 de Julio tuvo lugar en el Sheraton Hotel la 24a Conferencia Internacional Conjunta sobre Inteligencia Artificial (Twenty-Fourth International Joint Conference on Artificial Intelligence) patrocinada por la institución Conferencias Conjuntas Internacionales sobre Inteligencia Artificial (International Joint Conferences on Artificial Intelligence – IJCAI),  [1]  en conjunto con la  Asociación Argentina de Inteligencia Artificial (AAIA), división de la Sociedad Argentina de Informática (SADIO) que nuclea a la comunidad de investigadores en inteligencia artificial (IA) de Argentina. [2]

Los documentos de lo tratado se encuentran disponibles en la Intranet. [3] De todos ellos, el que más ha llamado la atención en la comunidad científica y en ciertos círculos políticos y militares es la Carta Abierta, hecha pública el 28 de Julio al inicio de la conferencia. Para entender su contenido y alcances vayan algunas observaciones preliminares.

El documento se refiere a  "armas autónomas". Al respecto, lo primero que hay que decir es que un "arma autónoma" no es un "drone". El "drone", en realidad, no es más que un avión [4] a control remoto. Sus movimientos y su acción están dirigidos por un piloto humano que puede estar a varios cientos de kilómetros del lugar pero que, en última instancia, es el que toma las decisiones. El "drone" se aproximará a su objetivo piloteado por el humano, mostrará lo que "ve" con sus cámaras y sensores en los monitores que vigila el humano, y si este piloto humano encuentra el objetivo que está buscando será él quien monte y dispare el misil que porta el "drone" para destruir ese objetivo.

Un arma autónoma funciona de otra manera. Por de pronto, no hay piloto humano. El arma se desplaza por una ruta prefijada hacia un objetivo predeterminado. Supongamos que ese objetivo sea un edificio ubicado en Latitud N; Longitud X. El arma autónoma lleva en su memoria una o varias imágenes de ese edificio y, cuando su GPS le indica que ha llegado a la latitud y longitud indicada, sus cámaras comienzan a rastrear el terreno buscando una imagen que coincida con alguna de las que tiene guardadas en la memoria. Si logra una coincidencia, libera el misil, destruye el edificio y regresa por otra vía establecida de antemano. Y si cerca del edificio que se quería destruir había otro casi igual a muy corta distancia ocupado por, digamos, una escuela y el misil le ha dado justo a ése y no al que se tenía previsto… pues… mala suerte. Anotemos "Daños Colaterales" y a otra cosa.


La tecnología informática que le permite al arma autónoma tener un comportamiento "inteligente" (ir hasta el objetivo, rastrear el terreno, buscar coincidencia de imágenes, liberar el misil [5], volver a base, etc.etc.) ha recibido el nombre de "Inteligencia Artificial" (IA) y lo que los expertos en IA están diciendo en la carta abierta que hemos mencionado es algo muy simple pero al mismo tiempo muy serio: los expertos no quieren tener nada que ver con la producción de armas operadas por Inteligencia Artificial.

De acuerdo con estos expertos, las armas autónomas constituirían la tercera revolución en cuestiones militares, después de la pólvora y las armas nucleares. La IA habría llegado a un punto en que el despliegue de estos sistemas ya sería posible de hecho en algunos años; no ya en algunas décadas como se pensaba hasta hace poco. Los firmantes alertan sobre el peligro de que alguna potencia de cierta envergadura se lance a la producción masiva de armas autónomas – ya que los materiales para las mismas no son ni caros ni difíciles de obtener – desatando con ello una carrera armamentística global cuyos productos, a la corta o a la larga, aparecerán en el mercado negro quedando a disposición de terroristas, dictadores, militares ambiciosos y otros aventureros. De un modo bastante gráfico, se advierte que, si la producción de armas autónomas queda fuera de control, las mismas "…se convertirán en las Kalashnikovs de mañana".

En su iniciativa, los expertos se comparan con los químicos, biólogos y físicos que se resistieron a crear armas biológicas o químicas y apoyaron los tratados que las prohibieron así como los acuerdos que mantienen el espacio libre de bases nucleares y láseres cegadores. Como conclusión final, la carta abierta señala: "Empezar una carrera armamentística basada en la IA es una mala idea y debería ser impedida con la prohibición de las armas autónomas ofensivas sin un adecuado control humano".

Además del texto íntegro del documento (reproducido en el Anexo al final de esta nota) es interesante destacar la enorme cantidad de científicos y distintas personalidades destacadas que han adherido a la propuesta. Baste con mencionar a Demis Hasabis de Google DeepMind y los 21 ingenieros de su laboratorio; Elon Musk, CEO de Tesla; Steve Wozniak, cofundador de Apple; Jaan Tallin cofundador de Skype; los profesores Stephen Hawking y Noam Chomsky. Hacia el 3 de Agosto 2015 un total de 2.587 expertos en inteligencia artificial y robótica así como 15.385 otras personalidades habían firmado la carta.

¿Por qué esto es importante; mucho más importante de lo que parece?

Hablando de robots siempre me pasa lo mismo: no puedo menos que recordar mis lecturas juveniles y en esta materia lo primero que siempre me viene a la mente es el nombre de Isaac Asimov y sus tres leyes principales de la robótica con las que me topé por primera vez leyendo su "Yo, robot" (1950) aun cuando, según dicen los que dicen saberlo, Asimov las introdujo por primera vez en 1942 en su cuento corto Runaround.

Estas tres leyes son:

1. Un robot no debe lesionar a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño.

2. Un robot debe obedecer las órdenes que le impartan seres humanos, excepto cuando dichas órdenes entren en conflicto con la Primera Ley.

3. Un robot debe proteger su propia existencia siempre y cuando dicha protección no entre en conflicto con la Primera o con la Segunda Ley.

Más tarde Asimov agregó una "Ley Cero" (Zeroth Law) teóricamente con precedencia sobre las tres ya mencionadas:

0. Un robot no debe dañar a la humanidad o, por inacción, permitir que la humanidad sufra un daño.

El problema es que, por más vueltas que le demos a estas leyes, muy rápidamente se hace evidente que resultan insuficientes o inaplicables. De hecho, las novelas y los cuentos del propio Asimov giran alrededor de casos en que estas leyes, de un modo u otro, terminaron fallando.

Por de pronto, no prevén el caso de la opción por el mal menor. Por la Primera Ley un robot no podría operar a un ser humano; p. ej. amputarle alguna extremidad para salvarle la vida. El robot solo podría considerar el daño inmediato y no podría relacionarlo con el beneficio mediato. Otra de las dificultades principales está en las definiciones, algo que al final de su trayectoria el propio Asimov termina reconociendo por boca de sus personajes:

Trebize frunció el ceño.
-- ¿Cómo decides lo que es perjudicial o no perjudicial a la humanidad como un todo?
-- Precisamente señor, – dijo Daneel – en teoría la Ley Zeroth fue la respuesta a nuestros problemas. En la práctica nunca conseguimos decidir. Un ser humano es un objeto concreto. La lesión a una persona puede ser estimada y juzgada. La humanidad es una abstracción
. [6]

***************


La calificación de "inteligente" para dispositivos controlados por programas informáticos es sumamente engañosa. En realidad, esa "inteligencia" no es otra cosa que experiencia humana codificada. Y nunca será más "inteligente" que la experiencia que le sirve de base. Puedo tener un edificio "inteligente" en el que las cortinas se cierran automáticamente en un 50% si el sol da de lleno en las ventanas. Pero si entre los habitantes del edificio hay alguno(s) que padece(n) de fotofobia, ese 50% todavía puede significar demasiada luz para estas personas. ¿Cómo hará el sistema "inteligente" para detectar a los fotofóbicos y ajustar adecuadamente su cierre de cortinas? Hay varias maneras por supuesto, pero lo primero y primordial es que el diseñador del sistema haya previsto la eventualidad de la existencia en el edificio de habitantes con fotofobia. Si eso no está previsto, por falta de experiencia en el diseñador, el sistema jamás tendrá, por si mismo, un comportamiento "inteligente" en este aspecto.

El otro problema es que, en la resolución de problemas prácticos concretos, la inteligencia es independiente de la moral. Puedo tener decisiones perfectamente inteligentes y al mismo tiempo perfectamente inmorales. En mi ejemplo de las cortinas, el diseñador puede haber llegado a no considerar el caso de los fotofóbicos simplemente porque le importan un rábano y no está dispuesto a complicarse la vida por ellos. Éste es también otro de los motivos por los cuales las Leyes de Asimov terminan fracasando: un piloto humano, si ve una escuela o un hospital, quizás saque el dedo del gatillo; un arma autónoma sencillamente registrará la coincidencia de imágenes y atacará. Y el diseñador seguramente conocerá esta característica del sistema – porque no puede ignorarla – pero es muy posible que le importe un bledo. Al fin y al cabo a él lo contrataron para hacer programas de tecnología informática; no para hacer milagros. Que se hagan responsables por las consecuencias quienes decidan utilizar el arma. La responsabilidad moral no es programable y un robot no puede tener virtudes. Solo puede tener capacidad para ejecutar instrucciones y, si está programado para asesinar, pues asesinará.

Y aquí está el enorme peligro que representan las armas autónomas. Porque sucede que quienes decidan utilizar el arma pueden llegar a carecer de todo sentido de responsabilidad moral. Sucede que las armas autónomas (y en este sentido también los "drones") no constituyen sino la informatización de la cobardía y de la impunidad irresponsable. Cualquier rata cobarde, escondido en un bunker a cientos de kilómetros de distancia, puede apretar el botón para lanzar el misil del "drone" o para lanzar el arma autónoma. No tiene que enfrentar a nadie, no corre ningún peligro, no tendrá que luchar contra nadie y, si algo sale mal, a lo máximo que se expone es a una bronca de órdago de su superior inmediato.

Así cualquiera se anima a desatar una guerra.

Y ése es justamente el problema.


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ANEXO I

Armas autónomas: una Carta Abierta de Investigadores de Inteligencia Artificial y Robótica 

Carta abierta anunciada el 28 de Julio 2015, durante la apertura de la conferencia de 2015 del IJCAI. [7]


Las armas autónomas seleccionan y atacan objetivos sin una intervención humana. La clasificación puede incluir, por ejemplo, quadricópteros armados con capacidad para buscar y eliminar personas cuyas características coincidan con ciertos criterios predefinidos; pero no incluye misiles crucero, o drones pilotados de forma remota, para los cuales todas las decisiones de selección de objetivos son tomadas por seres humanos. La tecnología de la Inteligencia Artificial (IA) ha llegado a un punto en el que el despliegue de estos sistemas es – prácticamente, si bien no legalmente – posible en pocos años, y no en décadas. Hay mucho en juego: las armas autónomas han sido descriptas como la tercera revolución en cuestiones militares, después de la pólvora y las armas nucleares.

Se han escuchado muchos argumentos a favor y en contra de las armas autónomas, como por ejemplo que el hecho de reemplazar soldados por máquinas sería bueno para el poseedor de esas armas porque reduciría las bajas, pero, a su  vez, sería malo porque rebajaría el umbral de condicionantes para desatar una guerra. Hoy, la pregunta clave para la humanidad es si se desea iniciar una carrera armamentística global basada sobre la IA o bien, por el contrario, se quiere impedir su comienzo. Si cualquier potencia militar importante impulsa el desarrollo de armas con inteligencia artificial, una carrera armamentística global es virtualmente inevitable y el final de esta trayectoria tecnológica es obvio: las armas autónomas se convertirán en las Kalashnikovs de mañana. A diferencia de las armas nucleares, estos sistemas autónomos no requieren materias primas costosas o difíciles de obtener, por lo que serán ubicuas y baratas, fáciles de ser producidas en masa por todas las potencias militares significativas. Su aparición en el mercado negro y en las manos de terroristas, dictadores con deseos de controlar mejor a su población, caudillos militares deseando perpetrar limpiezas étnicas, etc. sólo será cuestión de tiempo. Las armas autónomas son ideales para misiones tales como asesinatos, desestabilización de naciones, sometimiento de poblaciones y matanzas selectivas de grupos étnicos particulares. Por consiguiente, consideramos que una carrera armamentística basada en la IA militar no sería beneficiosa para la humanidad. Hay muchas formas en que la IA puede hacer más seguros los campos de batalla para los seres humanos, especialmente para los civiles, sin necesidad de crear nuevas herramientas para matar a personas.

Del mismo modo en que la mayoría de químicos y biólogos no tienen ningún interés en producir armas químicas o biológicas, la mayoría de investigadores de IA no tiene interés en producir armas con IA – y tampoco quiere que otros manchen el buen nombre de este campo investigativo produciéndolas, creando potencialmente una reacción pública contraria a la IA que cercenaría sus futuros beneficios sociales. Es más, los químicos y los biólogos han apoyado ampliamente los acuerdos internacionales que prohíben las armas químicas y biológicas, del mismo modo en que la mayoría de los físicos ha apoyado los tratados que prohíben la construcción en el espacio exterior de bases para las armas nucleares y armas con láseres cegadores.

En resumen, creemos que la IA tiene un gran potencial para beneficiar a la humanidad en muchos sentidos y que el objetivo de este campo debe ser ése. Empezar una carrera armamentística basada en la IA es una mala idea y debería ser impedida con la prohibición de las armas autónomas ofensivas sin un adecuado control humano.

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NOTAS
1)- Ver: www.ijcai.org/ y http://www.ijcai-15.org/
2)- Ver: http://www.fundacionsadosky.org.ar/es/escuela-de-inteligencia-artificial/
3)- http://ijcai.org/papers15/contents.php
4)- O bien y dado el caso, cualquier aparato manejable por control remoto.
5)- O lanzarse directamente sobre el objetivo sin necesidad de volver a base.
6)- Isaac Asimov, Fundación y Tierra, 1986
7)- Disponible en: http://futureoflife.org/AI/open_letter_autonomous_weapons



domingo, 2 de agosto de 2015

ANGELA MERKEL Y LA NIÑA PALESTINA

Lo políticamente correcto
no determina la tolerancia;
solo organiza el odio.
Jacques Barzun

El miércoles 15 de julio Angela Merkel se reunió con  varios jóvenes en la ciudad de Rostock. Pero, ya sea porque la realidad siempre supera cualquier previsión o porque los enemigos políticos de Merkel le organizaron una zancadilla mediática, el encuentro no salió según lo que seguramente previó el personal de Relaciones Públicas de la cancillería alemana.

En medio del encuentro, Reem Sahwil, una niña palestina de 14 años procedente del Líbano, le relató a la canciller que estaba esperando que Alemania aprobara la petición de asilo de su familia porque, según expresó en un alemán impecable: “…quisiera estudiar; es realmente un deseo que cualquiera quisiera ver cumplido y... es realmente muy desagradable ser espectadora de como otros pueden disfrutar de la vida y uno mismo no puede disfrutar con ellos…

Merkel – quien visiblemente no tiene grandes dotes de oradora, aunque su doctorado en física seguramente le permite enfocar los problemas con realismo – comenzó su respuesta reconociendo que “…a veces la política es dura…” pero trató de explicar que Alemania simplemente no estaba en condiciones de dar asilo a los miles y miles de refugiados palestinos que se encuentran en los campamentos del Líbano, a los cuales hasta se les agregarían todos los que podrían venir del África. La canciller continuó diciendo: “Y así estamos ahora en esa dicotomía en que la única respuesta que podemos dar es: no pierdas la esperanza hasta que las cosas estén decididas, pero algunos van a tener que regresar [....] pienso que dentro del plazo de un año todos los casos…” y no pudo seguir porque en ese momento la niña rompió a llorar. [1]

Si bien Merkel interrumpió su respuesta para acariciar y consolar a la pobre niña, la que se hizo un verdadero festín con la situación fue la prensa europea demoliberal de izquierda. Sí; demoliberales de izquierda. Aunque ustedes no lo crean, en Europa existen engendros ideológicos híbridos como ése. Y no solo existen. En materia de Unión Europea y Europa Central/Oriental hasta llevan la voz cantante.


Pero, si bien la noticia recorrió el mundo (sin que en la mayoría de los casos se hiciera el seguimiento para conocer el desenlace), en Alemania y Europa el festín de la propaganda anti-Merkel duró poco porque ya al día siguiente quedó claro que Reem Sahwil no sería expulsada de Alemania. No solo está yendo al colegio allí, no solo habla perfectamente el alemán, sino que su presencia se debe más a problemas de salud que a motivos políticos.

Sucede que la niña nació prematura en un campo de refugiados de Baalbek en 2000 con una parálisis cerebral en su lado izquierdo y un talón de Aquiles más corto. Desde entonces sus padres han estado desesperadamente luchando para brindarle el tratamiento que necesita. Gracias a diversos préstamos y donaciones, en 2010 pudieron volar a Düsseldorf para someterla a una operación de espalda. En realidad es principalmente por eso que la niña está en Alemania. Y es principalmente por eso que no será expulsada. O al menos no debería serlo. [2]

De modo que los socialcristianos partidarios de Angela Merkel pudieron respirar tranquilos y hasta la conciencia humanista de Europa quedó adecuadamente acallada, complacida por la generosidad, la empatía y la hospitalidad de una política que, a pesar de circunstanciales durezas, no se desentiende de lo humano y no se olvida de la compasión y la caridad.

Uno podría suponer que, con ése casi clásico "final feliz", la historia terminó allí y no se habló más del asunto.

Pues no. La jauría periodística olfateó que el tema todavía daba para más. Que todavía se le podía sacar más jugo al drama de la niña palestina que se puso a llorar delante de Angela Merkel. O a la que Angela Merkel hizo llorar, depende de cómo uno quiera redactar la situación.

Consecuentemente los periodistas del diario alemán Die Welt fueron a la casa de Reem y le hicieron unas cuantas preguntas. Y la niña palestina respondió; como corresponde a una niña de 14 años bien educada. Y todo fue muy bien hasta que alguien descubrió que en el living de la vivienda había un mapa histórico de Palestina.

El diálogo que siguió es casi de antología:



— ¿Es Alemania tu patria?
— No, mi patria es Palestina.
— ¿Ya has estado allí?
— No, pero algún día viviré allí – dice, y sus ojos se iluminan.
— Pero ¿qué es en realidad Palestina? ¿De qué territorio estás hablando?
— De todo – responde Reem
— Pero ahí está Israel.
— Si, pero mi esperanza es que en algún momento ya no esté y que sea solamente Palestina.
— ¿Y cómo se produciría eso?
— El país no debería llamarse más Israel sino Palestina.  [3]

¡Oh la ingenuidad infantil!

Solo espero que, después de estas respuestas, las autoridades alemanas no decidan finalmente la expulsión de los Sahwil por considerar que la familia de Reem representa un peligro para la seguridad nacional de Alemania. O para la políticamente correcta interpretación del pasado histórico alemán.

Porque no sería nada raro que lo hicieran.

Algunas ideas políticamente muy incorrectas tienen la mala costumbre de ser también muy contagiosas.

Especialmente viniendo de una chiquilina de 14 años que todavía no aprendió a mentir.

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NOTAS:
1)- http://www.elmundo.es/internacional/2015/07/19/55abda19e2704eba3a8b456f.html
2)- http://www.latercera.com/noticia/mundo/2015/07/678-639852-9-la-historia-de-la-nina--palestina-a-la-que-merkel-hizo-llorar.shtml
3)- http://www.welt.de/print/wams/vermischtes/article144445399/Reem-und-wie-sie-die-Welt-sieht.html




domingo, 26 de julio de 2015

ELECCIONES ARGENTINA 2015

Los EE.UU. fanfarronean con su sistema político
pero su presidente dice una cosa durante las elecciones,
otra cosa cuando asume el cargo,
otra diferente en la mitad de su mandato
y otra distinta cuando se va.
Deng Xiaoping


Argentina ya está empezando a padecer la fiebre electoral que culminará con las elecciones presidenciales del 25 de Octubre y una eventual segunda vuelta el 22 de Noviembre. [1]

En ésta, como en pasadas elecciones, la dificultad no reside solo en qué candidato elegir sino, además, en establecer qué es lo que diferencia a los candidatos que compiten. Mal que bien las personas ya tienen – aunque más no sea aproximadamente – sus preferencias. Pero cuando en confianza uno les pregunta por el candidato de esa preferencia y, una vez identificada la persona, les sigue preguntando: »¿Y por qué vas a votar a esa persona?« la respuesta puede resultar de lo más asombrosa. Porque va desde el banal «Porque me gusta»; puede pasar por la mera suposición del »Porque me parece el más honrado«; y llega hasta el insustancial pero quizás más sincero: «No sé».

Es que elegir a uno entre varios casi absolutamente iguales no es fácil. La pregunta de fondo sería pues: ¿por qué son tan iguales los principales candidatos? O quizás podría ser: ¿por qué les cuesta tanto diferenciarse en lo realmente importante? Con lo que la pregunta también podría formularse diciendo: ¿Por qué, si son diferentes, insisten en aparecer como iguales, tratando de diferenciarse tan solo magnificando matices secundarios que no hacen al fondo de la cuestión? ¿Por qué no percibimos una diferencia realmente marcada entre, digamos, Scioli, Macri y Massa?

Según Scioli "Victoria es construir a partir de lo construido, como la ciencia, que avanza desde donde dejó el otro". [2] A lo cual Macri, después del casi-porrazo con Lousteau, aparece ahora con un "Cambiemos" pero ma non troppo y promete mejoras, pero no grandes cambios en YPF, Aerolíneas, la asignación universal por hijo y las jubilaciones [3]. A lo cual se suma Massa que arrancó con "El Cambio Justo" [4] y ahora viene improvisando variaciones sobre el mismo tema. Lo obvio es que todos quisieran transmitir la imagen del "cambio" pero se encuentran con graves problemas para definirlo, explicitarlo y encarnarlo en serio.

¿Cuáles son esos problemas? Son variados y de diferente índole. Buena parte de ellos son compromisos ya asumidos pero inconfesables. Recuérdese la famosa expresión de Carlos Saul Menem: "Si hubiera dicho lo que iba a hacer, no me votaba nadie." [5]


Pero en parte, también, el fenómeno se debe al debilitamiento de las ideologías y a la vaguedad de los tradicionales alineamientos de "izquierda", "centro" y "derecha" en el mundo postmoderno. Vaguedad que, a esta altura del partido, se ha convertido en un verdadero embrollo.

Porque sucede que lo que hoy se llama "derecha" no es ninguna derecha en absoluto y la auténtica derecha es justamente el lugar en donde todos estos candidatos no quieren estar. En parte porque por el momento no es electoralmente redituable y en parte porque, con la incultura plebeya que caracteriza a nuestros candidatos y a sus asesores, éstos ni siquiera sabrían como formularla.

Pero en esto, como en tantas otras cuestiones, creo que conviene dar un paso atrás, tanto como para ganar algo de perspectiva histórica.

Es sabido que los términos ésos de "izquierda", "centro" y "derecha" provienen originalmente de los Estados Generales franceses de 1789. En esa asamblea y desde la perspectiva de su presidente, el clero se sentaba a la derecha, la nobleza se ubicaba al centro y el pueblo llano ocupaba la izquierda. Esa segmentación ya no tiene prácticamente nada que ver con la realidad política de los países actuales pero sigue resultando cómoda como muleta de análisis. Y es cómoda porque en toda sociedad están los que insisten con la necesidad del cambio, están los que prefieren no tocar lo que existe, y están los que admiten que algunos cambios serían necesarios pero vacilan a la hora de decidirse e indefectiblemente, si las circunstancias los obligan, siempre apuestan por la gradualidad.

En teoría y en principio los primeros constituirían "la izquierda", los segundos a "la derecha" y los terceros al "centro". Eso, en teoría y en principio. Porque después, en cada país interviene Doña Realidad y, como Doña Realidad es bastante caprichosa y desprolija, las cosas se complican. Y mucho.

Así es como aparecen "derechas" que no son más que un liberalismo consolidado al cual realmente nunca entendí por qué llaman "neo"-liberalismo; como que tampoco jamás entendí qué cuernos tiene que ver eso con la derecha. Después tenemos "izquierdas" que luego del colapso soviético se han vuelto democráticamente trotskistas y gramscianas. Y tenemos "centros" con burguesías de retórica democrática y propuestas tibiamente reformistas en el mejor de los casos.

Pero el "centro" es, por alguna oscura y misteriosa razón, el lugar en el que, en rigor de verdad, todos quisieran estar. Por eso tenemos tanto "centro-izquierdas" construidas por burguesías melindrosamente populistas sostenidas por un relato gramsciano post-soviético y diluidas en nuestro caso en la ciénaga del post-peronismo montonero. Como que también tenemos centro-derechas construidas por las mismas burguesías tímidamente populistas pero sostenidas por los argumentos económicos del liberalismo consolidado.

El resultado, por supuesto, es un verdadero galimatías conceptual – y accidentalmente hasta ideológico – que nadie en realidad consigue comprender. Lo cual no es ningún milagro porque quienes impulsan y financian el sistema no tienen ningún interés en que se comprenda. Es que, siendo artificial e ilógico hasta la irracionalidad, no está construido para que se comprenda. Está armado para que impacte y arrastre emocionalmente.


La verdad es que no es nada malo para un organismo político que exista en él un ámbito, sector o espacio que proponga e impulse cambios. Más aun, hasta me animaría a sostener que sin ese sector el organismo político terminaría anquilosado y paralizado en relativamente muy poco tiempo. Pero, así como necesitamos promotores del cambio, también necesitamos ámbitos e instituciones dedicadas a analizar los cambios propuestos y, en caso de aceptarlos, asegurar que se inserten armónicamente en lo existente y no perjudiquen a la parte sólida de lo ya construido. Finalmente, también es necesario un elemento de control y coordinación de gestión, tanto como para decidir qué se hace primero, qué se hace después, qué se hace en forma simultánea y qué velocidad se le puede imprimir al proyecto sin poner en peligro la seguridad de todo lo que lo rodea.

Y lo que acabo de exponer en forma (muy) sucinta no es ninguna teoría. Así funcionó Occidente durante muchos siglos – con altibajos, por supuesto, y a veces con grandes altibajos – hasta las dos Grandes Guerras europeas del Siglo XX.  En la tradición occidental existe una enormemente rica cantera de experiencias que sirven de modelo para estudiar el funcionamiento y los resultados de este esquema. Pero me temo que justamente este estudio es el que ninguno de los candidatos a suceder a Cristina Kirchner ha hecho. Es más: me pregunto si en toda la política argentina existe alguien que tenga en claro cómo se maneja correctamente una estrategia del cambio que tenga en cuenta: A) las áreas que necesitan un impulso de cambios o mejoras; B) un correcto ensamble con lo preexistente a mantener y C) un adecuado control de implementación y gestión de lo nuevo.

Por lo que, mis estimados amigos, lo que tenemos para las próximas elecciones es un conjunto de personas que hablan tímidamente de cambios que no saben, no quieren o no se atreven a concretar. No saben, por lo arriba expuesto. No quieren porque se lo impiden sus propios prejuicios ideológicos. Y no se atreven porque algunos de los cambios necesarios no son electoralmente redituables. Al menos no en el corto y mediano plazo.


Nuestros candidatos hablan de cambio pero, como no saben qué cambio quieren, se limitan a discursear sobre los cambios que suponen que desea el electorado. Y peor todavía: aún si tuviesen alguna idea del cambio que quieren, no sabrían cómo hacer para programarlo e implementarlo. Y, en cuanto a los cambios que les exige el poder global, bueno… de eso no se habla. Y si alguien lo señala y pide explicaciones es porque es un conspiranoico. O algo peor. Pregúntenle a Alexis Tsipras.

Así que, más allá de los resultados electorales, lo máximo que podemos esperar después de Diciembre son algunos retoques cosméticos superficiales que quizás cambien en algo el día a día de nuestras vidas particulares pero no el destino de la Argentina como país.

Y, con mucha suerte, ése podría ser el mejor de los casos.

Porque, así como están las cosas y si las cosas siguen como están, lo más probable es que en 2016 nos encontremos casi exactamente igual que hoy. Y cuando algunos salgan a la calle enarbolando cacerolas batientes para reclamar el cambio, les dirán que vivimos en democracia.

Ya sería hora de ponerle límites a una democracia que antes de las elecciones se derrama en promesas y después de la elección no solo olvida olímpicamente lo que prometió sino que hasta pretende justificar lo injustificable. Como, por ejemplo, la gestión de una aerolínea que cancela de pronto más de 240 vuelos dejando de a pie a 15.000 pasajeros, [6] y todo porque su titular, en vez de dedicarse a su trabajo, juega a la política tratando de llegar a Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (intento en el que, dicho sea de paso, fracasa estrepitosamente) mientras subordina la muy sensible área de Operaciones de la empresa a la autoridad de un licenciado en economía agropecuaria y la Gerencia de Aeropuertos a un vendedor de zapatos. [7]

Muchachos, convénzanse: la democracia podrá dar para todo. Pero, a la larga, el pueblo no aguanta cualquier cosa.


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NOTAS
1)- http://www.lanacion.com.ar/1784053-calendario-electoral-completo-de-2015
2)- http://infocielo.com/nota/63256/completito_ahora_scioli_presento_sus_spots_radiales_bajo_el_lema_la_victoria_de_un_pais/
3)- http://www.lanacion.com.ar/1811860-mauricio-macri-prometio-que-ypf-y-aerolineas-seguiran-siendo-estatales
4)-  http://www.infobae.com/2015/05/06/1727103-sergio-massa-lanzo-su-ebook-el-cambio-justo
5)- http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-20801-2009-10-26.html
6)- http://www.lanacion.com.ar/1812892-gremialistas-aeronauticos-piden-sanciones-para-los-responsables-de-aerolineas-argentinas
7)- http://tn.com.ar/politica/zapateros-a-sus-zapatos-el-caos-por-los-vuelos-de-aerolineas_604703


miércoles, 15 de julio de 2015

TRAICIÓN (AL ESTILO GRIEGO)

La traición nunca prospera.
¿La razón de ello?
Es que cuando prospera
nadie se atreve a llamarlo traición
John Harington

Dicen en el barrio que el que avisa no traiciona. Con lo que traidor sería el que no avisa. Pero me queda una duda: ¿cómo calificaríamos al que avisa y después va y hace exactamente lo contrario de lo que avisó?

A veces la política se vuelve casi completamente incomprensible.

La cosa empezó cuando el señor Primer Ministro de Grecia, Alexis Tsipras, fue y habló con la gente del FMI, la Unión Europea y el Banco Central Europeo.

Aparentemente le dijeron de todo menos bonito porque Don Tsipras se enojó muchísimo. Ni bien volvió a sus pagos, puso su mejor cara de espartano inflexible y, atrincherado detrás de las Termópilas de un referéndum ad hoc, le pidió a sus conciudadanos que votaran en contra del apriete que esos siniestros personajes del capitalismo internacional salvaje querían aplicarle a su país.

Y los griegos fueron y votaron. En contra del apriete. En contra de las pretensiones de la UE, el FMI y el BCE. El pueblo griego no quiso nada de lo que se le quería imponer y el NO ganó por afano. Ahí fue que todos nos enteramos de que "NO" en griego se dice "OXI". Porque el domingo 5 de julio de 2015 más del 60% de los griegos dijeron "OXI" y no le hicieron pito catalán a Bruselas porque eran griegos, pero el triunfo los puso tan contentos que fue como si hubieran sido catalanes festejando el carnaval de Villanueva y Geltrú. Salieron a la calle, ocuparon las plazas, hicieron asados, tomaron hectolitros de ouzo, sacaron las bouzoukis del ropero y bailaron el equivalente actual de la danza de Zorba el Griego hasta altas horas de la madrugada.

Y el señor Primer Ministro de Grecia, Alexis Tsipras, participó de todo eso. Estuvo en todo, se regocijó con todos y hasta pronunció discursos en los que dijo estar contento, porque el momento era histórico, porque con esa demostración de poder democrático Grecia acababa de fortalecerse, y porque a partir de allí se abría para todos un futuro indudablemente promisorio y … y, bueno, etcétera.

Después de eso el señor Primer Ministro de Grecia se pegó una buena dormida – tanto como para despejar la mente de los efluvios del ouzo y permitir que se asiente la resaca de otras ingestas – se acicaló como corresponde a un Primer Ministro europeo y se subió al primer avión que partía de Atenas con destino a Bruselas.

La cuestión es que – negociación va, acuerdo viene – una semana después del histórico referéndum del OXI, el señor Primer Ministro de Grecia aceptó y firmó todo lo que el FMI, la UE y el BCE le pusieron bajo las narices. Con condiciones sustancialmente peores que las exigencias anteriores al histórico OXI. Y a pesar de que, un día antes del referéndum, ya había trascendido un análisis del FMI en el que se reconocía que la deuda pública griega era "insostenible"; vale decir: impagable.
Y eso es algo que el señor Primer Ministro de Grecia sabía perfectamente bien. Ni siquiera necesitaba el análisis del FMI para saberlo. Le bastaba con sacar la cuenta del almacenero. Pero, aún así, aceptó todo y firmó.

Después volvió a casa y desde entonces está tratando de hacerle creer a los griegos que es un estratega político de la gran flauta.

Lo que pasa es hay unos cuantos que no le terminan de creer. Su ministro de defensa, Panos Kammenos, ya le adelantó que se opone al acuerdo. Según Panagiotis Lafazanis, ministro de energía, lo que Tsipras firmó es inaceptable. El diputado Nikos Hountis, dimitió como protesta por el acuerdo. [1]

Pero el parlamento griego es por lo menos tan disciplinado como el nuestro. Hoy el paquete de ajuste terminó aprobado por 229 votos a favor, 6 abstenciones y solamente 64 votos en contra. [2] Demás está decir que las medidas aprobadas van exactamente en la dirección contraria a lo que el pueblo griego votó el 5 de julio.

A ver si nos entendemos.

Yo, que soy su representante, voy y le pregunto a Usted si está de acuerdo en que paguemos la deuda que tenemos con el carnicero. Usted viene y, apoyado por el 60% del barrio, me dice que OXI; ni en dope. El carnicero es un chanta y de cualquier manera la deuda ésa está tan manipulada que es impagable. Yo lo felicito a Usted por la decisión, le palmeo la espalda, y al día siguiente me reúno con el carnicero, le firmo todo, acepto la deuda y me comprometo en nombre de todos a pagarla.

¿Qué tal? ¿Saben cómo se llama eso?

En realidad se debería llamar traición.

Pero en el caso de las decisiones democráticas se aceptan eufemismos. Especialmente si se trata de Grecia. No olvidemos que, al fin y al cabo, los que inventaron la democracia fueron los griegos.

Nadie mejor que ellos para ilustrarnos como funciona en realidad.

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NOTAS:

[1] )- http://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/07/150713_grecia
[2])- http://www.lanacion.com.ar/1810721-grecia-plan