Nunca discutas con un idiota.
Te hará descender a su nivel y
ahí te ganará por experiencia.
Mark Twain
Te hará descender a su nivel y
ahí te ganará por experiencia.
Mark Twain
En política, la estupidez
no es un impedimento
Napoleón Bonaparte
Napoleón Bonaparte
Si hay idiotas en el poder
es porque quienes los eligieron
están bien representados.
Mahatma Ghandi
es porque quienes los eligieron
están bien representados.
Mahatma Ghandi
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En la República Argentina la legislación laboral protege al trabajador solamente como un efecto secundario, muy probablemente querido expresamente por la cofradía jurídica. De hecho, todo ese mamarracho que es nuestra actual ley laboral, constituye el principal motor de la archiconocida "Industria del Juicio".
Más allá de lo que digan el articulado y los párrafos de esa ley, la regla de aplicación en todos los juzgados del país se guía por un doble principio
- El trabajador en relación de dependencia siempre tiene razón y siempre es inocente por definición ya que así lo requiere el criterio de la protección del más débil frente al más fuerte.
- Consecuentemente, las costas, la multa y todos los gastos los paga siempre el empresario porque es al único que se le puede sacar plata ya que el trabajador siempre es un perejil insolvente.
Que esta es la situación real en el mundo del trabajo solamente lo niegan los que no trabajaron nunca y los que jamás contrataron a alguna persona que hacía siempre su mejor esfuerzo por trabajar lo menos posible y protestaba en forma constante para que le aumenten el sueldo lo más posible.
En cierta forma, toda la situación no carece de cierta lógica. Si, como es más que común en la economía capitalista, el empresario apunta a obtener el máximo de trabajo por el mínimo de costo laboral y, a su vez, el trabajador apunta a hacer el mínimo esfuerzo tratando de obtener el máximo salario, es evidente que los intereses de los dos principales actores de la economía son contrapuestos. Así las cosas, la economía capitalista se convierte, de modo inevitable, en:
- Un sistema de explotación del trabajo humano.
- Un ámbito de constantes reclamos, crisis y confrontaciones.
- Una clara tendencia a reemplazar personas por automación toda vez que se pueda.
- Un permanente estado de lucha salarial, sobre todo en países con alta inflación.
- Una corrupción constante con "arreglos" varios entre empresarios, sindicalistas y el Estado.
En un régimen plutocrático demoliberal es imposible salir de este círculo vicioso. Los escasos cinco puntos citados son tan solo un brevísimo botón de muestra. Mientras el dinero sea el motor principal de la economía – como que inevitablemente lo es en un capitalismo financiero – la construcción de una sociedad económicamente activa, que sea equilibrada, justa y armónica, no pasará nunca de ser el sueño de la Argentina año verde.
Lo peor de todo es que esa sociedad es perfectamente posible de construir. No con el delirio de la lucha de clases que, desde 1917 hasta hoy, jamás funcionó aceptablemente en ninguna parte y jamás funcionará porque es intrínsecamente inviable desde el momento en que choca de frente contra el más elemental Orden Natural. Pero sí es posible en un sistema sustentado, entre varias otras cosas, por derechos basados en obligaciones y funciones públicas otorgadas con responsabilidades efectivamente exigibles. En una palabra y parafraseando el conocido refrán: "Es el sistema, ¡estúpido!".
Dentro de una república liberal plutocrática no hay ninguna posibilidad de cambios sustanciales. El dinero compra campañas políticas, compra candidatos, compra campañas mediáticas, compra voluntades, compra leyes. No determina solamente el mundo económico. Inunda toda la esfera pública de pequeñas, medianas y enormes corrupciones. A todo lo cual se agrega, por su puesto, la estupidez innata de algunos decisores intermedios seleccionados precisamente por su estupidez y su ignorancia que los hace fácilmente manipulables.
Lo que pasó en el recinto de los diputados el pasado jueves 19 de febrero de 2026 es la prueba irrefutable de esto último. Tenemos una ley laboral que es un mamarracho y ahora nuestros geniales legisladores están discutiendo (es un decir) cómo reemplazarla por otra ley que es un adefesio al cuadrado. Un caso de manual del gatopardismo de cambiar todo para que nada cambie.
Aunque, si consideramos la supina estulticia de la gran mayoría de nuestros insignes legisladores, no me cabe duda de que al final conseguirán poner en marcha su muy bien aceitada máquina de impedir a fin de no cambiar nada para que todo empeore.
¿No me creen? Vean el video y me cuentan.

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