miércoles, 26 de diciembre de 2018

UNA BICICLETA PARA NAVIDAD

Quo Vadis, Domine?
Esta es una pregunta en latín
que significa: ¿Adónde vas Señor?
Una antigua leyenda relata que
cuando San Pedro escapaba de Roma,
por la persecución de los cristianos,
Jesucristo se le apareció en el camino
y San Pedro le hizo esa pregunta.
Jesucristo le contesto:
"Voy a Roma, para ser de nuevo crucificado,
visto que tu abandonas mi rebaño
”.
San Pedro, comprendiendo su error y arrepentido,
retornó a Roma y fue crucificado.

PRESENTACIÓN


Mi amigo Gabriel me volvió a mandar un e-mail y como – al igual que la vez anterior [1] – lo encontré muy interesante lo transcribo aquí como broche de fin de año.

Tengo que hacer una muy seria aclaración, sin embargo. Gabriel no es un invento mío. No es un personaje creado por mí para hacer literatura y poder hacerle decir cosas que yo no diría. No. No hay nada de eso.

Gabriel es una persona real, de carne y hueso, con existencia propia, al que conozco y aprecio desde hace más de medio siglo. Es muy buen tipo, un gran padre y un excelente camarada. El mayor problema que tiene es que, aplicándole un criterio provinciano, vendría a ser algo así como un porteño al revés. Porque, como dicen las personas de provincia, a la mayoría de los porteños habría que comprarlos por lo que valen y venderlos por lo que creen que valen.  Pues bien, con Gabriel es al revés: habría que comprarlo por lo que él supone que vale y venderlo por lo que vale realmente.

Por eso, a veces, no se anima demasiado. Con su propio hijo lo estamos hinchando para que se arme su propio blog y publique todo lo que tiene para decir. Que ni es poco, ni tampoco es intrascendente.

Compruébenlo ustedes mismos.

¡Feliz  Año Nuevo 2019!


UNA BICICLETA PARA NAVIDAD

Fue exactamente el 24 de Diciembre de 1967. A las 9 de la noche se abrió la puerta del comedor que durante los días anteriores había permanecido cerrada mientras mi madre preparaba el Arbolito de Navidad y, con celoso sigilo, iba colocando poco a poco los regalos para cada uno de nosotros debajo del mismo.  Sabíamos de qué se trataba (ya estábamos "avivados"...) pero durante los días previos al 24 había en casa un aura de hermoso misterio.  Y por supuesto, jamás, pero jamás, ni siquiera por un segundo, abrimos la puerta del comedor en vísperas de Navidad, durante aquellos dulces años de mi infancia.

Finalmente, a la suave melodía  de un villancico, mi madre abría finalmente esa puerta.  ¡Y ahí estaba!  Roja, de llantas cromadas, impecable: ¡mi primera bicicleta! Creo que fue el regalo más importante de mi vida.


Y es así como empecé a "descubrir el mundo".  Mi mundo. Pasaba horas y horas yendo de un lado a otro, por los diferentes barrios, montado en mi bicicleta.

¡Qué épocas!  Los pibes éramos, sin duda, los "dueños de la calle".  Mientras mi viejo laburaba en el taller y mi vieja en casa, porque atender y criar a cuatro pibes también es laburo! Ninguno de los dos se preocupó jamás por mi seguridad.

"¡Qué insensibles!" dirá hoy más de uno. Pero ¿qué me podía pasar de malo en aquellos tiempos?  Si, repito, éramos los dueños de la calle. Junto a Doña Rosa, que a la tardecita, ya cuando comenzaba a ponerse el sol, salía  a la vereda a tomar mate con los vecinos.

Pero los años pasaron, junto a los desgobiernos militares y civiles. Allá por los comienzos de los ochenta yo ya estaba recibido y tenía auto. Se puso de moda el robo de pasacassettes.  (Para los millennials: un pasacassette en el auto era un aparato para escuchar música grabada en cinta magnética). Mientras tenía el auto estacionado, fui víctima dos veces de esa clase de robo. Al entrar al auto y ver el tablero destrozado, con los cables colgando, fue cuando tuve esa primera sensación de impotencia al presenciar los despojos de este acto vandálico.

Pero la Argentina es un país generoso y los argentinos, como somos un pueblo tolerante, al final nos acostumbramos.

Pasaron uno años más y ya comenzaron los asaltos y las entraderas.  La droga todavía no era un tema serio. "Argentina es un país de tránsito, no de consumo" nos decían...

Luego vino la prodigiosa década menemista;  y mientras crecía la delincuencia también lo hacía la droga. Y nos dijeron que habíamos pasado a ser "sólo un país de consumo; no de producción de drogas"... Y los crímenes se volvieron más violentos y más frecuentes.

Pero la Argentina es un país generoso y los argentinos, como somos un pueblo tolerante, al final nos acostumbramos.

Y después vino la gloriosa "década ganada" kirchnerista. Y la Argentina pasó a ser un país de tránsito, consumo y producción de drogas.  Ya con cárteles sólidamente instalados que hicieron de Rosario una réplica de las ciudades más violentas de México, como Tijuana y Sinaloa.



Los crímenes adquirieron una violencia y una crueldad inusitadas.  Los chorros de antes, eran chorros pero tenían códigos. Hoy no dudan en encañonar a una nena de seis años o pegarle un tiro en el vientre a una mujer embarazada. Si no me creen, pregúntenle a Carolina Píparo.

Claro, la droga destruye el cerebro, y anula parte del lóbulo frontal donde se procesan los mecanismos inhibitorios de la agresividad. Ésos mecanismos que regulan el comportamiento social y, entre muchas otras cosas, nos permiten discernir entre el Bien y el Mal. 

Y por favor, no entremos en el relativismo intelectualoso de lo que está bien para unos y está mal para otros. ¡Robar está mal! Aquí y en la China; hoy y en la Edad de Piedra también. Lo mismo pasa con matar, violar o abusar de niños. Es algo tan básico y tan antiguo como aquello de "no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti".

Pero la Argentina es un país generoso y los argentinos, como somos un pueblo tolerante, al final nos acostumbramos hasta a eso.

Y perdimos la calle definitivamente.  Cuando me llegó el momento de regalarle la bicicleta a mi hijo, tuve que asegurarme de que jamás saliera solo sin un mayor que lo cuidara.

Hoy mi hijo ya creció; es deportista, me lleva media cabeza y va por todos lados con su bici.  Pero soy consciente que, así como hace unos años asesinaron a un joven en Belgrano para robarle la bici, también le puede ocurrir a mi hijo, o al del vecino.

Es que el miedo ya se ha hecho carne en nosotros.

Pero la Argentina es un país generoso y los argentinos, como somos un pueblo tolerante, al final incluso a eso nos acostumbramos.

Y ahora la calle es de los chorros, los traficantes, las banditas, las patotas, los barrabravas y los travestis. Mientras tanto, trata de sobrevivir como puede esa mayoría silenciosa de argentinos, que cada mañana sale a laburar para mantener con sus impuestos a una casta política inoperante, cómplice y corrupta. Una casta que nos tiene sumergidos en la incertidumbre de salir y no volver, de laburar y que un día nos rajen, de cobrar y que no nos alcance.

Pero la Argentina es un país generoso y los argentinos, como somos un pueblo tolerante, ya estamos tan acostumbrados al maltrato que hasta pareciera que estamos dormidos.

Daría la sensación, que inclusive los millones que no nos drogamos jamás, somos víctimas de un opio que nos mantiene aletargados y complacientes.

Parecería ser que los culos que Tinelli pone en la pantalla de Bailando por un Sueño nos alcanzaran para ser felices. Y esto simplemente es una especie de metáfora; no una mojigatería burguesa. Porque, si vamos al caso, la verdad es que son culos muy decorativos y, aparte de eso, algunos hasta bailan muy bien. 

Lo que ya no es una metáfora, es nuestra pasividad frente a la violencia, el delito y la corrupción.
Pero mantengamos la calma.

La Argentina es un país generoso y los argentinos....

¡¡¿No será hora de que despertemos y dejemos de ser tan ovejunamente tolerantes de una buena y maldita vez?!!

Dentro de unos meses se vienen las elecciones y ahí sí, nos estará permitido elegir – en forma libre y democrática; o sea: por voto obligatorio – entre Macri o Cristina.

Es decir:

Entre la horca o la silla eléctrica.

El abismo o la nada.

Venezuela o Chernobyl.

¿Quo vadis Argentina?


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NOTAS

[1] - Mi terrible infancia - Septiembre 2018
https://denesmartos.blogspot.com/2018/09/mi-terrible-infancia.html




6 comentarios:

  1. Muy Feliz Navidad, querido Denes..!
    Y un abrazo al amigo Gabriel por su excelente artículo, tan ajustado a la realidad que padecemos.
    Puedo dar fe de eso de "ser dueños de la calle"(en pocos días cumpliré 59, o sea, "conozco el paño"...), cuando nuestras viejas podían quedarse tranquilas, sabiendo que "estábamos a la vuelta en el potrero, jugando un quemado con los otros malandras de la cuadra".
    Creo que mucho de lo que nos pasa es por una mezcla de comodidad y franca cobardía. Este pueblo aún NO CONOCE el verdadero sufrimiento ( hable con un Alemán o un Ruso, y seguramente con mucha reticencia, contará alguna anécdota de la guerra...), lo que hace que "se banque cualquiera", hasta que le toca lo que creía le pasó al vecino.
    Y lamentablemente aún hay muchos que creen pasarla bien, que "zafaron", que "Dios es Argentino" y "somo lo ma mejore, amigo..!"
    Creo que aún nos quedan muchas cuadras de "espinas, latas oxidadas y vidrios rotos" por andar de rodillas.
    Y tal vez entonces a algunos más se les despierte el definitivo HARTAZGO y se animen a ARMARSE, decir BASTA e ir a buscar a toda esta caterva de malnacidos para hacer tronar el escarmiento.
    Yo sigo esperando, "fusil en mano".
    Un fuerte abrazo, espero saber de usted si hace algún encuentro o presentación, será un placer acercarme y escucharlo.
    Muy Feliz Año para usted y su familia, hasta siempre.
    Miguel.-

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    1. Gracias por los comentarios, Miguel. Feliz Año para ustedes también.
      Un abrazo!

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  2. Creo que no hay mucho que agregar al comentario de Miguel. Solo diría que los argentinos ya no somos, si alguna vez lo fuimos, un pueblo generoso y solidario. Lamentablemente, y lo digo con dolor, somos un pueblo de zombis y estúpidos.

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  3. El panorama que se dibuja en el artículo es atroz. Desearía que se haya tocado fondo y que apartir de ahora la situación mejore. Pero me temo que el origen de esta triste situación es de tipo moral y no le veo cura tal como están las cosas.

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  4. A pesar de todo, sigo creyendo en el valor de la educación, la salud y la familia, y desde allí acompaño a construir o reconstruir. Buen año Denes y Gabriel!

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  5. Voy aquí en transmilenio leyendo este artículo, recordando mi niñez y viendo reflejado en Colombia lo que aquí aparece!!! Concuerdo con lo de mezcla de Cobardia y comodidad. Saludos Denes y gracias por compartir el artículo.

    David

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