miércoles, 26 de julio de 2017

MERITOCRACIA


Un envidioso
jamás perdona el mérito.
Pierre Corneille
(1606-1684)

Una meritocracia bien constituida garantiza igualdad de oportunidades;
no igualdad de resultados.
Hace ya varios meses atrás (hacia Abril de 2016) apareció la publicidad de una marca de automóviles que levantó algo de polvareda. Era un "spot" que hablaba de la meritocracia y decía lo siguiente:
 "Imaginate vivir en una meritocracia; un mundo en donde cada persona tiene lo que merece; donde la gente vive pensando en cómo progresar día a día, todo el día; dónde el que llegó, llegó por su cuenta sin que nadie le regale nada. Verdaderos meritócratas. Ése que sabe qué tiene que hacer y lo hace, sin chamuyo; que sabe que mientras más trabaja más suerte tiene; que no quiere tener Poder sino que quiere tener y poder. El meritócrata sabe que pertenece a una minoría que no para de avanzar; que nunca fue reconocida. Hasta ahora." [1]


¡Para qué! Todo el espectro demoliberal, y especialmente su sector de izquierda, salió inmediatamente con los botines de punta para atacar la idea.

Es cierto que, a primera vista, no se ve muy bien qué tiene que ver ese texto con un automóvil. Obviamente se pretende insinuar que se trata de un vehículo muy especial que opera como símbolo de status de gente también muy especial. Ahora, qué tiene que ver la industria automotriz con una meritocracia (en la que debo "imaginar" que vivo) es algo que me queda como pregunta flotando en el aire.

Pero dejando eso de lado, no deja de ser interesante analizar un poco la reacción. Muy poco tiempo después de la aparición de la publicidad mencionada, salió un "contraspot" que, utilizando las mismas imágenes, cambiaba completamente el texto por otro que decía lo siguiente:
"Bienvenido a la meritocracia; un mundo en donde casi nadie tiene lo que se merece porque no tenemos en claro quién poronga decidió el nivel de merecimientos; donde la gente que se la pasa pensando en cómo progresar y estar mejor claramente no vive acá; no vive de rentas ni se disfraza de "runner" para fotografiar probable competencia; dónde el que llegó a la cima es un hipster caprichoso que acá está saludando a su tía que es gerenta; dónde el costo sumado de una ventana vidriada, una pilcha, un feca y un reloj probablemente sea siete veces superior a tu salario mensual; un mundo en donde caés en la empresa de tu viejo con tu cara de parásito y tu casquito y pretendés ponerte al hombro tareas que pueden dejarte ciego, loco o impotente y para las cuales jamás te preparaste porque te chupan un huevo; un mundo en el cual para estudiar física cuántica es necesario tener anteojos de marco grueso y mezclar sushi de Palermo con capuchino – de Palermo – combinado con drogas icomiméticas – de Palermo también – así después sufrís un delirium tremens y hacés arte abstracto con fibrones celestes y se lo tratás de vender a cuatro arpías que compran arte para evadir impuestos; un mundo en el que acabás de volver de lavar más dólares afuera y estás tranqui porque tu familia piensa que te fuiste a Europa para buscar nuevas tendencias para tu negocio de pantalones color chinchulín. En este barrio divino que queremos que sea mundo, los meritócratas nunca existieron, porque acá somos todos clase media alta, blancos, acá no hay negros ni pobres. Casi no hay mujeres, o las mostramos comiendo basura y vendiéndose al mejor postor. Acá hay cunita de oro y beneficio desde el principio; acá hay acumulación de fortunas previas y careteo de sacrificio; acá alguien como vos, querido, no tiene puta chance de existir. Andate, tomátelas, salí de mi barrio, salí del cuadro porque te piso con mi auto nuevo." [2]



 ¿Qué tal? Un "contraspot" de 332 palabras para denostar un "spot" de solamente 96. Pero lo más gracioso de todo – aparte de los sarcasmos y las ironías salpicadas de palabrotas – es que este "contraspot" le erra completamente al objetivo. Porque, como lo veremos más adelante, aun cuando contenga elementos acertados no es una crítica a la meritocracia. Es una crítica al criterio del mérito – tal como lo entiende la burguesía liberal-capitalista – analizado por sus consecuencias desde la óptica de un clasismo marxista pero sin considerar al criterio en sí.

Y esto es algo típico en los intelectuales de izquierda: siempre discuten "en paralelo". Uno les presenta una tesis y no la discuten con una antítesis correspondiente; que es lo que en teoría deberían hacer dada su formación dialéctica. No. Aprovechan la oportunidad para exponer en detalle su conclusión ideológica sobre una tesis similar. Haga Usted un comentario sobre la meritocracia y ellos se despachan con una visión sarcástica sobre la burguesía (que no es muy difícil de armar, seamos sinceros). Coménteles algo sobre la desaparición progresiva del proletariado que Marx conoció y ellos saldrán hablando sapos y culebras sobre la burocracia sindical (una crítica que tampoco es muy difícil de armar, sigamos siendo sinceros). Hábleles sobre liderazgo y trabajo en equipo y ellos responderán con un largo discurso sobre el papel de la vanguardia del proletariado en el marco de las asambleas populares. Con muchos intelectuales de izquierda no vale la pena tratar de debatir. Es imposible lograr que se concentren en los términos concretos de un debate; siempre eligen una vía paralela de aproximación al tema planteado y eso hace imposible encontrarse con ellos en otro lugar que no sea el infinito.

Pero en materia de oposición visceral a la meritocracia los intelectuales de izquierda no están solos, aun cuando es notorio que llevan la voz cantante. La fobia anti-meritocrática es compartida por todos los igualitaristas sin importar su posición dentro del espectro político tradicional. Es el resultado de la herencia liberal común a todos ellos. Desde sobrevivientes marxistas, pasando por socialdemócratas gradualistas y terminando por lo que últimamente se ha dado en llamar "populistas", todos sienten un horror cerval ante la idea de una sociedad organizada alrededor de la idea del mérito.

Los únicos que parecen querer coquetear un poco (sólo un poco) con la idea del mérito son los grandes plutócratas que interpretan a la meritocracia en términos de lógica calvinista. Es decir: al revés. La lógica de esta interpretación es la siguiente: si alguien es rico es porque merecía serlo puesto que, si no lo hubiera merecido, no habría llegado a ser rico. Es el corolario profano del éxito y la riqueza interpretados como señales de una gracia que Dios concede solamente a los Elegidos. Porque esa teoría dice que si la persona en cuestión no es un Elegido, Dios no hubiera permitido que se convierta en rico y exitoso. [3]  Lo que pasa con este razonamiento es que falla por su base: aun si fuese cierto que Dios te ha elegido o te ha condenado aun antes de que nazcas – algo que siempre me pareció una idea diabólica – su elección no puede haber dependido de tus méritos sencillamente porque, siendo un nonato, todavía no has tenido oportunidad de demostrarlos.

El problema adicional es que el concepto de meritocracia tampoco queda demasiado bien definido por el propio creador de la palabra. Según dicen los que dicen que saben, el término "meritocracia" fue acuñado por el británico Michael Young en su libro de 1958: "The Rise Of The Meritocracy", [4] escrito para la Fabian Society socialista que finalmente se negó a publicarlo. Y es una mala partida de nacimiento para un término sociopolítico porque ese libro no es un ensayo científico sino una novela. Peor que eso: es una sátira con condimentos futuristas. Young imagina (en 1958) una sociedad en donde el éxito depende de ciertas facultades intelectuales y un sistema educativo que selecciona a los ganadores y descarta a los perdedores. En su desarrollo, en la novela de Young esta sociedad culminaría hacia 2033 con una cerrada casta despótica que finalmente termina derrocada por una revolución violenta. Así, desde sus mismos orígenes, el término de "meritocracia" queda relacionado con una distopía bastante en línea con, por ejemplo, "Un Mundo Feliz" de Huxley o "1984" de Orwell.

Llegado a este punto creo haber contribuido lo suficiente a la confusión general como para verme obligado a tratar de poner un poco en claro la cuestión de base. Porque después de todo lo anterior: al fin y al cabo, ¿qué cuernos es una meritocracia?

La meritocracia como idea

Según el manual, el concepto de "meritocracia" se refiere a un sistema sociopolítico en el cual la movilidad social, y sobre todo el acceso a los puestos de poder, tiene lugar por criterios de desempeño (mérito) y no por criterios de adscripción (riqueza, casta social o facción política). En una meritocracia el siempre reiterado cuestionamiento del "¿quién decide?" queda de este modo suplantado esencialmente por el "¿cómo se decide?" o sea: "¿con qué criterio se decide?" Por supuesto que incluso en un sistema meritocrático el "quién" sigue teniendo algo de peso porque la pertenencia por adscripción a un sector o estamento social puede determinar – y de hecho a veces determina – los criterios de decisión aunque más no sea por deformación profesional. Pero si este criterio viene ya firmemente determinado por los valores fundacionales del sistema el margen para la aplicación de criterios sectoriales parciales se reduce de un modo significativo.

Que ese margen se reduzca pero que no quede totalmente eliminado puede parecer desalentador. No obstante, es preciso que entendamos y aceptemos que no hay sistemas sociopolíticos perfectos. Todas las utopías perfectas que se nos ha ocurrido inventar en teoría han demostrado ser completamente inviables en la práctica. Todo sistema sociopolítico es una creación humana y, por la imperfección fatalmente inherente a la condición humana, cualquier creación del Hombre está expuesta al error o a cierto grado de consecuencias negativas y la política no es, por cierto, una excepción a esta regla que más que regla es una ley.

Consecuentemente, no deberíamos caer en el error de confundir utopías con ideales. Las utopías son "modelos terminados" a imitar; los ideales son objetivos a aproximar. Las grandes confusiones suelen surgir por el hecho que las utopías se construyen por lo general con la generosa inclusión de ideales ya que, de otro modo, no serían atractivas. Pero la enorme diferencia reside en que una utopía establece – a veces hasta con lujo de detalles – toda la arquitectura del resultado final presuponiendo incluso "realidades" que, en rigor de verdad, ni siquiera existen. Por el contrario, un ideal solo indica o enuncia a grandes rasgos el resultado final deseado y deja a discreción del constructor el detalle de la arquitectura que establecerá o sostendrá ese resultado. En otras palabras: un ideal posee un grado de flexibilidad infinitamente superior al de una utopía. Un ejemplo para que quede claro: la democracia es una utopía; la meritocracia es un ideal.

Por eso es que, en realidad, no tiene demasiado sentido la discusión acerca de cómo sería una sociedad meritocrática. En cada caso particular, para cada pueblo o nación – considerando su idiosincrasia, sus características etnoculturales, su fe religiosa, su historia, su tradición, su grado de desarrollo tecnológico etc. etc. – el principio meritocrático puede (¡y debe!) adoptar formas de organización sociopolítica particulares y específicas. Para decirlo con una metáfora: a diferencia de las utopías como la democracia liberal capitalista o el socialismo clasista, el principio meritocrático no le impone el mismo traje ya confeccionado a todo el mundo. Lo que propone es un criterio para que cada sociedad se confeccione el traje que mejor le queda.

Ese criterio es el del mérito.

El mérito como concepto

En su crítica al Programa de Gotha, Marx sostenía que en una primera etapa el socialismo debía apuntar a satisfacer el principio: "de cada uno según su capacidad; a cada uno según su aporte". No obstante, en una segunda etapa, el socialismo – siempre según Marx – llegaría a la etapa del comunismo en el cual el principio sería "de cada uno según su capacidad; a cada uno según sus necesidades".

Huelga decir que el socialismo marxista jamás llegó a esa utópica segunda etapa. Y no llegó porque es imposible llegar. Dado el caso, todos sentirán que "necesitan" el mejor automóvil, la mejor casa, la mejor ropa, la mejor comida y, en general, la mayor cantidad posible de lo mejor de todo lo disponible. Las necesidades de cada uno representan una magnitud que es de hecho infinita, limitada en la práctica solamente por el nivel de desarrollo tecnológico de una época y por las capacidades de acaparamiento de un individuo o de una familia. A menos, por supuesto, que las necesidades, los bienes, los servicios y las cantidades sean establecidas por una autoridad superior, en cuyo caso el problema pasa a ser el de definir el criterio con el que se establecerá la necesidad de cada cual de un modo satisfactorio para todos. Algo cuya imposibilidad constituyó una de las rocas contra las cuales se estrelló el socialismo soviético.

El primer criterio socialista, sin embargo, no carece de sentido. Dar a cada uno "según su aporte" equivale a decir "a cada uno según su mérito"; lo cual lleva implícita en forma tácita la intención de darle a cada uno lo que le corresponde, siendo que eso constituye tradicionalmente la base de toda justicia distributiva.

El problema es que, si bien a primera vista el principio de "a cada uno lo que le corresponde" se presenta como algo justo, en un segundo análisis pronto se descubre que alcanzar ese ideal en términos de mérito no es tan fácil como parece. Por de pronto, lo que a una persona "le corresponde" no necesariamente correlaciona con sus méritos. A alguien que compró un billete de lotería y salió premiado, le corresponde la suma establecida como premio. Pero, ¿la merece? Es fácil ver que se trata aquí de dos cosas diferentes. Una cosa es lo que a alguien le corresponde por ley, por azar o por las reglas de juego establecidas y otra cosa sensiblemente diferente es lo que esa misma persona realmente se merece. [5]

El mérito como concepto no se relaciona con la suerte que alguien puede tener ni con reglas fijas o normas tradicionales que asignan privilegios o recursos extraordinarios en forma automática o cuasi automática a determinados individuos. El concepto de mérito se relaciona exclusivamente con el aporte que una persona ha hecho al conjunto social en el que vive y por ello es que el principio socialista básico de "a cada uno según su aporte" constituye un concepto válido que puede servir de punto de partida.

Y solo como punto de partida porque la implementación práctica del concepto sigue siendo compleja.

El mérito como magnitud

La dificultad se hace patente ni bien nos preguntamos: ¿cómo estableceremos el mérito? Porque es obvio de toda obviedad que no poseemos ningún "meritómetro" para medir el mayor o menor valor del aporte, es decir del mérito, de cada persona.

Según la idea que subyace a la novela de Michael Young parecería ser que la fórmula

Inteligencia + Esfuerzo = Mérito,

podría constituir el principio básico de una meritocracia. Sin embargo, no puede. La imposibilidad queda de manifiesto ni bien nos damos cuenta de que, según ese criterio, cualquier estafador – y en general cualquier criminal con un alto cociente intelectual – puede llegar a tener mérito suponiendo que realice un considerable esfuerzo para lograr sus fines. Evidentemente, la fórmula necesita un factor de corrección.

Una posibilidad sería considerar:

(Inteligencia + Esfuerzo) x Valor Social = Mérito

como esquema tentativo para definir el mérito en dónde una aproximación a las magnitudes intervinientes puede lograrse a través de la medición del Cociente Intelectual, las horas trabajadas o calorías gastadas, o algún otro parámetro válido y, finalmente, el valor que la actividad tiene para la sociedad que puede ser positivo si la beneficia o negativo si la daña y puede relacionarse con la medida en que esa actividad aporta a la Renta Nacional.
Otra posibilidad, quizás más abarcativa, podría ser:

(Capacidad + Esfuerzo) x Valor Social = Mérito

en donde lo que se tendría en cuenta no sería la inteligencia en sí, desvinculada de su aplicación, sino la capacitación – para la profesión o actividad – en la cual esa inteligencia se ha desarrollado. Medir cocientes intelectuales es algo siempre un poco riesgoso puesto que es posible aislar analíticamente varios tipos de inteligencia y en no todas las actividades (p.ej. las artísticas) la inteligencia medida por los tests de Cociente Intelectual tiene el mismo peso relativo, aun cuando también sea cierto que a todos los tipos de inteligencia detectados les subyace un factor común de "inteligencia general". [ ] En cambio la capacitación adquirida es una magnitud sensiblemente más firme que puede apreciarse ya sea por el nivel de educación alcanzado, y/o por el nivel del desempeño laboral o profesional demostrado en la actividad elegida.

Por supuesto que las fórmulas indicadas más arriba, son tan solo ilustrativas y obviamente no tienen pretensiones de precisión matemática. El mérito como magnitud depende tanto de cuestiones objetivas como subjetivas. Las objetivas, mayormente económicas, de desempeño educativo y profesionales, son relativamente sencillas de medir. Las subjetivas son esencialmente culturales y dependen de la escala de valores imperante en cada medio y civilización o cultura en particular.

El mérito como reflejo de valores

Lo concreto y que no hay que perder de vista es que toda meritocracia depende, entre otras cosas, muy fuertemente de los valores que la sociedad más estima. Una sociedad que valora el placer y las ventajas materiales por sobre todas las cosas tendrá un concepto del mérito muy diferente a otra sociedad cuyos valores máximos son, por ejemplo, la honorabilidad, el trabajo y la vocación de servicio.

Tomemos las nueve nobles virtudes tradicionales y las cuatro virtudes cardinales: honor, verdad, lealtad, disciplina, perseverancia, trabajo, libertad, valentía, solidaridad, prudencia, justicia, fortaleza y templanza. El conjunto de estas virtudes forma un sistema de valores muy diferente al que rige de facto en la actualidad. En realidad, nuestro sistema actual se basa más en disvalores que en valores auténticos.

Los disvalores actuales del materialismo, el hedonismo, el individualismo y la decadencia moral no sirven para generar una meritocracia aceptable. Por eso el "contraspot" citado al principio tiene algo de razón: alguien que se destaca por ser materialista, volcado al placer, individualista, egocéntrico y decadente, no puede ser considerado como alguien dotado de los méritos necesarios para dirigir una sociedad. Con esos valores, una sociedad justa, armónica y equilibrada es completamente imposible. En otras palabras: los valores del demoliberalismo capitalista y los del materialismo dialéctico marxista NO SIRVEN para fundamentar una meritocracia. En consecuencia, no carecen totalmente de razón quienes critican la idea de la meritocracia si hacen abstracción del sistema de valores subyacente y la suponen basada sobre los valores actualmente vigentes.

Para instaurar una meritocracia aceptable es necesario lograr primero el triunfo de una revolución cultural que restaure al menos las virtudes tradicionales y cardinales como normas de conducta y procedimiento. Por ello es que la Revolución Cultural debe preceder a la Revolución Política. Si no se logra esa Revolución Cultural, la Revolución Política nunca tendrá un sustento sólido y aceptable. Una meritocracia se basa precisamente en las virtudes que se quieren ameritar. No es posible aspirar a una revolución política basada en méritos si no se erradica primero la escala de valores de la decadente cultura del materialismo dogmático actual.

El otro aspecto que no hay que pasar por alto es que una meritocracia, por su misma esencia, constituye un sistema no-igualitario. Para que eso sea aceptable, deben eliminarse los factores que pueden conducir a la violación de, precisamente, una de las virtudes cardinales mencionadas: la justicia.

Por fortuna, esto no es imposible ni mucho menos. Por un lado es preciso que exista una real y concreta igualdad de oportunidades de partida. Y, por el otro lado, los valores relacionados con la apreciación del mérito no deben exigir necesariamente capacidades muy especiales que solamente ciertos seres humanos tienen o pueden desarrollar.




Pero entiéndase bien: igualdad de oportunidades iniciales no significa igualdad de resultados, como lo afirma la hipocresía actual partiendo de supuestas igualdades universales abstractas y del mito de la infinita educabilidad del ser humano. Y, además, nótese que ninguna de las virtudes citadas más arriba depende de un cociente intelectual o de algún otro talento en especial innato. Honor, verdad, lealtad, disciplina, perseverancia, trabajo, libertad, valentía, solidaridad, prudencia, justicia, fortaleza y templanza no dependen de talentos que solo muy pocos tienen y, en un entorno de igualdad de oportunidades, toda persona normal puede desarrollarse ejerciendo y respetando estos valores.

Obviamente algunos se destacarán y otros no lo harán tanto. Pero de la desigualdad de méritos resultante al menos podremos aproximarnos al ideal de poder seleccionar a los mejores.

Conclusión

La magnitud del mérito requiere, en cada caso puntual, un análisis profundo y un consenso amplio. No es algo que se logra mediante un discurso superficial. Pero, en todo caso, aun una estimación algo imperfecta del mérito serviría como una base de selección de dirigentes mucho más sólida que la actual basada en la medición de la "voluntad general" a través de unas elecciones democráticas en las que puede ganar un candidato con el 25 o 30% de los votos posibles y en las que, para colmo, el voto de dos ignorantes fácilmente manipulables por los medios masivos pesa más que el de una persona altamente capacitada y con criterio propio.

La democracia liberal, con su teoría utópica del igualitarismo demagógico, no ha podido garantizar jamás un avance hacia el ideal del gobierno de los mejores y los más capaces. El socialismo marxista, con su teoría de la lucha de clases y sus "vanguardias del proletariado" cristalizadas en nomenklaturas sin más méritos que el recitado de los postulados abstractos del materialismo dialéctico, ha fracasado por completo en todas partes y ha debido ir girando hacia un capitalismo económico dirigido por una variedad del socialismo político. 

Frente a esta realidad, un criterio meritocrático basado en valores auténticos en el marco de un sistema justo no es una quimera.

Por el contrario, puede ser una solución.




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NOTAS

 1)- https://www.youtube.com/watch?v=D-hEOCxqTx4&feature=youtu.be  Consultado en Mayo 2016. Desde entonces la empresa automotriz ha bloqueado el spot y actualmente tiene acceso restringido. Parece ser que el criterio meritocrático de la agencia de publicidad no soportó el embate de la ideología igualitarista y la automotriz prefirió abandonar el argumento del auto de alta gama para un sector de supuesto alto mérito.
No obstante, Internet no sería lo que es si alguien no hubiera grabado el spot y no lo hubiera vuelto a subir. Ahora (hasta nueva censura) lo pueden ver en https://youtu.be/Ov9x5naV3ok  (Consultado el 19/07/2017)

2)- https://www.youtube.com/watch?v=8T-DOs7xP7U Consultado el 26 de Julio 2016. Tengo la sensación de que el spot actual está un poco cambiado, pero desgraciadamente no puedo asegurarlo ya que en su momento no grabé el original y así resulta imposible comparar detalles.

3)- Cf. Weber, Max: La ética protestante y el espíritu del capitalismo. La Nueva Editorial Virtual 2014 - https://drive.google.com/file/d/0B6QXUcoelzmpc3JQdHduWTBsdUk/edit?pref=2&pli=1

4)- Young, Michael:  The Rise of the Meritocracy (1870-2033).  An Essay on Education and Equality (1958) "El Ascenso de la Meritocracia (1870-2033). Un Ensayo sobre Educación e Igualdad".

5)- A esto se agrega una dificultad idiomática que el inglés trata de resolver mediante la interpretación filosófica de los términos "merit" y "desert";  aunque en el inglés cotidiano muy rara vez se escuchará el término de "desert" para otra cosa que no sea un desierto o "dessert" para un postre. En español tenemos el término de "mérito" y "merecimiento" pero tampoco lo diferenciamos  demasiado bien del concepto del simple "derecho a" algo determinado. El tenedor del billete de lotería premiado tiene derecho a la suma establecida como premio; aun cuando no necesariamente la merezca.

6)- Es el "factor g" aislado por la Teoría Bifactorial de Inteligencia del psicólogo Charles Spearman (1863 – 1945). Spearman observó que las puntuaciones que los niños en edad escolar sacaban en cada una de las asignaturas mostraban una relación directa, de manera que un escolar que saque muy buenas notas en una asignatura tenderá también a puntuar bien en el resto de asignaturas. A partir de este hecho, ideó un modelo explicativo sobre la inteligencia apto para ser punto de partida de la medición del cociente intelectual (CI). (Cf. https://psicologiaymente.net/inteligencia/inteligencia-factor-g-teoria-bifactorial-spearman)


lunes, 17 de julio de 2017

HOGAR Y FAMILIA

Estamos en este mundo para que,
en algún lugar, podamos sentir
que hemos hallado nuestro hogar.
Aron Tamási
(1897–1966)

El problema del hogar, sin duda alguna, es complejo; y no por casualidad la protagonista central del tema es la mujer.

Imagínense a una mujer adulta frente a un funcionario burócrata respondiendo a las preguntas de un formulario:

-- ¿Profesión?
-- Ama de casa.

¿Pueden imaginar la cara del burócrata? Yo sí. La he visto un buen par de veces. Levanta las cejas, pero no la cabeza, y mirando un poco de abajo hacia arriba se queda un instante como preguntando: "¿Nada más?" Faltaría que diga "¿Solo eso? ¡Pobrecita!" No lo dice, pero su cara lo está gritando. El burócrata no tiene ni la más repálida idea del enorme esfuerzo, trabajo y dedicación que requiere ser una ama de casa a tiempo completo – y ni hablemos de ser una buena ama de casa – pero la sola idea de ser "solo y nada más que" una ama de casa le suena a algo así como sinónimo de "personal doméstico gratuito en relación de esclavitud".

Podemos girar la cuestión y mirarla desde otra faceta. Imagínense el diálogo entre dos amigas contemporáneas que están por terminar el colegio secundario.

--  ¿Y? ¿Decidiste ya qué carrera vas a seguir?
--  No. La verdad es que todavía no...
--  Mirá, decidite. Hoy por hoy no podés andar sin título.
--  ¿Y por qué? ¿Qué tiene de malo no tener un título?
--  Es que quedás indefensa. ¿De qué vas a trabajar? ¿Cómo vas a hacer para ganar plata y mantenerte? Si no tenés un título vas a estar obligada a depender de un hombre y pasártela fregando y lavando platos toda la vida. Y eso si tu marido gana lo suficiente como para mantener la casa. Porque si no, vas a tener que trabajar de vendedora en un negocio por dos pesos con cincuenta para complementar el sueldo de tu marido y encima vas a tener que fregar y lavar los platos igual. No nena. Haceme caso. Conseguite un título.

Giremos la cuestión de nuevo. Mirémosla del lado del varón. Un varón al que le han dicho que la plata grande no se hace trabajando; un varón que compara los ingresos del futbolista, del guitarrista de rock, del piloto de Fórmula 1, del capo narco, del macho alfa de la farándula, del banquero, del especulador, o del político de turno con los del médico, el maestro, el ingeniero, el policía o el profesor universitario. Un varón que, si después de eso todavía se anota en alguna carrera, es porque, o bien tiene realmente una vocación muy fuerte, o bien no encontró la forma de engancharse en alguna de las otras opciones y, dentro de todo, no quiere convertirse en el "nini" que ni estudia ni trabaja.

Después, claro, la vida se encarga de que esa mujer y ese varón se encuentren. En algún momento dado se forma una pareja. En algún momento la pareja deviene en matrimonio. Y como la plata no alcanza ambos tienen que salir a trabajar. Además, sería ridículo pensar que la mujer, con un título universitario en su haber o cerca de obtenerlo, se va a quedar en un departamento de un ambiente para jugar a la ama de casa. Así, ese departamento se convierte en un dormidero. De día no hay nadie porque ambos trabajan; de noche se juntan, al día siguiente se repite el ciclo cinco veces y los fines de semana se hace el mantenimiento de lo que no se pudo hacer los cinco días anteriores y, en una de ésas, puede haber una visita a los padres, a la quinta de un amigo o a salir a comer por ahí, siempre y cuando no sea fin de mes.

Y en algún momento, si no irrumpe una frustración que termina en separación o divorcio,  el matrimonio se convierte en familia. Aparece una criatura con sus necesidades y sus exigencias. Los que antes eran amantes se convierten en progenitores con las diferentes obligaciones y responsabilidades de madres y padres. El departamento de un ambiente empieza a tener fecha de vencimiento. Dentro de muy poco hará falta más espacio. Pero "más espacio" significa más dinero. Ni pensar en dejar de trabajar. Pero, si la madre sigue trabajando, ¿quién se hará cargo de la criatura? No se la puede dejar sola en el dormidero, obviamente. ¿Una guardería? ¿Alguna de las abuelas? ¿Una niñera? ¿Algún personal doméstico multipropósito?  ¿Alguna combinación de soluciones intermedias?

Sea como fuere, luego de un tiempo la madre vuelve al trabajo. Lo necesita. De otro modo los números de la familia no cierran. Aun cuando una parte sustancial de sus ingresos se vaya en gastos de guardería, personal doméstico o alguna otra solución adoptada. Además, es una profesional. Para eso se rompió el alma estudiando durante años. Para eso se conquistó, con mucho esfuerzo, una posición que le permite sentirse libre, dueña de su propio dinero, y respetada – quizás hasta envidiada – por las demás mujeres. O al menos eso es lo que ella cree.

Y con el hombre sucede algo muy similar. Antes se sentía responsable por su mujer; ahora se siente responsable por su mujer y su hijo o hija. Si antes apenas conseguían llegar a fin de mes, ahora los gastos son mayores. Hace falta más plata por mes. Va a necesitarse más todavía en el futuro cuando haya que mandar al chico a la escuela y ni hablemos de si viene un segundo hijo... Hay que cambiar de trabajo por otro mejor remunerado. O conseguir otro trabajo adicional. O trabajar horas extras para mejorar los ingresos.  Resultado: el hombre estará fuera de su casa durante más horas que antes. Se convertirá en un misterioso ser que llega cuando su hijo ya está durmiendo y se habrá ido antes de que despierte. Como padre será un prodigio que ocurrirá solo los fines de semana.

En este ambiente, "la profesión", "el trabajo", se convierte en el casi indiscutido núcleo central de la existencia. La familia termina construyéndose a su alrededor, como una especie de objetivo secundario y muchas veces obstaculizante. Lo cual, obviamente, resulta favorecido por el hecho que muchas veces las actividades formadoras de opinión resultan ocupadas por personas que, aunque más no sea para auto-justificarse, proponen y defienden esta forma de vida.

Así y todo sin embargo, la verdadera búsqueda de todos los involucrados es la de hallar la felicidad; algo que la enorme mayoría de nuestra sociedad – tal como lo demuestran todas las estadísticas – solo puede imaginar en un hogar, desde el seno de una familia estable y armónica. Es lo que todos disfrutan cuando se jubilan. Es lo que todos añoran cuando es obvio que ya nunca lo tendrán. Hasta ahora no sé de nadie que, en su lecho de muerte, haya exclamado: "¡Ojalá hubiera estado más tiempo en la empresa, con los proveedores, con los clientes y con mis compañeros de trabajo!".

¿Qué clase de vida brinda este entorno? Es fácil sacar la cuenta. Un caso típico sería el de una persona que duerme 8 horas y trabaja 9 por día. Bien. Veamos. 8 horas de sueño más nueve de trabajo dan 17 horas. Si el viaje de casa al trabajo, entre colectivo y subte, o tren y subte, o alguna otra combinación lleva 1 hora y media, tenemos, entre una cosa y otra 3 horas de viaje por día. Van 17 +3 = 20 horas. Hay que comer, hay que bañarse, arreglarse, ocuparse de la canilla que gotea y de la bombita de luz que se quemó, de planchar la ropa para mañana, cocinar, etc. Seamos optimistas, pongámosle una hora para los hombres y más para las mujeres.  Resumen y total: de las 24 horas del día, con suerte queda algo así como el 10% del tiempo disponible para dedicarlo al hogar y a la familia. Con suerte.

El fuego del hogar.

La pregunta que, inevitablemente, uno se hace es: ¿vale la pena?

Sinceramente no lo creo. Lo que sucede es que, hasta ahora, había pocas posibilidades de escapar de ese entorno. O bien uno se iba a vivir al campo, o bien el hombre conseguía uno de esos raros trabajos que permitían mantener una familia sin el necesario aporte económico de la mujer.  Sin embargo, la cosa está cambiando y es principalmente gracias a la tecnología informática que está empezando a surgir una modalidad de trabajo desconocida hasta ahora: el trabajo desde la casa o, como lo llaman los norteamericanos, el "home-working".

A fines de 2016 y principios de este año, en los EE.UU. ya eran por lo menos 100 empresas importantes las que ofrecían trabajo en esta modalidad. [1] La lista incluía a Amazon, Teletech, Hilton Worldwide, Xerox, Dell, IBM, Wells Fargo, Aon, Adobe, Sodexo, Eaton, American Express, Motorola Solutions, Lenovo, JPMorgan Chase y varias más. [2] En los EE.UU. el porcentaje de trabajadores que realizan sus tareas parcial o completamente desde sus domicilios se incrementó de un 19% en 2003 a un 24% en 2015 según el Bureau of Labor Statistics. [3] En las profesiones relacionadas con administración, negocios, operaciones financieras y ocupaciones profesionales, los porcentajes fueron de 35% a 38% respectivamente. Además, el 68% de los trabajadores norteamericanos respondieron que esperan trabajar en forma remota en el futuro. [4]  Las industrias más proclives a considerar el trabajo remoto incluyen las de tecnología informática, medicina, salud, administración estatal y finanzas. Servicio al cliente, educación, capacitación y ventas también ofrecen puestos de trabajo en esta modalidad. El trabajo desde el domicilio bajo el modelo TRaD por sus siglas en inglés [5] está creciendo y ya es una alternativa seriamente considerada, en especial por las empresas de servicios. [6]

¿Terminaremos trabajando desde casa en el futuro? Muchos probablemente sí. Porque, por supuesto, esto no es para todos los oficios. No podría fabricar un auto desde mi casa. No podría ni pintarlo ni ensamblarlo, eso es obvio. Pero el departamento contable de la fábrica de autos seguramente tiene operaciones que se podrían hacer de manera remota y el área de Recursos Humanos también realiza operaciones que no tienen por qué hacerse necesariamente dentro de la empresa. Ni el cálculo de sueldos y jornales ni el diseño y mantenimiento de la Intranet de la compañía tienen que hacerse necesariamente dentro de la compañía misma. El departamento de Marketing podría trabajar con diseñadores gráficos remotos. Excluyendo los procesos de manufactura propiamente dichos, las posibilidades son amplias.

¿Lo haremos?

Creo que sí. Todavía falta desarrollo y cultura laboral en este sentido, sobre todo en nuestros países. Llevará tiempo y requerirá varios cambios, en especial de mentalidad. Pero la nueva generación, ésa que nació con la computadora ya en la cuna, poco a poco hasta irá presionando para hacerlo posible.
Porque este mundo, así como está hoy, es absurdo. Estamos más tiempo con extraños y hasta con completos desconocidos que con nuestras propias esposas, esposos, hijas e hijos. Y después nos lamentamos que el matrimonio y la familia resisten cada vez menos el embate de quienes se han propuesto hacerlos desaparecer.

La familia y el hogar
Porque, a diferencia de los matrimonios que no necesitan más que una vivienda, las familias necesitan un hogar. Y el hogar, tradicionalmente, era ese lugar en el que se mantenía encendido el fuego alrededor del cual la familia se reunía todos los días para comer, calentarse, charlar, divertirse, recordar anécdotas, comentar los hechos del día, discutir puntos de vista diferentes, intercambiar opiniones...  En pocas palabras, el hogar fue siempre el lugar en donde quienes se aman pueden estar juntos para comunicarse, para entenderse y para compartir.

Y creo que debe volver a serlo.

Porque, al igual que Aron Tamási, creo que en este mundo, en algún lugar, deberíamos poder sentir que hemos hallado nuestro hogar.

Y también creo que en ese hogar deberíamos poder vivir nuestras vidas junto a las personas que amamos.

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NOTAS:
1)- Cf. https://www.flexjobs.com/blog/post/100-top-companies-with-work-from-home-jobs-in-2016/
2)- Cf. https://www.flexjobs.com/
3)- https://www.bls.gov/opub/ted/2016/24-percent-of-employed-people-did-some-or-all-of-their-work-at-home-in-2015.htm
4)- https://www.flexjobs.com/blog/post/work-flexibility-milestones-infographic/
5)- "Telecommuting, Remote, and Distributed model" = Modelo telecomunicado, remoto y distribuido.
6)- https://trad.works/



martes, 6 de junio de 2017

SOBRE DAMAS Y CABALLEROS

Cualquiera puede ser heroico de vez en cuando
pero caballero es algo que hay que ser siempre.
Luigi Pirandello

Los atributos de una gran dama
siguen pudiendo encontrarse en la regla de las cuatro "S":
Sinceridad, Simplicidad, Simpatía y Serenidad.
Emily Post

En una de esas totalmente inútiles discusiones por Internet – de las que confieso que a veces participo cuando estoy muy aburrido y además me quiero divertir un rato – una de mis amables contertulias furiosamente feministas (lo de "furiosamente" es literal) me lanzó la pregunta retórica de "¿Qué es una dama?" tan solo para terminar auto- respondiéndose declarando con total solemnidad y decisión: "Yo no quiero ser una dama".

Bueno, no hay manera de obligar a alguien a ser lo que no quiere. Creo que es una lástima porque, si de poder sobre los varones se trata, creo que las damas de antaño tenían mucho más poder real sobre los varones que las euménides feministas actuales. Pero claro, siendo yo varón, y para colmo heterosexual, no creo ser la persona más adecuada para explicarle a una mujer qué es y cómo se comporta una dama. Lo que puedo intentar es contarles lo elemental acerca de qué es un caballero.

Será algo básico pero me referiré únicamente a lo esencial. Tan solo para que nos entendamos.

"La Investidura" por E.B. Leighton (1853-1922)
Por regla general los futuros caballeros eran designados durante alguna de las grandes festividades de la cristiandad, como la Navidad o la Pascua. En ocasiones, la ceremonia de la investidura se realizaba durante algún acontecimiento especial como, por ejemplo, el casamiento de algún miembro de la nobleza o de la realeza.

La ceremonia usualmente incluía un baño de purificación a la víspera tras lo cual el aspirante se vestía de blanco. A continuación comenzaba una vigilia de oración que duraba toda la noche y en la que el futuro caballeo velaba sus armas.

"La Vigilia" - J.Pettie (1839-1893)

El aspirante, arrodillado, juraba luego que respetaría un código de conducta por el que asumía los siguientes compromisos:
  • Siempre defendería a una dama
  • Diría siempre la verdad
  • Sería leal a su Señor
  • Sería devoto de la Iglesia
  • Sería caritativo y defendería a los pobres y a los desvalidos
  • Sería valiente
  • En campaña, dejaría su armadura y sus armas solo para dormir
  • Nunca evitaría un peligro por miedo.
  • Sería puntual para cualquier compromiso de armas, tal como una batalla o un torneo.
  • Al retornar a su hogar o a la corte de su Señor, siempre rendiría cuentas de sus aventuras o andanzas.
  • Hecho prisionero, rendiría sus armas y su caballo ante su oponente y no combatiría al mismo sin el consentimiento de éste.
  • Contra un solo oponente lucharía únicamente mano-a-mano.
Luego de ello, el maestro de ceremonia – que podía ser un noble, otro caballero, o incluso una dama de noble alcurnia – investiría al nuevo caballero tocándolo en los hombros con una espada.

"Beatriz invistiendo a Esmond" - Augustus Leopold Egg (1816-1863)

A continuación el caballero vestiría su armadura, recibiría su espada, montaría su caballo y participaría de algún torneo marcial en el que demostraría sus habilidades guerreras.

Las preguntas que a veces me hago son dos:
  • ¿Alguna de las feministas actuales tiene tanto poder sobre los hombres como lo tuvieron las damas que hasta podían armar a un caballero?
  • ¿Alguno de los hombres actuales se animaría a jurar que cumplirá lo exigido por el código de conducta de un caballero en sus exigencias esenciales?
Hubo un tiempo en el que las mujeres aspiraban a ser damas y los varones querían ser caballeros.
Esa época se extendió mucho más allá de las armaduras y los caballos de la Edad Media.

Sin embargo, parecería ser que hoy ese tiempo está agotado.

¿Creerían ustedes que se perdió para siempre?


lunes, 29 de mayo de 2017

TENEMBAUM Y EL DESFILE

Y, si llueve en tu desfile,
mira hacia arriba más que hacia abajo.
Sin la lluvia no existiría el arcoiris.
Gilbert K. Chesterton


Parece que el desfile militar del sábado pasado para conmemorar el 25 de mayo sacó de las casillas a algunos que sienten convulsiones de horror y espasmos de terror con solo ver un uniforme militar.

Empezando por doña Julia Mengolini que publicó sus "escalofríos" por twitter comentando:
No se ustedes pero a mí los aviones de combate sobrevolando la ciudad me da muy '55. Escalofríos. [1]  y siguiendo por Griselda Siciliani que lo manifestó en clave de pregunta: Todo bien con las tradiciones pero ésto no lo entiendo … Militares marchando ¿? [2]

Aparentemente las dos damas tienen problemas de comprensión. ¿Qué temía la Mengolini? ¿Que los escasos aviones que le quedan a nuestra Fuerza Aérea fueran a bombardear la Casa Rosada o a la Quinta de Olivos para matar al Mauri? ¿No se le ocurrió pensar que a lo mejor ni tenían con qué hacerlo? Querida Julia: ¿todavía no te diste cuenta de que nuestras Fuerzas Armadas están completamente desmanteladas? Esos aviones a lo mejor apenas si pudieron cargar los tanques de nafta para despegar en absoluto. Y ¿qué le resulta tan difícil de entender a la Siciliani? ¿Que los militares marchen? Y, sí; a veces suelen hacerlo. A veces lo hacen para ostentar lo que tienen, por ejemplo como lo hicieron los rusos – el 9 de mayo de 2017 apenas 16 días antes de nuestro desfile – para conmemorar su victoria sobre Alemania en la Segunda Guerra Mundial:


Y nadie les dijo nada. Aun cuando quedan muchos que todavía sienten escalofríos (de verdad) cuando escuchan el ruido de aviones militares sobrevolando las ciudades europeas y también hay todavía algunos millones de personas que no se sienten para nada cómodas con la idea de un ejército ruso de esa envergadura marchando por las calles. Especialmente cientos de miles de mujeres violadas por la soldadesca soviética que hoy son abuelas. Es decir: las que sobrevivieron. Pero, en fin. En su momento eso fue para aplastar a Alemania y, para eso, incluso hoy todo estaría permitido y tolerado.

Porque ésa es un poco la idea central del periodista Ernesto Tenembaum quien, subiéndose al comentario de la Siciliani, opinó en un artículo del diario Infobae que "... el desfile militar del sábado fue insensible e irrespetuoso." [3] Instrúyanse ustedes, estimados lectores: soldados argentinos desfilando un 25 de mayo por la Avenida Libertador es un espectáculo "insensible e irrespetuoso" según el canon políticamente correcto tenembauense.

¿Por qué? ¡Ah mis queridos lectores; buena pregunta! Lo crean ustedes o no, la razón por la cual los tenembaums despotrican contra el desfile argentino del sábado es más o menos la misma por la cual los mismos tenembaums se callaron la boca ante el desfile ruso. Los rusos vencieron a los alemanes que, como todo el mundo sabe, eran malos, pero tan malos que peores ya no podían ser. Digamos que eran algo así como la quintaesencia de la maldad, el summum malum de la Historia, y tanto es así que hasta hoy hay que vigilarlos muy de cerca (pregúntenle a la Merkel y a la NSA norteamericana) porque en cualquier momento les brota esa semillita de maldad y hasta son capaces de ponerse a desfilar a paso de ganso.

Pueden ustedes no creerme. No me voy a enojar por eso. Pero vean qué escribió nuestro Tenembaum para de alguna manera justificar su exabrupto inicial:
"Mucho antes de que se discutiera si fueron o no treinta mil los desaparecidos, el mundo entero debatió si los judíos asesinados durante el holocausto fueron o no seis millones. No hay una investigación histórica concluyente que determine un número exacto de víctimas." [4]
Ernesto, Ernestito, tené cuidado. Te vas a meter en líos. Acordate de lo que te digo. Si seguís concediendo que "no hay una investigación histórica concluyente" que determine la validez de los 6 millones vas a terminar desfilando junto a Norman Finkelstein que se animó a proferir la blasfemia que, para realmente aprender algo del holocausto, "... hay que reducir sus dimensiones físicas y agrandar sus dimensiones morales." [5] Desde entonces a Norman lo llaman "un judío que se odia a sí mismo".

Pero el tema de los 6 millones, o los 30.000 nuestros últimamente impuestos por ley (al igual que los 6 millones en varios países), es solo el preámbulo. Porque, luego de un excurso por Wagner, Richard Strauss, Baremboim, Zubin Metah (sic) y la música en Israel, llegamos por fin al meollo de la cuestión.  La cuestión, según Tenembaum es que lo central de todo el asunto es el dolor de las víctimas:
"Pero, en el medio de todo esto, están las víctimas, su dolor lacerante que, por momentos, produce consecuencias autoritarias: de eso no se habla, eso no se discute, eso no se mira, no se escucha, no se toca." [6]
Y, tanto como para suavizar un poco lo de las "consecuencias autoritarias" un poco más adelante agrega:
"No se trata de prohibir nada a nadie pero a veces, aunque parezca contranatura, el poder debe tener corazón. Y eso no es lo que ocurrió el sábado." [7]
En primer lugar no entiendo muy bien cómo es eso de "no prohibir nada a nadie" y al mismo tiempo establecer que "... de eso no se habla, eso no se discute, eso no se mira, no se escucha, no se toca." Cómo se logra eso último sin prohibirle "nada a nadie" me queda medio oscuro. Pero está bien, vaya y pase.

En segundo lugar, tampoco entiendo demasiado bien por qué un poder con corazón debe parecer "contranatura". A mí no me parece para nada antinatural un poder con corazón, con empatía, con solidaridad, con piedad, con comprensión y compasión. Al contrario. Lo que sucede es que, como lo señaló en su momento Max Weber, en materia política a veces se contrapone la ética de la convicción con la ética de la responsabilidad. [8] Pero posiblemente eso y sus consecuencias ya son algo demasiado complicado para que los tenembaums lo entiendan.

Y menos todavía entiendo por qué el dolor de las víctimas tiene que ser la piedra sacrificial sagrada sobre la cual hay que inmolar nada menos que a la Verdad. Porque si sobre el altar al dolor de las víctimas sacrificamos siempre a la Verdad, lo que obtendremos al final es tan solo mucho dolor y una gran Mentira. Una gran Mentira que, para colmo, no sirve para calmar ningún dolor. Lo lamento mucho por los tenenbaums, pero eso no lo debemos aceptar. Quienes todavía creemos en Alguien que dijo "yo soy el Camino, la Verdad y la Vida", sabemos que a la Vida no se llega por el camino de la mentira. Quienes no están dispuestos a recorrer el Camino correcto ya están muertos antes de morir porque a la Vida se llega por el Camino de la Verdad.

Y en tren de mentiras acaso convenga señalar que Tenembaum sostiene que quienes tenemos más de 50 años podemos recordar los desfiles militares de nuestra infancia pero que esos desfiles "... desde 1983 no se realizaban". [9] Sencillamente no es cierto. Un solo dato: en mayo de 2010 bajo la presidencia de Cristina Fernandez de Kirchner tuvo lugar el desfile del bicentenario.


Que yo recuerde, en esa ocasión Ernesto Tenembaum no dijo ni "mu". Y corríjanme si me equivoco.

Ahora, eso sí, esta vez el bueno de Ernesto se siente obligado a reprocharle a los organizadores del desfile (léase al gobierno de Macri) que no hayan rendido la debida pleitesía a los ídolos que adoran los tenembaums. Y para marcar su cancha se pregunta:
"¿Hubo un minuto de silencio por los desaparecidos? ¿Hubo alguna expresión de autocrítica por lo que ocurrió? ¿Hubo un cartel que dijera Nunca Más en medio de las trompetas? ¿En qué momento del desfile se pudo apreciar que las Fuerzas Armadas registraron que algo pasó, al menos para serenar cualquier duda?" [10]

Quizás alguien debería responderle.

No, no hubo un minuto de silencio por los desaparecidos. Tampoco hubo un minuto de silencio por los argentinos que asesinó el terrorismo subversivo. Quizás sería necesario aclararle a los tenembaums que el desfile fue en conmemoración del 25 de Mayo y no en conmemoración de las operaciones guerrilleras y antiguerrileras de los años '70 del siglo pasado.

La autocrítica se realizó cientos de veces, incluso por imposición de los otrora guerrilleros terroristas devenidos en funcionarios públicos. La pretensión de perpetuar la práctica de la autocrítica como ritual obligatorio en todo acto público ya no sería autocrítica sino autoflagelación. Y, aunque le disguste a los tenembaums, la Argentina no está poblada por masoquistas.

No, no hubo un cartel que dijera Nunca Más. Y no lo hubo porque ese cartel fue usado tantas veces que ya es ilegible de tan gastado que está. Lo que sí vimos es un cartel exigiendo la libertad del teniente coronel Emilio Guillermo Nani, preso por... bueno, hasta el día de hoy nadie sabe exactamente por qué. Pero claro, eso a los tenembaums no les importa. Aunque eso no es lo importante. Lo importante es que los tenembaums no quieren que a nosotros nos importe.

El momento del desfile en que se pudo apreciar que las Fuerzas Armadas registraron que algo pasó, al menos para serenar cualquier duda, fue cuando desfilaron los combatientes de Malvinas. De repente pudimos ver que esos combatientes existen y son capaces de desfilar hasta con muletas. Si fuera por los tenembaums seguirían negados, ocultados e innombrados porque, al verlos desfilar, solo los tenembaums pueden afirmar la idiotez de pretender que no saben para qué sirve el Ejército.

Pero nuestro periodista no se da por vencido y sigue preguntando
"¿Qué quiere decir ese silencio? ¿Que repudiar la represión ilegal es aún un tema conflictivo para la familia militar? ¿Y entonces? ¿Qué estamos festejando? ¿Cambiaron o no cambiaron? En síntesis: ¿no hay motivos para sentirse incómodo ante ese símbolo polémico, manejado de manera tan frívola por el Gobierno?"
¿Que significa el silencio? Nada en especial mi querido Ernesto. Simplemente  significa que tenemos las pelópidas llenas del tema. No es un tema conflictivo ni para nosotros ni para la enorme mayoría de los militares que saben muy bien qué fue lo que se hizo bien, qué fue lo que se hizo mal y que fue lo que no se hizo y se debería haber hecho. En cuanto a ¿qué festejamos el sábado pasado? Pues casualmente otro aniversario del 25 de mayo que, para millones de argentinos, es el Día de la Patria.  Quizás no sea así para los tenembaums pero ¡qué le vamos a hacer!

No mi estimado, no hay por qué sentirse incómodo. Un desfile es un desfile y, tratándose de tropa propia, solo puede constituir un "símbolo polémico" para quienes todavía sufren de paranoia por cosas que ocurrieron hace casi medio siglo atrás. Y la manera en que este gobierno manejó el desfile no habrá sido precisamente brillante ni mucho menos [11], pero a mí me pareció bastante más respetuoso que las batucadas organizadas y hasta bailadas por una presidente con ganas de dar una imagen "nacional y popular" sin conseguirlo más allá de la vulgaridad.


 Pero Tenembaum insiste: 
"En este contexto, es muy lógico que muchos argentinos se sientan tan incómodos frente al desfile como se sintieron insultados por la designación de César Milani al frente del Ejército o indignados ante el escándalo de Sueños Compartidos. No se trata, una vez más, de ser kirchnerista o antikirchnerista: el bien y el mal muchas veces están por encima de esas categorías tan efímeras." [12]
¡Por fin podemos coincidir en algo! Realmente: no se trata de ser kirchneristas o antikirchneristas.  Eso es lo de menos. Dentro de muy pocos años esas dos categorías van a resultar tan obsoletas como lo serían hoy las de los antipersonalistas de Alvear y los personalistas de Yrigoyen. Decididamente y sin duda alguna: el bien y el mal están por encima de las categorías efímeras.

Pero lamentablemente para los tenembaums, el bien está del lado de la Verdad, más allá del dolor de las víctimas, y el mal está del lado de la Mentira, a pesar del reiterado, constante y contumaz intento de institucionalizar el lloriqueo permanente que, al final del día, se cotiza bastante bien en el mercado de las indemnizaciones donde terminan convergiendo las víctimas y los administradores de la venganza.

Una venganza que los tenembaums van a seguir llamando "justicia".

Pero eso es porque la Verdad los asusta

O no les conviene.



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NOTAS:
1. Cf. http://www.perfil.com/actualidad/el-paso-en-falso-de-julia-mengolini-los-aviones-de-combate-sobrevolando-me-da-muy-55.phtml
2)- 🤔pic.twitter.com/WMW1Lo8gsj - Cfr. http://www.infobae.com/politica/2017/05/29/griselda-siciliani-y-el-desfile-del-como-si-nada-hubiera-pasado/
3)- http://www.infobae.com/politica/2017/05/29/griselda-siciliani-y-el-desfile-del-como-si-nada-hubiera-pasado/
4)- Infobae Op.Cit.
5)- Finkelstein, Normal "La Industria del Holocausto", Introducción,  Pág. 10 https://drive.google.com/file/d/0B6QXUcoelzmpb3BlNndLN3hJeGc/edit
6)- Infobae Op.Cit.
7)- Infobae Op.Cit.
8)- Weber, Max "La Política Como Profesión ", pág. 69, Cf. https://drive.google.com/file/d/0B6QXUcoelzmpeVkteHAwMkxya2M/edit
9)- Infobae Op.Cit.
10)- Infobae Op.Cit.
11)- Lo del cartel de fondo con la leyenda alusiva al 25 de Mayo de 1816 fue simplemente algo desastroso. 12)- Infobae Op.Cit.



domingo, 21 de mayo de 2017

TEORÍA DE GÉNERO

Género tienen la ropa y los sustantivos
Los seres humanos tenemos sexo.

De jóvenes y "jóvenas"...

Hacia mediados de Abril pasado, cuando María Cecilia Velázquez se hizo cargo del Ministerio de Educación de la provincia de Santa Cruz, la flamante ministro no tuvo mejor idea que dirigirse a su audiencia diciendo: "...A los jóvenes y a las jóvenas,... estee.. si así se dice, o con una arroba como solemos decir nosotros para ponerle perspectiva de género...".


Detengámonos un poco. Esta mujer no es la chica de la limpieza, que es trabajadora, simpática y una joya de persona pero que, por esas cosas de la vida y las injusticias vigentes, apenas si pudo cursar una primaria mal enseñada. Esta mujer está al frente de un ministerio provincial. Al frente del Ministerio de Educación, para ser más precisos. Eso significa que, si usted o yo, querido lector, viviéramos en Santa Cruz, esta persona podría decidir cómo serán educados nuestros hijos. Y, claro, también nuestras hijas "jóvenas".

... a caballeros y "caballeras".

Por de pronto se me ocurriría preguntar: ¿Por qué las feministas se colocan siempre en segundo lugar? Todos y todas. Chicos y chicas. Alumnos y alumnas. Y ahora "jóvenes y jóvenas". ¿Qué les pasa con esa manía de pelearse constante e histéricamente por el primer plano pero auto-referenciarse siempre en el segundo? ¿Qué es lo que lleva a estas personas a tratar de llamar la atención a cualquier precio – en algunos casos incluso recurriendo al exhibicionismo de desnudarse en público – y luego conformarse discretamente con segundos lugares a la hora de las salutaciones y las enumeraciones? Hace ya un buen tiempo atrás, a mí me enseñaron que en todo discurso la salutación al público en general se debía dirigir a "damas y caballeros", o bien – con menos acartonada solemnidad – simplemente a "señoras y señores". Pero nunca al revés.  

Pues ahora parecería ser que lo correcto vendría a ser algo así como "damos y damas", o bien "caballeros y caballeras", o incluso "señores y señoras" siendo esto último tan solo un poco menos ridículo pero igual de maleducado; aun cuando quizás más ajustado a la moda de la "perspectiva de género".

¿Qué cuernos es, al fin y al cabo, esta perspectiva de género?

Perspectiva de género

Cuando uno estudia detenidamente los argumentos y la literatura existente alrededor de la teoría de género, la primera reacción espontánea de cualquier persona sana y normal es tomar todo en solfa y hacer la caricatura de las docenas de ridiculeces que contiene. Sin embargo, por más graciosa que pueda resultar esa clase de análisis crítico, creo que ese enfoque, si no incorpora otros elementos más contundentes, está mal y hasta es peligroso.

Está mal porque los argumentos que sustentan la teoría de género son tan retorcidamente complejos que cualquier intento de tomarlos a la chacota le otorga a los defensores de la teoría la posibilidad de acusar al crítico de falta de seriedad y hasta de falta de los conocimientos necesarios para hablar del tema en absoluto. Y es peligroso porque, a falta de una crítica formal y exhaustiva – que no necesariamente tiene que excluir el humor y la exposición del ridículo – la "perspectiva de género" puede seguir siendo vendida como algo serio y hasta "científicamente demostrado". Algo que no es de manera alguna pero que, así considerada, puede convertirse en la ideología con la que se pretenderá adoctrinar a nuestras hijas y a nuestros hijos.

El argumento central

El argumento básico de la teoría de género subraya el hecho que en algunas personas existe una discordancia entre el "sexo psicológico" y el "sexo biológico". En la argumentación de quienes sostienen la teoría:
... el sexo psicológico o sexo cerebral (el sexo de la persona), no coincide con el sexo de cromosomas, genitales y cuerpo (ni con el sexo social), sino que es del otro sexo. Es una cuestión de identidad sexual, qué es la persona, cuál es su sexo psicológico, cómo se siente... [1]

Nótese como ya, sutilmente, el "sexo psicológico o sexo cerebral" está indicado como "el sexo de la persona". O sea que ya de entrada, aun antes de entrar en cualquier clase de demostración, directamente y como una especie de petición de principio, declaramos que el sexo de la persona es el "sexo psicológico" o "cerebral".
 
Un poco más adelante esto queda manifestado en forma taxativa y explícita – e insisto: antes de cualquier demostración al respecto.

No es que las personas transexuales "quieran" ser mujeres (u hombres), es que lo son, su sexo cerebral (su verdadero sexo) es ése, así se sienten y así son, y necesitan adecuar (en mayor o menor grado) su cuerpo a su sexo psicológico (su identidad sexual)... Una mujer transexual es una mujer, una hembra humana, que ha nacido con cromosomas, genitales y cuerpo masculinos. Un hombre transexual es un hombre, un macho humano, que ha nacido con cromosomas, genitales y cuerpo femeninos. [2] (El resaltado es mío)

O sea que los cromosomas, los genitales y el cuerpo en general no cuentan. Lo que decide es el "sexo psicológico", que es "el verdadero" sexo que la persona "siente".

El sexo "verdadero"

La primera pregunta que a uno se le ocurre es "¿Verdadero? ¿Por qué"? ¿Por qué lo que una persona dice que SIENTE ha de ser más "verdadero" que lo que esa persona objetivamente ES? Don Juan tiene el par cromosómico 23 en XY, posee barba, pene, testículos y una musculatura de fisicoculturista; pero él dice que "se siente" mujer. ¿Tengo que considerarlo Doña Juana por eso? ¿Lo incluyo dentro del equipo de hockey femenino? En el club, ¿lo mando a cambiarse al vestuario de las mujeres? Cuando va al médico, ¿va al ginecólogo? Se pueden hacer mil preguntas para poner de relieve lo ridículo y absolutamente insostenible de la tesis.

Además, en materia de sexo, si hay una discordancia entre lo biológico y lo psicológico, la probabilidad de que exista una disfunción biológica es por lo menos igual a la probabilidad de que exista una disfunción psicológica. Lo que sucede es que la disfunción biológica puede llegar a ser muy difícil de detectar aunque más no sea porque "Cerca de 6.500 genes humanos codificadores de proteínas, reaccionan diferente en el sexo masculino y femenino." [3]. 

La definición del "verdadero" sexo como un "sentimiento psicológico" es, en el mejor de los casos, tan solo una suposición a demostrar; una teoría que se vuelve tanto más improbable mientras más complejo e interrelacionado resulta ser el sistema sexual biológico del ser humano, sobre todo teniendo en cuenta que el conocimiento científico que tenemos de ese sistema está a años luz de ser exhaustivo. De este modo, ante la complejidad de lo biológico y lo mucho que nos falta para comprenderlo plenamente, resulta muy fácil y cómodo adjudicarle a la psicología un papel hegemónico ya que, como se sabe, las afirmaciones psicológicas no son falsables. [4] 

La multitud de tipos de sexo

Así tenemos después "tipos" de sexo a granel. Sexo cromosómico, sexo gonadal, sexo genital, sexo corporal, sexo cerebral, sexo social y un largo etcétera que depende de los distintos autores. Lo cual significa que luego – y a pesar de que "El sexo de una persona es su sexo cerebral, su sexo psicológico; [...] el verdadero sexo de esa  persona." [5] – la "identidad de género"  puede clasificarse de muchas formas. Por ejemplo, una identidad de género "cis-sexual" indicaría que la identidad de género y el sexo biológico coinciden; una identidad de género "transexual" indicaría que la persona se identifica con el sexo opuesto a su sexo biológico; una identidad de género "intergénero, transgénero o gender-queer" indicaría que la persona no se identifica totalmente ni como hombre ni como mujer, independientemente de su sexo biológico; y así sucesivamente hasta agotar todas las combinaciones imaginables puesto que las variantes de lo que una persona puede llegar a "sentir" – o declarar que "siente" – son casi ilimitadas.

De este modo es como se pueden construir luego "identidades de género" casi a placer, incluso hasta caer en la ridiculez del absurdo como lo demostró, por ejemplo, Steffen Königer en la Cámara de Brademburgo en junio de 2016 al rechazar una propuesta que intentaba hacer aprobar una campaña para institucionalizar la perspectiva de género. Saludar a todas las identidades de género propuestas le insumió a Königer cerca de diez veces más tiempo que la corta frase con la que rechazó el proyecto.


Preguntas artificiosas

Para tratar de mantener su posición a pesar de estos manifiestos absurdos, los promotores de la teoría de género recurren muchas veces a preguntas capciosas. Por ejemplo, se preguntan:
" ¿Qué es más importante, los genitales o la identidad de una persona?" y acto seguido exigen respuesta a toda una serie de otras preguntas como ser: "[....] un hombre que sufra amputación de pene y testículos, ¿deja de ser hombre? Una mujer que ha tenido una histerectomía con remoción de ovarios y trompas, ¿deja de ser mujer? Una persona a la que le falten piernas y brazos, ¿es acaso solo medio-persona? " [6]
¿Hace falta decir que ninguno de los tres casos mencionados hace referencia a una persona normal y completa? En los tres casos se trata de personas mutiladas. Un hombre con pene y testículos amputados es un pobre eunuco lamentablemente incapaz hasta de realizar un acto sexual normal. Su tragedia personal es digna de compasión y consideración, pero ya no es un hombre con todos los atributos, órganos y funcionalidades que caracterizan a los hombres normales. A diferencia del eunuco del ejemplo anterior, una mujer a la que le han removido ovarios y trompas podrá seguir teniendo la capacidad de realizar un acto sexual pero con la extirpación habrá quedado incapacitada de reproducirse por las vías normales y naturales, para no hablar de los procesos de menopausia y disminución de la libido que se producen como consecuencia de la extirpación. Por supuesto que no dejará de ser mujer pero no será una mujer normal y completa. [7]  Y el tercer caso ya roza lo morboso. Sin piernas ni brazos es obvio de toda obviedad que el individuo no se convierte en "medio-persona" (sic). En lo que trágicamente se convierte es en un discapacitado total, imposibilitado de valerse por sí mismo. Si ésas son las referencias para demostrar la validez de la teoría de género, pues no queda más remedio que concluir que se trata de una teoría sobre bases por demás enfermizas que necesita recurrir a seres humanos mutilados, víctimas de alguna tragedia personal, para argumentar sus tesis.

Enfermedad o trastorno mental

La tesis de que el "verdadero sexo" de una persona es su "sexo psicológico" – vale decir: el sexo que la persona "siente" – tiene un costado muy débil que los promotores de la teoría de género han descubierto pronto y se han movilizado rápidamente para apuntalarlo.

En efecto, decir que el "verdadero sexo" es el psicológico resulta muy similar a afirmar que la "verdadera personalidad" es también la "personalidad psicológica". Con esto, si voy y digo que "me siento" Napoleón Bonaparte, me tendrían que conceder que, efectivamente, SOY Napoleón Bonaparte porque mi "verdadera personalidad" es la de Napoleón.

Para librarse de este disparate, la teoría de género se apresura a afirmar que:
 "La transexualidad no es un «trastorno mental» La identidad de las personas (incluida la de las personas transexuales y la de la personas transgénero), no es ningún tipo de trastorno ni enfermedad mental. " [8]

Y después de esto viene toda una serie de contrasentidos que son para, literalmente, agarrarse la cabeza.

Por un lado, apenas dicho lo anterior la teoría de género no tiene más remedio que conceder que:
[...] la transexualidad sigue incluida hoy en día dentro de los trastornos psiquiátricos [...] de todas formas, día a día se va avanzando para dejar de considerarla como tal [...] Países como Suecia o Francia, ya han dejado de incluirla entre los trastornos psiquiátricos. Y, en el mismo sentido se han manifestado el Parlamento Vasco (30/09/2010), el Parlamento Europeo (28/09/2011), el Gobierno Español (14/05/2010), o asociaciones profesionales como la Federación Española de Sociedades de Sexología. [9]

O sea que si la transexualidad y demás disfunciones sexuales son – o no son – trastornos o enfermedades mentales, lo deciden en última instancia unos legisladores que, en su enorme mayoría, son abogados. Abogados que, en el ultra-mejor de los casos, se hallan asesorados por algún médico psiquiatra o por algún psicólogo, pero que aun así retienen en sus manos el poder de decisión sobre el contenido de la ley.

Y dejemos de lado por amor a la brevedad el hecho que, en muchos casos, es mejor no indagar demasiado en la orientación mental, moral, ideológica y hasta sexual de estos abogados y de estos asesores. Sin ir más lejos en nuestro país hemos tenido un juez de la Corte Suprema de la Nación, el Dr. Eugenio R. Zaffaroni, que en 1989 prácticamente sobreseyó a un sujeto que había obligado a una nena de 8 años a practicarle sexo oral con el argumento que "la fellatio, no puede constituir el denominado »acceso carnal« " y que "el único hecho imputable se consumó a oscuras, lo que reduce aún más el contenido traumático de la desfavorable vivencia para la menor." [10]

Pero la frutilla de la torta es el argumento con el que se pretende cerrar la discusión alrededor de la transexualidad como algo que no tiene nada que ver con un trastorno o enfermedad mental:

En todo caso se debería considerar un problema físico, en el que el sexo del cuerpo no coincide con la identidad de esa persona. [11]
Veamos. Primero decimos que el "verdadero" sexo es el psicológico. Luego decimos que la transexualidad no es un trastorno mental.  Y luego, para demostrar que no es una enfermedad mental, afirmamos que su origen se debe buscar en algún problema físico.

Es imposible evitar la pregunta: ¿en qué quedamos? ¿Es una cuestión psicológica o resulta ser que es una cuestión biológica después de todo? ¿O es una cuestión biológica pero que no tiene nada que ver con la cuestión psicológica? Y, si fuera este último caso, ¿cómo demonios se las arregla el sexo psicológico para mantenerse independiente de una cuestión biológica directamente relacionada con la función sexual?

Las claves

Existen al menos cinco claves relacionales para centrar el debate sobre la teoría de género. [12]

1)- La relación entre sexo y género.
2)- La relación entre cuerpo y psique.
3)- La relación entre naturaleza y cultura
4)- La relación sexuada entre las personas
5)- La relación entre sexo y organización social.

Frente a estas cinco claves relacionales, la teoría de género sostiene:

1)- La prácticamente absoluta supremacía del "sexo psicológico" sobre el sexo biológico.
 
2)- La existencia de una psique soberanamente independiente de los factores biológicos en materia sexual.

3)- El predominio de lo cultural por sobre lo natural y la presunción que lo cultural puede existir y perdurar al margen y hasta en contra de lo natural.

4)- La trivialización de la relación sexual que, a su vez, implica "banalizar también a la persona misma, pues supone tratar al otro involucrado en la relación más como objeto que como sujeto." [13]

5)- El menosprecio de la función social de las relaciones sexuadas como marco garantizador de la supervivencia de la especie y la consideración de las estructuras sociales familiares como un producto contingente de costumbres culturales aleatorias y no como el resultado natural de miles de años de evolución de la especie humana.

Por poco que se lo piense, la teoría de género simplemente no resiste el análisis.

Los dejo con un testimonio que vale la pena escuchar. Es de Amparo Medina, una ex-funcionaria de la ONU que hizo todo el periplo: de feminista militante de izquierda, pasando por funcionaria de organismos internacionales involucrados en cuestiones de "salud reproductiva", hasta católica desilusionada de todas las teorías en las que había creído, desengañada simplemente por no tener más remedio que rendirse ante la evidencia de los desastrosos y hasta criminales resultados de las políticas de género.



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NOTAS
1)- Cf. http://www.gizartelan.ejgv.euskadi.eus/r45-berdgtra/es/contenidos/informacion/identidad_de_genero/es_transexu/transexualidad.html 
2)- www.gizartelan Op.Cit.
3)- Cf. http://www.actuall.com/familia/un-estudio-sobre-los-genes-de-hombres-y-mujeres-deja-sin-argumentos-a-la-ideologia-de-genero/
4)- El falsacionismo o principio de falsabilidad es una corriente epistemológica para la cual
una proposición o afirmación es científicamente admisible cuando existe al menos la posibilidad lógica de refutarla mediante la observación empírica. Cuando esa posibilidad no existe, la proposición no es científicamente admisible y se convierte en materia de fe o de creencia.
5)- www.gizartelan Op.Cit.
6)- www.gizartelan Op.Cit.
7)- Una histerectomía provocará la menopausia si también le extirpan los ovarios. La extirpación de los ovarios también puede llevar a que se presente disminución de la libido. El médico puede recomendar la estrogenoterapia restitutiva.
Cf. https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/002915.htm
8)- www.gizartelan Op.Cit.
9)- www.gizartelan Op.Cit.
10)- C.N.Crim. Sala VI (Def.) – Elbert, Donna, Zaffaroni – (Sent. “S”, sec. 23). c. 17.415, TIRABOSCHI, Julio E. Rta: 26/4/89. En http://www.adoptar.org.ar/2011/08/zaffaroni-si-hay-oscuridad-no-hay-abuso-sexual-infantil-caso-tiraboschi/
11)- www.gizartelan Op.Cit.
12)- Teoría de Género. ¿De qué estamos hablando? 5 Claves para el debate. Catalina Siles V. - Gustavo Delgado B. - Instituto de Estudios de la Sociedad - Comunidad y Justicia - Santiago de Chile - Agosto 2014 - www.ieschile.cl
13)- Catalina Siles V. - Gustavo Delgado B. Op.Cit. 






jueves, 4 de mayo de 2017

CORRUPCIÓN

Cuando la plutocracia se disfraza de democracia
la corrupción del sistema queda fuera de control.
Suzy Kassem

Siguiendo la ya tradicional costumbre del aparato judicial argentino de juzgar a los políticos cuando ya no están en el poder, después que el kirchnerismo perdió las elecciones el tema de la corrupción saltó de pronto a todas las primeras planas. Desde entonces, la gran acusación que se le hace a Néstor y a Cristina Kirchner es el de haber constituido, junto con varios más, una banda de corruptos que terminó convirtiéndose en una asociación ilícita constituida con el objetivo de robarle plata al Estado.
Pocas dudas caben de la existencia de los manejos ilícitos que han constituido lo esencial de la fortuna de los Kirchner aunque, si vamos al caso, muy pocos políticos, muy pocos sindicalistas y hasta pocos jueces resistirían una investigación a fondo.  Pero pongamos las cosas en perspectiva en cuanto a la ex-familia presidencial. ¿Puede el patrimonio mal habido de los Kirchner explicar cosas como, por ejemplo, la pobreza, el estancamiento productivo, la desocupación, el desfinanciamiento energético, el desorden financiero, la inseguridad y el desastre educacional de la Argentina?

Veamos un poco los números duros.

Luego de haber dejado el poder, la fortuna declarada de Cristina y Máximo ascendía a unos 120.000.000 de pesos entre una cosa y otra. [1] Como soy tremendamente mal pensado (y no solo respecto de los Kirchner) yo a esa suma declarada no me la creo. En absoluto. Tanto como para alimentar la discusión ¿qué dirían ustedes? ¿Por cuanto la multiplicamos? ¿Por dos? ¿Por tres? Acuérdense de Seychelles, de los fondos de Santa Cruz y de varias otras cositas más. ¿Multiplicamos por cuatro? Voy a ser maldito. Voy a multiplicar por cinco. Ciento veinte millones multiplicado por 5 me dan 600.000.000 de pesos acumulados al cabo de unos 28 años [2]. Con lo cual incluyo en este período hasta el aumento patrimonial proveniente de los tejemanejes relacionados con la circular 1050 que le permitió a los Kirchner acumular unas 22 propiedades de personas que las perdieron porque ya no las podían pagar. Tengan, pues, en cuenta que estoy procediendo de un modo bastante arbitrario: no solo he multiplicado por 5 la supuesta fortuna de los Kirchner sino que, además, le he adjudicado arbitrariamente a los 28 años de presencia política el dinero proveniente de actividades privadas anteriores a su acceso definitivo al poder político.

Con lo cual ¿qué tenemos? Tenemos que en 28 años los Kirchner habrían acumulado unos 600 millones de pesos. Eso daría unos  21.428.571,43 pesos por año en promedio. Casi 21,5 millones de pesos anuales. Nada despreciable, por cierto, para dos "abogados exitosos".

Ahora bien, el presupuesto nacional para el año 2015, el último de la gestión de Cristina, fue de 1.347.000.000.000 pesos. [3] Si se me ocurriera comparar ese presupuesto nacional anual con  los casi 21,5 millones del ingreso anual de los Kirchner resultaría que, en 2015, la familia de los abogados exitosos se quedó con algo así como el 0,0016 % del presupuesto nacional.

Al margen ahora de todas las consideraciones morales y legales, ¿alguien realmente cree que el robo del 0,0016% del presupuesto nacional puede llegar a hundir un país? Imagínese que Usted tiene 100.000 pesos y yo le robo 1,6 pesos. ¿Se consideraría Usted en bancarrota por culpa mía? Por supuesto, yo no dejaría de ser un ladrón con todo lo que eso implica, judicial y sobre todo moralmente. Pero Usted no dejaría de comer por la falta de 1,6 pesos sobre 100.000.

¿No le convence? Está bien. Quizás fui demasiado benigno al multiplicar por 5 el patrimonio declarado. Hagamos algo. Tomemos el doble, es decir: multipliquemos por diez. Ciento veinte millones por 10 dan 1.200.000.000. Dividido por los 28 años de poder político significan 42.857.142,86 de pesos por año. Pues bien, esta cifra representa el 0,0032% del presupuesto anual del año 2015. En esta proporción, si usted tuviera 100.000 pesos, yo le estaría robando 3,2 pesos. ¿Se declararía Usted en quiebra por eso? 

Y, por favor, no se confundan. No es para nada mi intención ensayar aquí una defensa de los Kirchner. De hecho, sería perfectamente inútil aunque más no sea porque son indefendibles. Solamente quiero poner las cosas en su justa perspectiva y salirle al cruce a la muy difundida opinión en cuanto a que el país está en una situación crítica porque los políticos de uno u otro partido "se robaron todo".

Cristina, Baez, De Vido y José López. Dos están presos, dos están libres.
Está bien; a los Kirchner habría que agregarle una larga, muy larga, lista de políticos, empleados públicos, sindicalistas, policías y hasta jueces que seguramente sucumbirían ante una auditoría de bienes, y no todos serían kirchneristas. Pero aun así me resisto a creer que la ruina del país se debe tan solo al latrocinio de unos cuantos cretinos. Esa corrupción hace daño, es cierto. Es plata robada a iniciativas que podrían hacer mucho bien a muchas personas. Pero la falta de esa plata, por si sola, no es lo que explica acabadamente la ruina del país. Porque la corrupción – la importante, la que está más allá del simple y específico robo personal – ocasiona mucho más daño que el que pueden causar unos cuantos políticos ladrones que roban para su propio bolsillo, o "para la corona" como decía José Luis Manzano. O para las dos cosas, que es el caso más frecuente.

Una de las cosas que dificulta la comprensión de la verdadera corrupción es la muy escasa visibilidad de las fuerzas que la impulsan, los operadores que la manejan y su verdadera relación consecuencial con muchos de los problemas que sufrimos. Justamente por eso hay que hacer el esfuerzo de entender el funcionamiento de las capas profundas de la corrupción en donde tienen lugar los procedimientos cuyas consecuencias se ven luego en la superficie.

"Corrupción" – más allá de sus significados específicos de soborno, cohecho, delito etc. – significa descomposición, putrefacción, depravación. En la mayoría de los casos se refiere a actos contrarios a la moral general, o a la ley específica, mediante los cuales alguien, a cambio de dinero o algún otro beneficio actual o futuro, le facilita a otro la obtención de un beneficio indebido.  En el fondo y esencialmente una actitud como ésa significa que las personas involucradas traicionan la confianza depositada en ellas por la red de solidaridad y cooperación mutua que contribuye a mantener unida a la comunidad organizada. La traición a las normas escritas y no escritas del orden social se explica simplemente por el hecho de que, para las partes involucradas en la corrupción, esta traición a las normas es mucho más beneficiosa que su respeto. No menos obvio, sin embargo, es que en el largo plazo el beneficio de los pocos involucrados en la corrupción redunda en el perjuicio de los muchos afectados por ella y, en absoluto, que el respeto por las normas legales y morales es el único camino posible para garantizar al menos un mínimo de orden y estabilidad en todo el organismo político.

Roto ese respeto, ya no hablaríamos de corrupción implicando el robo de plata. Hablaríamos en todo caso de la corrupción entendida en su sentido profundo de descomposición, putrefacción, depravación, inmoralidad o anomia. Hablaríamos de las consecuencias de lo que hoy se entiende por regla general bajo el término de "corrupción" y que están bastante más allá de la apropiación indebida de algún dinero.

El problema de fondo es que la corrupción es una enfermedad contagiosa. Si la dirigencia un país se presta a sobornos, a la larga más de medio país cultivará el soborno como una práctica habitual. Desde el jefe de compras de la empresa que "arregla" una cotización, pasando por el funcionario público o privado que "agiliza" algún trámite y terminando en el policía que "negocia" una multa de tránsito a cambio de alguna "colaboración voluntaria" o garantiza una "zona temporalmente liberada" a cambio de una nada despreciable suma proveniente del narcotráfico o algún otro ilícito. Y cuidado porque la cosa también es válida al revés: una población que no respeta las normas morales y legales de la decencia y la honestidad, después no tiene mucho derecho a quejarse de que sus dirigentes sean corruptos. George Bernard Shaw sabía decir que la democracia es un dispositivo que garantiza que no seremos gobernados mejor de lo que nos merecemos. No sé si estoy completamente de acuerdo, pero que algo de esto hay no me cabe la menor duda.

Ahora bien, desde el punto de vista estrictamente político tampoco hay que perder de vista las relaciones de fuerzas y la básica amoralidad con que se mueven los operadores de la globalización. La esencia de esta red de relaciones es que el poder hegemónico de la plutocracia financiera que mantiene en estado colonial a los Estados-nación de su esfera de influencia permite discretamente que las dirigencias locales roben. Por supuesto: siempre y cuando simultáneamente toleren y hasta faciliten el saqueo de los bienes y de las fuentes de energía del país. De allí vienen luego esos dirigentes locales que blasonan de ser grandes proclamadores de la soberanía nacional y simultáneamente cometen el sincericidio de auto-describirse como "pagadores seriales" de unos préstamos que tomaron renunciando a la soberanía jurídica al aceptar la jurisdicción de los tribunales norteamericanos en caso de conflicto.

Si hablamos de corrupción y nos quedamos en las transgresiones locales jamás obtendremos un cuadro ni siquiera medianamente completo. El imperio anglosajón dominante, impulsado por una plutocracia que no por discreta es menos efectiva, está chocado contra grandes dificultades desde hace por lo menos un cuarto de siglo. Todavía es cierto que sus principales rivales potenciales – Europa Oriental, Rusia y China – en sí mismos y aislados, quizás no estén aun en posición de representar una amenaza imbatible. No menos cierto es, sin embargo, que en las últimas dos décadas parecería estar formándose un sistema de cooperación entre estos organismos políticos y eso es algo que está poniendo poco menos que histéricos a los grupos de presión financieros. El imperio plutocrático simplemente no tiene con qué hacerle frente a un "puente terrestre" entre Europa y el Lejano Oriente al cual en muy poco tiempo se agregarían – aunque más no sea estratégicamente – muchos de los principales afectados por el sistemático saqueo del imperialismo financiero.

Organización de Cooperación de Shanghai
No es, pues, nada sorprendente que el poder globalizador esté desesperadamente intentando debilitar y desestabilizar, de modo directo o indirecto, a cualquier país que pretenda sustraerse a las reglas de juego plutocráticas además de imposibilitar por todos los medios disponibles la cooperación y colaboración entre los disidentes del sistema.

Y en ese conflicto de intereses está la otra corrupción, la global y transnacional que mueve infinitamente más dinero que la local. Porque en lo esencial no se trata tanto de lo que se roban las abogadas y los abogados exitosos como los Kirchner, o los revoleadores de bolsos como los José López y los manipuladores de licitaciones como los Julio de Vido y los Lázaro Baez más toda una manada de otros parásitos similares entre los cuales seguramente podrían ustedes encontrar incluso a varios integrantes del actual gobierno. Esa corrupción local hace daño, incluso mucho daño si ustedes quieren; especialmente si consideramos las consecuencias que trae, por ejemplo, la convivencia de este tipo de corrupción con el narcotráfico. Esta es la corrupción que termina comprando policías venales, jueces garantistas o abolicionistas y politicastros profesionales que ven en la política una actividad que les permitirá ganar el dinero que jamás ganarían por sus méritos y por su verdadera capacidad profesional.
Es la corrupción que se ve y que más duele. Porque se ve. Porque sus consecuencias se sufren directamente.

Pero esa corrupción es la que le abre las puertas a la otra, a la que no se ve, a la que trae consecuencias  que todos sufrimos pero que solo muy pocos atinan a comprender cabalmente porque los grandes medios masivos miran discretamente para otro lado cada vez que sucede algo relacionado con ella. Es más: toda la maquinaria informativa está férreamente sintonizada para negar la existencia no solo de la corrupción sino hasta de quienes la promueven. Es una corrupción que se niega negando la existencia del poder que la promueve y tildando de conspiranoicos a quienes la señalan.

Sin embargo, esa corrupción, la destructiva a muy gran escala, existe.

Es la corrupción que impide que las cosas realmente importantes se hagan si no es para beneficio de la plutocracia global. Es la corrupción responsable por las cosas necesarias que no se hacen porque no le generan suficientes beneficios a los bancos y al circuito financiero. En consecuencia, es también la corrupción que alimenta constantemente esa espada de Damocles que es la deuda externa de las colonias del imperio global. Es la corrupción que desata guerras y masacres como la ahora ya casi olvidada "primavera árabe". Es la corrupción que impulsa a cientos de miles de desplazados a invadir Europa para debilitarla generando conflictos internos y una heterogeneidad inmanejable. Es la corrupción que provoca subversiones y derroca gobiernos como les tocó a los ucranianos. Es la corrupción que alimenta a toda la maquinaria del terrorismo internacional para que siempre existan focos de conflicto que sirvan para muchas cosas: desde ensayar armas nuevas en operaciones bélicas reales – como sucede en Siria y con el ISIS –hasta justificar el avasallamiento de la privacidad de los ciudadanos y las personas en general bajo el pretexto de la "seguridad contra el terrorismo" - como les está pasando a los mismos norteamericanos. Es la corrupción que pone tierras, fuentes de energía, yacimientos de minerales y riquezas naturales de todo orden en manos de los emprendimientos de la finanza internacional para que comiencen a operar las bombas extractoras que luego impulsan el beneficio de la explotación hacia los circuitos financieros globales.

Ésa es la corrupción que destruye Estados y naciones enteras. La otra, la de las coimas y las dádivas, destruye el eficaz funcionamiento de la administración pública y sume a todo el país en un marasmo moral que al final termina tolerándolo todo y aceptándolo todo con tal de que por lo menos algunas cosas se hagan.

Es el proceso por el cual las personas empiezan conformándose con el proverbial "roban pero hacen" y terminan en la indiferencia ante la expoliación porque, cansados de un Estado ineficaz manejado por corruptos ignorantes y egoístas, prefieren entregar soberanía a cambio de un poquito de mejor calidad de vida.

Lo cual es exactamente lo que la plutocracia quiere que suceda.

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NOTAS

1)- http://www.piramideinvertida.com.ar/index.php/2016/07/04/la-familia-kirchner-aumento-su-patrimonio-en-un-lapso-de-doce-anos/
2)- Néstor Kirchner: de 1987 a 1991 intendente de R.Gallegos; de 1991 a 2003 Gobernador de Santa Cruz ; de 2003 a 2007 Presidente; Cristina de Kirchner de 2007 a 2015 Presidente. Total: 28 años.
3)- Preveía, además, un déficit fiscal de 1% del PBI, un crecimiento de la economía de 2,8% y una cotización promedio de $ 9,45 por dólar. Cf. http://www.lanacion.com.ar/1761320-el-gobierno-puso-en-vigencia-el-presupuesto-2015-que-preve-un-gasto-publico-superior-al-billon-de-pesos