lunes, 13 de octubre de 2014

ESPAÑA, AMÉRICA Y COLÓN


Iten, ordenamos y mandamos que de aquí adelante 
por ninguna causa de guerra ni otra alguna, 
aunque sea so titulo de revelión ni por rescate ni de otra manera, 
no se pueda hazer esclavo indio alguno, 
y queremos sean tratados como vasallos nuestros 
de la Corona de Castilla, pues lo son. 
(Las Leyes Nuevas de Indias - 1542 - Cap. 21)


Con motivo del 12 de Octubre, una fecha en la que en mejores tiempos conmemorábamos el Día de la Raza, ha vuelto a desatarse la inútil diatriba acerca del supuesto "genocidio" de los ahora llamados "pueblos originarios" que en mi infancia llamábamos simplemente "indios" y nadie se enojaba por eso. Nadie. Ni siquiera los indios.

Aparte de las gruesas tergiversaciones sobre el comportamiento de los españoles en América (acabo de leer en uno de los diarios de esta capital el comentario de un lector afirmando que en Perú los conquistadores no dejaron con vida "ni a un solo indio". . . Ni a uno solo. ¡Lo crea Usted o no!), basta con contar los indios y mestizos que actualmente viven en Hispanoamérica y comparar ese número con el de los que quedaron en las zonas conquistadas por los anglosajones para acabar con la controversia.

Para derrumbar esas tergiversaciones podríamos mencionar largamente la obra de personalidades como Fray Bartolomé de las Casas o como Francisco de Vitoria. Podríamos hacer un extenso análisis de las Leyes Nuevas de 1542 sancionadas por Carlos V.  Podríamos destacar también que la primera Universidad de América se funda apenas 38 años después de la llegada de Colón a América mientras que solo cien años más tarde se fundaría la Complutense en España. Como opinión personal podría agregar que prefiero ir a misa y no a una ceremonia religiosa precolombina en donde podría terminar sobre un altar de piedra con el corazón extirpado por un sacerdote. O mis hijos podrían terminar drogados y sacrificados como lo fueron los Niños de Lullaillaco cuyas momias se pueden ver hasta el día de hoy en el Museo de Arqueología de Alta Montaña de Salta.  Pero estoy convencido de que la mención de todos estos hechos bien documentados sería inútil. Quienes se enamoran de un argumento porque condice con sus emociones o con sus intereses no lo abandonan por el mero y pequeño detalle de que se da de patadas con la realidad.

Además, mi argumentación caería en gran medida en el mismo error en el que caen quienes echan sapos y culebras contra la Conquista española.

Porque sucede que, más allá de las salvajadas que indudablemente cometieron algunas personas durante la Conquista -- y que unos cuantos siguen cometiendo hoy en día sólo que con armas más sofisticadas y excusas más ridículas -- es simplemente ilícito e improcedente juzgar a los personajes históricos de hace quinientos años atrás con las normas (y las modas intelectuales) del Siglo XXI. Con ese criterio no solamente tendríamos que denostar a toda la cultura egipcia porque los egipcios tuvieron esclavos sino que deberíamos descartar a los mismos griegos atenienses, los padres de la democracia según la doctrina vigente, puesto que en Atenas siempre hubo más esclavos y ciudadanos de segunda que hombres libres. Y los muy democráticos griegos a sus esclavos no los trataban con mucha benevolencia que digamos. Lean la opinión de Aristóteles al respecto y comprenderán lo que digo.

Realmente, uno de los peores errores que se puede cometer es juzgar los hechos pasados con los criterios actuales y con las tendencias actualmente en boga. El padre de Manuel Belgrano fue un comerciante de esclavos. ¡Pichón de problema! ¿Qué hacemos ahora con Belgrano? ¿Lo echamos de los libros de Historia por sospechoso de complicidad con el holocausto africano? Las costumbres de aquellas épocas son, por cierto, inaceptables en nuestros días, pero eso no autoriza a nadie a echar a la basura todo lo positivo que dichas épocas nos dieron. Como, por ejemplo y tanto como para poner un solo ejemplo, el idioma con el que todos los hispanoamericanos pueden comunicarse desde el Río Grande hasta Tierra del Fuego siendo que la actual América Hispana no es más que el Imperio Español despedazado y subdividido por el divide et imperat de la política exterior británica del Siglo XIX.

Con todo, la figura de Cristóbal Colón merece un estudio en profundidad. Porque, si vamos a hacer revisionismo histórico, no lo hagamos para encontrar en la Historia una base para las peloteras políticas o culturales actuales. Hagámoslo para encontrar algo mucho más importante. Hagámoslo para encontrar la Verdad.

O, por lo menos, para aproximarnos a ella lo máximo que sea humanamente posible.

Les dejo un libro relacionado con del descubrimiento de América.


Créanme: no tiene desperdicio.



 

sábado, 4 de octubre de 2014

AMIGOS Y ENEMIGOS

Si quieres hacer la paz,
no hables con tus amigos; habla con tus enemigos.
Barón de Montesquieu

Los hombres sensatos aprenden de sus enemigos.
Es de ellos y no de sus aliados que las ciudades
aprenden a construir altas murallas y barcos de guerra.
Aristófanes (446–386 AC.)

Los políticos argentinos – abogados en su gran mayoría – captaron poco de Carl Schmitt. Y lo poco que captaron lo entendieron mal. O bien (y suponiendo que lo hayan leído) no lo entendieron en absoluto.

Una de las tesis centrales de Carl Schmitt es que las disciplinas humanas, por regla general, se dedican a un área de la realidad y subdividen luego ese aspecto de la realidad (al que consideran su "mundo") en campos contrapuestos para explicar su dinámica. Así, por ejemplo, la ética divide a su mundo en "el bien" y "el mal"; la estética opera con los criterios de "lo bello" y "lo feo"; la economía con los de "útil" e "inútil" o bien con los de "ganancias" y "pérdidas", y así sucesivamente. Es lo que la mentalidad dialéctica marxista, utilizando el criterio de Hegel, ha interpretado en Carl Schmitt como "contradicciones" pasando por alto que el hombre es muy cuidadoso al elegir sus términos.

De hecho, para describir el fenómeno Schmitt no utiliza en absoluto la palabra "Widerspruch" (contradicción) sino que emplea el término "Unterscheidung" (diferenciación) y más adelante habla de "Gegensätze" (contraposiciones o contrastes). [1]

Es este sentido, la diferenciación entre el "amigo" y el "enemigo" señalada por Schmitt se entiende como una  "diferenciación específicamente política, con la cual se pueden relacionar los actos y las motivaciones políticas" para aclarar inmediatamente: "Esta diferenciación ofrece una definición conceptual, entendida en el sentido de un criterio y no como una definición exhaustiva ni como una expresión de contenidos." [2] En otras palabras: la bipolaridad amigo-enemigo constituye una definición conceptual que sirve de criterio de análisis y comprensión. No es la descripción absoluta de la política ni tampoco una expresión abarcadora del contenido total de la política.

Eso por un lado. Por el otro está la precisión con la que Schmitt define el concepto de "enemigo político". Al respecto nos dice:

"Enemigo es solamente el enemigo público, porque lo que se relaciona con un conjunto semejante de personas — y en especial con todo un pueblo — se vuelve público por la misma relación. El enemigo es el hostis, no el inmicus en un sentido amplio; el polemios, no el echthros." [3]

Consecuentemente, otra de las tesis centrales de Schmitt es que esta bipolaridad amigo-enemigo adquiere su verdadera envergadura y peso recién en materia de política exterior. Siguiendo a Platón, en una nota aclaratoria Schmitt se encarga de precisar que la diferenciación se refleja también en las diferentes clases de guerra. Para Platón, una verdadera guerra (polemos) solo podía ser una guerra entre helenos y bárbaros. Por el contrario, las luchas internas entre helenos constituían para Platón una "staseis", un término que, según Otto Apelt, se traduce por "discordia" y es lo que nosotros hoy llamaríamos "revuelta", "subversión" o "guerra civil", dependiendo de la característica, intensidad y extensión del conflicto.

Con ello, si tenemos presente que una de las funciones esenciales del Estado es la función de síntesis de las fuerzas divergentes que existen de un modo natural e inevitable en el seno de toda comunidad humana, queda meridianamente en claro que – puesto que la política tiende a hacer diferenciaciones del tipo amigo-enemigo – una de las funciones esenciales de toda conducción política es la de EVITAR ese tipo de enfrentamientos en el orden interno porque, de no conseguirlo, la consecuencia es, en el mejor de los casos, el debilitamiento de la sociedad en general y, en el peor de ellos, el riesgo del estallido de una guerra civil.

En Política interior, pues, el político NO DEBE permitir que en el seno de la sociedad surjan enfrentamientos del tipo amigo-enemigo porque ello solamente debilita el organismo social y le impide hacer frente a sus – reales y/o potenciales – enemigos externos. En lo interior lo que debe primar en la política es una de las tres funciones esenciales del Estado que es precisamente la de síntesis; es decir: la tarea de superar divergencias y armonizar las fuerzas contrapuestas y los intereses opuestos que amenazan con desgarrar al cuerpo social en diferentes direcciones.

Uno de los problemas graves que tiene la Argentina es que, lamentablemente, durante muchos años su dirigencia política y sus gobiernos hicieron exactamente lo contrario.

Está bien; concedido: superar divergencias y aunar esfuerzos e intereses no es para nada algo fácil en un país tan dispar, multifacético y básicamente indisciplinado como es la Argentina. Sobre todo cuando el egoísmo individual, la tergiversación de valores, la hipocresía moral, la corrupción y el cortoplacismo se han convertido en hábitos del comportamiento cotidiano de una enorme cantidad de personas – y no solo de los políticos.

Pero, así y todo, desde la dicotomía de unitarios y federales, pasando por la guerra civil de los años 70 hasta el constante enfrentamiento entre partidarios y opositores del "modelo" kirchnerista, la materia de Síntesis Política es una asignatura que los políticos y los dirigentes argentinos en general no han aprobado.

Muchos de ellos ni siquiera la han cursado.

El resultado de esto es que no saben manejar la dinámica política. No lo saben en materia de política interior, y menos todavía lo saben en el ámbito de la política exterior en dónde a la ignorancia de la verdadera esencia de la diferenciación política se le agrega la ignorancia – en algunos casos supina y en otros cómplice – de cómo funciona el mundo en realidad. Consecuentemente, en política interna ven enemigos en donde no los hay – y, si no los ven, pues simplemente hasta los inventan. Y al mismo tiempo en política exterior buscan amigos en donde menos le conviene al país y encima se fabrican enemigos que no pueden vencer.

Pero no nos ensañemos tan solo con nuestros políticos domésticos. En el resto del mundo la situación tampoco es demasiado diferente, aun cuando los estilos y el nivel del barniz cultural superficial pueden variar entre márgenes bastante amplios con lo que el nivel del discurso también varía pudiendo ir desde la burda chabacanería de barricada hasta la alambicada – y reconozcámoslo: a veces hasta ingeniosa – construcción intelectual de la sofística más elaborada.

Lo que sucede es que, más allá de la diferenciación inherente a la política misma, los impostores políticos – ya sea por ineptitud manifiesta o por una no menos manifiesta hipocresía – necesitan la figura del enemigo político, real o supuesto, porque, siendo incapaces de manejar fuerzas políticas contrapuestas o divergentes, necesitan al enemigo como chivo expiatorio para adjudicarle la responsabilidad por las consecuencias de sus propios fracasos.

Comprendámoslo: en política son completamente inútiles, insustanciales e inaceptables las excusas al estilo del "no nos dejaron hacer", "nos pusieron constantemente palos en la rueda", "no nos quisieron brindar el apoyo necesario", y todas las demás expresiones exculpatorias que intentan transferirle al enemigo o al adversario la responsabilidad por un descalabro. Son excusas absolutamente inaceptables porque un político que no está a la altura de sus enemigos potenciales o reales lo único decente que puede hacer es irse a su casa y dedicarse a una actividad menos compleja que la política.

Por ejemplo, la filatelia, el golf, o bien y dado el caso, el bordado o el crochet.

Tal como decía Aristófanes hace ya más de 2.300 años atrás, los hombres sensatos aprenden de sus enemigos.

Y en el Siglo XXI – tanto como para no hacer una discriminación de "género" – habría que agregar: las mujeres sensatas también.


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Notas:

[1] "Die spezifisch politische Unterscheidung, auf welche sich die politischen Handlungen und Motive zurückführen lassen, ist die Unterscheidung von Freund und Feind. Sie gibt eine Begriffsbestimmung im Sinne eines Kriteriums, nicht als erschöpfende Definition oder Inhaltsangabe. Insofern sie nicht aus anderen Kriterien ableitbar ist, entspricht sie für das Politische den relativ selbständigen Kriterien anderer Gegensätze: Gut und Böse im Moralischen; Schön und Häßlich im Ästhetischen usw." (Las itálicas son del Schmitt, las negritas son mías).

Traducido: La diferenciación específicamente política, con la cual se pueden relacionar los actos y las motivaciones políticas, es la diferenciación entre el amigo y el enemigo. Esta diferenciación ofrece una definición conceptual, entendida en el sentido de un criterio y no como una definición exhaustiva ni como una expresión de contenidos. En la medida en que no es derivable de otros criterios, representa para lo político el mismo criterio relativamente autónomo de otras contraposiciones tales como el bien y el mal en lo moral; lo bello y lo feo en lo estético, etc.  (Cf. Carl Schmitt "El Concepto de lo Político", §.2 - El subrayado es mío)

[2] Ibidem

[3] Los romanos reservaban la palabra "inmicus" a los enemigos personales. "Hostis" eran los enemigos de toda Roma; es decir: los enemigos públicos. Del mismo modo, el "polemios" en Grecia se refería a los "bárbaros" externos a la Hélade mientras que el "echtros" era el oponente interno; vale decir: otro griego también  integrante de la Hélade.  Cf. Carl Schmitt  "El Concepto de lo Político", §.3

domingo, 21 de septiembre de 2014

APOCALIPSIS


Podemos estar al borde del apocalipsis
si, en lugar de tener gente pobre
con bombas suicidas matando a gente de clase media,
tenemos a gente de clase media con bombas suicidas
matando a gente rica.
Bruce Sterling

La guerra es una masacre
entre personas que no se conocen
que sucede en beneficio de personas que sí se conocen
pero que no se masacran.
Paul Valery

El mundo está en movimiento. En un peligroso movimiento. Las fuerzas actuantes – bien que algunas con más dificultades que otras – están, si no chocando abiertamente todavía, al menos probando sus músculos. O lo que es lo mismo: su tecnología bélica.

La tecnología siempre ha desempeñado un papel poco menos que decisivo en los enfrentamientos bélicos. Los pueblos que dominaron el hierro vencieron a los que solo habían desarrollado la tecnología del bronce del mismo modo en que los pueblos de la Edad de Bronce vencieron a los de la Edad de Piedra. Los que consiguieron dominar los mares desplazaron en gran medida a los que se mantuvieron anclados en tierra. El desarrollo del avión de combate y el tanque de guerra permitió pasar de la guerra de posiciones de la Primera Guerra Mundial a la guerra en movimiento de la Segunda.

Sucede, sin embargo, que a medida en que las armas se van volviendo cada vez más complejas y sofisticadas, presentan un problema: hay que probarlas y ensayarlas. Obviamente se pueden hacer maniobras, ejercicios, simulacros y hasta "juegos" de guerra, pero no hay nada que pueda suplantar al empleo real en situaciones reales, especialmente frente a un enemigo del cual – en virtud del secreto que siempre rodea los desarrollos militares – no se termina de saber exactamente con qué elementos de defensa y de ataque dispone. Precisamente por eso, y por ejemplo, antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial las nuevas armas se ensayaron. Para desgracia de los españoles, la Guerra Civil Española sirvió de banco de pruebas tanto a los alemanes como a los soviéticos.

Hoy es muy posible que estemos en un caso sumamente similar, con drones y armamento electrónicamente dirigido y controlado ensayándose en varios lugares del planeta con una idea estratégica de prescindir de la otrora reina de las batallas – la infantería – por lo menos hasta la última fase decisiva. O bien y en todo caso, utilizando una "infantería tercerizada" formada en parte por mercenarios y en parte por los mismos "nativos" involucrados.

Sea como fuere, no es tanto una Tercera Guerra Mundial "por partes" como lo ha expresado el papa, sino más bien el "ensayo general" para una posible Tercera Guerra Mundial cuyo estallido no es – todavía – del todo seguro pero para la cual las potencias involucradas están probando y afilando sus armas. Tanto las físicas, como las virtuales y las psicológicas.

La gran pregunta que uno se hace en este escenario es: ¿para qué iríamos a una tercera gran conflagración mundial? ¿Qué sentido tendría? ¿Qué la justificaría? ¿Qué la motivaría? Obviamente son todas preguntas que, para cualquier persona medianamente razonable, no tienen respuesta.

Porque aquí no se trata de pueblos bárbaros y relativamente pobres que atacan a civilizaciones opulentas como sucedió con el Imperio Romano en sus últimas épocas. Es al revés: es el poder hegemónico mundial el que ataca a pueblos díscolos que no se avienen a las imposiciones de un poder global como sucedió en Iraq, como se amenazó con proceder en Irán y como ahora se amaga con proceder con Rusia. No se trata de pueblos que huyen de entornos inhóspitos buscando conquistarse un lugar más agradable bajo el sol. Es al revés: son las potencias asentadas del poder global las que buscan conquistar hasta los lugares más inhóspitos del planeta para extender su área de poder, como sucede en Palestina y en varias otras zonas.

En todo caso, lo que hoy tenemos es que los pueblos "bárbaros", de menor desarrollo y recursos bélicos, contraatacan con los medios primitivos a su alcance. El llamado terrorismo no es más que el recurso de los que carecen de potencial bélico avanzado. Y su salvajismo se potencia no solo por ciertos elementos religioso-culturales sino también por la convicción de que se están defendiendo de una agresión injusta.

En cuanto a las motivaciones de los agresores, creo que es muy posible que lo que está pasando es que el materialismo hedonista comienza a chocar contra sus propios límites. No es que ésta sea la única causa de los peligrosos conflictos que hoy nos plantea la realidad. Como todo proceso complejo, tampoco el de estos conflictos obedece a una sola y única fuerza impulsora. Los procesos complejos jamás son monocausales.  Especialmente cuando, para justificarse, este materialismo hedonista se escuda detrás de los eternos argumentos que siempre se han esgrimido para tratar de justificar la guerra: la libertad, el honor, la independencia, la gloria, la defensa del territorio, la seguridad nacional, la democracia, la justicia, el bienestar para todos y, aunque sea un contrasentido insalvable, incluso la misma paz. Es que resulta un poco difícil mandar gente a matar y morir por un par de pozos de petróleo o por el balance de una docena de bancos.

Si bien también hay motivaciones petroleras y bancarias – así como también hay afán de poder y clara ambición de dominio –  muy en el fondo la cuestión es que Occidente simplemente llegó al límite de lo que su cosmovisión liberal-individualista le permitió abarcar.

El materialismo racionalista, que surgió como consecuencia de la Ilustración y la Enciclopedia y que inspiró a la Revolución Francesa, ha llevado a la modernidad a vivir desde hace siglos persiguiendo bienes materiales destinados a producir una satisfacción poco menos que inmediata. Es lo que en términos amplios se ha definido como el "bienestar" que supuestamente garantizaría "la felicidad".
Pero lo que el hedonismo materialista ha insistido en ignorar es algo que, desde el fondo de los tiempos, nos enseña la profunda sabiduría de todas las leyendas y de todos los cuentos populares: la absoluta inutilidad de los bienes materiales cuando éstos no están al servicio de un proyecto de gran envergadura o, para decirlo de otra manera, cuando no están al servicio de un ideal basado en valores permanentes.

Ésa es, por ejemplo, la enseñanza que deja la leyenda del rey Midas que convertía en oro todo lo que tocaba y terminó muriendo de hambre.

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Nos estamos aproximando a tiempos apocalípticos. Por favor, no se asusten. No estoy hablando del fin del mundo. Ese tema se lo dejo a personas como el P. Castellani que saben de eso mucho más que yo. A lo que me refiero es al estricto sentido etimológico del término. Porque ocurre que "Apocalipsis" viene del griego απο (apo = quitar) y καλύπτειν (kalyptein = estorbar, esconder). En otras palabras, significa algo así como "des-esconder"; vale decir: "revelar", "desvelar", "quitar el velo". Por eso es que en los países anglosajones el Apocalipsis bíblico se llama "The Book of Revelation"; el Libro de la Revelación.

El Occidente esencialmente liberal, individualista y materialista, se está quitando poco a poco las máscaras que lo hacían atrayente y está emergiendo su verdadero rostro. Está cayendo el velo que hasta hace poco ocultaba la verdadera esencia del capitalismo liberal así como la caída del muro de Berlín reveló finalmente la verdadera esencia del marxismo. Acorralado por sus propias falencias, el hedonismo materialista está intentando mantener su hegemonía – y, dado el caso conquistarla o reconquistarla – mediante las armas y la guerra.

Para su desgracia, está olvidando las sabias palabras de Napoleón: "las bayonetas sirven para muchas cosas menos para sentarse sobre ellas".

Lo que no recuerdo es si Napoleón dijo eso antes o después de atacar a Rusia.   

domingo, 24 de agosto de 2014

BUITRES, PINGÜINOS Y METÁFORAS

Una vez vi a una serpiente
haciendo el amor con un buitre y pensé:
"Igual que una negociación en Washington".
Jarod Kinz

Un ideólogo es alguien que, al darse cuenta
de que una rosa huele mejor que un repollo,
llega a la conclusión de que las rosas
son mejores para hacer sopa.
H.L. Mencken

Metáforas y Alegorías

En realidad, no es inusual que el ámbito político-intelectual se vea poblado – y hasta inundado – de metáforas y alegorías. El discurso político siempre se ha prestado a distintos tipos de simbologías, pero lo que últimamente me ha llamado la atención es esa súbita y extraña preferencia zoológica por las aves.

Porque en materia de especímenes avícolas de empleo metafórico tenemos de todo: buitres (con las subespecies "de adentro" y "de afuera"), caranchos, pingüinos [1], palomas, halcones, gallinas y algunas otras especies – siendo que en las voladoras hasta podríamos incluir los cheques, librados tanto por amigos, socios, adversarios y opositores al gobierno como por las eternas aves de paso de la economía que no por casualidad se llaman capitales golondrina.

Claro que también tenemos otras metáforas no-avícolas. La "bicicleta", los "arbolitos", el "blue" (¿por qué "blue" si es "green" o, en todo caso, "black"?), la "trenza", el "curro" [2], los "gorilas", etc. son los ejemplos que me vienen a la mente. Además, por supuesto, de "quilombo" que, como todos saben, es el nombre de ciertas poblaciones de Brasil y que en su acepción popular describe meridianamente bien el estado de cosas que tenemos. Por no decir el Estado a secas.

Según dicen los que dicen saberlo – con el diccionario de la Real Academia en la mano – una metáfora consiste en la: "Aplicación de una palabra o de una expresión a un objeto o a un concepto, al cual no denota literalmente, con el fin de sugerir una comparación (con otro objeto o concepto) y facilitar su comprensión". Por su parte, una alegoría se define como una: "Figura que consiste en hacer patentes en el discurso, por medio de varias metáforas consecutivas, un sentido recto y otro figurado, ambos completos, a fin de dar a entender una cosa expresando otra diferente."

La cuestión es que, en el uso que se le está dando hoy en la Argentina, con la metáfora tenemos un problema. Según la definición debería facilitar la comprensión de algo. Pero sucede que las que se están usando facilitan cualquier cosa menos, justamente, la comprensión. Aunque, seamos realistas, quizás se estén usando justamente para dificultarla. O bien, también es muy posible las estén usando personas que quisieran explicar algo que ni ellos mismos entienden en primer lugar.

Tanto la metáfora como la alegoría, se fundamentan en el razonamiento por analogía, la que a su vez se define como un: "Razonamiento basado en la existencia de atributos semejantes en seres o cosas diferentes". Y la analogía, para ser eficaz, debe relacionar – o ilustrar – cosas bien conocidas con cosas relativamente poco conocidas. Si digo "fuerza leonina", la figura concreta de un "león" (que supongo conocida por mi audiencia) me ayudará a describir o ilustrar la intensidad del concepto abstracto un tanto genérico de "fuerza".

El problema está en que nuestra jerga política actual – y muy especialmente la intelectualosa – no respeta estos lineamientos. Las analogías se establecen de un modo bastante arbitrario, las metáforas mezclan peras con manzanas y, finalmente, las alegorías insertadas en la "narrativa" del discurso terminan siendo ensaladas de metáforas cuya incoherencia trata de ser disimulada mediante el generoso agregado de tecnicismos académicos que terminan haciendo referencia a cualquier cosa que a uno se le ocurra imaginar. Con lo que cuesta horrores concebir lo que imaginó originalmente el que compuso la ensalada intelectual en cuestión. Porque el menjunje resultante no es ni una filosofía, ni una doctrina, ni una ideología, ni un modelo. Es, como diría Jauretche, simplemente un trabasesos.

Patria o Buitres

La cuestión es que con el despiporre que se armó alrededor del fallo del juez Griesa, la metáfora de los buitres se instaló en la discusión pública. Brevemente expuesto, el problema surgió cuando una deuda, colocada por el propio gobierno argentino – el actual, al igual que sus antecesores – bajo la jurisdicción de los tribunales de Nueva York resultó dirimida por la justicia norteamericana en forma adversa para la Argentina. Según la narrativa de las actuales autoridades, el fallo es un atentado a la soberanía nacional. Pregunta incómoda: ¿el colocar deuda bajo jurisdicción extranjera no fue una renuncia a la soberanía nacional? Pregunta más incómoda todavía: ¿hubiera dejado de serlo si Griesa y la Corte Suprema de los EE.UU., en una de esas casualidades, fallaban a nuestro favor?

La respuesta a las preguntas incómodas es "sí" a la primera y "no" a la segunda. Pero, para entender las respuestas hay que poner en blanco sobre negro al sujeto principal de las preguntas. Y ese sujeto principal es la soberanía en sí.

Por de pronto, la soberanía no es una entelequia romántica nacionalistoide como sugieren – e incluso en algunos casos afirman – los intelectuales liberales globalizadores o los marxistas internacionalistas. La soberanía es simplemente la facultad de tomar la última decisión más allá de la cual ya no hay más decisiones posibles. Para simplificar (mucho), se podría decir que la soberanía es el derecho a la última palabra. Un Estado es soberano cuando tiene el poder de tomar la decisión final y definitiva en las materias que le competen. Cuando no tiene ese poder, simplemente no es soberano. El gobierno argentino tomó deuda cediendo, en caso de conflicto, el derecho a la decisión final y definitiva a los tribunales norteamericanos. Por lo tanto cedió soberanía. Al menos y como mínimo, cedió soberanía económica y jurídica en un caso puntual. No hay "interpretación", ni "relato", ni paráfrasis, ni exégesis que consiga negar o disimular ese hecho concreto. A lo sumo, en un intento de justificación se podrá invocar la "necesidad y urgencia" de la cual la Argentina no consigue salir desde hace añares. Pero el argumento es débil. Por decir lo menos.

A su vez, el otro hecho concreto es que la cosa salió mal. Realmente mal. Si salió mal porque se negoció mal – como quieren los que no quieren al actual gobierno – o si salió mal porque estuvo mal planteado de entrada – como quieren los que no quieren deudas con los tiburones financieros globales – es una discusión poco menos que bizantina a esta altura del partido. Lo más probable es que ambas causas sean ciertas. Pero claro, cuando uno se manda una macana muchas veces no queda más remedio que ponerle el pecho a lo hecho para intentar, después, una huida hacia adelante. Y la huida hacia adelante del actual gobierno consistió – entre otras cosas – en plantear en términos patrióticos la salida del pantano en el que se había metido. De allí lo de "Patria o Buitres".

Para ponerlo en un gongorismo tan caro a los intelectuales del ámbito político actual, la consigna es la versión simplificada en términos binarios de esa narrativa alegórica que es funcional al intento de disimular la incoherencia ideológica subyacente. ¿Se entendió? ¿No? No importa, no se preocupen, en Carta Abierta o en la Secretaría de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional seguramente alguien conseguirá descifrar lo que dije. Y, si lo logra, no le va a gustar.

Algunos han querido emparentar lo de "Patria o Buitres" con el viejo "Braden o Perón" de principios del peronismo pero la genealogía es, a todas luces, incorrecta. Tanto Spruille Braden como Juan Domingo Perón fueron personas de carne y hueso, concretas, reales, a las cuales se podía interpelar y de las cuales se podía obtener una respuesta concreta. Como que precisamente esas respuestas explican la victoria de Perón sobre Braden siendo que Perón entendió el momento histórico que vivía la Argentina y le dio respuesta mientras que Braden – que de hecho estuvo en el país solo cuatro meses [3] – no entendió la cuestión en debate y terminó teniendo que aceptar que, aun con el apoyo de un estrato no despreciable de la población, su respuesta resultaba insostenible.

En términos de consignas binarias y simplificadas hubiera sido bastante más correcto plantear el problema de la deuda externa en términos algo más concretos, sin recurrir necesariamente a la metáfora aviar. Porque, en el fondo, lo de "Patria o Buitres" es un intento no demasiado bien redactado de reeditar el viejo "Patria sí; colonia no". Que es algo bastante más directo y se entiende con mucha mayor facilidad.

Aunque, por supuesto, implicaría definir muy bien qué es y qué queremos que sea la Patria, así como requeriría explicar también por qué – después de tantos años de revoluciones, golpes de Estado, salidas democráticas, luchas armadas, reformas constitucionales, privatizaciones, devaluaciones, rodrigazos, hiperinflaciones, elecciones, décadas ganadas y derrotas varias – seguimos teniendo que recurrir a la garantía de una corte extranjera para pedir algo de plata.

O mendigar un acuerdo para pagar la plata que pedimos antes.

Y terminar expuestos a los buitres.

La amenaza de los buitres

Los buitres, como es sabido, se alimentan con carroña. Es decir: para poder subsistir necesitan un organismo muerto. Si el organismo vive, no tienen más remedio que sobrevolarlo en círculos esperando el desenlace final. No quiero pecar de un pesimismo excesivo pero tengo la sensación de que los muchachos de Paul Singer, Mark Brodsky y Adam Stanislavsky están sobrevolando la Argentina. Y no solo desde el despacho del juez Griesa. Porque Singer ahora revolotea alrededor del despacho de un juez de Nevada para investigar 123 empresas que Lázaro Báez tiene radicadas allí.

Sucede que, en el caso de los buitres humanos, estos pajarracos no se limitan a esperar que la víctima se muera sino que, dado el caso, hacen todo lo posible para acelerar la cosa. No por nada Cristina se puso bastante nerviosa últimamente. Lo de las 123 empresas de Nevada es un aviso serio. Si el juez de Nevada las encuentra y realmente las investiga es difícil que consiga sacarles más de un dólar partido al medio. Pero el revuelo en la pingüinera sería fenomenal.

Entendámoslo: Shylock no viene pacíficamente por su libra de carne. Está dispuesto a sacrificar y hasta descuartizar a su víctima con tal de obtenerla. Por consiguiente, para el gobierno no solo se trata de evitar ese desenlace sino que también es preciso ahuyentar a los buitres humanos para que cesen en sus esfuerzos por lograr la muerte del organismo del cual esperan obtener su tajada.

Lo trágico es que esto no se puede hacer meramente con jueces, pleitos y enjuagues económicos. El único modo de espantar a los buitres es poniéndolos frente a algo que los asusta. En otras palabras: hacen falta águilas para enfrentar a los buitres. Los pingüinos no tienen con qué hacerlo. Ni siquiera aliándose con pterodáctilos mesozoicos que tratan de reinventarse mediante una hibridación genética de Keynes con Marx, incubados por quienes originalmente intentaron una similar hibridación genética pero de Gramsci con Perón.

O lo que quedaba de Perón.

El vacío opositor

El hecho es que la Argentina de hoy es un "constructo" (el término no es mío; lo uso nomás para que no me dejen fuera de la postmodernidad) armado con una economía marxistokeynesiana sustentada por una ideología gramscianoperonista. El conjunto – o "constructo" – debe entenderse como una versión conceptualmente antitética al niponazifascifalanjoperonismo; tanto como para volver a citar a Jauretche. Y para estrellarnos de nuevo contra otro trabasesos.

Lo trágico del asunto es que, si uno le pega una mirada a la pajarera de enfrente, entre las aves opositoras uno tampoco ve águilas por ningún lado. Ni un pichón de águila, a decir verdad. Peor todavía: ni siquiera un pichón de cóndor que, si vamos al caso, también es un pájaro carroñero pero que al menos tiene un perfil más nacional y popular. De última, yo prefiero los aguiluchos pero lamento tener que confesarlo: últimamente en la arena político-partidaria no he visto a ninguno. Por lo menos a ninguno con real capacidad de volar.

Pidiéndole prestada la terminología y el análisis al turco Asís, el macricaputismo se opuso de entrada a la estrategia que los pingüinos marxistokeynesianos improvisaron a los apurones para detener el picoteo de los buitres. Naturalmente, el boyscoutismo de Scioli apoyó la cosa resignándose a su papel asignado de secundón siempre listo pero apenas tolerado. Y el disidentismo de la franja de Massa optó por la cautela primero y el rechazo después. Es decir: después de consultar a los encuestadores.

Así las cosas, lo que a mí no me termina de quedar en claro en medio de todo este mar de ambigüedades es: ¿a qué se opone la oposición? ¿A los buitres o a la forma muy poco ortodoxa de tratarlos? ¿Qué plantea la oposición? ¿Ir al fondo del problema de la deuda o mejorar las relaciones comerciales y sociales con Paul Singer, Mark Brodsky, Adam Stanislavsky y todos los demás?

Porque, desde el fallo del juez Ballesteros lo que habría que haber hecho en primer lugar, y lo que nadie – repito: nadie – ha hecho en los catorce años [4] que van desde ese fallo hasta el día de hoy, es investigar toda la deuda pública y privada argentina. Y después de catorce años es obvio que nadie quiere realmente hacerlo porque quedarían muy mal parados – y con un poco de suerte quizás hasta presos – muchos de los personajes que hoy se llenan la boca despotricando contra unos buitres que podrán ser muchas cosas pero que no son la antítesis de la Patria.

Les falta entidad para llegar a eso.

Siempre y cuando entendamos a la Patria como hay que entenderla y no como otra metáfora más para la instrumentación de sentimentalismos que contribuyan a mejorar un poco las encuestas.

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Notas:
1)-  El pingüino es un "ave marina no voladora" del Orden Sphenisciformes, (Al menos, según la enciclopedia de ciencias naturales que acabo de consultar.)
2)- Según el DRAE, en su primera acepción "curro" significa: Recinto cercado a donde se conducen los caballos criados en libertad para enlazarlos y marcarlos con hierro.
3)- Braden presentó sus credenciales  el 21 de Mayo de 1945 y terminó su misión el 23 de Septiembre de 1945. Cf. https://history.state.gov/departmenthistory/people/braden-spruille  - Consultado el 23/08/2014
4)- El fallo del juez Ballesteros en la causa Olmos fue dictado en junio del año 2000.