jueves, 7 de abril de 2022

UCRANIA Y EL NUEVO GRAN ISRAEL

La mayor seguridad para Israel
es crear nuevos Egiptos.
Ronald Reagan



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El fantasma de la Tercera Guerra Mundial

Cuando en 1914 estalló la Primera Guerra Mundial, muchos europeos quedaron muy desagradablemente impactados. Desde el fin de la guerra franco-prusiana (1871) venían de 43 años de paz y el ciudadano europeo promedio había llegado a creer que la "Belle Époque" duraría para siempre. Hoy, en Europa (y también en EE.UU.) sucede algo parecido. Nadie puede terminar de comprender por qué tenemos un enfrentamiento entre Estados Unidos y Rusia después del colapso de la URSS, cuando todo parecía prever que las tensiones de la Guerra Fría habían desaparecido del escenario internacional. Porque, no nos engañemos: la actual guerra europea no es entre Rusia y Ucrania; es entre Rusia y Estados Unidos librada sobre el suelo de Europa del Este.

Es cierto que el mundo post-soviético no dejó de tener guerras. Pero la mayoría de ellas ocurrió en lugares "lejanos" – es decir: "lejos" de lo que se consideraba como "Occidente" – principalmente en sitios como Medio Oriente y África. Incluso la Guerra de los Balcanes tuvo lugar en lo que hasta los europeos consideran su "periferia" siendo que además, para las generaciones actuales, es algo que ocurrió hace ya más de 20 años. También es cierto que, durante la Guerra Fría, se habló en reiteradas oportunidades acerca de la posibilidad de una "Tercera Guerra Mundial" de consecuencias apocalípticas pero esa guerra – afortunadamente – nunca ocurrió, ya sea porque en el fondo ninguno de los que pudieron haberla desatado la quería, ya sea porque la estrategia de la Destrucción Mutuamente Asegurada la hacía muy arriesgada para todos los posibles involucrados. Así y todo, una de las primeras preguntas que muchos se hicieron inmediatamente después del 24 de Febrero de este año fue: "¿Es posible que esto termine en una Tercera Guerra Mundial?"

El Siglo XX y la Sociedad de Consumo

A principios del Siglo XX, la humanidad de la civilización occidental europea estaba prácticamente obnubilada por el impresionante desarrollo científico y económico que se venía produciendo desde el siglo anterior. Es cierto que algunas voces pesimistas de pensadores y artistas se hicieron oír alertando sobre los primeros síntomas de decadencia; piénsese tan solo en Schopenhauer o en Spengler. Pero la opinión general no quiso escucharlos y lo "políticamente correcto" de aquella época siguió siendo la fe en las posibilidades supuestamente ilimitadas de la ciencia, en el progreso continuo, en la bondad esencial de la naturaleza humana y en la infinita educabilidad del ser humano.

Luego de dos guerras mundiales, el bofetón dado por la realidad a este infantil optimismo antropocéntrico obligó a reconsiderar muchas cosas. Lamentablemente los saludables efectos del Lo "políticamente correcto" implica la fe en el poder ilimitado de la ciencia, en el progreso continuo, en la bondad esencial del hombre y en su infinita educabilidad. sacudón duraron poco. Después de 1945 el Poder Real que impera detrás de los poderes formales no cometió el mismo error que había cometido después de 1918. No sometió a los vencidos a pagar indemnizaciones de guerra impagables, a aceptar condiciones inaceptables como las del Tratado de Versalles, a inventar países nuevos, a descuartizar algunos existentes, y a tolerar una presión económica y política de tal magnitud que al final terminó siendo un búmerang que estalló en la tremenda crisis del Jueves Negro 1929.  Por el contrario, dos años después de 1945 se comenzó a implementar el Plan Marshall – oficialmente denominado "European Recovery Program" [1] – mediante el cual se terminaron inyectando unos 20.000 millones de dólares en los países de Europa Occidental más afectados por la guerra. [2]

El resultado fue un gran repunte económico y la reivindicación del "Welfare State" o "Estado de Bienestar" – definido genéricamente como una confluencia de democracia, bienestar social y capitalismo – dentro del marco de lo que también se denominó como "sociedad de consumo" – caracterizada económicamente como acumulación de riquezas con consumo constante de bienes y servicios, y definida moralmente como el resultado de la suma de  individualismo más codicia y hedonismo.

El fenómeno produjo en muchos círculos la restauración de la fe en el futuro promisorio de la humanidad. Aun con críticas, a veces fuertes, contra la injusticia social y una inequitativa distribución de la riqueza, el consenso general durante unos cuantos años fue que la ciencia, la tecnología, la educación y la democracia permitirían a la larga la construcción de una Edad de Oro en la que podría imperar la paz, la concordia y el bienestar para todos los pueblos del planeta.

El fin de la Historia

Si bien durante la Guerra Fría el fantasma del comunismo, la posibilidad de una guerra nuclear y varios conflictos bélicos localizados pusieron ciertos límites a este optimismo, lo cierto es que el choque directo de las dos potencias principales no solo no se produjo sino que una de ellas – justamente la que figuraba en los medios oficiales de Occidente como la representante del "Imperio del Mal" comunista – se derrumbó de un modo estrepitoso, casi podríamos decir que de un día para el otro. Ese colapso produjo dos fenómenos paralelos: por un lado, un mundo acostumbrado a una dialéctica bipolar se vio de pronto en el espacio global unipolar del monólogo norteamericano. Por el otro lado se reforzó otra vez el optimismo pueril del progreso infinito hacia la paz permanente y el bienestar inacabable.

Quien expresó esta última visión con mayor difusión fue Francis Fukuyama, un intelectual japonés con ciudadanía norteamericana que recibió en su momento gran atención por su libro "El Fin de la Historia y el Último Hombre". La tesis básica de la obra fue que el derrumbe  comunista debía interpretarse como una victoria de las democracias liberales y, con ellas, cabía esperar una nueva Era Histórica, definitiva, en la que ya no habría ni guerras, ni revoluciones, ni crisis serias, mientras que un sostenido progreso socioeconómico garantizaría la prosperidad – y por ende la felicidad – en todo el mundo.

El globo ultraoptimista de Fukuyama se pinchó el 11 de Septiembre de 2001 y terminó sepultado bajo los escombros de las Torres Gemelas más todo lo que vino después.  La línea argumental norteamericana del "ataque a la libertad" y la "lucha contra el terrorismo" simplemente no se condecían en absoluto con la versión del "Mundo Feliz" de Huxley reescrita por Fukuyama. Algo que no hubiera sorprendido a nadie si se hubieran escuchado los argumentos de intelectuales y políticos sistemáticamente acusados de conspiranoicos, fascistas, nazis, racistas y todos los demás epítetos descalificadores del vocabulario políticamente correcto.

Las advertencias desoídas

Más allá de la rectificación de las historias falseadas y las interpretaciones sesgadas de la Segunda Guerra mundial, los "incorrectos" – apartados de la dialéctica oficial de "capitalismo o comunismo" y "democracia o tiranía" – no tardaron en llamar la atención sobre los peligros reales que produciría la caída del comunismo soviético y, sobre todo, su metamorfosis de marxismo-leninismo a marxismo-gramscismo; una transición subrepticia que ninguna otra corriente de pensamiento logró ver, o quiso ver. [3]

Lo concreto es que todo el espectro de ese pensamiento despectivamente catalogado como de "extrema derecha" [4] resultó estar en lo correcto cuando avisó sobre los peligros que sobrevendrían del Nuevo Orden Mundial globalizado bajo la dirección única del Poder Real Todas las mentiras fueron denunciadas por la maldita "extrema derecha conspiranoica", pero nadie quiso escuchar. norteamericano con sede principal en Wall Street. Las obvias mentiras de los politicastros resultaron ser exactamente eso, viles mentiras. Nunca existieron las armas de destrucción masiva de Sadam Hussein. Las falsas noticias de los medios de difusión, el ridículo show de Powerpoint que Colin Powel exhibió ante el Consejo de Seguridad de la ONU [5] como "prueba" de la existencia de arsenales iraquíes prohibidos y cuya cuestionabilidad él mismo tuvo que admitir más tarde [6], las supuestas victorias de las democracias liberales... ¡cada una de las denuncias de los nazis fascistas autoritarios y conspiranoicos, resultó estar en lo cierto!

Las consecuencias sociales de una migración económica facilitada y hasta protegida por leyes directamente diseñadas para incentivarla; la hipocresía de una democracia vociferadora de derechos humanos que los aplica solo cuando le conviene; la verdadera naturaleza unmundista del globalismo; la dictadura detrás del concepto del Nuevo Orden Mundial unipolar; la naturaleza destructiva y degenerada de la  inmoralidad demoliberal... cada advertencia de la vilipendiada "extrema derecha" resultó estar plenamente justificada.      

Apenas algunos días después del atentado a las Torres Gemelas – sea que el atentado haya sido auto-ejecutado, instigado o solo tolerado – centenares de personas pusieron en duda las explicaciones oficiales, las consideraron como el típico caso de un nuevo Informe Warren y vaticinaron que el 11 de Septiembre de 2001 sería utilizado como excusa para expandir el imperio financiero del Poder Real norteamericano, consolidando su dominio en el Oriente Medio y ayudando simultáneamente a aumentar la seguridad nacional del Estado de Israel. Pero claro, los escépticos fueron acallados con el remanido argumento de la conspiración inexistente y, por supuesto, la no menos remanida acusación del antisemitismo encubierto.

El mundo unipolar

Paralelamente y antes y durante todo este proceso, en los antiguos Estados comunistas se produjo un robo desenfrenado de las empresas estatales por parte de integrantes – o bien hijos de integrantes – de la antigua nomenklatura, lo que generó la transferencia del poder a una cleptocracia de "oligarcas" devenidos en multimillonarios de la noche a la mañana.

Por su parte, la OTAN y la Unión Europea hicieron todo lo posible por convertir a los países de Europa oriental en simples colonias mientras, en forma simultánea, la democracia plutocrática norteamericana mostraba sus colmillos en Yugoslavia, Afganistán, Irak, Libia, Somalia y Siria. La desilusión masiva con la democracia demoliberal no se hizo evidente gracias a que los medios masivos de difusión, dependientes directamente de la élite bancaria mundial, construyeron con las nuevas técnicas digitales y comunicacionales una muy eficiente cortina de humo basada en la realidad virtual que presentaba a los EE.UU., a la OTAN y a la UE como los verdaderos – y únicos – representantes del Estado de Derecho, la Democracia, el Progreso y el Desarrollo; todo así, con mayúsculas. 

Va de suyo que esa realidad virtual, creada y administrada para ocultar y tergiversar los verdaderos procesos que estaban ocurriendo, se implantó con un caracter de Verdad Revelada indiscutible. Quedaron silenciados y excluidos de la opinión pública todos los que se atrevieron a señalar las falsedades del mensaje mediático – como por ejemplo las justificaciones de la represión israelí a los palestinos – y quienes destacaron la naturaleza destructiva del liberalismo; en especial de ese liberalismo económicamente capitalista y socioculturalmente marxista.

Hacia el Nuevo Orden Mundial

Después de la oleada de las "primaveras árabes" en el marco de la supuesta "guerra contra el terrorismo", el foco de atención de la plutocracia bancaria volvió a concentrarse en Europa. Con la acción conjunta de los servicios de inteligencia norteamericanos y británicos, más la ayuda de la red de ONGs que actúan como organizaciones legales de superficie de dichos servicios, entre fines de 2013 y principios de 2014 se organizó el Euromaidan de Ucrania que desembocó en un golpe de Estado y la entronización de una política manifiestamente antirrusa en dicho país. En los siguientes ocho años, si bien los impulsores del golpe no cumplieron con su promesa de integrar a Ucrania a la Unión Europea y a la NATO, en la realidad de los hechos el país se convirtió en una base económica y militar para presionar y acorralar a Rusia.

Los acontecimientos en Ucrania, sin embargo, no fueron los únicos que afectaron a Europa. Apenas un año después del Euromaidan, en 2015 se comenzó a implementar el Plan Kalergi para debilitar – y dado el caso destruir – la solidez etnocultural de Europa mediante el ingreso deliberadamente programado y legalmente protegido de millones de inmigrantes inasimilables procedentes del África y del Asia Menor.

Ni siquiera los Estados Unidos escaparon a la presión etnocultural del Teorías como la perspectiva de género y sus corolarios solo sirven para destruir lo poco que queda de los valores esenciales de Occidente. Nuevo Orden Mundial. En 2019, dos años antes de la finalización del mandato de Donald Trump, el Poder Real norteamericano le dio un poderoso impulso al movimiento BLM [7] de la población negra principalmente para erosionar la imagen de Trump pero también como parte de un programa de "deconstrucción" etnocultural de la auténtica sociedad norteamericana que incluyó otros elementos como, por ejemplo, la justificación de las políticas de género, la exacerbación del feminismo, la promoción de los grupos marginales LGBTQ, la promoción del ateísmo y, en general, la desacreditación de los valores tradicionales de la sociedad norteamericana.

Todo ello coronado desde 2019/20 con la pandemia del Covid y el lavado de cerebros por medio de una campaña de terror a la muerte, lo cual no solo convirtió a grandes masas de seres humanos en sumisos rebaños de ovejas obedientes sino que, además, representó un fabuloso negocio para la industria farmacéutica internacional y preparó el terreno para la idea ya anunciada de un "Gran Reseteo" a nivel macroeconómico global para consolidar aun más el poder de la plutocracia internacional.

La supervivencia de Rusia

Es que el proyecto del Nuevo Orden Mundial no admite dos, o más, polos de poder. La deconstrucción de la Unión Soviética iniciada por Gorbachov se hizo para terminar con el experimento fallido del capitalismo de Estado marxista y para convertir a los EE.UU. en el depositario único y hegemónico del poder internacional. El caos post-soviético en el que desembocó ese proyecto no estaba en los cálculos. La idea era terminar con el diseño original de la oposición dialéctica de dos sistemas políticos diferentes – según la teoría bipolar de "una misma moneda de dos caras" – para poder elegir al sistema que más y mejor se podía adecuar a un esquema concentrado del poder mundial. La llamada Guerra Fría (y no tan "fría" en algunas partes) posibilitó la elección: el demoliberalismo capitalista norteamericano fue el sistema elegido y la URSS debía ser balcanizada y fragmentada según las líneas de fractura constituidas por sus repúblicas constituyentes.

Que no sucedió así, o por lo menos que no sucedió totalmente así, se debió un poco a la casualidad – como muchas veces sucede en política – pero también en gran medida a un sujeto llamado Vladimir Putin quien, al provenir del servicio exterior de uno de los más formidables aparatos No se suponía que Rusia podría sobrevivir. La idea fue destruirla y suplantarla por la hegemonía de EE.UU. Que no sucedió así fue un error de cálculo llamado Vladimir Putin. de inteligencia y seguridad jamás creados, supo y comprendió desde el mismo inicio de su gestión qué era lo que estaba en juego. Así, la Rusia que estaba condenada a perecer, sobrevivió. Debilitada, pero sobrevivió. Sin los países de Europa Oriental ocupados después de la 2ª Guerra Mundial; sin los países bálticos; y sin varios de los países de la llamada "Asociación Oriental" como p.ej. Georgia, Armenia, Moldavia y, por supuesto, Ucrania.

La Federación Rusa actual es mucho más pequeña que la URSS original y está mucho más laxamente estructurada, pero existe  y constituye una verdadera piedra en el zapato de los plutócratas norteamericanos y sus pretensiones hegemónicas. Es que la Rusia actual de Putin no es la Rusia que estaba prevista en los planes de Zbigniew Brzezinski y los think tanks del CFR y la Comisión Trilateral. Pero aun así, siendo más pequeña y más débil que la URSS, la Rusia post-soviética no ha renunciado a su vocación imperial. Entre muchas otras cosas, eso es lo que no ven – o no quieren ver – todos los que insisten en evaluar la situación del actual Siglo XXI con los criterios del Siglo XX. 

Lo que hay que entender es que el proyecto de destruir a la Rusia soviética para implantar la hegemonía del Poder Real con base en los EE.UU. no habrá tenido el éxito que se pretendía pero, justamente por eso, no es un proyecto abandonado. El Nuevo Orden Mundial unipolar pretendido por los clanes bancarios y financieros de Wall Street necesita destruir todo lo que se le oponga. No es posible construir un imperio global estable basado en un sistema financiero mundial si la cuestión de la supremacía hegemónica internacional sigue en discusión. La balcanización de Rusia y su eliminación completa como factor de poder en el escenario internacional no es un capricho ideológico de la élite plutocrática. Es una necesidad operativa por lo menos tan real como la necesidad de controlar y ponerle límites a las pretensiones de China, el Irán y la India, para mencionar solo los países más obvios. No se puede pasar por alto que estos tres países, junto con Rusia, concentran prácticamente la mitad de la población mundial.

La guerra en Ucrania

La actual guerra en Ucrania no es entre ucranianos y rusos aun cuando hay que admitir que – por decirlo lo más suavemente posible – los exaltados de ambos bandos no se tienen ninguna simpatía. Y también hay que admitir que razones históricas para la antipatía mutua no faltan, sobre todo si uno está de acuerdo en adjudicarle a los rusos todas las barbaridades cometidas por los soviéticos;  algo que no siempre es correcto. El verdadero enfrentamiento es entre el poder de los clanes de Wall Street y Vladimir Putin. Lo es, por la sencilla razón de que Volodimir Zelensky es un representante – quizás un poco solo honorario, pero representante al fin [8] – de esos clanes. Y esto no es una opinión. Es un hecho comprobado por las declaraciones del propio Zelensky.

El 5 de Abril 2022, Volodimir Zelensky, presidente de Ucrania, dio una conferencia de prensa reproducida el mismo día por el diario Maariv, el segundo periódico más importante de Israel que se publica solamente en hebreo. [9]  



La transcripción del artículo del Maariv al castellano es la siguiente:

Maariv Noticias del país y el mundo
Agencias de noticias 05/04/2022 12:51

"SEREMOS EL GRAN ISRAEL"
El pronóstico de Zelensky para Ucrania después de la guerra

En conversación con periodistas, el presidente de Ucrania se refirió al estado de su país tras la invasión rusa, explicando que el tema de la seguridad será una máxima prioridad: “Habrá seguridad en cines y supermercados”

¿El día después de la invasión rusa? El presidente ucraniano Volodymyr Zelensky hoy (martes) en una conversación con periodistas abordó el tema del estado de su país después de la guerra y explicó que "el estado y la seguridad deben ser protegidos. Todo el pueblo será nuestro poderoso ejército". Ucrania no será completamente liberal, "No podemos hablar de la Suiza del futuro, tal vez en mucho tiempo. Pero ciertamente podemos ser un Gran Israel, con una cara propia".

"Habrá representantes de las Fuerzas Armadas o de la Guardia Nacional en nuestros cines y supermercados. Estoy seguro de que el tema de la seguridad será el más importante para nosotros en los próximos diez años".

Al mismo tiempo, señaló, que el estado será democrático. "Un estado autoritario es imposible en Ucrania, tal posibilidad perdería ante Rusia. La gente sabe por lo que está luchando. No salen  y luchan por un retrato", dijo el presidente de Ucrania.

El verdadero objetivo de la guerra en Ucrania queda, pues, bastante en evidencia. De lo que se trata en primer lugar es de erosionar, debilitar y destruir a Rusia para poder controlarla desde un nuevo Gran Israel implantado en Europa Oriental. 

Y además, impedir a toda costa que se forme una concentración de poder abarcando a Rusia, China, Irán y la India. 

Ése es el juego. Se llama Nuevo Orden Mundial.

 



NOTAS

[1] )- Plan de Recuperación Europea - Vigente desde 1947/48 hasta 1951. Los países bajo ocupación soviética no participaron del Plan. Stalin no aceptó las condiciones y retiró a la URSS de las tratativas.

[2] )- Unos 254.000 millones de dólares actuales  Cf. https://www.officialdata.org/us/inflation/

[3] )- Uno de los primeros en alertar sobre esa transición fue Alain de Benoist y la Nueva Derecha Francesa hacia 1968.

[4] )- Una denominación que se ha hecho más nebulosa aun desde que el capitalismo liberal se considera ahora de "derecha" siendo que la "derecha" de los años anteriores al colapso soviético no solo fue anticomunista sino anticapitalista por igual.

[5] )- https://www.elmundo.es/fotografia/2003/02/pruebas_powell/imagen8.html

[6] )- https://www.elmundo.es/elmundo/2004/01/24/internacional/1074976836.html

[7] )- BLM = Black Lives Matter (Las Vidas Negras Importan).

[8] )- Existen buenas razones para sospechar que el titiritero real de la marioneta Zelensky es Igor Kolomoisky, su socio económico y su promotor mediático de bajo perfil. Kolomoisky es el tercer hombre más rico del país, antiguo dueño del mayor banco ucraniano, PrivatBank y, sobre todo, dueño del canal de televisión 1+1 en el que se emiten todos los programas, películas y series de Zelensky. Cf. https://www.rtve.es/television/20220407/quien-igor-kolomoisky-sombra-alargada-zelenski-ucrania/2328825.shtml

1 comentario:

  1. Resulta curioso que un país gobernado por un sujeto de religión judía apoye a grupos Internos como el grupo azov. Abiertamente neonazi. Racista y bastante cercano a la supremacía Blanca. Basta con ver su insignia. Una de las primeras que uso el partido nacional socialista.

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