jueves, 9 de marzo de 2023

LOS MITOS DEL DÍA DE LA MUJER

Yo no quiero que las mujeres
tengan poder sobre los hombres.
Quiero que tengan poder
sobre sí mismas.
Mary Shelley

El Incendio que nunca existió

Todos los 8 de Marzo, el feminismo festeja su día. Y digo el feminismo y no las mujeres, porque este aniversario fue instituido, cultivado y constantemente recordado por esa corriente de militancia femenina.

Típico taller de costura de la época

Teóricamente en la fecha se rememora un hecho trágico. Aunque, según la mitología feminista, hay al menos dos versiones.

La primera dice que el 8 de marzo de 1908 murieron 129 mujeres en un incendio en la fábrica Cotton Textile Factory, de Nueva York, luego de que se declararan en huelga pero permaneciendo en su lugar de trabajo.

De acuerdo a la segunda versión, se rememora el  8 de marzo de 1917 en Rusia [[1]]  cuando en medio de la Revolución Bolchevique las mujeres rusas se declararon en huelga y supuestamente consiguieron provocar la dimisión del Zar obteniendo así su derecho a voto.

El problema está en que ambas versiones no son más que mitos. El primero de ellos es directamente falso. El segundo es una, digamos, gruesa "exageración poética" del papel de las mujeres en la Revolución Bolchevique rusa de 1917.

Por de pronto, no hay un solo documento que pruebe la existencia de un siniestro de incendio en Nueva York durante el 8 de marzo de 1908 con las características citadas. [[2]]  En cuanto a la segunda versión lo único cierto es que el 8 de marzo de 1917 las mujeres rusas salieron a la calle para iniciar una huelga y que la agitación resultante fue aprovechada por los partidarios de Lenin y Trotzky para iniciar la Revolución Bolchevique. [[3]]

Clara Zetkin y
Rosa Luxenburg
Aparte de todo eso y en 1907, Clara Zetkin, una activista comunista alemana de familia judía fue nombrada Secretaria Internacional de la Mujer en el marco de Primera Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas. Al año siguiente, el primer "Día de la Mujer" tuvo lugar el 3 de Mayo de 1908 en Chicago. Y dos años más tarde, en Agosto de 1910, en la Segunda Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas realizada en Copenhague, Clara Zetkin propuso celebrar un "Día Internacional de la Mujer Obrera"; propuesta que publicó luego en un artículo en la revista alemana Die Gleicheit (La Igualdad). El día se comenzó a celebrar al año siguiente: la primera conmemoración se realizó el 19 de marzo de 1911 en Dinamarca, Suiza, Alemania y Austria y luego se propagó gradualmente a todo el mundo.

Lo que llama la atención es que, tanto en Mayo de 1908 – a unos dos meses del supuesto fuego en la Cotton Textile Factory – como en la Segunda Conferencia de Clara Zetkin – en 1910, dos años después del pretendido hecho – nadie mencionó ese incendio.

¿Por qué ni en Chicago (1908) ni en Copenhague (1910) se mencionó siquiera el incendio de la Cotton Textile Factory del 8 de Marzo de 1908?

La razón es simple: porque ese incendio nunca ocurrió.

El incendio que sí existió

Sin embargo, la catástrofe ocurrió, pero en 1911 y en otra fábrica: la Triangle Shirtwaist Co. de Nueva York, propiedad de  Max Blanck e Isaac Harris. Tanto Harris como Blanck tenían una historia común. Ambos habían nacido en Rusia, de familias judías; llegaron a los Estados Unidos en 1890 y, como tantos de cientos de inmigrantes, se dedicaron al comercio de prendas de vestir.

El 25 de marzo de 1911 justo antes de la hora de salida, se produjo un incendio en el octavo piso del edificio Asch, frente a Washington Square en el bajo Manhattan. El incendio se inició en la Triangle Waist Company, una gran fábrica que ocupaba los pisos octavo, noveno y décimo. Triangle fabricaba entre diez y doce mil camisas, o blusas de mujer, por semana. La fábrica tenía grandes cubos de basura debajo de los largos bancos de trabajo, llenos de retazos sueltos de fino material de algodón y plantillas de papel. Debido a este material de muy fácil combustión, el fuego se propagó rápidamente hacia los pisos superiores.

Los bomberos llegaron rápido y el fuego se extinguió en una media hora, pero esa media hora fue mortal.

Y lo fue porque solo había pocas formas de salir: una escalera y un ascensor en cada extremo del edificio, una escalera de incendios y, en el décimo piso, una escalera al techo. La salida de incendios estaba parcialmente bloqueada. Estaba desvencijada y se derrumbó matando a una docena de trabajadores. Una escalera quedó bloqueada por el humo y el fuego. Lo cual dejó solo una escalera, los ascensores y la claraboya hasta el techo como vías de escape.

Los ascensoristas fueron héroes, especialmente uno llamado Joseph Zito. Subieron repetidamente por más personas a medida que el fuego avanzaba. De hecho, las pérdidas humanas no hubieran sido tan graves si la puerta de la escalera del noveno piso no hubiera estado cerrada con llave.

Max Blank e Isaac Harris 
Sobre por qué estaba cerrada hay dos versiones: según la primera, la más difundida, Blanck y Harris cerraban la puerta con llave para que las mujeres no salieran a unirse a las manifestaciones organizadas por las huelguistas. La segunda versión – la más probablemente cierta –surgió durante el juicio posterior al incendio. Se le preguntó a Isaac Harris por qué era importante que todos los empleados salieran de la fábrica siempre  por la salida de Greene Street (en lugar de por la salida de Washington Street, que era la salida que estaba cerrada el día del incendio). Harris respondió que era para evitar el robo por parte de las empleadas y procedió a describir cómo habían atrapado a seis trabajadoras robando en 1908. Además, relató que poco antes del incendio, habían atrapado a una mujer con dos camisas escondidas. Pero cuando el fiscal preguntó por la magnitud de las pérdidas, Harris en voz baja admitió a regañadientes que las mismas no superarían los 25 dólares anuales.

La cuestión es que durante el incendio, en el 9º piso algunas trabajadoras sucumbieron por inhalación de humo, algunas murieron quemadas, otras fueron aplastadas contra las ventanas y cayeron o saltaron por ellas para terminar cayendo a la calle ante el horror de las personas que observaban el incendio. En esos pocos minutos murieron 146 personas. [[4]] Seis de las víctimas nunca fueron identificadas.

Que 146 murieran de esa manera fue impactante. Pero el hecho de que una puerta de salida estuviera cerrada con llave para evitar que los empleados robaran, fue espantoso y hasta criminal. El fiscal de distrito, Charles Whitman, acusó a los propietarios de homicidio involuntario. Pero Blanck y Harris, a través de sus contactos en la mafia judía neoyoquina, contrataron a un famoso – incluso hasta legendario – abogado judío llamado Max Steuer. [[5]]

El juicio

Una de las mayores dificultades con las que Steuer se encontró fue el testimonio de la testigo estrella de la acusación, una joven seria y sensata llamada Kate Alterman, quien testificó que vio a su amiga tratando de salir, pero que, al no poder abrir la puerta cerrada con llave, murió quemada por el fuego. Terminó de testificar llorando y dejó al jurado claramente conmovido.

Max Steuer
Para contrarrestar este devastador testimonio Steuer recurrió a una artimaña realmente abominable. Le pidió a la testigo que repitiera su testimonio una y otra vez. Al final, en tono de triunfo destacó que Kate Alterman usaba siempre las mismas frases para relatar el hecho, por lo que la acusó de haber memorizado un testimonio falso, instigada por los sindicatos obreros.

Obviamente nadie pudo corroborar el testimonio de la testigo. Nadie había quedado vivo para hacerlo. Kate Alterman se había salvado de milagro y era la única que había quedado para relatar esa macabra escena.

Más tarde, la acusación presentó la cerradura de la infame puerta como prueba. Pero, por desgracia, la cerradura se había encontrado 16 días después del incendio. Si bien la fiscalía pudo probar que provenía de la puerta cerrada con llave del noveno piso, Steuer planteó que durante esos 16 días alguien podía haberla manipulado, insinuando otra vez que los sindicatos estaban conspirando contra los acusados.

Al final, Blanck y Harris fueron absueltos. Los sindicatos de trabajadores textiles juraron que las víctimas del incendio en la fábrica Triangle Waist nunca serían olvidadas, pero casi lo fueron. Los periódicos de la época no hicieron ningún esfuerzo sistemático por enumerar a las víctimas. El informe del forense sobre el incendio no fue guardado por la ciudad de Nueva York.  La transcripción judicial del proceso penal contra los dueños de la fábrica "se perdió" en el Archivo Municipal de la ciudad. Steuer guardó su copia de la transcripción y la donó a la biblioteca de una sociedad de derecho, pero la sociedad "perdió" o "extravió" al menos uno de los tres volúmenes. No fue sino hasta 2003 que el escritor David von Drehle finalmente revisó periódicos de la época y otros documentos que relacionaban registros con individuos y publicó una lista casi completa de víctimas. [[6]]

La indemnización del seguro

Pero el incendio tuvo, además, otro turbio aspecto poco conocido: el del seguro que cubría la empresa. En la ciudad de Nueva York, las instalaciones de protección contra incendio eran casi inexistentes. Las primas cobradas por las compañías de seguros siempre están en relación con el grado de riesgo asumido. Blanck y Harris eran riesgos podridos y pagaban primas altas, pero como los corredores de seguros cobraban sus servicios con un porcentaje sobre las primas, para ellos (aunque no para las compañías de seguros) Blanck y Harris eran clientes valiosos. A fin de solucionar esta clase de conflicto de intereses la industria del seguro emplea lo que se llama la dispersión del riesgo. En lugar de asegurar un bien en una sola compañía, la suma asegurada se divide en pequeñas partes entre varias compañías de modo tal que, en caso de siniestro, cada compañía paga solo una pequeña parte del daño y los corredores de seguros la compensan luego colocando riesgos buenos con poca probabilidad de siniestro.

¿Por qué Blanck y Harris eran "riesgos podridos"? Porque en repetidas ocasiones tuvieron incendios temprano por la mañana cuando no había nadie en la fábrica. Hubo dos incendios en la fábrica Triangle en 1901 (poco después de su apertura) y dos en su nueva fábrica – la Diamond Waist Factory – en 1907. El negocio de las camisas tenía dos períodos pico en el año. Tener un gran inventario al final del período pico no era un buen negocio. Blanck y Harris pudieron deshacerse del inventario sobrante y la compañía de seguros les reembolsó el dinero. Sus pólizas cubrieron todas sus pérdidas. Y más también.

Aunque Blanck y Harris nunca fueron acusados de incendio intencional o fraude de seguros, la evidencia circunstancial de repetidos incendios matutinos al final de las temporadas, con el reembolso total de las compañías de seguros, habla por sí sola. Lástima tan solo que esto no salió a la luz durante el juicio.

Como quedó el lugar del siniestro después de retirar los cadáveres.

Blanck y Harris, no se equivocaron al elegir abogado defensor. Steuer no solo los hizo absolver de los cargos de homicidio involuntario, sino que también los ayudó a obtener ganancias del incendio. Por de pronto se presentaron demandas que excedieron con creces las pérdidas. Enfrentadas a una pelea con Steuer, las compañías de seguros cedieron y pagaron 60,000 dólares por encima de las pérdidas documentadas. Eso equivalía a una ganancia de unos 411 dólares por víctima de incendio. Sin embargo, esta ganancia extra no despertó ni siquiera una pizca de generosidad hacia las familias de las víctimas. Steuer impidió que nadie recolectara algo del dinero del seguro pagado a Blanck y Harris. De hecho, a ninguno de los tres les importó un bledo la muerte de 146 personas.

Blanck y Harris no escarmentaron en absoluto. Tenían dinero, tenían contactos y tenían poder. También tenían antecedentes.

Durante la huelga general de trabajadores de la confección de 1909, cuando más de 20.000 trabajadores abandonaron el trabajo, Blanck y Harris respondieron brutalmente, pagando a matones para que atacaran a los trabajadores y presionando a la policía para que arrestara a los piqueteros. Hasta contrataron a prostitutas como trabajadoras de reemplazo para mostrar su desprecio por las huelguistas.

La cuestión es que, no solo no se hicieron cargo de sus antecedentes. Tampoco aprendieron la lección después del incendio de 1911.

En 1913, Max Blanck fue arrestado otra vez, acusado de cerrar con llave una puerta durante las horas de trabajo en su otra fábrica en la Quinta Avenida. En su juicio, admitió haber cerrado la puerta con llave y volvió a alegar que los robos de sus trabajadores lo arruinarían si no lo hacía. Blanck fue encontrado culpable, pero el juez – casi pidiéndole perdón – le aplicó la multa mínima de 20 dólares...

Poderoso caballero es Don Dinero.

¿Por qué el mito del 8 de marzo de 1908?

La identificación de los cadáveres
En los últimos años, la versión del incendio inexistente del 8 de Marzo de 1908 ha ido poco a poco desapareciendo de las crónicas siendo suplantado por tímidas y muy parciales versiones del incendio real de 1911. Sin embargo y a pesar de todo, el mito de 1908 todavía subsiste en muchos artículos periodísticos y hasta en libros típicamente feministas.

Uno no tiene más remedio que preguntarse por qué. ¿Qué sentido tiene relacionar una conmemoración con  un hecho que nunca existió? ¿Por qué se intentó tapar el incendio de 1911 con el mito de un supuesto incendio de 1908?

Lo que hay que tener en cuenta en el análisis de éstos y similares casos es que, a veces, las motivaciones de los seres humanos son muy complejas y hasta superpuestas. En política no es nada infrecuente que varios grupos, normalmente antagónicos, se pongan de acuerdo en lo mismo pero por distintos motivos. Lo del Día de la Mujer es, con toda probabilidad, uno de estos casos.

Por de pronto, para la propaganda política del establishment capitalista norteamericano resultaba bastante inconveniente que los derechos de las mujeres norteamericanas fuesen impulsadas con éxito por un feminismo bolchevique revolucionario. Movimientos feministas promovidos por lideresas abiertamente comunistas como Clara Zetkin y Rosa Luxemburg, no eran precisamente fáciles de aceptar por los dirigentes de un país que blasonaba de ser el ejemplo de una democracia liberal capitalista. Consecuentemente, no es improbable que la maquinaria propagandística del demoliberalismo norteamericano considerara conveniente "diluir" un poco la historia para que el marxismo y su lucha de clases no se prestigiaran más allá de lo controlable.

Por el otro lado – y quizás más importante todavía – el alejar la atención del incendio real de 1911 permitía barrer bajo la alfombra los muy incómodos hábitos de un capitalismo salvaje practicado por personas como Blanck y Harris que, por cierto, no eran ni por lejos los únicos en comportarse de forma inhumana con sus trabajadores en "la tierra de los libres y el hogar de los valientes". [[7]]. Hablar de un mítico incendio de 1908 permitiría ahorrar muchos detalles por demás embarazosos que no había forma de ocultar en un relato del incendio real de 1911.

En adición a todo eso había otro grupo interesado en que no se hablara del incendio de 1911: la comunidad judía norteamericana.

Es algo bastante poco conocido pero las "antiguas" familias judías norteamericanas que habían arribado al país durante el siglo XIX y que habían adquirido considerables fortunas – estamos hablando de los Loeb, los Goldman, los Sachs, los Seligman, los Guggenheim solo para nombrar algunos –  no veían con demasiada simpatía a los "advenedizos" inmigrantes judíos de principios del siglo XX, indigentes y desahuciados, procedentes de los lugares más pobres de Europa Oriental.

Solomon Loeb, Marcus Goldman, Samuel Sachs, Meyer Guggenheim y Joseph Seligman

Los judíos ricos, – cuyos integrantes se consideraban parte de un grupo conocido familiarmente como "Nuestra Pandilla" [[8]] y que vivían en sus exquisitas mansiones de Park Avenue y la Quinta Avenida – tenían todavía ciertas dificultades para ser admitidos por la flor y nata de la alta sociedad anglosajona norteamericana. Para los judíos ricos no era nada favorable que dicha alta sociedad los identificara con los marginales "recién llegados" ya que eso hacía más difícil todavía su aceptación por parte del grupo de "Los 400", denominación con la que eran conocidos los miembros de la "aristocracia" plutocrática anglosajona.

Por eso, mientras menos se hablara de sujetos tales como Max Blanck, Isaac Harris, Max Steuer y otros similares de la mafia judía neoyorkina, tanto mejor sería para los habitantes de las mansiones de Park Avenue y la Quinta Avenida. Y, por lo tanto, tampoco a estos poderosos magnates les convenía que se ventilaran con detalle los acontecimientos del 25 de marzo de 1911.

Una fecha diferente, un incendio ficticio, algunos románticos argumentos revolucionarios feministas y todos contentos. El Día de la Mujer ya no molestaría a nadie.

........................

Las mujeres merecen tener su día. Por supuesto que sí, y no creo que nadie – ni siquiera el más machista de los machos alfa dando vueltas por ahí – esté en contra de eso.

Para el feminismo desquiciado, el 8 de marzo quizás esté bien. Pero las mujeres de verdad, las que trabajan, las que estudian, las que sostienen hogares, las que son buenas madres y buenas esposas, las que no salen en tetas a la calle a gritar "¡muerte al macho!" porque tienen mil cosas mejores que hacer, ésas merecerían tener un día mucho mejor.

Un día mucho menos relacionado con la mafia, con la codicia criminal y con lo más miserable de la condición humana.


NOTAS


[1] )- Calendario gregoriano. 23 de Febrero según el calendario juliano.

[2] )- Cf. – Cote, Renée (1984) La Journée internationale dês femmes ou les vrais dates des mystérieuses origines du 8 de mars jusqu’ici embrouillés, truquées, oubliées : la clef dês énigmes. La vérité historique. Montreal: Les éditions du remue ménage.

[3] )- Cf. Trotzky, Leon, La Historia de la Revolución Rusa, Editions Internacionals Sedov, pág. 96 y ss - disponible en Internet. 

[4] )- El total de víctimas fue de 129 mujeres, 17 varones, y  70 personas heridas según una versión. Según otra fueron 123 mujeres y 23 varones. Pero también se habló de 148 o 141 víctimas.

[5] )- Max David Steuer, nacido en Humene, Eslovaquia, llegó con sus padres a los EE.UU. en 1876. Se recibió de abogado en la Universidad de Columbia y se hizo famoso por sus éxitos en varios juicios. Participó en las actividades de la Sociedad de Tamany Hall, la organización-motor del Partido Demócrata y actuó de presidente del American Jewish Congress (Congreso Judío Norteamericano) propulsado por B.G.Richards, el rabino Stephen Samuel Wise, Felix Frankfurter, el juez de la Suprema Corte Louis Brandeis, entre varios otros.

[6] )- Seis personas nunca fueron identificadas.

[7] )- Estribillo del Himno Nacional norteamericano. "the land of the free, and the home of the brave".

[8] )- "Our Crowd" en inglés. Literalmente Nuestra Muchedumbre; o multitud.
Cf. Birmingham, Stephen: "Our Crowd", Globe Pequot / Lyons Press, Marzo 2021.

sábado, 4 de marzo de 2023

ENTREVISTA A VIKTOR ORBAN

 Sobre la guerra en Ucrania, las sanciones, la inflación y la ideología de género.

Haga click sobre la imagen para ver






miércoles, 22 de febrero de 2023

DISCURSO ANUAL DE PUTIN 2023

 Discurso anual de Putin ante la Asamblea Federal de Rusia

Nunca se miente tanto como antes de las elecciones,
durante la guerra y después de una cacería.
Otto von Bismarck

El texto relacionado con esta nota obviamente no es de mi autoría. Quise publicarlo en FaceBook en su forma original desde su misma fuente y (no voy a decir que "para mi gran sorpresa") los muchachos de Mark Zuckerberg me enviaron un amable cartelito con el siguiente mensaje:

Por si les interesa: en la imagen, arriba a la izquierda
está la dirección a la fuente original del texto.

Por supuesto que era de esperar. Si se hubiera tratado de un sitio "parcial o totalmente sujeto al control editorial del Gobierno" norteamericano – o cualquiera de sus socios – seguramente no hubiera tenido ninguna dificultad. Pero bueno, así es como funciona la libertad de expresión, de prensa y hasta de pensamiento en las democracias orwellianas.

Sin embargo con lo que las democracias orwellianas nunca cuentan es con el insanable defecto de algunos seres humanos. Especialmente algunos especímenes como yo que los tengo muchos y muy variados. Uno de ellos es que soy irreductiblemente cabeza dura. Mi horóscopo en el diario no pega una desde hace añares, pero dice que Escorpio es uno de los signos más tercos del zodíaco. En eso acertó.

Aquí está pues el discurso anual del presidente ruso que los norteamericanos y los parientes de Zelensky no quieren que se lea. Tanto como para desafiar la Inteligencia Artificial de un sistema muy poco inteligente.

Una aclaración final: no me cabe la menor duda de que la primera baja en toda guerra es la verdad. Bismarck solía decir que nunca se miente tanto como antes de las elecciones, durante la guerra y después de una cacería. En el caso de Ucrania estamos precisamente ante una guerra, de modo que estamos obligados a tener algo en cuenta: todos mienten. Por supuesto, no todos mienten de la misma manera, ni sobre las mismas cosas, ni en la misma medida y el secreto está en ir conociendo el paño, la mentalidad y las verdaderas motivaciones para ir despejando exageraciones, tergiversaciones, mentiras piadosas, mentiras flagrantes, y mentiras viles.

No puedo garantizar que todas las declaraciones de Vladímir Putin se ajustan a la verdad. Pero sí puedo garantizar que, cuando les conviene, los norteamericanos mienten sin pestañear siquiera. Por lo tanto, lo que sigue seguramente no será, según la clásica fórmula, "la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad." Pero,  al menos en este no tan imposible Armagedón cuyos negros nubarrones son cada vez más amenazantes, es la otra campana que no está nada de más escuchar.

Aunque a FaceBook y a los censores del Nuevo Orden Mundial orwelliano no les guste como suena esa campana.

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domingo, 19 de febrero de 2023

UCRANIA Y EL ARMAGEDÓN

Y los siete ángeles que tenían las siete trompetas
se aprestaron a tocarlas, y el primero tocó la trompeta,
y hubo granizo y fuego mezclados con sangre,
que fueron arrojados sobre la tierra,
y fue incendiada la tercera parte de la tierra;
y fue incendiada la tercera parte de los árboles,
y fue incendiada toda hierba verde.
Apocalipsis VIII:6-7 

James G. Rickards, asesor de inversiones y ex-asesor estratégico de la CIA, ya ha escrito anteriormente sobre las enormes pérdidas de Ucrania y todavía – en abierta contradicción a los medios del sistema – sigue pronosticando el posible colapso de Ucrania. En su último análisis agregó que, en el caso de una derrota de Zelensky, Estados Unidos prácticamente no tendría más remedio que enviar soldados a Ucrania para salvar su estrategia. Lo cual, como es obvio, podría terminar en un verdadero desastre.

A principios de Enero, Rickards escribió un largo artículo de opinión revelando que los ucranianos perdían entre 8 y 10 veces más soldados que los rusos con lo que, finalmente, en algún momento podrían derrumbarse debido a esa sangría constante de vidas. Ahora ha escrito otro artículo de opinión sobre la guerra, en el que también dice que las pérdidas de los ucranianos son insostenibles. Según él, los informes norteamericanos "reales" muestran que las bajas ucranianas a esta altura de la guerra podrían rondar las 500.000 personas.

En honor a la verdad hay que decir que no está muy claro en qué informes se basa Rickards para sostener ese número. A fines del año pasado, la inteligencia norteamericana "estimó" el número de soldados ucranianos muertos en el conflicto en alrededor de 100.000 bajas y el mismo número se "estimó" para las bajas rusas. Incluso la presidenta de la CE, Ursula von der Leyen, se refirió a esas pérdidas ucranianas en ese momento. No obstante, también es cierto que, desde entonces, uno de los informes filtrados de la inteligencia alemana indicó que los ucranianos pueden estar teniendo pérdidas diarias significativas de hasta tres dígitos tan solo en los combates por la ciudad de Bakhmut.

Volviendo a Rickards, el ex-asesor de la CIA estima que el informe, al menos en lo referente a los 100,000 soldados rusos, está exagerado. Más todavía: señala que es en vano que la prensa occidental dominante insista en que Ucrania puede ganar la guerra con la ayuda de los blindados Abrams norteamericanos, los Challenger británicos y los Leopard alemanes.

Los tanques británicos y alemanes tardarán varios meses en llegar, y hay muchas posibilidades de que los Abrams puedan entrar en servicio en Ucrania recién en 2024 como muy pronto. Y no solo Rickards estima esto; los datos están bastante bien confirmados por lo publicado en el prensa especializada. Es que los tanques estadounidenses tendrán que sufrir varias modificaciones, y sus sistemas de combate y blindaje no serán tan avanzados como los originales. Los del Pentágono no son tontos: no tienen ningún interés en que los rusos tengan en sus manos un Abrams original para estudiar y quizás copiar si alguno de los entregados a Ucrania llega a caer en sus manos.

Aparte de eso, la guerra en Ucrania ha demostrado precisamente la relativa obsolescencia del tanque como arma de guerra frente a los misiles y drones de los que hoy se dispone. Si los tanques de la OTAN llegan a Ucrania, es muy probable que los rusos los destruyan con bastante rapidez con artillería, armas antitanque y misiles de precisión. Los blindados prometidos a Zelensky son buenos tanques, eso no se discute, pero en primer lugar no son invulnerables y en segundo lugar, como ya se ha señalado, no dispondrán del equipamiento completo. Esto concuerda con los informes de los que indican que los rusos no están particularmente preocupados por ellos.

También hay que tener en cuenta que, en un despliegue, los tanques tendrían una gran necesidad de apoyo aéreo y Ucrania no puede proporcionarlo por el momento. El general estadounidense James Stavridis, ex comandante en jefe de las fuerzas europeas de la OTAN, también manifestó lo mismo hace unas semanas atrás. Por eso, Ucrania pide ahora la entrega de los F-16, pero según Rickards, ni siquiera esos aviones serían una ayuda suficiente.

La evaluación que hace James Rickards es que, si cae la ciudad de Bakhmut – algo que podría suceder en unas semanas – el hecho será un golpe militar significativo para Ucrania, mucho más de lo sugerido por mayoría de la prensa occidental. Según sus propias palabras: “Toda la línea de defensa de 800 millas de Ucrania comenzará a colapsar y no tendrán una posición fortificada a la que retirarse. Los soldados ucranianos, valientes y competentes como son, están agotados y se están quedando sin suministros". Mientras tanto, es evidente que Rusia está aumentando la presión. Según el Financial Times, los rusos lanzarán una ofensiva con una gran cantidad de tanques, aviones y artillería en los próximos días.

La conclusión del análisis de Rickards es terminante: "Con base en esta investigación, creo que Rusia ganará la guerra militarmente. El apoyo militar occidental puede prolongar la lucha, pero no puede cambiar el resultado. Solo retrasa lo inevitable y provoca muchas más muertes. Se acerca un final terrible", escribió.

Por supuesto que a todo esto se agrega la posibilidad – muy esgrimida en los medios – de una guerra nuclear.  No es cuestión de ser agorero pero las posibilidades de que estalle una guerra nuclear, si bien hoy son muy remotas, están aumentando. El hecho – que ahora ya es evidente e innegable para todo el mundo – es que no se trata de una guerra entre Ucrania y Rusia; es una guerra de Estados Unidos y sus aliados contra Rusia. Si los norteamericanos llegan a la conclusión de que Zelensky ya no es un mandadero confiable para ganar la guerra con una Ucrania desangrada, las posibilidades que le quedarán a los Estados Unidos serán básicamente solo dos:  o bien aceptan una victoria rusa, o bien se involucran directamente en la guerra. En otras palabras: o bien la resignación o bien la escalada. Y en el segundo caso, el final de esta locura es completamente imprevisible.

En todo caso, no necesariamente hay que tomar estos análisis como una verdad revelada. Los pronósticos respecto de las guerras muchas veces han resultado equivocados. La guerra, al igual que todo un montón de cosas que hacemos los seres humanos, conlleva una enorme dosis de irracionalidad y hasta del más puro  azar. A veces, a la guerra la decide más Doña Fortuna que Doña Atenea. Pero, así y todo, una derrota ucraniana no está para nada tan lejos de ser posible como quiere hacerlo creer la información sesgada de los medios oficiales. 

En realidad, la gran y cruel ironía de todo esto es que, quizás – y solo quizás  – una victoria de Ucrania le convenga a Occidente más que una victoria de Rusia. Porque una derrota, dependiendo de la reacción del Poder Real norteamericano, puede llegar a tener consecuencias muy adversas para todos nosotros. Por decir lo menos.

Una plutocracia norteamericana enloquecida tomando medidas desesperadas en una guerra directa y abierta entre Estados Unidos y Rusia es lo más parecido a un Armagedón que, hoy por hoy, podemos imaginar.