jueves, 3 de septiembre de 2026

HITLER, STALIN Y LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

Denes Martos

Los alemanes lo saben todo sobre la guerra;
excepto como ganarla.
William Ebenstein.[1]

"Camarada, la guerra es siempre  una tragedia;
pero, como se sabe, la tragedia más grande de todas
es perderla.

Joseph Goebbels [2]

Dedicatoria
A los verdaderos héroes de la Segunda Guerra Mundial:
los soldados rasos rusos y alemanes.
Otto Skorzeny [3]

 Sobre la Segunda Guerra Mundial, como sobre la mayoría de todas las guerras, existen al menos dos relatos: el de los vencedores y el de los vencidos. A veces la Historia se completa con un tercer relato: el que escriben después de varios años los investigadores serios a quienes no les importan los argumentos de unos y otros porque están interesados únicamente en descubrir la verdad.

A estos terceros a veces se los llama "revisionistas" y una de las grandes ironías de la Historia es que, por regla general, terminan odiados por todos.

Es que a nadie "le conviene" la verdad, por regla general. A los vencedores no les conviene porque la verdad expone sus propios crímenes que muchísimas veces son los mismos – o casi los mismos, o hasta peores – que los de quienes figuran como vencidos. Y a éstos tampoco les conviene porque la verdad rara vez les permite seguir sosteniendo la imagen de pobres víctimas. De todos modos y como figura en la cita al comienzo, la guerra es siempre una tragedia pero la tragedia más grande de todas es perderla.

La Segunda Guerra Mundial no es una excepción. La Historia oficial ha dividido prolijamente a los Buenos de los Malos. Ha establecido, de manera supuestamente definitiva, quienes tuvieron razón y quienes estuvieron equivocados; quienes merecieron ganar y quienes solo merecieron la horca y el oprobio. La Historia ortodoxa y catedrática se estableció con una férrea voluntad de tener la palabra final y definitiva. Pero hoy, a más de 80 años de finalizada esa guerra, ese relato oficial, terminante y único, ya tiene tantos agujeros que amenaza con resquebrajarse y colapsar.

Son demasiados los hechos disputables, fáctica, ideológica y moralmente, que sencillamente no encajan en el relato oficial. Aquí nos limitaremos a poner en perspectiva solo uno de dichos datos: la relación de la Alemania de Hitler con la Rusia Soviética de Stalin.

La perspectiva de Hitler

La versión oficial de la guerra en el Este contra la URSS sostiene que después de firmar el Pacto Ribbentrop-Molotov (23 de agosto de 1939) Hitler y Stalin fueron aliados hasta que, dos años después – en junio de 1941 – Hitler traicionó el acuerdo y atacó a la URSS por sorpresa.

El revisionismo histórico desmanteló esta hipótesis. El análisis de los documentos existentes, – especialmente algunos de los que se hicieron públicos después del derrumbe soviético en 1991 –  concluye que ni Hitler ni Stalin buscaban la paz entre 1939 y 1941. En realidad, lo que ambos buscaban fue comprar tiempo.

Hitler quería evitar a toda costa una guerra en dos frentes  como el que había tenido Alemania durante la Primera Guerra Mundial. A su vez, está comprobado que Stalin esperaba que las potencias capitalistas occidentales (Francia, Gran Bretaña y Alemania) se desgastaran mutuamente lo suficiente como para convertir a Europa entera en un bocado fácil.

Por de pronto, Hitler no se hizo nunca muchas ilusiones respecto de la Unión Soviética. Gran parte de su lucha por el poder entre 1921 y 1933 consistió en un enfrentamiento constante con los comunistas y hay razones bastante sólidas para afirmar que el anticomunismo de los nacionalsocialistas fue uno de los factores decisivos que les permitió conquistar simpatías, ganar elecciones y llegar al poder. En amplios círculos alemanes la sola idea de una posibilidad de caer en una dominación soviética producía terror.

Consecuentemente, la batalla de "nazis" y "sozis" [4] durante los años de la lucha por el poder fue sangrienta y, en ocasiones, mortal.  No es ninguna casualidad que Horst Wessel, nada menos que el autor de la marcha oficial del NSDAP (Die Fahne Hoch - La bandera en alto) fuera asesinado por dos comunistas. Y no era para sorprenderse. Lenin había sido muy claro en sostener su tesis de que el éxito de la Revolución Bolchevique no dependía de Rusia sino de la conquista de Alemania. Lenin en su informe político del Comité Central, el 7 de Marzo 1918 al Séptimo Congreso Extraordinario del Partido Comunista Ruso expresó:

"Es una lección, porque es una verdad absoluta, que sin una revolución alemana estamos perdidos (...). En todo caso, bajo todas las circunstancias concebibles, si la revolución alemana no se produce, estamos perdidos." [5]

Y  antes de eso, en una conversación con G. Solomon había aclarado que su objetivo en Rusia era solo una etapa porque:

(…) no se trata de Rusia en absoluto. Rusia me importa un pito. Es solo una fase por la cual tenemos que pasar en nuestro camino hacia la revolución mundial". [6]

Y no solo Lenin pensaba así. Trotsky apoyaba exactamente la misma estrategia y eso constituyó uno de los principales motivos que lo enfrentó con Stalin quien, luego de la muerte de Lenin, comenzó a imponer su visión del "socialismo en un solo país" como estrategia de inicio para luego, contando con el poder de una Rusia desarrollada, fortalecida y convenientemente armada, avanzar sobre Europa y, dado el caso, sobre el resto del mundo.

El hecho es que la inteligencia militar alemana conocía perfectamente esta situación y Hitler, quien durante sus primeros años de lucha política había estado muy cerca del aparato de inteligencia del ejército, la conocía también y no se hacía ninguna ilusión con los comunistas. Sabía que una colisión entre una Alemania nacionalsocialista y una Rusia bolchevique era absolutamente inevitable a la corta o a la larga.

El Pacto Ribbentrop-Molotov no fue ningún acuerdo entre potencias deseosas de fortalecerse promoviendo intereses compartidos. Fue una jugada de póker político entre dos estados apostando a ver quién engañaba al otro con mayor ventaja.

La invasión de Polonia

Aparte de todos estos datos hay un hecho al inicio mismo de la guerra que necesariamente debió haber llamado la atención de Hitler y su Estado Mayor.  

Como se sabe, los alemanes cruzan la frontera occidental de Polonia el 1º de Septiembre de 1939. Lo que pocas veces se menciona es que los bolcheviques rusos la invaden cruzando su frontera oriental el 17 de Septiembre, apenas unos 16 días después. Cuando ambos ejércitos se encuentran no solamente no hay ni siquiera una escaramuza entre ellos sino que hasta organizaron un desfile conjunto en la localidad de Brest-Litovsk el 22 de Septiembre de 1939 para sellar la victoria.

No obstante, lo curioso de esto no es tanto la sincronización de ambos ejércitos y el nunca mencionado desfile. Lo que llama la atención es que Inglaterra y Francia le declararon la guerra a Alemania el 3 de Setiembre de 1939 – es decir apenas dos días después de la invasión alemana – pero se abstuvieron de hacer lo mismo con Rusia después del 17 de Septiembre a pesar de que Alemania y Rusia eran – al menos según los papeles – aliados en ese momento.  

Si Hitler necesitaba una confirmación de que Stalin no era de confiar, la no-condena a Rusia por haber hecho exactamente lo mismo que Alemania le brindó una certeza absoluta: la guerra contra Rusia no solo era inevitable; en algún momento incluso se haría necesaria.


La perspectiva de Stalin

Stalin asumía que la guerra en el oeste sería una larga repetición de las trincheras de la Primera Guerra Mundial. Cuando Polonia cayó en 5 semanas en 1939, Francia cayó en apenas seis en 1940 y los ingleses tuvieron que abandonar el continente europeo en Dunkerke, el jefe soviético se dio cuenta, demasiado tarde, de que había ayudado a crear un monstruo militar muy poderoso que ahora podía apuntar directamente hacia Moscú.

El rompehielos

"El Rompehielos" (Ledokol, 1989) de Viktor Suvorov [7]  es considerado uno de los libros más polémicos, disruptivos y comercialmente exitosos de la historiografía de la Segunda Guerra Mundial.

La obra inauguró la llamada "controversia de Suvorov" al plantear una tesis radicalmente revisionista sobre los orígenes del conflicto en el Frente Oriental.

La hipótesis de Suvorov sostiene que Stalin planeaba invadir Alemania y conquistar toda Europa Occidental en el verano de 1941, tentativamente en julio, bajo la operación encubierta Tormenta.

Según el autor, Stalin utilizó deliberadamente a Alemania como un "rompehielos" de la revolución comunista. Su plan consistía en dejar que Hitler destruyera las potencias occidentales y debilitara a Europa, para luego lanzar una invasión masiva desde el este y presentarse como el "liberador" del continente. Siguiendo esta lógica, la Operación Barbarroja de Hitler el 22 de junio de 1941 no fue una agresión imperialista arbitraria, sino un ataque preventivo de último minuto que se anticipó por pocas semanas a la ofensiva soviética.

Para defender su postura, Suvorov analiza datos técnicos del Ejército Rojo recopilados antes de la apertura de los archivos oficiales postsoviéticos pero muchos de los cuales fueron confirmados luego de 1991, especialmente la manipulación de la realidad por parte del periodismo soviético que veremos más adelante.

Suvorov destaca que las tropas soviéticas estaban acumuladas directamente en las fronteras, sin fortificaciones defensivas profundas, con los puestos de mando expuestos al fuego de artillería inicial y sin preparación para pasar el invierno en territorio propio.

Señala el desarrollo masivo de los tanques de la serie BT diseñados para altas velocidades en autopistas pavimentadas como las de Alemania, pero inútiles en los caminos de tierra de la URSS, y la existencia de un millón de paracaidistas entrenados, una fuerza puramente ofensiva.

Dos discursos de Stalin

Otro elemento de juicio que aporta Suvorov son algunos discursos de Stalin y la forma en que fueron tratados por el régimen. De hecho, el análisis de los discursos reales de Stalin en 1939 y 1941 es crucial para entender la geopolítica soviética previa a la invasión alemana, ya que ilustran la evolución de su estrategia: de un pragmatismo cínico que buscaba el desgaste de Occidente, a la preparación contrarreloj para una guerra inevitable.

Existen dos discursos clave — uno controvertido y otro secreto pero confirmado — que definen este periodo.

Cuatro días antes de firmar el Pacto Ribbentrop-Molotov, Stalin presuntamente pronunció un discurso secreto ante los miembros del Politburó. Se trata del polémico discurso del 19 de agosto de 1939. Su autenticidad sigue siendo objeto de debate académico. Fue descubierto en los archivos franceses en la década de 1990 y, aunque el Kremlin siempre lo tildó de falsificación, muchos historiadores revisionistas argumentan que refleja fielmente las intenciones reales de Stalin.

"Si firmamos un tratado con Francia y Gran Bretaña, Alemania renunciará a Polonia y buscará un modus vivendi con las potencias occidentales. La guerra se evitará... pero las cosas serían peligrosas para la URSS.
Si aceptamos la propuesta alemana de un pacto de no agresión, Alemania invadirá Polonia y la intervención de Francia e Inglaterra será un hecho. Europa Occidental sufrirá graves desórdenes. En estas condiciones tendremos muchas posibilidades de mantenernos al margen del conflicto y podremos entrar en la guerra cuando nos sea ventajoso"
. [8]

Stalin veía la guerra europea como una oportunidad dorada. Su objetivo no era salvar la paz, sino provocar un conflicto prolongado entre las potencias capitalistas y fascistas. Una vez que ambas partes estuvieran completamente agotadas, la URSS podría intervenir para expandir el sistema comunista por todo el continente.

El discurso secreto del 5 de mayo de 1941 (ante graduados de la Academia Militar) es, a diferencia del anterior, 100% oficial y documentado, aunque se mantuvo bajo estricto secreto en la URSS durante décadas. Stalin habló ante más de 2,000 graduados del Ejército Rojo en el Gran Palacio del Kremlin. [9]

En ese discurso Stalin rompe drásticamente con la propaganda oficial que desde 1939 pintaba a Alemania como una nación amiga. Admitió abiertamente que la guerra con el Tercer Reich era inminente. Tras las rápidas victorias alemanas en Francia y los Balcanes, el Ejército Rojo estaba aterrorizado. Stalin dedicó gran parte del discurso a desinflar el mito de la "invencibilidad nazi", argumentando que Alemania estaba exhausta, que su economía dependía del saqueo y que sus tácticas ya eran predecibles.

"Hasta ahora hemos llevado a cabo una política exterior pacífica y defensiva... Pero ahora que hemos reconstruido nuestro ejército, lo hemos equipado con tecnología moderna para el combate y nos hemos vuelto fuertes, debemos pasar de la defensa a la ofensiva. Al asegurar la defensa de nuestro país, estamos obligados a actuar de manera ofensiva. Debemos pasar de una política defensiva a una política militar ofensiva". [10]

La lectura objetiva de estos discursos demuestra el crudo realismo de Stalin.

En 1939 su prioridad era el aislamiento geopolítico. Utilizó el pacto con Hitler para ganar territorio protector (Polonia oriental, el Báltico) y desviar la agresión alemana hacia el oeste.

En 1941, al ver que Francia cayó demasiado rápido y que Hitler acumulaba tropas en la frontera, Stalin entendió que su plan de "desgaste mutuo en Occidente" había fracasado. El discurso de mayo no revela un plan detallado para invadir Europa ese verano, sino una reorientación psicológica desesperada dirigida a sus generales. Intentaba convencerlos de que, cuando la guerra estallara, la única forma de salvar a la Unión Soviética sería mediante la ofensiva militar directa, renunciando a la doctrina de la retirada.

El manejo de la propaganda oficial soviética en el periódico Pravda [11] tras el discurso secreto del 5 de mayo de 1941 es uno de los ejercicios de censura y equilibrismo político más fascinantes de la preguerra en Rusia. Muestra la enorme desconexión que existía entre las advertencias internas que Stalin daba a sus generales y el pánico del Kremlin a provocar a Hitler.

Aunque el discurso del 5 de mayo ante los graduados militares fue un punto de inflexión donde Stalin afirmó que la guerra con Alemania era inevitable y que el Ejército Rojo debía volverse ofensivo, nada de esto se publicó en el Pravda. Al día siguiente, el 6 de mayo de 1941, Pravda publicó una reseña extremadamente breve y genérica en su portada. Solo se mencionaba que Stalin había asistido a la graduación de la academia militar y que había pronunciado un discurso sobre la "importancia de la formación de los cuadros militares" y el fortalecimiento de la disciplina. Stalin sabía que la red de espionaje alemana informaría de inmediato a Berlín si el periódico oficial soviético adoptaba un tono hostil o anunciaba una doctrina ofensiva.

Pero el ejemplo más extremo de la línea editorial del Pravda ocurrió apenas ocho días antes de la invasión nazi. El 14 de junio de 1941, el periódico publicó en primera plana un comunicado oficial de la agencia de noticias del Estado (TASS). Este texto es considerado la cumbre del apaciguamiento propagandístico soviético.

Por de pronto, el Pravda directamente negó la guerra. El comunicado tachaba de "rumores absurdos y provocaciones de las potencias capitalistas occidentales (Gran Bretaña)" las informaciones que apuntaban a una guerra inminente entre la URSS y Alemania. Además el texto afirmaba textualmente que "Alemania está cumpliendo de manera tan estricta las condiciones del Pacto de No Agresión Germano-Soviético como la propia Unión Soviética", y que el movimiento de tropas alemanas hacia el este no tenía nada que ver con las relaciones soviético-alemanas.

Stalin ordenó publicar esto en el Pravda como un mensaje directo a Hitler, intentando forzar un canal de negociación diplomática de último minuto.

Durante las semanas posteriores al discurso de mayo y hasta el 22 de junio, el Pravda mantuvo una dualidad desconcertante para la población soviética. Se ensalzaba la amistad con Alemania. Se publicaban fotos de trenes de mercancías soviéticos cruzando la frontera con grano para el Tercer Reich y se criticaba duramente el "imperialismo británico". Pero en el plano interno y entrelíneas, aunque no se mencionaba a Alemania como enemiga, el Pravda incrementó de forma masiva los artículos sobre la "preparación para la defensa de la patria", el heroísmo histórico del pueblo ruso frente a invasores extranjeros y llamamientos sutiles a la vigilancia fronteriza.

El 22 de junio de 1941 el relato colapsó. La estrategia de desinformación masiva en los medios oficiales tuvo consecuencias catastróficas. Al prohibir al Pravda preparar psicológicamente a la población y a las tropas para una agresión alemana inminente, el Kremlin provocó que el estallido de la Operación Barbarroja tomara por sorpresa absoluta a millones de ciudadanos y soldados.

La mañana del 22 de junio de 1941, cuando las acciones bélicas ya se habían desencadenado, las imprentas del Pravda todavía distribuían periódicos que hablaban de la sólida paz y cooperación económica con el Tercer Reich. El periódico tuvo que ser reestructurado de urgencia en cuestión de horas para pasar, ahora sí de forma abierta, a la invocación de la "Gran Guerra Patria" como imagen convocadora para la defensa patriótica de Rusia.

Esa "Gran Guerra Patria" es lo que la Federación Rusa reivindica al día de hoy como la gran victoria rusa (y no necesariamente soviética) en la Segunda Guerra Mundial y es a lo que Vladimir Putin se refiere cuando dice que "Los que no añoran a la Unión Soviética no tienen corazón... pero los que quisieran reconstruirla no tienen cerebro".  

Conclusión

El fin es sabido. Alemania perdió la guerra por toda una serie de razones que exceden y por mucho el marco de esta nota; pero no la perdió por una estrategia equivocada de su máximo líder.  Hitler supo muy bien lo que hacía y no se equivocó respecto de Stalin. Lo que sucedió fue que hubo toda una serie de inconvenientes y errores tácticos que frenaron el avance alemán cuando ya estaba a las puertas de Moscú. Luego actuó el "General Invierno", el desastre de Stalingrado y, a partir de allí, ya no hubo forma de parar a la "aplanadora" rusa en el Este. A la misma se sumaron los ejércitos británicos ingleses y norteamericanos por el Sur y el Oeste. Alemania, atrapada otra vez en una guerra entre dos frentes, combatió hasta el final pero no pudo evitar la derrota.

Stalin, con su astucia georgiana, fue en realidad el único claro vencedor de la Segunda Guerra Mundial. Churchill y los ingleses ganaron la guerra pero perdieron su imperio. A Francia le pasó lo mismo. Con el correr de los años tuvo que desprenderse de todas sus colonias en el Medio Oriente[12], Asia [13], la India [14], el Norte de África [15]  y el África Subsahariana[16].  Estados Unidos empleó su táctica de entrar tarde en la guerra, cuando los contendientes ya se hallaban cansados, tuvo un papel razonablemente bueno en Europa pero se metió en un tembladeral en la zona del Asia-Pacífico en donde tuvo que usar dos bombas atómicas para producir la masacre de Hiroshima y Nagasaki a fin de vencer a Japón y se involucró en la geopolítica de la zona lo cual le trajo, por añadidura, las sangrientas crisis de Corea primero y Vietnam después.

La Rusia bolchevique por su parte incorporó prácticamente toda la Europa Oriental a su imperio, ya sea como países satélites bajo ocupación y control militar (Bloque del Este) [17] o como países directamente anexados a la URSS [18].

Hoy (2026), a 81 años del fin de la guerra, si alguien preguntara "¿quién perdió la Segunda Guerra Mundial?" la respuesta obvia sería " Europa". Pero hilando más fino y pensando las cosas hasta el final, alguien podría responder: "todo Occidente".

Y nadie tendría argumentos válidos para contradecirlo.


NOTAS

Los datos fueron recabados ordenados y validados utilizando Inteligencia Artificial, la cual no se ha empleado para la evaluación y el análisis histórico-político de los mismos.

[1] )- William Ebenstein nació (…) en Jazłowiec, Galitzia, como ciudadano austrohúngaro. Provenía de una respetada familia judía cuyos antepasados ​​incluían al rabino Jacob Jehoschua Falk. (...) En 1936, emigró a los Estados Unidos. (...) Al igual que muchos otros abogados germano-estadounidenses, se puso al servicio de los EE.UU. durante la Segunda Guerra Mundial. Trabajó para el servicio de inteligencia estadounidense, entrenando personal para la ocupación de los países del Eje.
Cf. https://de.wikipedia.org/wiki/William_Ebenstein (en alemán)

[2] )- Wilfred von Oven – secretario referente de prensa en el Ministerio de Prensa y Propaganda alemán – atribuía la frase a su jefe Joseph Goebbels. Así y todo, el dicho curiosamente también apareció en el famoso videojuego de estrategia Command & Conquer: Red Alert 2 (2000). Allí, quien la pronuncia es el General Aleksandr Romanov, el imaginario jefe de las fuerzas de la Unión Soviética.

[3] )- Dedicatoria del libro "La Guerra Desconocida" de Otto Skorzeny. Disponible en https://lanuevaeditorialvirtual.blogspot.com/2024/04/otto-skorzeny-la-guerra-desconocida.html

[4] )- Las palabras "nazi" y "sozi" fueron apócopes muy comunes en la jerga política alemana de la década de los años 1920, especialmente en Berlín, para designar a los nazionalsozialisten y a los sozialisten (nacionalsocialistas y socialistas en alemán) respectivamente.

[5] )- http://www.marxists.org/archive/lenin/works/1918/7thcong/01.htm 

[6] )- Louis Fischer, Lenin, Bruguera, Barcelona, 1966, pág. 46

[7] )- Seudónimo de Vladímir Rezun, un exoficial de la inteligencia militar soviética GRU. 

[11] )- Órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista soviético.

[12] )- Líbano y Siria: Ambos protectorados consiguieron su independencia total entre 1943 y 1946.

[13] )- Vietnam, Laos y Camboya: Se independizaron formalmente tras los Acuerdos de Ginebra en 1954,

[14] )- Los enclaves de Pondicherry, Karaikal, Yanam y Mahé fueron transferidos a la administración de la India entre 1954 y 1962

[15] )- Marruecos y Túnez: Francia les concedió la independencia pacífica en 1956.  Tras una cruenta y traumática guerra de liberación (1954-1962), Argelia logró su total independencia en 1962 mediante los Acuerdos de Evian.

[16] )- En 1960 (conocido como el "Año de África"), Francia disolvió formalmente sus estructuras coloniales en el continente, otorgando la independencia a más de una docena de repúblicas actuales, incluidas Senegal, Costa de Marfil, Camerún, Madagascar, Níger y Mali, entre otras.

[17] )- Polonia, Rumania, Bulgaria, Hungría, Albania, Checoslovaquia y la parte oriental de Alemania.

[18] )- Estonia, Letonia, Lituania, Moldavia y Partes de Polonia, Finlandia (Carelia) y Alemania (Königsberg, hoy enclave ruso de Kaliningrado). 


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